Mostrando entradas con la etiqueta retrete. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta retrete. Mostrar todas las entradas

1948. Miércoles, 18 enero, 2012

Capítulo Milésimo noningentésimo cuadragésimo octavo: " A menudo me he tenido que comer mis palabras y he descubierto que eran una dieta equilibrada” (Winston Churchill, 1874 -1965; político británico)

La palabra retrete, que en realidad quiere decir retiro pequeño (retirete), está definida en el diccionario como “cuarto pequeño en la casa o habitación, destinado para retirarse”. Por eso, y hasta unos cuantos años, el común de los afortunados mortales que contaban con uno -pocos, muy pocos- se refería a él como el cuarto al que se retiraba a descansar.

Pues que sepan que somos muchos los que intentamos -con nuestro esfuerzo en el día a día- que no se pierda el uso tradicional del lenguaje. Especialmente en los momentos en los que más y mejor una palabra puede adquirir su significado: durante el horario laboral.

Pues ni ahí esta uno a salvo.



...cementerio concurrido

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1770. Lunes, 21 febrero, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo septuagésimo: “Mirar un escote es como mirar al sol, no hay que observarlo fijamente porque es demasiado arriesgado. Jerome Seinfeld, 1954; actor estadounidense)

Puede sonar a burrada (aunque siendo lunes estaría más que justificada), pero lo dice la ciencia: para cortar una pechuga de pollo con suficiente tranquilidad es más indicado la taza del vater (la que –casi-todos tenemos en el retrete de casa) que la tabla que usamos normalmente para hacerlo. Y a ver quien somos nosotros para llevar la contraria a la ciencia

Según un estudio del departamento de la Facultad de Microbiología de la Universidad de Arizona en los EE.UU) ésa es precisamente la zona de la casa que menos bacterias tiene. De hecho, hay 200 veces más coliformes fecales -bacterias de las heces detodalavida- en la típica tabla de cortar que en la susodicha taza. La culpa de todo la tiene el hecho de que la mayoría de la gente sólo enjuaga las tablas en lugar de lavarlas a fondo, algo que unido a las grietas que crean los cuchillos, suponen el hogar perfecto para las bacterias.

Claro que si empezamos así no deberíamos de levantarnos de lugar tan visitado. Trapos de cocina, sábanas, toallas, alfombras, mandos de la tele, botellas de agua y hasta la correa del reloj, son un nido de bichos que (aunque también tienen derecho a vivir) se empeñan en hacerlo a nuestra costa.

De todas formas, no hay que preocuparse. Mierda que no mata, engorda. Además, tampoco es plan de hacerlo todo dentro de la taza del retrete o encima de su tapa… por muy grande que sea, es lo que es. Que ya tenemos una edad y en una de esas, ¡zas, en toda la boca! Y ya la cadera no suelda como antes.



... por orden

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1713. Viernes, 12 noviembre, 2010

Capítulo Milésimo septingentésimo decimotercero: "El problema de muchos hombres es que no comprenden que entre la cobardía y el valor hay bastantes zonas intermedias muy honorables y aconsejables". (Charles-Maurice Talleyrand Périgord, 1754-1838; diplomático francés)

No soy un experto en el tema pero, por lo que me cuentan, los retretes de señoras tampoco dan para grandes conversaciones en "la" materia. Es verdad que las que dicen que van al lavabo juntas a retocarse o a aguantar la puerta mientras una de las dos hace aguas menores, y nada más, mienten como bellacas. Pero en ese ámbito, como en las ruedas de prensa, se suele dar el titular y poco más. Breves comentarios sobre el culo de tal, los antebrazos de pascual y ni una miserable conversación, al revés de lo que cuenta la leyenda, de los ojos de nadie. Parece ser que el trasero masculino gana por goleada a cualquier otra parte del cuerpo a la hora de encender las (sus) pasiones.

