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1846. Viernes, 17 junio, 2011

Capítulo Milésimo octingentésimo cuadragésimo sexto: "Somos demasiado pesimistas. Antiguamente se vivía infinitamente peor que ahora. Prueba de ello es que casi todos los que vivieron en esos pseudosiglos llamados "de oro", económicos y políticos, tan alabados por los historiadores, están muertos (Alfredo P. 54 años, esquilador)

Estamos en crisis y se impone el ahorro en todos los ámbitos, especialmente en aquellos que son verdaderamente importantes. Por eso, vistos los precios, ni sexshops ni leches, el cajón de la cocina puede convertirse en la mejor tienda de objetos destinados al placer: cuerdas de tender, pinzas, cables, y ¡por supuesto! el rey: el film transparente. Versátiles, reutilizables, muy baratos y no intimidan a (casi) nadie por muy poco puesto que esté en el tema.

Sólo una recomendación: calma, que uno se pone, se pone y las urgencias ya están bastante saturadas. !Hala! al lío, al lío.



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1836. Viernes, 3 junio, 2011

Capítulo Milésimo octingentésimo trigésimo sexto: “Crecer es una cosa terriblemente difícil de hacer. Es mucho mejor omitirlo e ir de una infancia a otra” (Francis Scott Fitzgerald, 1896 - 1940; novelista estadounidense)

Dos matrimonios que han sido amigos durante años deciden pasar un fin de semana juntos en un hotel de montaña. Cuando llegan allí, y después de tomar unas copas, uno de los maridos sugiere que sean un poco locos y hagan un intercambio de parejas. Así que deciden probar. Después de dos horas de sexo apasionado, el tío le dice a su nueva pareja:

- !Guau! !Es el mejor polvo que he echado en siglos!
- !Y tanto! -responde su pareja-. Me pregunto qué tal les habrá ido a las chicas.

Peluchepráctico proponiendo actividades para este fin de semana de una forma didáctica. Lo malo -o bueno- es que la experiencia demuestra que, para ciertas cosas que uno prueba, los caminos nunca son de vuelta.



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1825. Jueves, 19 mayo, 2011

Capítulo Milésimo octingentésimo vigésimo quinto: "Poned atención: / un corazón solitario / no es un corazón” (Antonio Machado, 1875 - 1939; poeta español)

Entra un cuarentón a comprarse unos pantalones y una gloriosa veinteañera con el cuello protegido por sus dos excelsos senos -te-tas- (y a los que, como instrumento de trabajo que considera, ha bautizado cariñosamente: Berta y Roberta) ve rápidamente una comisión y, mientras mastica un chicle de clorofila y corazón de sandia, le rodea las manos del caderamen y le dice: "cariño, tienes ciento quince de cintura, oyes, te conservas muy bien, ¡ya quisiera mi novio!". Al principio, el cuarentón piensa que aquella muchacha es una de esas frescas a los que les gustan los maduritos interesantes, de las que tragan, y al pobre hombre, que desde que tiene uso de razón –con especial insistencia desde su adolescencia- ha sido un hombre capicúa (de los que uno cuando los mira no sabe si está viendo la cara o el culo) se le disparan los chakras y se le animan los menudillos.

Pero no, la muchacha piropea al señor obedeciendo simplemente a las consignas de la fraternidad universal de la venta de pantalones. De ligar nada. La técnica no es más que un ataque psicológico en toda regla a lo más profundo de la ilusión humana. El marketing hace daño, mucho daño, a esas esperanzas –las pocas que le quedan ya- que los pobres cuarentones aún depositan en la humanidad. Y todo por vender. No es justo. Estamos completamente deshumanizados.



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1701. Viernes, 22 octubre, 2010

Capítulo Milésimo septingentésimo primero: "La última cosa que se oirá cuando el mundo estalle, será la voz de un científico gritando: ¡Es técnicamente imposible!" (Eliseo B. 33 años, especialista auxiliar diplomado en limpieza de suelos)

Juguemos a la bolsita de té. Pedir a la pareja que se tumbe sobre la espalda. A continuación se coloca uno sobre ella (sobre la pareja digo, no sobre la espalda) apoyándose sobre las manos y las rodillas y, con delicadeza, meter y sacar las bolsas escrotales (rellenas de sus correspondientes testículos –oseasé huevos) en su boca. Hay una variación: ostras frescas, en inglés oystering, consistente en entumecer las bolas (oseasé huevos) con hielo antes de proceder a ejecutar la bolsita de té.

