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1445. Viernes, 31 julio, 2009

Capítulo Milésimo cuadringentésimo cuadragésimo quinto: "Un chisme es como una avispa; si no puedes matarla al primer golpe, mejor no te metas con ella" (George Bernard Shaw, 1856-1950; escritor irlandés)

Dicen por ahí (o eso me han contado) que todavía corren rumores avisando de que si te duchas cerca de algún gay (antes "maricas") hay que andarse con cierta precaución: en cuanto se te caiga el jabón intentará abrirte el maletero.

Aparte de ser el más feo del grupo el que suele hacer la gracia (algo que, salvo que el machomangay sea ciego ya le resta bastantes posibilidades), hay que aclarar que, al contrario de lo que las leyendas urbanas dicen, los gayses no son esos superhombres del sexo que, mientras a uno se le cae el jabón, a ellos les da tiempo a que se les ponga dura, abrir el envoltorio del condón (¡que anda y que no cuesta!) colocárselo y meterla en un agujero que se supone virgen sin ningún tipo de lubricación.

Triste, lo sé, pero es lo que hay. Y mira que siento desilusionar al personal estropeando uno de los mitos eróticos con el que sueña tanto gañan con hay suelto, pero no. Hasta en eso somos normales. Una pena.

Los viernes es lo que tienen... con tal de no trabajar uno se lía con cualquier cosa.

... más "historias extra-ordinarias"

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1189. Lunes, 26 mayo, 2008

Capítulo Milésimo centésimo octogésimo noveno: "Os debo una explicación, y como alcalde vuestro que soy os la voy a dar porque os la debo" (Bienvenido, Mister Marshall, Luis García Berlanga, 1952)

El primer Faraón que sintió la necesidad de prepararse un alojamiento digo de su propia importancia, ordenó a sus arquitectos que planearan algo original que llamara la atención, algo distinto a las tumbas de los insignificantes faraones anteriores, para quienes una losa con su nombre esculpido en graciosos jeroglífico era más que suficiente.

Los arquitectos, que nunca se habían enfrentado a un problema semejante, ordenaron, para ganar tiempo, que trajeran piedras en abundancia y las fueran amontonando, que luego ya verían lo que se les ocurría. La gente egipcia, orgullosa de contribuir con su esfuerzo a lo que sin duda iba a ser una asombrosa obra de arte y, por si fuera poco, morada última de su amadísimo Faraón, acarreado millones de pedruscos y los fueron colocando ordenadamente amontonados al borde del desierto.

Los años pasaban y a los arquitectos no se les ocurría nada que valiera la pena, con lo que seguían sin tener la menor idea de lo que podían hacer con aquel material, que ya constituía el montón de piedras más grande del mundo. Apremiados por el Faraón, que se impacientaba, y con razón, ordenaron, por ordenar algo, que le afilaran la punta.

Entre unas cosas y otras, el Faraón murió antes de que se empezaran los cimientos de su tumba y, a falta de otra cosa mejor, fue sepultado en aquella montaña de piedra, donde se abrió apresuradamente un agujero al efecto.

Fue un éxito. La gente aprecia mucho más las obras por su tamaño y aquélla tenía un tamaño nunca visto. Los faraones siguientes quisieron tener también su montón de piedras, que ya por entonces era llamado pirámide por los intelectuales, y todos mandaban construir la suya: era lo primero que ordenaban en cuanto se sentaban en el trono. Así, un insulso montón de piedras que esperaba mejor destino se había convertido de casualidad en un monumento prácticamente indestructible e inamovible. Tan inamovible que ni siquiera pudieron llevarse una al museo británico, que ya es el colmo. Por cierto, que algunos ingeniosos tratadistas de lo esotérico pretenden que las pirámides poseen virtudes desconocidas, secretos mágicos, propiedades misteriosas y efectos especiales. Algo misterioso tiene que haber, sin duda. De otra manera no se explica la nombradía y el respeto que han alcanzado estos insustanciales poliedros.

Ésa es, por más que intenten esconderla, la verdadera historia de este tipo de construcciones. Ni más, ni menos.

... nylon.

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1073. Miércoles, 14 noviembre, 2007

Capítulo Milésimo septuagésimo tercero: "Después de que se ha hecho y dicho todo sobre el asunto... siempre llega alguien que quiere saber qué fue lo que pasó" (Nicolás P. 32 años, operario de obras urbanas)

Una leyenda qatarí afirma que, cuando graniza, las ostras suben a la superficie para atrapar los granos de hielo y hacer perlas con ellos.

Basta con añadir a la mañana una buena dosis de imaginación y... !voilà!, estaremos más cerca de conquistar el mundo. Nuestro mundo. Que no será el más perfecto, pero es el único que tenemos.

Hay que dejarse sorprender por el misterio siempre. Incluso si sabes que tiene truco. Empieza a oler a Navidad y ya se puede oler su magia y sus tradiciones.

