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1778. Jueves, 3 marzo, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo septuagésimo octavo: “Si has construido un castillo en el aire, no has perdido el tiempo, es allí donde debería estar. Ahora debes construir los cimientos debajo de él. (George Bernard Shaw, 1856-1950; escritor irlandés.)

Hipócrates, el padre de la medicina, tenía una receta infalible para que las jóvenes griegas conservaran su figura: columpiarse. Pero además del uso lúdico, ha tenido sobre todo un sentido religioso. En Grecia estaba vinculado a ciertos ritos dionisiacos, y de hecho, se atribuye su invención al Baco griego. En el cuadro “El descenso a los Infiernos” aparece la heroína Fedra columpiándose, hecho que algunos relacionan con el mito del sube y baja , que representa el impulso que tiene el hombre hacia lo divino. En las culturas agrícolas del este de Europa (Letonia, Rusia..) era un elemento mágico. Las jóvenes cantabas canciones sentadas en el balancín creyendo que tenía el mismo efecto que las plegarias a los dioses en la protección de las cosechas.

Visto lo cual, por muy ergonómica que sea, por muchos apoyos para la espalda que se adapten a las curvas de tu cuerpo, por mucha baja densidad de la espuma en el que vas a poner el culo, por mucho sistema neumático con gas para subir y bajar que tengan, que no nos engañen, el peor columpio siempre es más recomendable que la mejor de las sillas.

Columpios en el trabajo ya. La salud ante todo.



... Pelayo

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1659. Lunes, 19 julio, 2010

Capítulo Milésimo sexcentésimo quincuagésimo noveno: " El matrimonio es una carga tan pesada que se necesitan dos personas para llevarla. Y a veces tres. Alejandro Dumas, 1802-1870; escritor francés)

Durante una buena parte de la Edad Media en España comenzó a extenderse (por, entre otras cosas -ley del péndulo- llevar la contraria a los hábitos de limpieza que habían tenido los musulmanes los siglos anteriores) una idea de desprecio a la limpieza, que llegaba incluso a considerar hereje a una persona por el simple hecho de lavarse habitualmente. Este poco cariño al agua se acentuó con la llegada del renacimiento, (aquí más por falta de tiempo que por otras historias, que todo el mundo sabe la cantidad de cosas a las que se tenían que dedicar los renacentistas) considerándose el baño como un hecho muy nocivo para la salud y que sólo se podía llevar a cabo si el médico así lo recomendaba. Pero no sólo no estaba mal visto no lavarse, sino que no hacerlo era considerado como una virtud de buen cristiano y noble caballero. Y dando ejemplo Luís XI, rey de Francia (en aquellos tiempos Francia era muy importante, no como ahora), que en cuanto surgía la ocasión presumía de haberse bañado en toda su vida una sola vez. Y por imposición médica irrevocable bajo peligro de muerte.

Eso sí, estaba estrictamente prohibido realizar ningún esfuerzo cada vez que se tomaba un baño. Y, cosa rara, todos los médicos estaban de acuerdo en exigir el permanecer en cama durante varios días para reposar de tan ardua fatiga y tan perjudicial acción.

Deberíamos dejarnos de tantas moderneces (que no parece que nos lleven a ningún lado) y volver a tomar ejemplo de nuestros antiguos (y sabios) maestros. O mejor, adaptar aquellas viejas normas a la situación actual, es decir, seguir duchándonos todos los días (al final parece que no resulta malo del todo hacerlo) pero respetando escrupulosamente -por prescripción facultativa !por supuesto!- el posterior descanso necesario para reposar de tan ardua fatiga y tan perjudicial acción.

Tradición y modernidad al servicio de la ciencia médica. Ése es el camino. Y los lunes lo veo más claro.


...la más antigua

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1592. Martes, 13 abril, 2010

Capítulo Milésimo quingentésimo nonagésimo segundo: "No se debe mostrar la verdad desnuda, sino en camisa" (Francisco de Quevedo, 1580-1645; escritor español)

Sólo el tema dedicado a la “Higiene de manos en los hospitales” editado por la OMS, tiene 30 páginas, lo que demuestra la importancia que tiene en la salud el que es nuestro principal punto de contacto con el mundo exterior (al menos para los nomancos) y hábitat ideal para un montón de gérmenes..

... que no se verán pero que estar, están.

En el “Estudio sobre manos sucias” (dirigido por Val Curtis en Reino Unido) se analizaron las manos de un número significativo de viajeros en distintas estaciones de tren inglesas: uno de cada 4 presentaba restos fecales en ellas.

Bien es verdad que mierda que no mata, engorda… nunca mejor dicho.

... por musulmán... abstinencia total

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1560. Miércoles, 17 febrero, 2010

Capítulo Milésimo quingentésimo sexagésimo: “No hay tontería mayor ni más común que la de amargarse por las tonterías”.(Michel de Montaigne, 1533 - 1592; filósofo francés)

A pesar de correr el riesgo de acabar con el culo más arrugado que la cara de Mercedes Milá, a la que le haría falta cambiar el agua, el vino o lo que beba, por unos buenos lingotazos de nivea líquida, prefiero el baño a la ducha. El problema es el tiempo, que siempre anda uno deprisa, aunque sólo sea para poder tumbarse lo más pronto posible, y claro, una ducha siempre es más socorrida que andar preparando toda la parafernalia que se necesitan para un baño como dios manda.

