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1326. Jueves, 15 enero, 2009

Capítulo Milésimo tricentésimo vigésimo sexto: "Sólo valen las palabras. El resto es charlatanería" (Eugène Ionesco, 1909-1994; escritor rumano)

En cierta ocasión, alguien le preguntó al escritor estadounidense Mark Twain: “En un mundo sin mujeres, ¿en qué se convertirían los hombres?”.

En escasos, señor –replicó Twain-, en muy escasos".

Por más que la misoginia crónica que padezco me controle, tengo que reconocer lo imprescindibles que resultan ellas para según qué cosas. Lo cortés no quita lo valiente.

Una solemne tontería, lo sé, pero sigo vago. Más que de costumbre. El afán de superación es lo que tiene... no deja de sorprenderme con sus resultados.

... no pasarán

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1241. Jueves, 28 agosto, 2008

Capítulo Milésimo ducentésimo cuadragésimo primero: "Es un auténtico caballero. Apuesto a que saca los platos del fregadero antes de mear dentro" (Shirley MacLaine en Magnolias de acero, Herbert Ross; 1989)

Me cuenta una compañera laboral -mujer y sin embargo amiga- con la que comparto de vez en cuando churros en el desayuno, que mi "misoginia" crónica no es más que un problema de miedo. Según su teoría, que argumenta entre porra y porra, las mujeres me producen temor por una razón muy clara: son superiores a los hombres en todos los sentidos.

Resulta que nos han estado vendiendo la historia cambiada, que la verdadera, la que todos los sabios del mundo saben, es muy distinta a la que enseñan oficialmente. Una historia que por alguna extraña conspiración de intereses, ninguno se atreve a contar. Según sus informes, el principio de todo es ligeramente distinto a la versión que sabemos:

Caminaba Eva por los jardines del paraíso con una expresión bastante deprimida. En ese momento oyó la voz de Dios:

-“¿Qué es lo que no va bien en tu vida?”

Eva dijo que no tenía con quien hablar. Dios, que quería verla contenta, le dijo que podría crear un compañero, al que llamaría hombre.

-“Haré lo que esté en mis manos para que no sigas sola -continuó Dios-, pero no puedo prometerte mucho, ya que a ti te di lo mejor, y no debo crear dos cosas iguales. Esta nueva criatura será incompleta, ya que tendrá una costilla menos que tú. Mentirá mucho, y cuando se sienta inseguro, tendrá una actitud arrogante”.

-“¿Ninguna virtud?”

- “Estoy pensando. Tal vez, para que no tengas que preocuparte de la alimentación, él será más hábil a la hora de correr tras los animales. Sin embargo, no te extrañe si, antes de podértelos comer, tienes que escuchar una serie de historias sobre su destreza y coraje”.

-“Por lo menos, terminará con la monotonía de este paraíso” -dijo Eva.

- “Cierto, pero será muy infantil, y encontrará placer en cosas muy tontas, como pelear y darle puntapiés a una pelota”.

- “Aun así, todavía es mejor que pasarse el día entero sola” - insistió Eva.

Dios reflexionó por unos instantes y dijo:

- “Está bien. Pero, como además de todo eso será muy vanidoso, tengo que poner una condición”.

- “¿Y cuál es esta condición?”

- “Tendrás que dejar que piense que él fue creado primero”.

... una casa amplia

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1092. Jueves, 13 diciembre, 2007

Capítulo Milésimo nonagésimo segundo: "El que algo sea cierto no significa que sea convincente, ni en la vida ni en el arte" (Truman Capote, 1924-1984; escritor estadounidense)

Digan lo que digan los diversos gremios, asociaciones, entidades, instituciones, corporaciones, consejerías, institutos, fundaciones, patronatos, y observatorios varios, empeñados en extender la idea de que existe una total igualdad hombre-mujer: no, no somos iguales.

Y ya no hablo físicamente, algo que (digo yo) la mayoría de los que andan metidos en esos fregados ya se habrán dado cuenta (supongo), sino porque todos los estudios demuestran que también en sus respectivas estructuras cerebrales existirán sutiles pero importantes diferencias.