Las comidas, cenas, meriendas, y pausas variadas con los compañeros laborales deseándoles a todos feliz año nuevo (cuando de verdad lo que te apetece es decirles que son unos gilipollas integrales). Comer. Tocar la zambomba. Ponerle adornos a un pobre árbol hasta que se parezca al hermano hortera de la burbuja freixenet. Los niños de San Ildefonso, las voces de los niños de San Ildefonso, el traje de los niños de San Ildefonso, todos los niños de San Ildefonso. Discutir sobre la eterna cuestión:¿la nochebuena con tus padre o con los míos?. Comer. Las lucecitas. Más lucecitas. Jugar al amigo invisible con los cuernos (los del reno de papanoel) puestos. Comer. El espumillón. Aguantar las broncas familiares alrededor de los langostinos después de la primera copa. Más espumillón. Y más espumillón. Padecer el mensaje del Rey. Comer. Sonreír continuamente, (las cámaras digitales son los mayores aliados de las arrugas de expresión). Comer. El ruido de los petardos, el humo de los petardos, los restos de los petardos, todos los petardos. Curarse los chichones producidos por los caramelos que tiran en la cabalgata (a dar, tiran a dar). Criticar el maquillaje de Baltasar. Protestar por lo seco que está el roscón. Sufrir el concierto de Año Nuevo después de una sesión de villancicos (con unas letras que elevan a la categoría de obra profunda el aserejé). Añusgarse con las condenada uvas. Gastar la (escasa, muy escasa, ridícula) paga extra en regalos para los demás mientras a uno siempre le regalan la misma colonia ".. eres difícil.. como no fumas”, comer...

Suma y sigue. Ya empieza a oler a Navidad. Y mucho.


... Oscar póstumo

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949. Martes, 3 abril, 2007

Capítulo Noningentésimo cuadragésimo noveno: "La verdadera amistad llega cuando el silencio entre dos parece ameno" (Erasmo de Rotterdam, 1469-1536, filósofo y escritor holandés)

Una de las lecciones de mi curso "abandone su misoginia en tres semanas" está dedicada, en exclusiva, a desmontar aquella historia que nos contaban en la escuela por la cual una señora llamada Eva, mujer y residente en el Paraíso Terrenal, era la única culpable de todos los sufrimientos que durante los tres o cuatro últimos millones de años padecemos los demás.

Resulta que la tal Eva es algo simbólico, que nunca existió como tal. Vamos que la estupidez general que arrastramos desde entonces no es debida a la aberración genética que supuso el incesto que (obligatoriamente) debieron practicar sus hijos teniendo en cuenta que no había más personas humanas alrededor sino a vete tú a saber que otras causas.

Hasta aquí bien, que la culpa de que yo esté ahora aquí, en plena Semana Santa, currando, con sueño, hambre y dolor de cabeza no es, necesariamente de la señora Eva. Vale, admito barco como animal de compañía, todo sea por la curación, pero claro por qué al hacer la cosa por muy simbólica que sea no pusieron al señor Adán, hombre y también residente en el Paraíso, como el malo de la película?

La respuesta podía ser evidente quien lo escribiera tenía el cincuenta por ciento para escoger y le tocó la china a la señora, igual que le podía haber tocado al señor. Es una explicación y la cosa podía quedar ahí. Casualidad. Pero claro uno empieza a rascar un poco y resulta que las "casualidades" se multiplican" sospechosamente..

En la mitología clásica, hermafrodito es el fruto de una noche loca protagonizada por Hermes y Afrodita. Según el mito, un día que Hermafrodito se paseaba por ahí, una ninfa lo vio y se enamoró perdidamente de él. El efebo la despreció, así que ella, terca, le siguió en secreto. Cuando vio que el chico se bañaba en un lago, se tiró al agua, le abrazó y pidió a los dioses que los uniese para siempre. Los del Olimpo la escucharon y ambos quedaron convertidos en una sola persona, hombre mujer al mismo tiempo.

Otra vez ella haciendo desgraciado a él .. y para siempre. Demasiadas casualidades señalando directamente a ellas directamente como las malas de la película... A ver si en el fondo hay algo de razón...

Por cierto, algún día hablaremos del hermafroditismo, una de las mejores estrategias que ha escogido la evolución para favorecer la multiplicación de aquéllos que, de otra manera, lo iban a tener bastante difícil. No es causalidad que esta forma de reproducción se limite a animales que no se mueven (como las vieiras) o que lo hacen muy despacio (como los caracoles), a los parásitos (como las sanguijuelas) y a aquellos que salen muy poco de casa (como las lombrices). El sueño de cualquier misántropo, tímido o, simplemente, vago. Vaya.


...semen superdotado

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915. Lunes, 12 febrero, 2007

Capítulo Noningentésimo decimoquinto: "La verdad puede ser más extraña que la ficción, pero la ficción es más verdadera" (Frederic Raphael, 193, escritor y guionista americano)

Picio fue un zapatero natural de Alhedín que vivió en Granada durante la primera mitad del XIX y que (por vete tu a saber qué) fue condenado a la pena de muerte. Mientras se encontraba en capilla a punto de que se ejecutara la sentencia, recibió la noticia de su indulto, y le causó tal impresión que se quedó sin pelo, sin cejas y sin pestañas y con la cara tan deforme y llena de tumores que la gente salía corriendo al verle. Se retiró a la villa de Lanjarón de donde lo expulsaron porque jamás entró en la iglesia, por no quitarse el pañuelo con que cubría su calva. Volviendo a Granada, donde al poco tiempo murió.

Lo que no sé muy bien es cual ha sido la extraña asociación de ideas por la que esta mañana, según me miraba al espejo, me acordara de este buen hombre a quien de feo que era le tuvieron que dar la extremaunción con caña, por lo asustado que estaba el cura.

Nada como un lunes para destrozar la autoestima. Menos mal que no le hago mucho caso.

... serpiente emplumada

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