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1523. Martes, 15 diciembre, 2009

Capítulo Milésimo quingentésimo vigésimo tercero: "Hay más problemólogos que solucionólogos" Mafalda, 1964; estudiante)

Soy inteligente y tengo pruebas.

En el colegio una vez, un señor al que llamaban "psicólogo", con pinta -he dicho pinta- de persona inteligente, barba, camiseta marcando lorzas y unas gafas de pasta que continuamente se le resbalaban por la nariz, le dijo a mi madre: “su hijo es muy inteligente, un poco vago, sí, pero él puede hacer lo que quiera, es un niño muy listo, lo que pasa es que no se esfuerza”.

A ver cuantos pueden decir lo mismo. A ver.

... en camisa de once varas

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1507. Jueves, 19 noviembre, 2009

Capítulo Milésimo quingentésimo séptimo: “Mucho “todos somos iguales”, mucho “todos somos iguales”, pero luego llega un negro, se baja los pantalones y te deja por mentiroso”. (Pedro H. 27 años, operario)

Acostumbrados a que los hombres se vanaglorien de sus (presuntas) cuestiones genitocoitales, pocas veces hablamos de lo que les gusta presumir en otros temas igual de importantes para la fisiología humana. Reunión de tíos, siempre hay uno que sale del retrete fanfarroneado “buffff que a gusto he quedado, eso sí, no entréis en por lo menos una hora”. Algo que no impedirá –más bien animará- a otro de lo reunidos a salir corriendo para meter la cabeza y sacarla echando pestes diciendo - mientras sacude la mano- "¡hala, qué cabrón... comerá flores pero caga mierda!"

En esto, las mujeres, por mucho que se empeñen en ser iguales, todavía no han conseguido llegar a un grado de sofisticación semejante.


... corsé

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1356. Jueves, 26 febrero, 2009

Capítulo Milésimo tricentésimo quincuagésimo sexto: "La vejez llega inesperadamente. De pronto ya no saltas de la silla, te levantas, que es una acción distinta”.(Katharine Hepburn, 1907-2003; actriz estadounidense)

En su lucha por existir, las plantas utilizan todas las armas a su alcance conformando un comportamiento instintivo que podríamos llamar inteligente, pero que carece de emociones o de la capacidad de aprender. Vamos, que son listas las condenadas. Para reproducirse ofrecen flores y frutos a insectos y otros animales. Para asegurarse el espacio y el agua segregan sustancias que inhiben la germinación de plantas de su misma especie. Repelen a los depredadores y plagas con hormonas y sustancias tóxicas que atajan la proliferación de larvas. Incluso las ultimas investigaciones han descubierto que las plantas programan sus ciclos vitales, reúnen información del entorno y toman las decisiones más adecuadas para su supervivencia según un sistema de “computación distribuida” semejante al de una red de pequeños ordenadores. Es decir, que cada una de las hojas de la planta responde a lo que hacen las demás formando un sistema de información-reacción que permite regular con mayor precisión los mecanismos biológicos de la planta.

Aun así, para la mayoría de los científicos, todas las habilidades de las plantas, por extraordinarias que puedan parecer, no demuestran en absoluto su inteligencia y mucho menos su sensibilidad. Aceptan que éstas se mueven por propia iniciativa y toman decisiones que las benefician; por ejemplo, el tallo y las ramas de una planta se dirigen hacia una fuente de luz, y las raíces crecen hacia la humedad. Pero sus objetivos son innatos, es decir, su capacidad de reacción es similar al instinto animal; no se trata en absoluto de facultades aprendidas en un proceso de educación. La planta no aprende ni agrega ninguna capacidad adicional como fruto de la experiencia, por lo que no puede decirse de ellas que tienen sentimientos o inteligencia en el sentido estricto de la palabra.

Dicho lo cual, pensaba yo que parece mentira la cantidad de nombres propios de gente -de los que habitualmente nos rodean-, que pueden ser capaces de sustituir en la parrafada anterior a la palabra “planta” sin desvirtuar absolutamente nada del texto y encajando como anillo al dedo. Sobre todo en el entorno laboral. El mundo es un pañuelo.

... bodas blancas

Todos los "capítulos" de " tantos hombres y tan poco tiempo"

1267. Martes, 7 octubre, 2008

Capítulo Milésimo ducentésimo sexagésimo séptimo: “El novio. A los veinte: que venga, que tenga y que convenga. A los treinta: que venga y que tenga. A los cuarenta: que venga, que venga y que venga”. (Refrán español)

El estudio realizado por cuatro universidades británicas y publicado hace algunos meses en el The Sunday Times lo deja bien claro. Según los resultados de la investigación, las mujeres con un cociente de inteligencia elevado tienen más dificultades para casarse. En cambio, en el caso de los hombres ocurre lo contrario. Para ellos, la posibilidad de contraer matrimonio crece un 35 por ciento por cada aumento de 16 puntos en el cociente intelectual. A las mujeres más listas, en cambio, esos 16 puntos de más les suponen un 40 por ciento en contra a la hora de pasar por el altar.

A estos resultados llegaron los investigadores de las universidades de Edimburgo, Aberdeen, Bristol y Glasgow, tras un seguimiento de la vida de más de mil personas. En sus conclusiones también explican las posibles causas. Por un lado, las mujeres a punto de cumplir los cuarenta, con una carrera profesional y una buena situación económica, encuentras que los hombres poco listos no son interesantes. Por otro, las cifras son claras: un hombre con alto cociente intelectual casi siempre preferirá una esposa estilo tradicional; que se ocupe de su hogar y que, en definitiva, no le plantee problemas.

Y que tengan que venir de fuera para descubrir que las que no se casan son más listas.¡Ya nos vale... cómo sino lo supiéramos de sobra!

... el peso del alma

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1056. Jueves, 18 octubre, 2007

Capítulo Milésimo quincuagésimo sexto: "Los misóginos deberían recordar que la más ignorante y rústica de las mujeres puede engendrar un hombre de genio. (Santiago Ramón y Cajal, 1852 - 1934; médico español)

Un inoportuno, siempre hay un inoportuno dispuesto a ejercer de tal, pidió en un tono poco amistoso a Albert Einstein que condensara en una fórmula el secreto del éxito. De cualquier éxito. En apenas unos segundos, Einstein le entregó un papel con la equivalencia:


Al ver la cara de sorpresa de su interlocutor, le explicó:

"- Esta es una fórmula muy sencilla, A es el éxito; X, el trabajo; Y, la suerte y... Z, el silencio"

Pues si hago caso de tan importante señor, y tienen todas las papeletas como para hacerle caso que para eso es él quien es, teniendo en cuenta que de trabajo, nada; de suerte poca; y que no acostumbro a callarme no así que me maten, tengo menos posibilidades de alcanzar el éxito en algo que participar bíblicamente en una orgía de lesbianas.

... la primera del millón.

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1016. Miércoles, 22 agosto, 2007

Capítulo Milésimo decimosexto: "Las palabras son como las hojas; cuando abundan, poco fruto hay entre ellas". (Alexander Pope, 1688 - 1744, poeta inglés).


... hay más cera que la que arde
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