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1946. Lunes, 16 enero, 2012

Capítulo Milésimo noningentésimo cuadragésimo sexto: “No hay más que un modo seguro de dar una vez en el clavo, y es dar ciento en la herradura” (Miguel de Unamuno, 1864-1936; filósofo español)

Pasando de abogado, médico, informático o ingeniero, profesiones en las que si das una patada te salen millones (de parados). Lo mejor es buscarse un oficio de esos que, dichos de sopetón, la gente te mire como si fueras un premio Nobel.

Hay un Vocabulario de ocupaciones, libro publicado por el Ministerio de Trabajo en 1963, que contiene un amplio catálogo de rarezas laborales cuyo nombres puestos en el currículo pasaran de todo menos desapercibidos. Van unos ejemplos.

- Encanutador: persona que se ocupa de emboquillar cigarrillos.
- Fresquista: el que pinta al fresco.
- Misturero: encargado de hacer mezclas.
- Cefalógrafo: dedicado a las ciencias que tratan la cabeza.
- Desbullador: abre y vende ostras.
- Fresquero: transporta o vende pescado.
- Bermejero: pintor de brocha gorda.
- Chapucero: herrero especializado en fabricar clavos y otras cosas bastas de hierro.
- Enredador: que tiene o arma redes para cazar.
- Chinchador: persona que maneja una máquina de liar tacones o suelas.
- Diablero: oficial de la industria lanera que hace las mezclas para fabricar hilo.

Yo lo de chapucero o chinchador a lo mejor no lo pondría mucho.. pero con los demás, presume uno de expediente. Seguro.



... lenguas

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1915. Jueves, 10 noviembre, 2011

Capítulo Milésimo noningentésimo decimoquinto: "Si supiera a donde ir intentaría fugarme solo para poder seguir" (German Daffunchio, 1961, músico argentino)

El adulador, más conocido como lameculos, quitamotas, cobista o pelotillero a secas, se da más que los catarros en otoño. Lo que no está claro es la mala prensa que tienen. Porque ser adulador es una profesión (ejercida en plan autónomo) como otra cualquiera, sólo que mejor remunerada y sin horario. Una profesión que no puede hacer cualquiera y en la que se requiere mucho temple ya que los materiales que utiliza el adulador (lisonja, elogio, halago, aplauso, beso en los pies y otros alindados servilismos) deben parecer naturales y salidos del corazón. De lo contrario, al adulador se le toma por arribista, y eso, evidentemente, no es ser un buen profesional del peloteo.

Porque, y aquí está la sutil diferencia, al adulador nunca se le debe de notar interesado como el arribista. Algo que no es fácil de conseguir. Un buen lameculos es todo un filantrópico de la mímica, un correveidile de pasillo, un codelincuente de despacho, un organizador de lisonjas y productor de piropos, una mentira oficiosa con cara de bragueta. En resumen, un vulgar jili.

Pero un vulgar jili que no existiría si no hubiera imbéciles que se dejan adular. Y encima se lo creen.



... yuca

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1837. Lunes, 6 junio, 2011

Capítulo Milésimo octingentésimo trigésimo séptimo: "La sonrisa es el idioma universal de los hombres inteligentes” (Víctor Ruiz Iriarte, 1912 - 1982; dramaturgo español)

Dicen que no andan muy bien las cosas en cuestiones de negociación laboral, pero creo que todos -empresarios y sindicatos- estarán de acuerdo en que para cumplir correctamente las funciones laborales que cada uno tiene asignadas se hace imprescindible contar con un artilugio de estos (mínimo) por persona en cada puesto de trabajo.




Y, aunque resulte válido para cualquier día laborable de la semana, está claro que se hace imprescindible los lunes.

Mientras acaba siendo material de oficina obligatorio a cargo de la empresa, a ver si alguien me lo regala. Ya no puedo estar sin él.

