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1749. Viernes, 21 enero, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo cuadragésimo noveno: "Quien se siente en el fondo de un pozo para contemplar el cielo lo encontrará pequeño". (Han Yu, 768 - 824; escritor chino)

Avisando con varias semanas y pico de antelación para que el tiempo no se nos eche encima. Se acerca San Valentín, época de regalos y de juguetería. De hecho este año son tendencia. Existen en el mercado auténticas maravillas tecnológicas que pueden ayudarnos a ser (un poco más) felices. Se me ocurre el Lelo (se llama así y yo no le he puesto el nombre), un vibrador pequeñito como una pastilla de jabón de éstas que se suelen robar en lo hoteles, pero con más capacidad de rabia y, sobre todo de vibración, que el tímpano de un yogurín con ipod.

O el Laya ( y, también se llama así.. y no, tampoco me he inventado yo el nombre) , una especie de pistolita desintegradora de esas que salen en las series de marcianitos pero indicada especialmente para los trabajos manuales.

Nótese, bastaría con echar un ojo a las fotos, que son juguetes cuya forma no es la de un sudanés de la capital -no importa el tamaño de la varita, sino la habilidad del mago- y sí de vibradores sencillitos indicados para todos los que pudieran o pudiesen iniciarse en este tipo de juegos indicados especialmente para enriquecerse en pareja. Los consoladores son otra cosa. Importantes sí, pero otra cosa. Que lo de pensar en dar consuelo a alguien puede hacerse mucho mejor en el tanatorio más cercano.

Con los vivos, mejor divertirse.



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1675. Miércoles, 15 septiembre, 2010

Capítulo Milésimo sexcentésimo septuagésimo quinto: “Algunas personas son amables sólo porque no se atreven a ser de otra forma (William Faulkner, 1897-1962; poeta estadounidense.)

Islas Fidji (y son unas cuantas). Costumbre habitual todavía en uso. Si te quedas fijamente mirando un objeto en la casa de alguien, alguien que previamente te ha invitado de una manera formal, ese alguien tiene que entender que el objeto en cuestión te gusta y está obligado a regalártelo. Sea lo que sea.

Costumbre que, además de explicar el por qué las casa thaitianas son tan minimalistas, puede darnos ideas a la hora de programar algún viajecito en el que casi todo el equipaje sean maletas vacías. Al menos en el viaje de ida.



...en la picota

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1595. Viernes, 16 abril, 2010

Capítulo Milésimo quingentésimo nonagésimo quinto: “El mérito para lo esnobs es hacer siempre descubrimientos. Así han llegado al dadaísmo, al cubismo y a otras estupideces semejantes” (Pío Baroja, 1872-1956; escritor español)

Regalar oro –demasiado hortera- está pasado de moda. La plata, en cambio, es tendencia (¡qué tenía yo ganas de decir en una frase eso de “tendencia”!) El problema es, y más en estas épocas de crisis, su precio. Por eso hoy, en el muy inconmensurable (y siempre profundo) peluche práctico: “hagamos feliz a nuestra pareja –o a quien nos de la gana- regalándole un huevo de plata sin tenernos que gastar un solo euro”.

Ingredientes: una vela –de los chinos vale-, una jarra de agua –nada de mineral, la del grifo sirve perfectamente-, y un huevo, que se puede (debe) pedir al vecino para que la cosa nos salga lo más apañada posible.

Una vez encendida la vela -que también se puede (debe) pedir al mismo vecino aprovechando que vas a lo del huevo, lo sostenemos (el huevo digo) con los dedos pulgar e índice y lo acercamos despacio a la llama. Movemos (el huevo, que la cosa va de huevos) lentamente asegurándonos de que se va ennegreciendo (el huevo) de una manera uniforme. Una vez completamente negro (el huevo) lo dejaremos enfriar unos 15 minutos y, pasado ese tiempo, lo meteremos (el huevo) en la jarra de agua. En poco tiempo tomará una tonalidad brillante de apariencia metálica que se asemeja bastante a la plata.

La explicación (aunque tampoco tiene que llevar manual de fabricación incluido que para eso es un regalo) es fácil. La llama hace que el huevo se cubra de una finísima capa de hollín mezclada con algo de parafina de la vela. Luego, al sumergirlo en el agua, se crea una delgada película de aire a su alrededor que impide que el agua toque el huevo. La reflexión de la luz hace que el huevo se vea plateado.