Es verdad que al final todo se reduce a lo mismo de siempre, sacar y meter, pero en la variación de lo que se saca y se mete está (puede estar) el gusto. Naturalmente, es necesaria cierta confianza para poder practicar la historia con tranquilidad ya que, aunque cierto riesgo no deja de tener su aquel, nunca debemos olvidar que el material a manipular es delicado, muy delicado.

Por probar…



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1442. Martes, 28 junio, 2009

Capítulo Milésimo cuadringentésimo cuadragésimo segundo: "Es un gran mal no poder sufrir mal alguno; es menester sufrir para sufrir menos”. (Anacarsis el Escita, 499-428 a. C. filósofo griego)

Aunque físicamente no tenga fuerzas ni para destapar un yogurt, mi mente, que parece haberse tomado en serio lo de ser una republica independiente autogestionaria, no deja de plantearse dudas existenciales. En contra de mi criterio ha dejado a un lado lo de sopesar las ventajas que supondría tener un novio negro -que no sólo adelgaza sino que combinaría con todo- y ha empezado a plantearse otro tipo de temas que, por su fragosidad y su importancia determinante, parecen destinados a abordarse en épocas menos calurosas.

Así, metida en una angustiosa espiral de pensamientos profundos, lleva horas dándole vueltas a lo mismo. ¿Por qué el ping-pong se llama ping-pong? Sí, vale, te dicen que se llama así por el ruido que hace la pelota cuando le das con la raqueta.. bien. Pero ¿por qué si es la misma pelota y las raquetas son iguales cuándo tu le das hace ping y cuando le da el otro hace pong ? O suena ping las dos veces o suena pong. O lo llaman ping-ping o lo llaman pong-pong pero las dos cosas..

Tantas preguntas y tan poco tiempo. Los martes es lo que tienen... con tal de no trabajar cualquier cosa.

... alfileres

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1410. Miércoles, 27 mayo, 2009

Capítulo Milésimo cuadringentésimo décimo: "De un laberinto se sale. De una línea recta no" (Andrés Neuman, 1977, escritor argentino)

Es una de esas afirmaciones que cuando te vas haciendo mayor adoptas como propia y hasta la conviertes en incuestionable verdad: “los niños ya no saben divertirse como antes.. cuando nosotros teníamos su edad...”

Pues igual. Los niños ahora son tan felices (o tan infelices) como los demás éramos entonces. Es verdad que los pobres angelitos que les ha tocado vivir en estos tiempos en vez de una cadena de televisión (que apenas funcionaba unas horas al día) tienen, para entretenerse, doscientastreintaytresmil en sesión continua; que en vez de tener que echar una instancia en forma de conferencia para hablar con alguien por teléfono, no tienen más remedio que hacerlo por un móvil con internet, cámara, mp3 y localizador gps incluido; que en vez de disfrutar en la cocina -sin posibilidad de escapatoria que el dormitorio era sólo para dormir - de la grata compañía de las broncas de tu madre (con el sonido de las batallitas de la abuela de fondo), ahora pueden irse a su habitación a descubrir el porno mientras chatean por messenger; y bien cierto es que ahora los pobres hijos no tienen más remedio que cargar con la responsabilidad de tener que elegir entre miles de productos en impersonales centros comerciales cada vez que se les antoja algo, cuando antes la tienda de la esquina, en la que había lo que había, te ahorraba tan engorroso trámite.