... raíces cuadradas

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1778. Jueves, 3 marzo, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo septuagésimo octavo: “Si has construido un castillo en el aire, no has perdido el tiempo, es allí donde debería estar. Ahora debes construir los cimientos debajo de él. (George Bernard Shaw, 1856-1950; escritor irlandés.)

Hipócrates, el padre de la medicina, tenía una receta infalible para que las jóvenes griegas conservaran su figura: columpiarse. Pero además del uso lúdico, ha tenido sobre todo un sentido religioso. En Grecia estaba vinculado a ciertos ritos dionisiacos, y de hecho, se atribuye su invención al Baco griego. En el cuadro “El descenso a los Infiernos” aparece la heroína Fedra columpiándose, hecho que algunos relacionan con el mito del sube y baja , que representa el impulso que tiene el hombre hacia lo divino. En las culturas agrícolas del este de Europa (Letonia, Rusia..) era un elemento mágico. Las jóvenes cantabas canciones sentadas en el balancín creyendo que tenía el mismo efecto que las plegarias a los dioses en la protección de las cosechas.

Visto lo cual, por muy ergonómica que sea, por muchos apoyos para la espalda que se adapten a las curvas de tu cuerpo, por mucha baja densidad de la espuma en el que vas a poner el culo, por mucho sistema neumático con gas para subir y bajar que tengan, que no nos engañen, el peor columpio siempre es más recomendable que la mejor de las sillas.

Columpios en el trabajo ya. La salud ante todo.



... Pelayo

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1738. Martes, 21 diciembre, 2010

Capítulo Milésimo septingentésimo trigésimo octavo: “Algunos pájaros no pueden ser enjaulados, sus plumas son demasiado hermosas. Y cuando se van volando se alegra esa parte de ti que siempre supo que era un pecado enjaularlos. Aun así el lugar donde tú sigues viviendo resulta más gris y vacío cuando ya no están”. (Morgan Freeman en The Shawshank Redemption, 1994)

"Los kiwis (Apterix, gr. "sin alas") son un género de aves paleognatas compuesto por cinco especies endémicas de Nueva Zelanda. Son aves no voladoras pequeñas y aproximadamente del tamaño de una gallina".

Pero las enciclopedias suelen obviar lo más importantes importante: que este pájaro, feo de narices, es un símbolo para todos: se pasa sobando 20 horas al día. Tanta tranquilidad se gastan que, aunque los machos son los encargados de empollar los huevos (nadie es perfecto y hasta el mejor escribano echa un borrón) ninguno de los progenitores se dedica a cuidar o alimentar a las crías ya que, al ser nidífugas (¡toma palabro!) no necesitan que se preocupen de ellas.

Sí, lo he buscado, a pesar de ser omnívoros, kiwi nunca come kiwi. Aunque sólo sea porque para acercarse a uno tendrían que moverse. Supongo.


¡Ah! y ya sé qué quiero ser de mayor. Fijo.



...plastilina

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1724. Lunes, 29 noviembre, 2010

Capítulo Milésimo septingentésimo vigésimo cuarto: “Quien siempre impuestos, recoge funcionarios. Feliciano Baratech, 1951, periodista)

Algunos breves apuntes que podrían (sólo podrían) mejorar la torturante e insufrible vida laboral.

El sueño debería estar considerado como motivo de baja laboral y desde luego, como excusa para llegar tarde al trabajo. Ver páginas guarras en horario de trabajo sería motivo de ascenso inmediato, siempre que las páginas contengan novedades importantes, perversiones rompedoras o posturas complicadas. Cualquier actividad laboral sería susceptible de ser interrumpida, con carácter de urgencia, por cualquier cosa considerada lógica por el trabajador, sea un eclipse de sol o el poder observar a gusto una mosca que pase volando. Matar a un tuno sería considerado legitima defensa, (vale, esta no tiene que ver con la cosa laboral pero debería de ser de obligado cumplimiento para cualquier persona normal). Si el jefe (o jefa para los raritos) está de buen ver, piropearlo sería un rasgo de ambición y acarrearía un inmediato ascenso, una cena con él, (o ella) pagada por él (o ella) y una noche de cama. Nunca necesariamente más. La siesta de al menos 30 minutos formaría parte del horario laboral; las reuniones y llamadas una hora antes y una después de la misma se cancelarían de forma automática. Respeto absoluto a la vestimenta, en verano camisetas, y en invierno.. uf, en invierno no se trabajaría mucho, con el frío que hace estos días.