Teniendo en cuenta que este experimento funciona con cualquier tipo de huevo (y mira que hay tipos de huevos….que si de gallina grandes, que si de gallina extragrandes –muy buenos para freír-, que si medianos, de avestruz, de codorniz…) las posibilidades de quedar como un señor sin gastarnos un duro son ilimitadas.

Este fin de semana manos a los huevos.



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1530. Martes, 5 enero, 2010

Capítulo Milésimo quingentésimo trigésimo: "Nuestras ilusiones no tienen límites; probamos mil veces la amargura del cáliz y, sin embargo, volvemos a arrimar nuestros labios a su borde". ( François-René, 1768- 1848; escritor francés)

Después de darle muchas vueltas creo haber solucionado un gran enigma navideño, otro, que me ha estado atormentando durante estos años. Por fin creo saber por qué los Reyes Magos nunca me trajeron la mayoría de las cosas que les pedía en las cartas, algo que yo achacaba siempre a vivir en un barrio periférico dónde, al ser de los últimos que visitaban sus "majestades", venían ya con unas cuantas copitas de más, a poco que se hubieran bebido la mitad de las copas que les hubieran colocados en las casas que visitaran antes. Lo que haría, lógicamente, que no estuvieran ya en sus mejores condiciones de coordinación y acabaran un poco liados.

Pero la explicación es mucho más fácil y no sé como no se me ha ocurrido antes, es de pura lógica; ellos, tan de oriente como son, lógicamente no tenían ni idea de español, lo que sin duda hizo que, año tras año, tradujeran la palabra "bicicleta" como "calcetines" o la de "cinexin" como "pijama" cuando en ningún renglón de la carta aparecían cosas semejantes.

Vamos que no fue un capricho de sus majestades sino simplemente una mala interpretación lingüística.

Buenos Reyes y hasta el jueves.

... nubes

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1413. Lunes, 1 junio, 2009

Capítulo Milésimo cuadringentésimo decimotercero: "La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come" (Francisco de Quevedo, 1580 - 1645; escritor español)

Primer día de junio. Lo digo con tiempo para que luego nadie diga que la sugerencia le llegó tarde. A quien corresponda: es absurdo que en navidad siempre reciban cestas aquellos que justo menos las necesitan. Cada año pasa lo mismo: cuanto más potente es alguien, más cestas le mandan y más grandes son. No es lógico.

Está claro que los pobres las aprovecharíamos mucho mejor.



... una cama original

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1392. Miércoles, 29 abril, 2009

Capítulo Milésimo tricentésimo nonagésimo segundo: "Más de uno le debe su éxito a su primera esposa, y su segunda esposa a su éxito”. (James Backus, 1913 - 1989; actor estadounidense)

La cosa se ha complicado desde que son de plástico y las cajeras ni se molestan en quitarlas. Luego llegas a casa y tampoco las vas a tirar. El resultado es un armario en el que las perchas parecen un arco iris. Las hay marrones, negras, grises, blancas, caobas, azules eléctricos, y hasta tengo una rosa chicle.

Y claro, cuando cuelgas algo en ellas aquel colorido tiene que influir. Al abrir el armario no puede uno valorar igual una camisa verde cetrina si está colgada, por ejemplo, en una percha azul cobalto que si está en una percha gris perla. Es evidente. Alguien, en alguno de los muchos organismos que se dedican a organizarnos la vida, debería ponerse a legislar el color de las perchas regaladas ya, que muchas leyes, muchas leyes y en las cosas importantes nos tienen dejados de la mano de dios.

... toros y colores

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1324. Martes, 13 enero, 2009

Capítulo Milésimo tricentésimo vigésimo cuarto: “Hay dos maneras seguras de llegar al desastre; una, pedir lo imposible; otra, retrasar lo inevitable” (Francesc Cambó, 1876-1947; político español)

Una de las más viejas costumbres humanas consiste en ponerse en cualquier fila en la que alguien reparta algo gratis. Una afición cultivada al margen de que el artículo a regalar sea una mierda (que siempre lo es) o de que el 99% de los que estén haciendo cola ya tengamos tres docenas de lo mismo en casa.

Bien, pues como devoto practicante de esta milenaria tradición que soy, vengo notando un notable aumento de la agresividad en el ambiente colistico del degartis. Si antes aguardábamos pacientemente a que nos regalaran la caja de cerillas o el globito que se explotaba en cuanto lo intentabas inflar, ahora basta con que te muevas un poco de la fila para que te empiecen a dar todo tipo de información acerca de, por ejemplo, la presunta actividad laboral de tu madre. Y eso si tienes suerte y das con gente tranquila.