¿Pruebas? Abrumadoras. Bastarán algunos ejemplos de la vida cotidiana para comprobar que, más allá de los factores ambientales o de educación, cada uno de los sexos actuará ante una misma situación de una forma completamente distinta.

Caso uno: infidelidades. Para los hombres nadie pone los cuernos a nadie hasta que se hubiera (o hubiese) consumado un acto sexual completo -mínimo-. La mujeres, en cambio se sentirán culpables sólo porque aquella noche que cenaron en un chino acabaron soñando que eran las protagonistas de una sesión de bukake. Fuerte, sí, pero los sueños, sueños son.

Caso dos: regla de los siete segundos. Para los hombres siempre que se te caiga un trozo de comida al suelo y no pasen más de siete segundos hasta que lo recojas, puedes comértelo sin problemas. En cambio, no encontraremos mujer alguna (ni aún vendiéndole la moto del hambre en el mundo) que sea capaz de hacerlo.

Caso tres: los retretes. Para los hombres, tirar de la cadena sólo es imprescindible (y no siempre) cuando se haya utilizado para sus usos mayores. Las mujeres, en cambio, lo hacen hasta cuando no lo han usado. Incluso la más forofa del cambio climático, la ecología y la salvación de los recursos naturales, no será capaz de pasar delante de un retrete sin vaciar su cisterna.

Caso cuatro: la limpieza. Aunque la moda metrosexual (amariconamiento) ha conseguido que muchos ya dejen de hacerlo, hasta hace poco para la mayoría de los hombres era suficiente darle la vuelta a los calzoncillos cuando intuían que su parte interior podía estar sucia. Y asunto arreglado. En cambio, la constante obsesión por la limpieza que despliegan las mujeres, especialmente en lo que los anuncios de bragas y sujetadores llaman "prendas delicadas" roza lo patológico.

Podíamos seguir, pero después de leer lo que falta mejor me lo reservo. Estamos en Navidad y no quisiera yo morir en vísperas de unas vacaciones. No es un buen momento.

... como hongos.

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1083. Miércoles, 28 noviembre, 2007

Capítulo Milésimo octogésimo tercero: "La mujer que no tiene suerte con los hombres, no sabe la suerte que tiene". (Petra H., 54 años; soltera con suerte)

Pongamos que -al menos el primer mes- siempre sea él quien invite a las cenas y a las copas. Pongamos que- al menos el primer mes- no haya todavía escapadas románticas de fin de semana a algún hotelito rural de esos que te cobran un riñón por escuchar toda la noche una sinfonía de ladridos y mugidos. Pongamos, que es mucho poner tal y como está la cosa económica, que -al menos el primer mes- él pague el cine, el teatro y las entradas al concierto de El canto del loco. Pongamos. Bueno, pues aún así, tener novio el primer mes le sale por un ojo de la cara a cualquier mujer. Y sin embargo la mayoría erre que erre empeñadas en echárselo. A toda costa.

Sin entrar en mucho detalles, calculemos. Imprescindible durante el primer mes invitarlo alguna vez a casa. Cuando están solas, a las mujeres no les importa que se vean las quemaduras de cigarro en el sofá (incluso presumen de tenerlas delante de sus amigas), o que el único adorno de la mesa sean los ¡holas! atrasados. Pero cuando él va a aparecer algo se apodera de ellas y comienzan a volverse locas poniendo fundas, velas o flores por todos los rincones. Tirando por lo bajo -y sin contar el viaje al Ikea- sumemos los primeros 40 euros.

Por fin llega. Una larga tarde en el sofá con él antes de salir a cenar incluirá, además de caricias y mimos (que son gratis), algo para picar y alguna que otra botellita de vino para animarse. Entre el paté, los pistachos y el rioja pongamos otros 30 euros.

Durante las primeras citas ellas quieren estar irresistibles y, por supuesto, nada de lo que tienen en el armario les sirve ya. Un vestido nuevo -aunque sea de Zara-, un bolso a juego, el cinturón del mismo color.. la lista puede ser interminable. Sumemos, por lo bajo, 120 euros más.