A este respecto, y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, no está de más hacer un llamamiento a los diseñadores y consumidores en general. Algunos estamos un poco desorientados (hartos) de los pantalones colgones, o sea, de los que hacen el culo cagao y que tanta predicación tienen entre la juventud. Es imposible saber qué se esconde debajo y eso comporta un gasto de energías inútil para más de una decepción final. Tampoco es cuestión de pedir que la gente lleve mallas ajustadas como hacía cierto cantante en la época en la que ejercía de cómico cantando (es un decir) dondiablo, pero en fin, dicen que en el medio está la virtud.



... más "historias extra-ordinarias"

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1584. Miércoles, 24 marzo, 2010

Capítulo Milésimo quingentésimo octogésimo cuarto: "Mea mientras caminas y no harás charco" (refrán español)

La noticia, publicada el 13 de marzo en el periódico de Kansas The Hutchinson News, sobre la historia de una mujer que había permanecido encajada durante dos años en el inodoro de la vivienda de su novio... justo hasta que -en un momento de lucidez- a su amado se le ocurrió avisar a los bomberos para que la sacaran (¿cómo puede ser posible que, tras permanecer dos años alguien incrustado en un inodoro los del periódico puedan seguir llamándole inodoro?), me ha llevado a otro tema más peliagudo: lo difícil que llega a ser imaginarse a cierto tipo de gente cagando. Una rápida vuelta entre los conocidos basta para darse cuenta de la brutal división que uno hace -sin saber muy bien por qué- entre gente a la que sitúas y gente a la que no sitúas... por más que sepamos que todos lo hacen. Que lo hacen.



... niños y flores

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1522. Lunes, 14 diciembre, 2009

Capítulo Milésimo quingentésimo vigésimo segundo: “¿Has conocido a la pareja perfecta? ¿Dos almas gemelas cuyo amor nunca muere?, ¿dos amantes cuya relación nunca se ve amenazada?, ¿un marido y una mujer que confían el uno en el otro por completo?... Si no has conocido a la pareja perfecta permíteme que te la presente: están en lo alto de una capa de merengue (tarta nupcial) ¿el secreto de su éxito? bueno, nunca tienen que mirarse a la cara”. (Mary Alice Young, Mujeres desesperadas, 2004)

Mujeres meando en retrete público. Adopción de la postura de luchador de Sumo debido a dos principales razones, a saber: está frío y les da asco. Al intentar por todos los medios que su culo (¿no tendrá algo que ver el tamaño del culo de las mujeres con haber meado sentadas toda la vida -por la evolución y eso digo)- no roce con el material del retrete, transforman su manos en ventosas que se pegan a los baldosines de la pared. A un lado. Al otro.

Si hay amiga, se quita de las baldosas y se agarra a la amiga, que tensará sus manos para que su amiga no toque la taza del retrete. Al acabar la amiga avisará a la que sujeta y ésta dará las correspondientes sacudidas de amiga.

Me ha costado documentarme muchos años, soy consciente, pero no hay esfuerzo baldío si el aprendizaje me sirve de acercamiento para empezar a entender (aunque sea minimamente) el ininteligible universo femenino.

... rubia obsesión

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1514. Lunes, 30 noviembre, 2009

Capítulo Milésimo quingentésimo decimocuarto: “¿Por qué la mayoría de la gente odia las películas subtituladas pero se leen todos los mensajes sms que ponen en cualquier programa?)

En los de mujeres pasa menos (o eso me han contado), pero en los retretes de hombres hay una ley no escrita que se cumple a rajatabla: siempre que estás con la puerta cerrada concentrado tranquilamente en tus cosas, alguien va a intentar entrar. Da igual cuantos haya vacíos al lado, el elegido siempre va a ser el tuyo. Es más, ya puedes decir a grito pelao "que está ocupado" que quien sea seguirá aporreando la puerta y bajando el manillar para intentar entrar durante un buen rato.