La lista está, naturalmente, sin terminar, pero me da que ni con mil de estas que se introdujeran podrían mejorar estos puñeteros lunes.



...sambenito

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1629. Lunes, 7 junio, 2010

Capítulo Milésimo sexcentésimo vigésimo noveno: “Y se me escapa la vida / ganando velocidad / como piedra en su caída" (Jorge Guillén, 1893 - 1984; poeta español)

Para celebrar el tercer cumpleaños al frente del país, el rey Jerjes, monarca de la antigua Persia, invitó a algunos cientos de sus más "íntimos" a celebrar una fiesta que, en principio, iba a durar sólo seis meses. Cuando iban por el día 180, séptima jornada interrumpida de una de las juergas "temáticas", Jerjes, que estaba borracho como una cuba, mandó llamar a la reina Vashti ordenándole que bailara desnuda, sólo con la corona puesta, ante la corte.

Cuando Vashti se negó, Jerjes, muy afectado por la negativa, la desterró anunciando que después de los seis meses de la fiesta en vigor, comenzaría un concurso de belleza de otros tres años de duración para buscar a la sustituta de la ex reina.

Un servidor, tomando nota de tan principal señor reclama después de estos escasos días de asueto, otros tantos para buscar a un nuevo jefe, algo imprescindible después que el actual se negara, a primera hora de hoy, a bailar desnudo.

¡Pero si hasta se ha extrañado de la petición y todo!



...humo pirata

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1485. Lunes, 19 octubre, 2009

Capítulo Milésimo cuadringentésimo octogésimo quinto: "La gordura en los hombres tiene tres etapas: cuando no te la ves, cuando estás empalmado y no te la ves, y cuando te la están chupando y no sabes quien es" (Miguel T. 45 años, endocrino)

En ciertas facetas de mi vida soy un tipo de lo más considerado. En mi búsqueda del equilibrio suelo calcular mis fuerzas y ver que retos puedo asumir y cuales no, única manera de estar seguro de que sólo voy a acometer aquellas tareas que pueda realizar sin sucumbir al peso que supondría tener demasiadas obligaciones.

Por eso, y por mí muy noble afán de que los demás también deben de tener sus quince minutos de gloria, creo que dejar que otros trabajen por ti, incluso permitir que hagan el trabajo de uno mismo, no deja de ser una acto de bondad suprema, acto que intento llevar a cabo en cuanto se me presenta la más mínima ocasión. Como debe de ser.

Nunca hay que exponerse a riesgos innecesarios pero pocas veces está de más dejarnos llevar por esos pequeños caprichos (incluso abusado de ellos) que tanto nos apetece hacer por nuestros semejantes, y más sabiendo que hay gente deseando tenderte una mano para demostrarte que ellos también merecen la pena. No voy a ser yo quien le quite la ilusión por abrirse. Por eso, aunque esté feo que yo lo diga, y en un gesto de caridad que me honra, me he acercado a la chica nueva que ha empezado a trabajar hoy y le he dado todos mis informes pendientes para me los vaya adelantando.

No me importa renunciar a al trabajo cuando la causa merece la pena. Yo soy así, bueno, noble, sacrificado por los demás, desprendido por naturaleza.

De nada.

... coger una turca

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1483. Jueves, 15 octubre, 2009

Capítulo Milésimo cuadringentésimo octogésimo segundo: "Lo malo de ser puntual es que llega uno a un lugar y no hay nadie allí para apreciarlo" (Franklin Albert Jones, 1939; escritor estadounidense)

Lo leí hace tiempo. Incluso creo que ya por entonces propuse la idea. Sin embargo, y en vista de que no ha cuajado hoy voy a volver sobre ella. La empresa japonesa Matsushita Electric Co. (ellos lo ponen en japonés, pero tampoco es plan), preocupada por mejorar el ambiente laboral en sus distintos centros de trabajo ha preparado un cuarto de esparcimiento en el que han instalado toda clase de servicios para que sus trabajadores descansen durante la jornada laboral.