Aparte por imprescindibles: un par de zapatos. La relación zapatos-mujeres es algo que se escapa a cualquier lógica. Y a la mía más. Dejémoslo en pensar que para ellas gastarse 100 euros en un par es toda una ganga. Suma y sigue.

La factura del teléfono. Las estadísticas dicen que durante el primer mes es ella la que llama a él y habla una media de 30 minutos, a lo que habría que sumar las que realizará a sus amigas para contarle lo maravilloso que es él chico de su vida y el coste de los 200 mensajes cortos que, según los estudios, mandan de media. 90 euros más.

Los caprichos para él. Cualquier mujer, a diferencia de casi cualquier hombre, considerará muy importante tener pequeños detalles hacia su recién estrenado novio: comprarle revistas que ella sólo miraría si hubiera fotos de los jugadores en los vestuarios, el último cd de la Shakira.. que a él parece gustar ya que se queda sin pestañear cuando sale por la televisión (incluso cuando no canta), una crema de afeitar que huele a lavanda (y no como la que usa ahora que no huele a nada), una camiseta de marca con el escudo de su equipo de fútbol, o un peluche vestido de Fernando Alonso relleno de bombones. Sirve cualquier gilipollez. Las estadísticas dicen que las mujeres compran durante el primer mes de relación una media de cinco regalos sólo para él. Pongamos otros 180 euros. Ya serán más.

Por supuesto que una no se levanta cada mañana como si fuera modelo de ropa interior. Restaurarse cuesta, y las primeras citas son una buena ocasión -disculpa- para comprobar que esas cremas tan caras que anuncian en las revistas son, de verdad, tan efectivas como dicen. Una situación así bien merece un esfuerzo. Perfumes, maquillajes, depilaciones, cremas. El pellizco más grande para que él lo disfrute. Incluso echando mano del Juteco la cosa difícilmente bajará de los 200 euros.

Ropa interior. Como los zapatos, un capítulo aparte, otro insondable misterio en el que la frase "menos es más" adquiere todo su significado. Cuanta menos tela tenga el tanga más caro será. Sin olvidar que la seda y las puntillas cotizan al alza. Sumemos 80 euros.

Condones. Estamos en las primeras citas, imprescindibles los preservativos. Por supuesto que este apartado debe de correr a cuenta de él, pero es obligatorio que ellas también tengan una caja a mano ante posibles emergencias por aquello de los olvidos. En principio, y antes de comprobar su grado de despiste, podría bastar con una caja. 6 euros.

Total: 846 euros. Tirando por lo bajo y dejando que sea él el que corra con la parte más importante. ¿De verdad que les puede compensar gastarse en un mes casi 150.000 pesetas por tener un tío al lado?

Es más, incluso teniendo ese capricho, y a pesar de que todos conocemos la dificultad que tienen las mujeres en comprender la verdad absoluta que en estas cuestiones representa "en la variedad está el gusto", ¿no sería mucho mejor emplear ese dinero en alquilar unos cuantos?

Es una idea. Sólo.

... sombrereros locos.

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1047. Jueves, 4 octubre, 2007

Capítulo Milésimo cuadragésimo séptimo: "Los hombres que no perdonan a las mujeres sus pequeños defectos jamás disfrutarán de sus grandes virtudes." Khalil Gibrán, 1883-1931; poeta libanés)

La crueldad femenina llega -a veces- a unos límites que son difíciles de comprender hasta por las mentes más retorcidas y perversas.

El cóndor, el ave carroñera más grande que existe, es un animal completamente monógamo y con una característica muy peculiar: sólo se aparea cada dos años.

El acoplamiento se produce después de que el macho realice a más de tres mil metros de altura, largas paradas nupciales que le dejan al borde del agotamiento. Y todo con un único motivo: impresionar a su hembra y que ella le permita desfogarse. ¡Por fin!