En semejante situación es mucho más efectivo decirle "adelante, pasa, pasa".

No vuelves a oírle respirar.

... tirar de la manta

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1496. Martes, 3 noviembre, 2009

Capítulo Milésimo cuadringentésimo nonagésimo sexto: "En igualdad de condiciones la solución más sencilla es probablemente la correcta" (Navaja de Ockham o principio de economía o de parsimonia)

Sales -o entras- en cualquier retrete, echas mano del picaporte y notas que está mojado. A partir de ahí la mayoría de las personas humanas elaboramos dos tipos de pensamientos: que aquello pueda ser simplemente agua de una mano que se ha lavado y no ha quedado del todo seca, o, lo que por alguna ciencia metafísica universal pensamos la mayoría ante situación semejante: que aquello que estás tocando no puede ser otra cosa que restos de los residuos orgánicos a los que vamos a desprendernos a estos sitios.

Mucho más normal pensar que uno, cuando ha estado meando, ha puesto su mano debajo del chorro para calentársela y luego la ha plantado en el picaporte. ¡Dónde va a parar!

... dando el pie

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1466. Lunes, 21 septiembre, 2009

Capítulo Milésimo cuadringentésimo sexagésimo sexto: "Hasta que me liberé de mis hermanos mayores y empecé el cole, creía que me llamaba "cállate". (Rodney Dangerfield, 1921-2004; actor estadounidense)

Una de las situaciones más tensas que se producen entre dos seres humanos, sobre todo si son seres humanos hombres, ocurre en los lavabos/baños y/o servicios de los centros de trabajo. Por más cuidado que le pongas, por más que busques la hora en la que se supone que no va a entrar nadie, pocas veces te librarás de salir del retrete y encontrarte con algún compañero que, haciendo como que se lava las manos, lanzará miraditas de sorna para hacerte notar que ha escuchado los sonidos varios que suelen acompañar a los ejercicios intestinales que acabas de realizar.

Hoy, en peluche práctico, una idea para evitar -en la medida de lo posible- que esos ruidos evacuatorios, (que tan a gusto nos dejan y a los que no queremos ni debemos renunciar durante el horario laboral) puedan ser escuchados por compañeros fisgones.

Muy simple, cogemos el rollo de papel del culo haciendo una bola (con el papel no con el rollo) del tamaño que uno pueda prever (según necesidad y experiencia pero teniendo siempre en cuenta que el papel lo paga el centro de trabajo... por lo que conviene no ser rácanos) y la colocaremos en el fondo, con el fin de que, cuando caiga el monigote lo haga sobre blandito, amortiguando la caída y evitando así los incómodos ruidos.

Ah, y un valor añadido: de paso evitaremos que al caer nos acabe salpicando... que hay veces que... en fin.



... quitando hierro

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1408. Lunes, 25 mayo, 2009

Capítulo Milésimo cuadringentésimo octavo: "Al entrar en sociedad deben cogerse las llaves del corazón y meterlas en el bolsillo; los que las dejan en su sitio son estúpidos". (Johann W. Goethe, 1749-1832; novelista alemán)

Pocas anuncios están tan basados en hechos reales como ese en el que, para anunciar un laxante, aparece una señora de viaje organizado que al llegar al hotel puede, gracias al milagroso producto, evacuar a gusto. Reconozcámoslo, en un viaje podemos ver, sentir, tocar, sufrir, disfrutar y aprender muchas cosas, pero de lo que la mayoría no se libra es del estreñimiento. Basta que salgas por la puerta para que el culo (¿se puede decir culo? entre en huelga de esfínteres. Dice un amigo mío que esa es la razón por la que los aviones tienen siempre más puertas de emergencia que retretes, o que en las habitaciones de los hoteles siempre te pongan más toallas que papel del culo. Algo de razón tiene. Y es que hay que reconocer que las tazas de los retretes son como las camas, ya pueden ser todo lo cómodas que quieras, tener los últimos adelantos tecnológicos o hasta ser de oro macizo... que donde esté el de casa...