Hasta aquí nada nuevo (en España hace ya mucho que tenemos salas de esparcimiento... aquí se llamen retretes) pero la novedad está en que entre esos "servicios" se han incluido unos maniquíes con rasgos físicos muy parecidos a los de los jefes, maniquies que los empleados pueden golpear con bastones puestos a su disposición para dicho menester con la única finalidad de desahogarse de las tensiones diarias. El resultado no ha podido ser mejor, la productividad de la empresa ha aumentado un 10%.

Claro que por aquí a lo mejor la idea no resultaría tan tan rentable... teniendo en cuenta que, por muy duro que fuera el material de que estuvieran hechos, la factura en maniquies iba a superar ampliamente cualquier aumento de productividad.

... zapatero a tus zapatos

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1356. Jueves, 26 febrero, 2009

Capítulo Milésimo tricentésimo quincuagésimo sexto: "La vejez llega inesperadamente. De pronto ya no saltas de la silla, te levantas, que es una acción distinta”.(Katharine Hepburn, 1907-2003; actriz estadounidense)

En su lucha por existir, las plantas utilizan todas las armas a su alcance conformando un comportamiento instintivo que podríamos llamar inteligente, pero que carece de emociones o de la capacidad de aprender. Vamos, que son listas las condenadas. Para reproducirse ofrecen flores y frutos a insectos y otros animales. Para asegurarse el espacio y el agua segregan sustancias que inhiben la germinación de plantas de su misma especie. Repelen a los depredadores y plagas con hormonas y sustancias tóxicas que atajan la proliferación de larvas. Incluso las ultimas investigaciones han descubierto que las plantas programan sus ciclos vitales, reúnen información del entorno y toman las decisiones más adecuadas para su supervivencia según un sistema de “computación distribuida” semejante al de una red de pequeños ordenadores. Es decir, que cada una de las hojas de la planta responde a lo que hacen las demás formando un sistema de información-reacción que permite regular con mayor precisión los mecanismos biológicos de la planta.

Aun así, para la mayoría de los científicos, todas las habilidades de las plantas, por extraordinarias que puedan parecer, no demuestran en absoluto su inteligencia y mucho menos su sensibilidad. Aceptan que éstas se mueven por propia iniciativa y toman decisiones que las benefician; por ejemplo, el tallo y las ramas de una planta se dirigen hacia una fuente de luz, y las raíces crecen hacia la humedad. Pero sus objetivos son innatos, es decir, su capacidad de reacción es similar al instinto animal; no se trata en absoluto de facultades aprendidas en un proceso de educación. La planta no aprende ni agrega ninguna capacidad adicional como fruto de la experiencia, por lo que no puede decirse de ellas que tienen sentimientos o inteligencia en el sentido estricto de la palabra.

Dicho lo cual, pensaba yo que parece mentira la cantidad de nombres propios de gente -de los que habitualmente nos rodean-, que pueden ser capaces de sustituir en la parrafada anterior a la palabra “planta” sin desvirtuar absolutamente nada del texto y encajando como anillo al dedo. Sobre todo en el entorno laboral. El mundo es un pañuelo.

... bodas blancas

Todos los "capítulos" de " tantos hombres y tan poco tiempo"

1302. Jueves, 27 noviembre, 2008

Capítulo Milésimo tricentésimo segundo: "Los mejores doctores del mundo son: el doctor dieta, el doctor tranquilidad y el doctor alegría". (Jonathan Swift, 1667-1745; escritor satírico irlandés)

Visto el guirigay que, por cuestiones laborales, se me formó ayer, a veces entiendo a la perfección al filósofo griego Demócrito de Abdera cuando decidió arrancarse los ojos para poder meditar mejor.