Pues bien, después de esperar los dos años para que aquello pueda ser, después de dejarse las plumas exhibiéndose delante de la única compañera que va a tener en toda su vida, después de semejante sacrificio, más del 50% de las señoritas cóndor se niegan a realizar la cópula con su sufrido compañero... al que no le queda más remedio - lo de la monogamia lo llevan a rajatabla- que esperar otros dos años para que ella vuelva a encontrase en celo y tener la suerte de que entonces a la señora cóndor le apetezca.

Crueles no es la palabra.

... claras.

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1037. Jueves, 20 septiembre, 2007

Capítulo Milésimo trigésimo séptimo: "Qué parecidos son los gritos de amor y los de los moribundos" (Malcolm Lowry, 1909 - 1957; escritor estadounidense)

Después de leer que en Portugal, cuatro mujeres fueron engañadas por un hombre, el cual las convenció de que se asomaran al balcón en top-less para que así un moderno sistema de nuevos satélites pudiese practicarles mamografías sin necesidad de salir de sus casas, me pregunto si de verdad soy misógino o, simplemente, realista.

Y es que hoy va de venganza. Ayer, sin saber ni cómo ni por qué, me vi yendo de compras con una amiga. Si, soy gay, pero ni a todos los gayses les gusta ir de compras, ni a todos los que les gusta ir de compras tienen que ser gayses . Y a mi no me gusta ir de compras.

Aguantar toda una tarde de tienda en tienda con una mujer es como querer hacer los cien metros lisos en una piscina llena de mermelada. Una mujer puede pasar horas viendo ropa y no tiene ningún problema en probarse veinte pantalones, treinta blusas, doce faldas y sesenta pares de zapatos. Para eso los hombres somos más prácticos, si uno se prueba una talla 38 y queda apretada, pide la 40 y se acabó ¿Volvérselo a probar?, ni pensarlo, es lógico que si una 38 queda apretada la 40 tiene que quedar perfecta.

Y cuando ha encontrado algo que, ¡por fin!, le gusta, sale a flote su legendaria desconfianza de género: revisa concienzudamente cada costura, estira al máximo cada botón, pasea por toda la tienda taconeando con los zapatos varias veces y, aunque ya se ha decidido, tiene todavía que pasarse unas cuantas horas delante del espejo con el vestido dentro de la percha pegado a su cuerpo. Como si fuera a ponérselo el resto de su vida con gancho y todo.

Claro que, ahora que lo pienso, puede ser ese sentido práctico que desplegamos los hombres, la explicación más verosímil ante esa estadística que dice que, el 98% de los hombres tienen zapatos que les estrujan los pies, camisas con el cuello a punto de cortarles la respiración o pantalones comprimiéndoles hasta el sobaco.

... de montañas y volcanes.

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1030. Martes, 11 septiembre, 2007

Milésimo trigésimo "Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema" (Winston Churchill, 1874-1965, político británico)

De casualidad en una revista (el aburrimiento es muy malo) encuentro descifrado uno de los secretos mejor guardados del universo femenino. Nada más y nada menos que la traducción a esa tópica respuesta que la mayoría de mujeres dan cuando les preguntan cómo tiene que ser su hombre ideal.

Una pregunta a la que suelen contestar casi todas lo mismo: que tenga buen carácter, que sea inteligente, divertido y buena persona. Y si les aprietas mucho las tuercas, añaden que el físico les da igual y el dinero que tengan, también.