... PERborato y SILicato

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1246. Jueves, 4 septiembre, 2008

Capítulo Milésimo ducentésimo cuadragésimo sexto: "Si las íntimas preocupaciones de cada cual se leyeran escritas sobre su frente, !cuántos que causan envidia nos moverían lástima!" (Pietro Metastasio, 1698-1782; poeta italiano)

Sé que los pisos son muy caros y que por culpa de la falta de terreno (o eso dicen) cada vez los hacen más pequeños, lo que no acabo de entender la manía que tienen ahora de hacer los retretes de las casas como si solo lo usaran los anoréxicos, condenando a todo el que está por encima de la talla 36 a entrar de lado. Y eso cuando entra.

Y sí en los pisos los retretes son minúsculos, mejor no hablamos de los que hacen ahora en esos bares de diseño modernos: apenas te cabe un pie. Claro que en estos casos suele dar lo mismo ya que, en la lejana hipótesis de que logres entrar en plan contorsionista, nunca acertarás a distinguir dónde debes mear y dónde lavarte las manos. Hay incluso uno muy famoso por estos lares en el que la puerta esta situada justo frente a la barra, el espacio entre el artefacto y la salida es tan pequeño que la gente solía aparecer ante los clientes cerrándose la bragueta. Nada raro saliendo uno de donde sale... aunque molesto para algunos. Al final, y para prevenir el pequeño espectáculo, han colocado un cartel en el dorso de la puerta. Algo así como abróchese antes de salir.

Pero para retretes minúsculos los de los aviones. Todo un mundo aparte que algún día habrá que diseccionar. ¿Quién no tiene alguna historia en alguno de ellos? Por cierto, no sé dónde he leído que una ciudadana americana quedó traumatizada hace años cuando un gran bloque congelado de una materia verdosa cayó dentro del salón de su casa en Nueva York. El objeto, de 60 cm de diámetro y 23 kilos de peso, atravesó el tejado y aplastó su sillón favorito.

Los expertos que acudieron hasta su casa identificaron el bloque como desechos humanos procedentes del lavabo de un avión, ya que el color verde es propio de una sustancia desinfectante que suele utilizarse en los vuelos comerciales. Por lo visto la señora en cuestión al ver el bloque exclamó: "! Mierda!". A lo que los expertos contestaron: "exactamente".

... cada uno pinta lo que ve

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1025. Martes, 4 septiembre, 2007

Capítulo Milésimo vigésimo quinto: "En el bufet de la vida uno no puede repetir, por eso hay que llenarse la copa hasta el borde y guardarse unos panecillos en el bolsillo". (John Goodman, en la película Los Picapiedra)

Siempre había considerado al papel de culo -lo de "higiénico" no me acaba de convencer mucho- uno de los grandes inventos de la humanidad. Al menos uno de los más útiles. Creo que todos hemos comprobado alguna vez en nuestras propias carnes el desastre que significa no tenerlo a mano cuando lo necesitamos. Y es duro.

El caso es que todos los inventos se han ido perfeccionado a lo largo del tiempo. Poco a poco se han ido adaptando mejor a aquello para lo que fueron creados, mejorando y optimizando sus prestaciones. ¿Todos? Pues todos, todos no. Precisamente el papel de culo es una de esas pocas creaciones que resultaban mucho más prácticas y cómodas de usar en sus inicios que ahora.

Culturas orientales aparte, parece ser que el primer caso oficial documentado del uso de algo semejante al papel de culo oficial, o al menos de algo que cumplía la función de, se encuentra en el siglo XVIII. Por aquellos años a la emperatriz Catalina de Rusia le dio por instalar en su palacio de San Petersburgo un retrete con el fin de que fuera usado, además de su propio uso y disfrute, por sus más íntimos y, hasta en un derroche de generosidad, por algún que otro invitado de confianza.