Hay días en que no le dejan a uno hacer nada coherente. Pero nada.

Y ya que está tan de actualidad lo de las caras virtuales que visualizan emociones, aquí van algunas autoinstantáneas tomadas a lo largo de tan gloriosa mañana:

Está siendo una semana tonta esta.

... de rigor

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1141. Martes, 4 marzo, 2008

Capítulo Milésimo centésimo cuadragésimo primero: "Soy ecologista, por eso sólo me lavo la cara cada siete días" (Fulco Pratesi, 1934; presidente de WWF Italia)

Ayer, lunes durante nada más y nada menos que 24 horas seguidas, me pasé el día protestando. Teniendo en cuenta que mi vida transcurre de forma "normal" tirando a "buena" y que aún no tengo edad para una crisis existencial, (necesitar todavía un sólo bote de litro de anticanas al mes es la prueba irrefutable de que soy -casi- un "adolescento"), está claro que estos conatos de agresividad y mal humor están causados por esa estúpida manía, fruto sin duda de una mente enferma, de tener que venir al trabajo todos los días.

Con una aversión especial a los siniestros e infernales lunes.

Como lo de la jubilación no acaba de cuajar -se empeñan en que para cobrar sin trabajar tienes que ser (más) viejo-, me estoy planteando en serio pedir una baja por estrés antes de que sea demasiado tarde.

Casos de locura por exceso de actividad laboral hay muchos; y ya que todas las teorías modernas apuntan a que la prevención es el mejor remedio, habrá que poner manos a la obra. Pero ya.

Todo con tal de no llegar al extremo del orador, médico y poeta del siglo XVII, Gaspar Balaus, que en su vida diaria desarrollaba tal grado de actividad laboral, que acabó creyéndose hecho de mantequilla, por lo que eludía cualquier fuego o fuente de calor por miedo a derretirse.

Un día muy caluroso, temiendo fundirse, se arrojó de cabeza a un pozo y murió ahogado.

Antes de llegar a esos extremos, mejor una baja. La salud ante todo. Tengo miedo.

... cien millones.

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1140. Lunes, 3 marzo, 2008

Capítulo Milésimo centésimo cuadragésimo: "!Años de niñez en que el tiempo no existe! Un día, unas horas son entonces cifra de la eternidad. (Luis Cernuda, 1902-1963; poeta español)

Procastinación, -término proveniente del latín pro- (adelante) y crastinus (relacionado con el mañana)- es la acción de postergar actividades o situaciones desagradables, a favor de otras más amenas.

Todos estos años pensando que cada día que venía al trabajo lo que hacía era vaguear por mi muy mostrenca manía a dejar para mañana lo que tenía (y debía) hacer hoy, y ahora resulta que no, que lo que he hecho todos estos años ha sido procastinar.

Bien, vale, sí, en el fondo viene a ser lo mismo. Pero tenemos que reconocer que si en vez de decir que durante el horario laboral me paso todo el tiempo que puedo tocándome la barriga digo que la intensa y motivada actividad procastinadora que desarrollo en el entorno laboral apenas me deja tiempo para un respiro, la cosa suena mejor. Mucho mejor.

... el botón.

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1079. Jueves, 22 noviembre, 2007

Capítulo Milésimo septuagésimo noveno: "Me llamo Lester Burnham. Este es mi barrio. Esta es mi calle. Esta es mi vida. Tengo 42 años. En menos de un año habré muerto, claro que eso no lo sé aún. Y en cierto modo, ya estoy muerto. Aquí me tienen, cascándomela en la ducha. Para mí el mejor momento del día. A partir de aquí, todo va a peor". (Kevin Spacey en "American Beauty")

Llevamos varios días de esta semana reivindicando nuestro derecho a ser vagos sin que nadie de los que pudieran (o pudiesen) poner los medios para que ejerzamos de tales se de por aludido y, en aras de nuestros sagrados derechos, solucione de alguna manera nuestra lamentable situación. Pues ya está bien. Basta de quejarse. Pongámonos manos a la obra. Ataquemos el trabajo desde su mismo centro. Hoy, en peluche practico, algunas ideas para inutilizar esa sala de torturas al que llaman lugar de trabajo. Muerto el perro se acabó la rabia.

