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1873. Martes, 6 septiembre, 2011

Capítulo Milésimo octingentésimo septuagésimo tercero: "Una cesta de mimbre es un recipiente que se utiliza para recoger agua de dentro a afuera (Alberto S., 35 años, comercial)

Dicen las leyendas (sagradas) que cuando Dios quería castigar a los pecadores paisanos del medievo introducía el virus del cólera en los manantiales o la peste bubónica en los pozos. A pesar de todo la gente seguía bebiendo porque al final siempre llegaba un predicador con tenderete de disciplinas y cilicios para remediar la colitis. Antes había solución.

Ahora, agudos mortales sin espiritualidad capaz de quitarnos ni una simple diarrea, hemos avanzado.

Según un edicto firmado y rubricado por un pomposo "Servicio Técnico del Laboratorio Municipal", colgado este verano, el agua del caño de la plaza del pueblo de mi padre ya no es potable. Uno está orgulloso de vivir en un tiempo en el que se tiene la posibilidad de fumigarse el sobaco con el sabor salvaje de los limones del Caribe. Cosa que no podían hacer los antiguos. En cambio los antiguos podían beber el agua milagrosa de un montón de fuentes que uno ya no puede. No sé si el "hemos avanzado" es lo más exacto.

Fumiguémonos el sobaco, lavémonos la boca con pasta de sabor a menta, usemos bragaslips anatómicos, gocemos de todos los avances de la técnica moderna. Pero si frente a tanta felicidad científica tenemos la desdicha de no poder beber el agua del caño ni de cogernos la habitual cagalera estival en plena feria, ningún verano volverá a ser lo mismo. Una pena.



... gatos

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1584. Miércoles, 24 marzo, 2010

Capítulo Milésimo quingentésimo octogésimo cuarto: "Mea mientras caminas y no harás charco" (refrán español)

La noticia, publicada el 13 de marzo en el periódico de Kansas The Hutchinson News, sobre la historia de una mujer que había permanecido encajada durante dos años en el inodoro de la vivienda de su novio... justo hasta que -en un momento de lucidez- a su amado se le ocurrió avisar a los bomberos para que la sacaran (¿cómo puede ser posible que, tras permanecer dos años alguien incrustado en un inodoro los del periódico puedan seguir llamándole inodoro?), me ha llevado a otro tema más peliagudo: lo difícil que llega a ser imaginarse a cierto tipo de gente cagando. Una rápida vuelta entre los conocidos basta para darse cuenta de la brutal división que uno hace -sin saber muy bien por qué- entre gente a la que sitúas y gente a la que no sitúas... por más que sepamos que todos lo hacen. Que lo hacen.



... niños y flores

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

971. Lunes, 14 mayo, 2007

Capítulo Noningentésimo septuagésimo primero: "Haría cualquier cosa por recuperar la juventud... excepto hacer ejercicio, madrugar, o ser un miembro útil de la comunidad" (Oscar Wilde, 1854-1900, dramaturgo y novelista irlandés.)

Lo decía Sara Montiel cuando en la boda con su último marido, -bastantes años más joven que ella-, le preguntaron por qué si siempre le habían gustado los hombres más mayores que ella esta vez se había "enamorado" de alguien menor. "Verán, es fácil de explicar, a mi edad ya me resulta imposible encontralos más mayores... salvo en el cementerio".

Laboralmente empiezo a estar en la misma situación. Con la edad que uno tiene ya, resulta lógico que el nuevo flamante director del departamento de nueva creación -sin nombre ni función conocida- tenga menos años que yo. Y antes de seguir hay que dejar claro que, por supuesto, el que no se sepa para qué va a servir el susodicho departamento es tan anecdótico como que el tío en cuestión sea hermano de la amante del jefe que más manda. Por mas que les guste hablar a las lenguas de doble filo, la vida tiene esas casualidades.

De todas formas y como la gente es muy mala, yo que él tendría cuidado. Más sabe el diablo por viejo que por diablo.

Un granjero compra un gallo joven para el corral. El animal entra en la granja y camina altivo hasta el gallo viejo y le dice: "llegó la hora de retirarte". El viejo le contesta "no vas a poder con todas estás galinas, déjame al menos un par". Pero el joven le replica: "Piérdete, ahora mando yo". El viejo le propone: "Vamos a echar una carrera por la finca. El que gane se queda con el gallinero". El joven se echa a reir: "Sabes que vas a perder, pero te voy a dar ventaja". El gallo viejo arranca a correr y 20 segundos después sale el joven . Rodean la casa y a pesar de la ventaja incial, cada vez están más cerca uno de otro. Ya está a un metro del viejo y se acerca más y más. Mientras tanto, el granjero, sentado en el portal, ve a los dos corriendo. Agarra la escopeta y -¡pamm!- le dispara al gallo joven y lo hace trizas. El granjero sacude la cabeza y dice: "Jo. Qué mala suerte la mía. Es el tercer gallo maricón que compro este mes".
Y mañana, San Isidro. Hasta el miércoles pues.


... los huevos mejor en docenas

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