La taza consistía en un simple agujero (muy adornado, como correspondía al trono de una emperatriz) que daba directamente a un sótano y en el que varios empleados se turnaban para realizar los correspondientes trabajos de limpieza de todo lo que fuera cayendo desde arriba. Pero no eran éstos los únicos empleados de tan higiénico servicio, justo al lado de la taza había siempre un señor que, escobilla en mano, tenía como única misión limpiar, fijar y dar esplendor a todos y cada uno de los traseros que por allí pasaran después de que sus dueños los usaran para una de las variadas funciones para las que la madre naturaleza los diseñó.

La misma faena que realiza el papel de culo, pero mucho más práctico.

No sé, pero me estaba recordando un poco a lo de las gasolineras. Antes ibas a echar gasolina y un señor muy amable se encargaba de todo, ahora te cobran más, lo tienes que hacer tu todo y en cuanto te descuidas acabas pringado de no sé sabe muy bien qué y con un olor que tarda horas en desaparecer.

Unos oficios que, aunque sólo fuera por conservar las tradiciones de nuestros antepasados, no deberíamos permitir que se perdieran.

... el primer videojuego.
Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1021. Miércoles, 29 agosto, 2007

Capítulo Milésimo vigésimo primero: "Dónde, en qué lugar, se almacenan los días que van pasando. ¿Dónde estará el día de ayer?" (Blanca J., estudiante, 9 años)

No soy yo muy amigo de los eufemismos salvo casos excepcionales (hablar del macho de la cabra diciendo su verdadero nombre no me parece que le fuera a gustar mucho al animalito, por ejemplo) a pesar de ser, por aquello de la corrección política, una figura cada vez más usada.

Naturalmente no es algo nuevo. Siempre me llamó la atención que gente tan "principal" como Góngora evitará mencionar los pájaros o las aves si podía hablar de "aladas liras" o de "cítaras de pluma" o que precisamente las personas que se tienen por más "delicadas", se empeñen en cambiar un buen taco dicho a tiempo por un "diantre", un jolines, o un ridículo y cursi "me cachis en diez".

Pero si hay una palabra que casi todo el mundo sustituye por otra menos "indecorosa" esa es "retrete".

La palabra retrete que había significado (conforme a su etimología) en los siglos de oro, "habitación apartada donde la dama leía sus billetes de amor o sus oraciones", vino a significar otra estancia que ya olía mal a finales del siglo XIX; los más finos empezaba a utilizar la palabra ambigua "servicios" y los demás "excusado". Aunque la mayoría de estos lugares -en aquella época casi todos públicos- no tuvieran agua se impuso "water closed", de ahí water y más sintéticamente w.c., hasta llegar a los -tan extendidos ahora- iconitos, esas imágenes cada vez más extrañas que se empiezan a convertir en indescifrables gracias a la modernidad y al diseño con que se empeñan en adornarlas, aunque sea a costa de inutilizarlas para la función que se supone deberían de servir: que uno sepa si al otro lado de aquel "original" muñequito va a poder desahogarse a gusto o acabará sometido a las miradas inquisidoras -acompañadas de algún que otro gritito histérico- del sexo contrario, algo que, por mucho empeño que pongas en la urgente tarea, te corta tan espiritual momento.

Y ya no tiene uno la próstata para andar con experimentos.

... agradecer correctamente ya no es un problema desde que existieron los fenicios.

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

971. Lunes, 14 mayo, 2007

Capítulo Noningentésimo septuagésimo primero: "Haría cualquier cosa por recuperar la juventud... excepto hacer ejercicio, madrugar, o ser un miembro útil de la comunidad" (Oscar Wilde, 1854-1900, dramaturgo y novelista irlandés.)

