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1543. Lunes, 25 enero, 2010

Capítulo Milésimo quingentésimo cuadragésimo tercero: "Las mujeres no necesitan estudiar a los hombres porque los adivinan" (Teresa de Cepeda y Ahumada, 1515-1582, escritora española)

Parece que después de muchas semanas corriendo el agua por las calles y sonando, a lo lejos, las sirenas, ha dejado de llover. Tras la tempestad, se diría que recuperamos, con cierto alivio, el mundo de siempre renovado y limpio. Y sin embargo, nada vuelve a ser como antes: se ha mojado el libro en la mesita, hay una gotera justo encima de la tele y bajo los ladrillos mojados, en algún lugar inencontrable de la fachada, un cortocircuito impide enchufar el ordenador al único sitio al que llegaba el cable sin tener que acoplarle unos cuantos enchufes del todoacien.

En estos tiempos alarmistas y asépticos, las lluvias de invierno se perciben por los colores de la alerta y el número de litros caídos por metrocuadrado. Es la vida, en todo caso, un libro no escrito cuyos renglones leemos sólo cuando ya no hay forma de borrarlos.

Me quedo con la percepción de niño, cuando aguardábamos el chaparrón para levantar presas en las cunetas, para meter despreocupadamente los pies en los charcos.

Es lunes, tengo sueño y me he puesto algo nostálgico. Mala combinación. Muy mala.

... reloj natural

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1410. Miércoles, 27 mayo, 2009

Capítulo Milésimo cuadringentésimo décimo: "De un laberinto se sale. De una línea recta no" (Andrés Neuman, 1977, escritor argentino)

Es una de esas afirmaciones que cuando te vas haciendo mayor adoptas como propia y hasta la conviertes en incuestionable verdad: “los niños ya no saben divertirse como antes.. cuando nosotros teníamos su edad...

Pues igual. Los niños ahora son tan felices (o tan infelices) como los demás éramos entonces. Es verdad que los pobres angelitos que les ha tocado vivir en estos tiempos en vez de una cadena de televisión (que apenas funcionaba unas horas al día) tienen, para entretenerse, doscientastreintaytresmil en sesión continua; que en vez de tener que echar una instancia en forma de conferencia para hablar con alguien por teléfono, no tienen más remedio que hacerlo por un móvil con internet, cámara, mp3 y localizador gps incluido; que en vez de disfrutar en la cocina -sin posibilidad de escapatoria que el dormitorio era sólo para dormir - de la grata compañía de las broncas de tu madre (con el sonido de las batallitas de la abuela de fondo), ahora pueden irse a su habitación a descubrir el porno mientras chatean por messenger; y bien cierto es que ahora los pobres hijos no tienen más remedio que cargar con la responsabilidad de tener que elegir entre miles de productos en impersonales centros comerciales cada vez que se les antoja algo, cuando antes la tienda de la esquina, en la que había lo que había, te ahorraba tan engorroso trámite.

Pero llegado a este punto siempre nos queda el autoconvencimiento: “sí, es verdad, ahora los niños tienen más cosas, pero nosotros nos divertíamos más.. juntos, con la imaginación y una caja de zapatos, construíamos un mundo..." Claro, sí, es verdad. Los juegos de antes eran mucho más participativos. No teníamos conexión wifi para jugar al mariokart con la nintendods del vecino pero intercambiábamos pedradas los fines de semanas (los fines de semana impares sólo) con los del bloque de enfrente; no tendríamos clases de karateinglésteatroynatación pero envolvíamos bolsas de leche vacías, las poníamos en un palo y, después de prenderles fuego, hacíamos que cada gota ardiendo coincidiera con una hormiga para así poder escuchar el ruido que hacían achicharrándose... mientras practicábamos, en un festival de participación y compañerismo, quien se tiraba el eructo más gordo (que, por cierto, siempre ganaba Paulino).

Yo creo que fui feliz en mi infancia, pero cuando descubro la inmensidad del mundo en el que ahora vivo... creo que nací demasiado pronto. Justo la misma sensación que van a tener la mayoría de los que ahora son niños dentro de cuarenta años.

... jauja

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1073. Miércoles, 14 noviembre, 2007

Capítulo Milésimo septuagésimo tercero: "Después de que se ha hecho y dicho todo sobre el asunto... siempre llega alguien que quiere saber qué fue lo que pasó" (Nicolás P. 32 años, operario de obras urbanas)

Una leyenda qatarí afirma que, cuando graniza, las ostras suben a la superficie para atrapar los granos de hielo y hacer perlas con ellos.

Basta con añadir a la mañana una buena dosis de imaginación y... !voilà!, estaremos más cerca de conquistar el mundo. Nuestro mundo. Que no será el más perfecto, pero es el único que tenemos.

Hay que dejarse sorprender por el misterio siempre. Incluso si sabes que tiene truco. Empieza a oler a Navidad y ya se puede oler su magia y sus tradiciones.

Las comidas, cenas, meriendas, y pausas variadas con los compañeros laborales deseándoles a todos feliz año nuevo (cuando de verdad lo que te apetece es decirles que son unos gilipollas integrales). Comer. Tocar la zambomba. Ponerle adornos a un pobre árbol hasta que se parezca al hermano hortera de la burbuja freixenet. Los niños de San Ildefonso, las voces de los niños de San Ildefonso, el traje de los niños de San Ildefonso, todos los niños de San Ildefonso. Discutir sobre la eterna cuestión:¿la nochebuena con tus padre o con los míos?. Comer. Las lucecitas. Más lucecitas. Jugar al amigo invisible con los cuernos (los del reno de papanoel) puestos. Comer. El espumillón. Aguantar las broncas familiares alrededor de los langostinos después de la primera copa. Más espumillón. Y más espumillón. Padecer el mensaje del Rey. Comer. Sonreír continuamente, (las cámaras digitales son los mayores aliados de las arrugas de expresión). Comer. El ruido de los petardos, el humo de los petardos, los restos de los petardos, todos los petardos. Curarse los chichones producidos por los caramelos que tiran en la cabalgata (a dar, tiran a dar). Criticar el maquillaje de Baltasar. Protestar por lo seco que está el roscón. Sufrir el concierto de Año Nuevo después de una sesión de villancicos (con unas letras que elevan a la categoría de obra profunda el aserejé). Añusgarse con las condenada uvas. Gastar la (escasa, muy escasa, ridícula) paga extra en regalos para los demás mientras a uno siempre le regalan la misma colonia ".. eres difícil.. como no fumas”, comer...

Suma y sigue. Ya empieza a oler a Navidad. Y mucho.


... Oscar póstumo

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