- Opción una: inutilización del espacio laboral por asesinato de algún compañero de trabajo.

Nuestra zona de trabajo pasaría a convertirse automáticamente en el escenario de un crimen y, por lo tanto, no apto para laborar (por aquello de no destruir las pruebas, uno ve la tele). Es sólo recomendable en casos muy especiales y no ya sólo por los daños colaterales que pudiera traer (parece que hasta es causa justificada de despido.. con lo que te quedas sin cobrar el paro), sino porque parece que aún alegando defensa propia nadie te va a librar de que acabes fichado y con hasta antecedentes, algo que complicará bastante la búsqueda de otro trabajo. Por eso, y aunque es la opción más apetecible (matas dos pájaros de un tiro) conviene pensársela dos veces.



- Opción dos: inutilización del espacio laboral por su transformación en retrete.

Visto la cantidad de veces que los compañeros (y sobre todo compañeras) lo visitan durante el horario laboral, tienes asegurado el trajín suficiente como para no tener que desarrollar actividad laboral alguna y, encima, echarle la culpa a los demás. Un consejo: no es mala idea poner pequeñas pastillas de jabón, botecitos de champú o cualquier otro pequeño accesorio que pudiera atraer a la clientela. Los que mangamos en los hoteles pueden darnos un buen juego.






- Opción tres: inutilización del espacio laboral por la aparición inesperada de una plaga de animales.

Pocas cosas podrán servir mejor de disculpa para no entrar al espacio maldito que la invasión del mismo por una plaga de bichos. Contaremos además con dos opciones, si en la empresa hay algún peñazo (de esos que sólo dejan de hablar de su amor a la naturaleza cuando te cuentan los viajes que hacen en su cuatro por cuatro para meterse entre pecho y espalda un cordero lechal como Dios manda), bastará con soltar oportunamente algunos bichos normales y esperar; ya se encargará él de defenderlos a grito pelado ante la muy probable idea de todos los demás de lincharlos allí mismo, mediante certeros pisotones.






Si por el contrario, lo más ecologista que hay en toda la oficina es la talludita casadera que trabaja en contabilidad porque planta perejil en el tiesto de la ventana de la cocina, lo mejor será simular más que la plaga como tal, sus consecuencias. Un ejemplo grafico ilustrará a la perfección el meollo de la cuestión.



- Opción cuatro: inutilización del espacio laboral por una tuninización del mismo.

Es una de las formas que nos llevará más trabajo, aunque también es de las baratas. Para realizarlo nos puede servir cualquier material, eso sí, antes de elegirlo conviene hacer un exhaustivo estudio que nos informe sobre cuál va a ser el que mejor se ajustará a nuestras posibilidades. Las opciones van a ser tantas y tan variadas que se hace imprescindible determinar pros y contras de cada uno de los casos caso de forma completamente individualizada.

Por ejemplo, si estamos un sitio en el que el material es de libre disposición bastará con echar mano a lo que tengamos alrededor y así no hay que irse más lejos. Unos cuantos de post-it estratégicamente distribuidos no sólo conseguirán nuestro objetivo sino que, además, darán una apariencia de una actividad frenética que ayudará a cuidar la imagen. Un consejo: aunque esta especie de mocos que se van pegando por todos los lados ya hace tiempo que dejaron de ser sólo amarillos, es conveniente ponerlos todos del mismo color ante el riesgo de que alguno piense que te dispones a celebrar una fiesta de cumpleaños y se te presente a gorronear. Bien es verdad que el efecto inutilización sería el mismo, pero la buena imagen de frenética actividad caería en picado.