Pero llegado a este punto siempre nos queda el autoconvencimiento: “sí, es verdad, ahora los niños tienen más cosas, pero nosotros nos divertíamos más.. juntos, con la imaginación y una caja de zapatos, construíamos un mundo..." Claro, sí, es verdad. Los juegos de antes eran mucho más participativos. No teníamos conexión wifi para jugar al mariokart con la nintendods del vecino pero intercambiábamos pedradas los fines de semanas (los fines de semana impares sólo) con los del bloque de enfrente; no tendríamos clases de karateinglésteatroynatación pero envolvíamos bolsas de leche vacías, las poníamos en un palo y, después de prenderles fuego, hacíamos que cada gota ardiendo coincidiera con una hormiga para así poder escuchar el ruido que hacían achicharrándose... mientras practicábamos, en un festival de participación y compañerismo, quien se tiraba el eructo más gordo (que, por cierto, siempre ganaba Paulino).

Yo creo que fui feliz en mi infancia, pero cuando descubro la inmensidad del mundo en el que ahora vivo... creo que nací demasiado pronto. Justo la misma sensación que van a tener la mayoría de los que ahora son niños dentro de cuarenta años.

... jauja

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1406. Jueves, 21 mayo, 2009

Capítulo Milésimo cuadringentésimo sexto: "Confesar a monjas, espulgar a perros y predicar a niños, tiempo perdido". (Refrán español)

Basta observar -no más de tres minutos- a cualquier grupo de niños jugando en alguno de los pocos parques que todavía quedan medianamente sanos, para confirmar aquello que todos los que no tenemos que tratar a diario con ellos sospechábamos, pero que -muy ladinamente- pocos de los que los aguantan se atreven a confirmar: que eso de que la ternura, la bondad, la inocencia y la ingenuidad son atributos que poseen los tiernos infantes sólo por el simple hecho de ser tiernos infantes, es una de de esas afirmaciones que merece un lugar de honor en la ya larga lista de las mayores bobadas de la historia.

Madredelamorhermoso, ¡cómo se las gastan los angelitos!

... globos

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1317. Viernes, 19 diciembre, 2008

Capítulo Milésimo tricentésimo decimoséptimo: "Es curioso que la vida , cuanto más vacía más pesa". (León Daudí 1905-1985; escritor español)

¿Aburrido de los juegos preliminares de siempre? ¿Te cuesta que entre en materia? ¿No estás por la labor de perder el tiempo haciéndole las últimas gilipolleces que leyó en el Cosmopolitan? Tranquilo. Somos conscientes de que este blog también tiene algún que otro lector extraño (de esos a los que, incomprensiblemente, les gustan las mujeres), y por eso hoy, dedicado a ellos, un peluche práctico con la solución al problema. Una simple partidita con la Playstation, con la Wii, o con la Ds y asunto arreglado.

Siempre, claro, que te dejes ganar.

Un estudio del periódico americano Addiction señala que las mujeres que juegan con este tipo de máquinas, experimentan cambios en el ritmo cardiaco y en la química corporal similares a los que acontecen durante la excitación sexual previa. Pero sólo cuando ganaban.

Por probar...

... la lotería de Navidad

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1188. Viernes, 23 mayo, 2008

Capítulo Milésimo centésimo octogésimo octavo: "Me gusta leer pornografía en Braille". (Woody Allen 1935, actor y director de cine estadounidense)

Los atletas griegos, acostumbrados como estaban a tapar su cuerpo lo menos posible, solían hacer deporte desnudos. O casi.

Era su costumbre usar un kynodesme, pequeña correa de cuero con la que se recogían su pene y se lo ataban a la cintura de manera que quedara inmóvil y mirando hacia arriba.

Durante mucho tiempo pensaron que lo hacían para que el miembro no les molestara mientras hacían los ejercicios, pero ahora resulta que algunos expertos encabezados por Frederick M. Hodgfes afirman que tan curiosa costumbre tenía otros motivos algo menos prácticos. Por un lado, evitar que el glande se les escapara: si algo consideraban impúdico los griegos era que los demás le vieran el glande; por otro, la simple coquetería.

Por cierto, aprovechando que voy a estar en Pekín algunos días antes de la ceremonia inaugural olímpica (si antes salgo vivo de Mongolia, de lo que tengo serias dudas), me ofrezco desinteresadamente para explicarles a los responsables que bastarían unos pequeños detalles para duplicar la audiencia de los Juegos. Algo así como una vuelta a los orígenes del olimpismo clásico. Todos saldríamos ganando.

Hasta el lunes.

... más "historias extra-ordinarias" todo el fin de semana.

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