Lo decía Sara Montiel cuando en la boda con su último marido, -bastantes años más joven que ella-, le preguntaron por qué si siempre le habían gustado los hombres más mayores que ella esta vez se había "enamorado" de alguien menor. "Verán, es fácil de explicar, a mi edad ya me resulta imposible encontralos más mayores... salvo en el cementerio".

Laboralmente empiezo a estar en la misma situación. Con la edad que uno tiene ya, resulta lógico que el nuevo flamante director del departamento de nueva creación -sin nombre ni función conocida- tenga menos años que yo. Y antes de seguir hay que dejar claro que, por supuesto, el que no se sepa para qué va a servir el susodicho departamento es tan anecdótico como que el tío en cuestión sea hermano de la amante del jefe que más manda. Por mas que les guste hablar a las lenguas de doble filo, la vida tiene esas casualidades.

De todas formas y como la gente es muy mala, yo que él tendría cuidado. Más sabe el diablo por viejo que por diablo.

Un granjero compra un gallo joven para el corral. El animal entra en la granja y camina altivo hasta el gallo viejo y le dice: "llegó la hora de retirarte". El viejo le contesta "no vas a poder con todas estás galinas, déjame al menos un par". Pero el joven le replica: "Piérdete, ahora mando yo". El viejo le propone: "Vamos a echar una carrera por la finca. El que gane se queda con el gallinero". El joven se echa a reir: "Sabes que vas a perder, pero te voy a dar ventaja". El gallo viejo arranca a correr y 20 segundos después sale el joven . Rodean la casa y a pesar de la ventaja incial, cada vez están más cerca uno de otro. Ya está a un metro del viejo y se acerca más y más. Mientras tanto, el granjero, sentado en el portal, ve a los dos corriendo. Agarra la escopeta y -¡pamm!- le dispara al gallo joven y lo hace trizas. El granjero sacude la cabeza y dice: "Jo. Qué mala suerte la mía. Es el tercer gallo maricón que compro este mes".
Y mañana, San Isidro. Hasta el miércoles pues.


... los huevos mejor en docenas

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

900. Lunes, 22 enero, 2007

Capítulo Noningentésimo: "Entrar en el terreno de los hechos es entrar en el mundo de los límites" (Gilbert Keith Chesterton, 1874-1936, escritor inglés)

No digo yo que la pregunta me quitara el sueño. Al fin y al cabo la explicación de ser el aparatito que quite los desagradables, aunque naturales, olores, bien pudiera haber servido para bautizar a la taza del retrete de toda la vida como "inodoro".

Pero claro tenía que haber truco. Al fin y al cabo semejante explicación podía servir también para llamar inodoro a cualquier inofensivo orinal ya que cumple justamente la misma función, más manual y tal, pero sirve para lo que sirve: para deshacerse, entre otras cosas, de los elementos capaces de producir ciertos olores.

Resulta que la taza del retrete como tal fue inventada por el 1883 sin demasiado éxito. ¿La razón?, no era más que una versión del orinal de siempre con tapadera. Pensando, pensando a un señor se le ocurrió ponerle una cisterna y aquello empezó a mejorar aunque tenia un gran inconveniente: al tirar de la cadena el agua arrastraba los que se había depositado allí, sí, pero al rato de no usarlo por aquel agujero, ya seco, empezaba a salir un penetrante olor de lo más desagradable, un olor que no desaparecía hasta que otro tironcito de cadena aliviara el ambiente. Consecuencias: uno se deshacía medianamente bien de los residuos orgánicos, pero aquello apestaba.

Fue un tal Thomas Crapper al que se le ocurrió la idea: oponer un sifón que garantizara que iba a quedar siempre en el fondo del "aparato" una pequeña cantidad de agua para evitar que subieran los malos olores que se formaban entre un uso y otro. Visto el resultado y por aquello de vender mejor su producto destacando su nueva cualidad, empezó a llamarlo "inodoro" y hasta ahora. Por cierto ¡qué invento!

... prensa amarilla

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"