Supongo que todo es cuestión de proponérselo, es decir, quitar tiempo de un lado para ponerlo en otro, que digo yo que si unos señores tan activos como los japoneses, que se pasan la vida trabajando, tienen tiempo para, por costumbre, tomar un baño al día, los demás no podemos tener excusa. Y es qué como el clima japonés es tan húmedo y cálido, casi toda la gente se toma un baño diario, pero no contentos con eso, antes de meterse en la bañera se lavan bien todo el cuerpo.

Claro que tienen sus motivos, allí es costumbre no cambiar el agua para cada persona, así que hay que procurar no ensuciarla en atención a los que se bañen después. Y digo yo que, por mucho que se laven antes, no deja de ser un poco guarro el asunto. Vale pueden entrar limpios pero, ¿quien les asegura que a alguno no le da, por ejemplo, por desahogarse fisiológicamente si tiene un apretón en plena relajación higiénica -que en alguna piscina bien que todos lo hemos hecho alguna (s) vez-.

Claro que ellos juegan con ventaja, que, como son así algo amarillos, no se iba a notar mucho, digo yo…

¿O a ver si son un poco amarillos por eso..?

... cafeteras

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1025. Martes, 4 septiembre, 2007

Capítulo Milésimo vigésimo quinto: "En el bufet de la vida uno no puede repetir, por eso hay que llenarse la copa hasta el borde y guardarse unos panecillos en el bolsillo". (John Goodman, en la película Los Picapiedra)

Siempre había considerado al papel de culo -lo de "higiénico" no me acaba de convencer mucho- uno de los grandes inventos de la humanidad. Al menos uno de los más útiles. Creo que todos hemos comprobado alguna vez en nuestras propias carnes el desastre que significa no tenerlo a mano cuando lo necesitamos. Y es duro.

El caso es que todos los inventos se han ido perfeccionado a lo largo del tiempo. Poco a poco se han ido adaptando mejor a aquello para lo que fueron creados, mejorando y optimizando sus prestaciones. ¿Todos? Pues todos, todos no. Precisamente el papel de culo es una de esas pocas creaciones que resultaban mucho más prácticas y cómodas de usar en sus inicios que ahora.

Culturas orientales aparte, parece ser que el primer caso oficial documentado del uso de algo semejante al papel de culo oficial, o al menos de algo que cumplía la función de, se encuentra en el siglo XVIII. Por aquellos años a la emperatriz Catalina de Rusia le dio por instalar en su palacio de San Petersburgo un retrete con el fin de que fuera usado, además de su propio uso y disfrute, por sus más íntimos y, hasta en un derroche de generosidad, por algún que otro invitado de confianza.

La taza consistía en un simple agujero (muy adornado, como correspondía al trono de una emperatriz) que daba directamente a un sótano y en el que varios empleados se turnaban para realizar los correspondientes trabajos de limpieza de todo lo que fuera cayendo desde arriba. Pero no eran éstos los únicos empleados de tan higiénico servicio, justo al lado de la taza había siempre un señor que, escobilla en mano, tenía como única misión limpiar, fijar y dar esplendor a todos y cada uno de los traseros que por allí pasaran después de que sus dueños los usaran para una de las variadas funciones para las que la madre naturaleza los diseñó.

La misma faena que realiza el papel de culo, pero mucho más práctico.

No sé, pero me estaba recordando un poco a lo de las gasolineras. Antes ibas a echar gasolina y un señor muy amable se encargaba de todo, ahora te cobran más, lo tienes que hacer tu todo y en cuanto te descuidas acabas pringado de no sé sabe muy bien qué y con un olor que tarda horas en desaparecer.

Unos oficios que, aunque sólo fuera por conservar las tradiciones de nuestros antepasados, no deberíamos permitir que se perdieran.

... el primer videojuego.
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870. Martes, 28 noviembre, 2006

Capítulo Octingentésimo septuagésimo: "No comas todo lo que puedes, no gastes todo lo que tienes, no creas todo lo que oigas, no digas todo lo que sabes". ( Proverbio chino)

Los romanos tan apañados ellos para todo lo que tuviera que ver con su higiene, usaban de dentífrico, entre otras muchas sustancias, la orina.

Hasta aquí nada que no supiera. Sin embargo, me he quedado un poco pensativo cuando me he enterado que en esto, como en todo, las marcas ya imponían su tiranía y que, en cuestiones de líquido miccional para lavarse la dentadura, ninguna orina era tan apreciada como la que producían los españoles. Una orina que, a modo de dentífrico de lujo, era convenientemente comprada, envasada y transportada desde su lugar de origen, España, para ser vendida de forma exclusiva y selecta a una distinguida (y muy acaudalada) elite romana que pagaba verdaderas fortunas por tan dorado líquido Están locos estos romanos.

Por cierto y aprovechando, me sé yo un truco para hacer que las rayitas del dentífrico (el último que compré tiene una verdes que me dejan hipnotizado cada vez que lo uso) salgan del tubito completamente descuajaringadas. Para otro día.

... Cowboy de medianoche

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