Aunque para ser justos hay que reconocer que esta agresividad en las cosas de balde ha existido siempre. Cuentan las crónicas que en la ceremonia de coronación del Nicolás II de Rusia, en Moscú, se iban a entregar obsequios a todas las personas que participaban. Mientras estas personas estaban aguardando para recibir sus presentes, se corrió el rumor de que no había suficientes regalos para todos. Así comenzó una estampida hacia los mostradores con los regalos, y cientos de mujeres y niños fueron pisoteados y murieron.

Por aquí la cosa no llega a tanto (todavía), pero he notado que desde que los prejubilados, jubilados y/o pensionistas empezaron a alternar su misteriosa afición por mirar zanjas con la de hacer cola allí donde ven alguna, los demás, pobres mortales, tenemos la batalla perdida. Tal y como se están poniendo las cosas –cada vez son más y cada vez más agresivos- a lo único que podemos aspirar degratis es a alguna camiseta (que siempre queda grande, grande, grande) conseguida después de pelearnos en la cola con tres docenas de ociosos jubiletas bastón en mano.
Y todo para convertirnos en el soporte publicitario gratuito de cualquier caja de ahorros. Esto de las colas ya no es lo que era.

... tónica contra la malaria

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1308. Viernes, 5 diciembre, 2008

Capítulo Milésimo tricentésimo octavo: "La persona que no tiene secretos para su pareja, una de dos, o no tiene pareja o no tiene secretos. Y en ninguno de los dos casos me parece una persona envidiable” (Maurice Chevalier, 1888–1972; cantante francés)

Lleva ya unos años siendo superventas en varios países del mundo y parece que este año tampoco se quedará atrás. Es el rapex, un dispositivo dentado en forma de tampón fabricado en Sudáfrica, y que está siendo el regalo estrella de estas navidades. El aparatito en cuestión está dotado de unos dientes similares a los de un tiburón que se agarran al pene de quien intente forzar una relación sexual. Sólo puede ser quitado por un médico utilizando cirugía.

La intención no puede ser mejor: evitar abusos y violaciones a las mujeres y, además, poder detener al agresor fácilmente al agresor.

Sin embargo, sabiendo lo despistados que solemos ser las personas humanas para ciertas cosas y, sobre todo, teniendo en cuenta el pequeño detalle que acompaña a sus instrucciones: “uno se lo pone y gracias a su extraordinaria comodidad se olvidará completamente de que lo lleva..." !qué queréis que os diga! yo miraría varias veces antes de. A partir de ya.

Hasta el martes.

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1305. Martes, 2 diciembre, 2008

Capítulo Milésimo tricentésimo quinto: "Preveo la desaparición del canibalismo. El hombre está asqueado del hombre". (Stanislaw Jerzy Lec 1909-1966; poeta polaco)

Basta echar un vistazo estos días (y los que nos quedan) por el centro de cualquier ciudad para darse cuenta de que la Navidad es una locura colectiva. Y no lo digo en plan metafórico: cada vez estoy más convencido de que, llegando diciembre, se nos sueltan unos cuantos cables dentro de la mollera y necesitamos urgentemente alguien que nos arregle el desbarajuste.

Observando el hormiguero de gente entrando y saliendo de las tiendas, da la sensación de que son muchos los que tienen como mascota a una gallina que les pone huevos de oro cada noche. El panorama de gente transportando paquetes y bolsas es lo más parecido a esas imágenes de los telediarios en que la población hace acopio de víveres para afrontar el paso de un huracán. Paseando por cualquier calle comercial uno tienen la impresión de estar viviendo en una de esas monarquías petrolíferas donde todos están forrados y ya no saben en qué gastarse el dinero. Hacer regalos con moderación y criterio es agradable; pero llevado a los extremos grotescos en que lo estamos haciendo empieza a dar un poco de dentera.