Si trabajamos en sitios con jefes a los que les gusta más figurar que a un tonto un lápiz, podemos inclinarnos por el culto a la personalidad. A partir de una foto de él, haremos las fotocopias hagan falta y las distribuiremos de la mejor manera posible de forma que nos cubran todo el espacio. Aparte de cumplir nuestra misión inutilizando el asunto, daremos a entender al jefe lo mucho que lo queremos, apreciamos y respetamos. De todas formas hay que tener cuidado, aunque parezca una solución sencilla, hay que tener mucho tacto a la hora de decidirse por este método ya que presenta varios inconvenientes, el primero es una nimiedad pero hay que tenerla en cuenta: te ganarás la antipatía del resto del personal que pasará a catalogarte como pelota. Pero puede tener otro añadido, y éste sí sería ya muy peligroso, no es descabellado pensar que, en vista de las cualidades que te adornan a los ojos del prócer , acabes siendo propuesto para algún tipo de ascenso. Y eso ya son palabras mayores.



Una opción más elegante, aunque bastante más cara, es usar un plástico fino de ese con el envolvemos el chopped. Presenta la ventaja del menor trabajo, ya este material se queda pegado, sin el menor esfuerzo, a cualquier superficie; pero a no ser que seas aficionado a realizar momificaciones en tus pasatiempos sexuales y uses el que te sobre después de una sesión, no acaba de compensar la relación estética-precio.



Aunque perdamos en el plano artístico, el mismo resultado nos va a dar el uso de papel de periódico. Bastará pasarse por un contenedor y arramplar unos cuantos para, a continuación, cubrir toda la superficie laboral que podamos. Presenta un grave inconveniente: el trabajo que nos llevará hacerlo, pero el resultado puede merecer la pena, sobre todo si, una vez que hemos terminado, le pasamos a toda la superficie una manita de cola blanca, cola que endurecerá el conjunto y hará que el resultado de nuestro esfuerzo sea lo suficientemente duradero como para amortizar la inversión energética que hemos hecho.






Una variante de esta opción, muy acorde con la época que se avecina, es usar los papeles de los regalos que vayamos recibiendo. Presenta casi los mismo inconvenientes y ventajas que el papel de periódico pero con muchas posibilidades de mejorar el resultado estético final. Muy importante: antes de inclinarse por ella conviene sopesar la cantidad de papel que podamos recibir y, sobre todo, que los motivos que lo adornen no sean excesivamente navideños. Hay que partir de la base de que nos tiene que durar y no es muy considerado que la última imagen laboral que te quede antes de irte a la playa en agosto sea un Papa Noel volando en trineo.



- Y nos queda una quinta opción: inutilización de espacio laboral por alteración de los elementos comprendidos en el propio espacio.

Aquí la imaginación jugará un papel importante ya que al tener que actuar sobre el contenido y no sobre el continente las opciones pueden ser inmensas. Por eso conviene no abarcar mucho y centrarse en inutilizar aquellos objetos considerados clave. Una buena opción, por ejemplo, sería actuar sobre el teclado del ordenador, algo que, evidentemente, inutilizaría todo el equipo. Es verdad que precisamente el teclado es, con diferencia, la pieza que menos falla en el cacharro (sobre todo si estás deseando que falle), pero siempre hay soluciones más o menos creativas para que eso ocurra sin que se note mucho y, lo que es más importante, sin que puedan demostrar que tú has sido la causa.