Pues bien, según la revista, -autodeclarada femenina para más señas- (y no según yo, analfabeto funcional de tan ininteligible mundo), lo que la mayoría de las mujeres están diciendo con su contestación no es lo que contestan como tal sino algo un poco más complejo. Exactamente con su respuesta estarían afirmando que su hombre ideal es:
".. un hombre que te mire como si estuviera ante una mujer tan mujer que ya jamás podrá mirar, lo que se dice mirar a ninguna otra, y es más, ninguna otra melena, culo, boca, manos, cintura, será ya objeto de su atención, ni siquiera en situaciones de máximo riesgo. Pero, desde luego, no es sólo cómo te mira, es lo que te dice cada mañana al despertar, porque ya nunca jamás te despiertas de mal humor, con pesadillas o jaquecas, sino dispuesta a recrearte en su voz y desperezarte vivaracha para correr a apoyar la cabeza en su hombro; entonces él susurra cada, cada, cada mañana las palabras de amor más encantadora. Y nunca se repite, siempre es original, coherente, masculino, apropiado, cariñoso y divertido. Te lee los silencios y adivina siempre, siempre, siempre lo que te ocurre. Allí está él para aliviar la carga de la incomprensión o la contrariedad. Él es tu vitamina C y tu psiquiatra. Tu más perfecta fantasía erótica y el rey del bricolage. Tu futurólogo y el mecenas que impulsará tu vena creativa. Por supuesto, nunca ve el fútbol, lo abomina. Sus amigos son joyas de la humanidad, en el buen sentido: te traen flores, perfumes de Nueva York, y se van siempre cuando a ti te apetece. Entonces, él te arrastra pero suavemente, sobre la alfombra, hasta el reino del mucho sexo con mucho amor, y agotas los sentidos. Jamás duerme después "de", los conciertos con bis dejan mejor sabor para emprender un paseo bajo las primeras estrellas, o una lectura reposada con un poco de jazz; Chet Backer, por ejemplo. El anochecer acompaña al humo de los secretos. Él escucha lo más íntimo de ti para compartirlo de veras, llegar a lo más profundo de tu identidad, y, lejos de utilizarlo o decepcionarte, crece su amor. De compromiso de habla cada día, pero muy fluido, sale sin preverlo, y para corroborarlo ahí están los pequeños detalles, a veces un "post-it" con un mensaje en el espejo del baño; otras esas gafas de sol que te hacían tanta gracia..."
Teniendo en cuenta que para la mayoría de los hombres, en cambio, la mujer ideal es aquella que esté buena, que sea dócil y obediente, que piense en ellos las 24 horas, incluso cuando duerme, y que nunca olvide que él es Dios, no me extraña que el asunto de las separaciones y de los divorcios ande como anda.

¿Cuándo se van a dar cuenta de que la asociación entre hombres y mujeres es algo completamente antinatural? Y sobre todo, ¿cuántas pruebas más harán falta para comprender el error de seguir manteniendo tan artificial sistema?

... poetisa embarazda de "buena" familia.
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949. Martes, 3 abril, 2007

Capítulo Noningentésimo cuadragésimo noveno: "La verdadera amistad llega cuando el silencio entre dos parece ameno" (Erasmo de Rotterdam, 1469-1536, filósofo y escritor holandés)

Una de las lecciones de mi curso "abandone su misoginia en tres semanas" está dedicada, en exclusiva, a desmontar aquella historia que nos contaban en la escuela por la cual una señora llamada Eva, mujer y residente en el Paraíso Terrenal, era la única culpable de todos los sufrimientos que durante los tres o cuatro últimos millones de años padecemos los demás.

Resulta que la tal Eva es algo simbólico, que nunca existió como tal. Vamos que la estupidez general que arrastramos desde entonces no es debida a la aberración genética que supuso el incesto que (obligatoriamente) debieron practicar sus hijos teniendo en cuenta que no había más personas humanas alrededor sino a vete tú a saber que otras causas.

Hasta aquí bien, que la culpa de que yo esté ahora aquí, en plena Semana Santa, currando, con sueño, hambre y dolor de cabeza no es, necesariamente de la señora Eva. Vale, admito barco como animal de compañía, todo sea por la curación, pero claro por qué al hacer la cosa por muy simbólica que sea no pusieron al señor Adán, hombre y también residente en el Paraíso, como el malo de la película?

La respuesta podía ser evidente quien lo escribiera tenía el cincuenta por ciento para escoger y le tocó la china a la señora, igual que le podía haber tocado al señor. Es una explicación y la cosa podía quedar ahí. Casualidad. Pero claro uno empieza a rascar un poco y resulta que las "casualidades" se multiplican" sospechosamente..