Además, en Navidad, sucede otra cosa que me tiene desconcertado, y no me estoy refiriendo a la clonación en cada esquina de un Santa Claus (alguien debería explicar que no es él quien nace cada Navidad) sino por lo extraño que se vuelve el personal en esta época. Gente que en otro momento del año se harían los miopes o los distraídos para no saludarte, que no pararían ni para recogerte de la cuneta nevada de una carretera secundaria (aunque estuviera anocheciendo y se escuchara, de fondo, el aullido de los lobos), ahora te da dos besos y te desea prosperidad y felicidad. Tengo un amigo que mantiene la teoría de que todas esas criaturas súbita y aterradoramente simpáticas han salido de la ornamentación callejera con la que todos los ayuntamientos se empeñan en obsequiarnos llegadas estas fechas. Dice que el día que vea la película “La invasión de los ladrones de ultracuerpos” sabré con exactitud a que se refiere.

... carajillos

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1083. Miércoles, 28 noviembre, 2007

Capítulo Milésimo octogésimo tercero: "La mujer que no tiene suerte con los hombres, no sabe la suerte que tiene". (Petra H., 54 años; soltera con suerte)

Pongamos que -al menos el primer mes- siempre sea él quien invite a las cenas y a las copas. Pongamos que- al menos el primer mes- no haya todavía escapadas románticas de fin de semana a algún hotelito rural de esos que te cobran un riñón por escuchar toda la noche una sinfonía de ladridos y mugidos. Pongamos, que es mucho poner tal y como está la cosa económica, que -al menos el primer mes- él pague el cine, el teatro y las entradas al concierto de El canto del loco. Pongamos. Bueno, pues aún así, tener novio el primer mes le sale por un ojo de la cara a cualquier mujer. Y sin embargo la mayoría erre que erre empeñadas en echárselo. A toda costa.

Sin entrar en mucho detalles, calculemos. Imprescindible durante el primer mes invitarlo alguna vez a casa. Cuando están solas, a las mujeres no les importa que se vean las quemaduras de cigarro en el sofá (incluso presumen de tenerlas delante de sus amigas), o que el único adorno de la mesa sean los ¡holas! atrasados. Pero cuando él va a aparecer algo se apodera de ellas y comienzan a volverse locas poniendo fundas, velas o flores por todos los rincones. Tirando por lo bajo -y sin contar el viaje al Ikea- sumemos los primeros 40 euros.

Por fin llega. Una larga tarde en el sofá con él antes de salir a cenar incluirá, además de caricias y mimos (que son gratis), algo para picar y alguna que otra botellita de vino para animarse. Entre el paté, los pistachos y el rioja pongamos otros 30 euros.

Durante las primeras citas ellas quieren estar irresistibles y, por supuesto, nada de lo que tienen en el armario les sirve ya. Un vestido nuevo -aunque sea de Zara-, un bolso a juego, el cinturón del mismo color.. la lista puede ser interminable. Sumemos, por lo bajo, 120 euros más.

Aparte por imprescindibles: un par de zapatos. La relación zapatos-mujeres es algo que se escapa a cualquier lógica. Y a la mía más. Dejémoslo en pensar que para ellas gastarse 100 euros en un par es toda una ganga. Suma y sigue.

La factura del teléfono. Las estadísticas dicen que durante el primer mes es ella la que llama a él y habla una media de 30 minutos, a lo que habría que sumar las que realizará a sus amigas para contarle lo maravilloso que es él chico de su vida y el coste de los 200 mensajes cortos que, según los estudios, mandan de media. 90 euros más.

Los caprichos para él. Cualquier mujer, a diferencia de casi cualquier hombre, considerará muy importante tener pequeños detalles hacia su recién estrenado novio: comprarle revistas que ella sólo miraría si hubiera fotos de los jugadores en los vestuarios, el último cd de la Shakira.. que a él parece gustar ya que se queda sin pestañear cuando sale por la televisión (incluso cuando no canta), una crema de afeitar que huele a lavanda (y no como la que usa ahora que no huele a nada), una camiseta de marca con el escudo de su equipo de fútbol, o un peluche vestido de Fernando Alonso relleno de bombones. Sirve cualquier gilipollez. Las estadísticas dicen que las mujeres compran durante el primer mes de relación una media de cinco regalos sólo para él. Pongamos otros 180 euros. Ya serán más.

Por supuesto que una no se levanta cada mañana como si fuera modelo de ropa interior. Restaurarse cuesta, y las primeras citas son una buena ocasión -disculpa- para comprobar que esas cremas tan caras que anuncian en las revistas son, de verdad, tan efectivas como dicen. Una situación así bien merece un esfuerzo. Perfumes, maquillajes, depilaciones, cremas. El pellizco más grande para que él lo disfrute. Incluso echando mano del Juteco la cosa difícilmente bajará de los 200 euros.