Dentro de este punto existe una alternativa que no me gustaría dejar pasar a pesar de que va a ser polémica. Se trataría de cambiar todo el material laboral que tenga algún valor por otro de similares características pero completamente inútil. Me explico, bastaría con sustituir -y es sólo un ejemplo- la pantalla del ordenador por otra del mismo tamaño y misma marca pero hecha de cartón. Pasados unos días haríamos lo mismo con la cpu y así sucesivamente hasta reemplazar todo lo que consideremos importante. Esta opción, por sus especiales características, (algunos mal pensados podrían opinar que al llevarte a casa el ordenador de la oficina estás robando), sólo es recomendable que la pongan en marcha aquellos que desarrollen su función como funcionarios de la cosas pública y/o similares. Y no sólo por aquello de que lo público es de todos, todos lo pagamos y yo quiero mi parte, sino, sobre todo, porque nadie va a saber nunca -ni manera de hacerlo- si el ordenador-caja era o no el que vino de serie cuando transfirieron las competencias y se empeñaron en comprar todo el material de oficina deprisa y corriendo para que el nuevo y flamante señor consejero (y señora) se pudieran hacer las fotos mientras alardeaban de cómo las nuevas tecnologías que hoy tenemos el inmenso placer de inaugurar, constituyen, sin duda, el mejor reclamo para demostrar el enorme interés que las instituciones públicas tienen por mejorar la vida de nuestros ciudadanos, únicos beneficiados del esfuerzo inversor que estamos realizando. Amen.



Sé que algunas propuestas son un poco desesperadas y que bastantes necesitan demasiado trabajo para llevarlas a cabo -precisamente lo que pretendemos evitar-, pero estamos llegando a un punto en el que no nos queda más remedio que pasar a la acción.

Es, simplemente, autodefensa

... la mano a la cartera.

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985. Lunes, 4 junio, 2007

Capítulo Noningentésimo octogésimo quinto: "Me revienta que hablen cuando interrumpo" (Ramón H. 58 años, jefe)

"La mejor reacción ante una decepción o rechazo es la de lamentarse durante no más de doce horas, hurgarse la herida durante no más de tres días y luego comprender que se ha dado un paso más hacia la madurez plena".

Ralph Waldo Emerson, 1803- 1882, escritor, filósofo y poeta de los EE.UU.

Y si los disgustos son laborales, echamos mano de la teoría de la relatividad y podemos acortar los tiempos llegando a la madurez plena en unos tres minutos con cuarenta segundos y pasar directamente a otra cosa. Total, para lo que pagan...




... quemando el dinero

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951. Jueves, 12 abril, 2007

Capítulo Noningentésimo quincuagésimo primero: "No hagas lo que te guste hacer ahora, sino lo que te guste luego haber hecho" (Jacques Deval, 1895-1972, dramaturgo francés)

Ningún ornitólogo, que son esos señores que se pasan la vida estudiando pájaros, ha visto jamás a un avestruz esconder la cabeza bajo la arena para escapar de un peligro.

El animalito en cuestión usa varias estratagemas ante el acoso de un depredador. La primera es la huida: en caso de necesidad llega a alcanzar los 70 kilómetros hora. Otra maniobra, que suele usar cuando anda cuidando a sus polluelos o vigilando la puesta, es la de distraer al intruso. Ante los ojos de éste, el ave echa a correr en zigzag con las alas colgando, para simular que está herida y, por lo tanto, que es una presa fácil.

La tercera estrategia es más sutil: ante una amenaza, el avestruz se acuesta con el cuello tendido a lo largo del cuerpo para disimularlo mejor. Por un efecto de espejismo puede dar la impresión de que ha desaparecido del paisaje.

Descartado salir corriendo -no tengo ya edad para andar entrenándome ni para un curto y mitad de maratón. Descartado moverme en zigzag por mitad del pasillo para distraer al jefe cuando lo vea venir cargadito de carpetas, -se trata de ignorarlo no de distraerlo-. Por lo tanto, sólo me queda probar la tercera técnica de las que usa el avestruz cuando consigue pasar desapercibido fundiéndose con el paisaje. Lo intentaré, aunque me temo que el color de la mesa no ayude mucho a que los depredadores que están a punto de abalanzarse sobre mi sedientos de soltar papeles después de unos días de descanso, no acaben localizándome por muy bien que me camufle..

¡Esa manía de tener que volver al trabajo! Ya son ganas. Al fin y al cabo ¿Cuánto deben durar las vacaciones? Lo suficiente para que tu jefe te eche de menos, pero no tanto como para que se dé cuenta de que se las puede arreglar sin ti. Y el mío se las arregla pero que muy bien él solito.


... multiplicar es sólo para genios

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