En la mitología clásica, hermafrodito es el fruto de una noche loca protagonizada por Hermes y Afrodita. Según el mito, un día que Hermafrodito se paseaba por ahí, una ninfa lo vio y se enamoró perdidamente de él. El efebo la despreció, así que ella, terca, le siguió en secreto. Cuando vio que el chico se bañaba en un lago, se tiró al agua, le abrazó y pidió a los dioses que los uniese para siempre. Los del Olimpo la escucharon y ambos quedaron convertidos en una sola persona, hombre mujer al mismo tiempo.

Otra vez ella haciendo desgraciado a él .. y para siempre. Demasiadas casualidades señalando directamente a ellas directamente como las malas de la película... A ver si en el fondo hay algo de razón...

Por cierto, algún día hablaremos del hermafroditismo, una de las mejores estrategias que ha escogido la evolución para favorecer la multiplicación de aquéllos que, de otra manera, lo iban a tener bastante difícil. No es causalidad que esta forma de reproducción se limite a animales que no se mueven (como las vieiras) o que lo hacen muy despacio (como los caracoles), a los parásitos (como las sanguijuelas) y a aquellos que salen muy poco de casa (como las lombrices). El sueño de cualquier misántropo, tímido o, simplemente, vago. Vaya.


...semen superdotado

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856. Miércoles, 8 noviembre, 2006

Capítulo Octingentésimo quincuagésimo sexto: "Nada es más peligroso para el hombre que un rápido cambio de estado". (Marco Fabio Quintiliano, 35 - 95, retórico romano)

Mi total y absoluto desconocimiento del universo femenino me hace plantearme, de vez en cuando, algunas cuestiones que, aunque supongo que para el resto de los mortales son perfectamente comprensibles, a mi particularmente me resultan desconcertantes.

¿Por qué se empeñan en hacer preguntas de las que nunca quieren oír la respuesta? Es matemático; ella le pregunta a él si la amiga con la que se acaban de encontrar le parece guapa. Sí el dice que "no" le soltará que está loco, que su amiga es una tía muy guapa, con mucho éxito, y que está perdiendo el gusto. Pero si le contesta que sí, que su amiga está un rato buena, ya tiene la cara larga de ella durante las próximas tres horas.

¿Por qué esa manía de no pedir postre en los restaurantes. Tendría su lógica si estuvieran a dieta.. y la cumplieran. No piden postre pero apenas llega el de los demás cogen la cuchara más grande que encuentran y empiezan a meterla, sin solución de continuidad, en los ajenos.

¿Por qué van al servicio juntas? Siempre pienso (degeneración profesional tal vez) que el "rollo bollo" pudiera tener algo que ver, al fin y al cabo uno lo que suele ver en los de caballeros ?otras aficiones aparte- pero lo descarté hace tiempo por una mera cuestión estadísticas. Hay muchas, pero ¿todas?... imposible.

¿Por qué se empeñan en llevar un bolso tan pequeño teniendo tantas cosas que meter? Ya sé que los términos "pequeño" y grande" son muy relativos, pero no es normal que suelan llevar uno en el que siempre les falte sitio para guardar, por ejemplo, el tabaco y seamos los demás quienes acabemos cargando con el paquete.

¿Por qué siempre tiene frío? Da igual si el termómetro marca 40 grados o estamos en pleno mes de julio, ellas siempre tendrán frío. Deberían ir todas al infierno, por una mera cuestión práctica más que nada. Allí estarán tan a gusto.

Tampoco entiendo su manía de gritar más alto cuanto más pequeño sea el animal que se les cruce en su camino, o que el dinero gastado en unos zapatos de marca tenga que ser por "necesidad" mientras gastarse mucho menos en una entrada de fútbol sea un derroche, ni el concepto tan relativo que tienen de lo que son cinco minutos, ni...

Casi mejor debería de decir aquellas cosas que me parecen lógicas de ellas. Acabaría antes.

Hasta el viernes, que mañana por aquí celebramos la Almudena.



... historias "extra-ordinarias"

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