Ropa interior. Como los zapatos, un capítulo aparte, otro insondable misterio en el que la frase "menos es más" adquiere todo su significado. Cuanta menos tela tenga el tanga más caro será. Sin olvidar que la seda y las puntillas cotizan al alza. Sumemos 80 euros.

Condones. Estamos en las primeras citas, imprescindibles los preservativos. Por supuesto que este apartado debe de correr a cuenta de él, pero es obligatorio que ellas también tengan una caja a mano ante posibles emergencias por aquello de los olvidos. En principio, y antes de comprobar su grado de despiste, podría bastar con una caja. 6 euros.

Total: 846 euros. Tirando por lo bajo y dejando que sea él el que corra con la parte más importante. ¿De verdad que les puede compensar gastarse en un mes casi 150.000 pesetas por tener un tío al lado?

Es más, incluso teniendo ese capricho, y a pesar de que todos conocemos la dificultad que tienen las mujeres en comprender la verdad absoluta que en estas cuestiones representa "en la variedad está el gusto", ¿no sería mucho mejor emplear ese dinero en alquilar unos cuantos?

Es una idea. Sólo.

... sombrereros locos.

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1026. Miércoles, 5 septiembre, 2007

Capítulo Milésimo vigésimo sexto: "Los regalos inútiles son los únicos que parecen regalos, por eso los niños siempre prefieren las tonterías a los regalos caros" (Jacinto Benavente, 1866 - 1954 dramaturgo y director, guionista y productor de cine español)

Mes de cumpleaños, empieza los interrogatorios, la misma pregunta de todos los años, la misma respuesta de todos los años y la misma frase para cerrar la conversación de todos los años: ¡es que no hay forma de regalarte nada!

Sé que es muy feo no ser agradecido a los regalos que le hacen a uno; aunque no sean acertados, hay que agradecer la intención. Eso es lo que me enseñaron de pequeño y es lo que he procurado mantener. Pero empiezo a estar harto de que me regalen cosas inútiles

De todas formas reconozco que nunca he sido fácil. Y cada vez peor. Sirva de disculpa que he llegado a una edad en que tienes todo lo que necesitas -y además necesitas menos que a otras edades- y por eso mismo es más difícil acertar con los regalos. No fumo, no bebo, no sé conducir, no me gustan las plumas (las que escriben) y todavía tengo el móvil que iba a tirar mi sobrino cuando se compró uno con pantallita a color.

Difícil, muy difícil, lo sé, y más cuando a todo el mundo que me pregunta le digo que no se molesten, que el único regalo que me gustaría desenvolver para pasarme la tarde jugando con él, sólo lo venden a escala. Y claro no es lo mismo jugar con bomberos de plástico -por muy pintados a mano que estén- que con los del cuerpo original.

Y ya en cuestiones de mangueras mejor ni hablamos.

... de difunto a ancestro.



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947. Viernes, 30 marzo, 2007

Capítulo Noningentésimo cuadragésimo séptimo: "En amor, lo de menos son los insultos; lo grave es cuando empiezan los bostezos" (Enrique Jardiel Poncela, 1901-1952, escritor español)

Por alguna extraña razón que desconozco, las revistas dedicadas a los hombres no suelen regalar nada. En cambio, las dedicadas a la mujer, las "femeninas", son, en cada uno de sus números, un completo bazar que puede competir sin ningún problema con cualquier tienda de todo a cien: pendientes, zapatillas, bolsos, pareos, bufandas, colonias, todo tipo de bisutería variada... Hasta hubo una revista francesa, (Jalouse creo que se llamaba, que tuvo la (feliz) idea de regalar con su número de diciembre un vibrador. Los 50.000 ejemplares de la revista duraron menos que un caramelo a la puerta de un colegio. Naturalmente.

Visto el resultado pensaba yo que alguna revista hermana de por aquí haría rápidamente lo mismo. Sigo esperando. Más tontos son ellos. El éxito estaría asegurado que para eso el vibrador fue el quinto articulo para el hogar en ser electrificado, después de la máquina de coser, el ventilador, la cafetera y la tostadora. Por algo sería.

Además con un buen marketing ni las mentes más púdicas, recatadas, decorosas y decentes iban a poder protestar. Al fin y al cabo basta con saber la verdad, que los vibradores (no confundir con los dildos, -consolarse a tracción manual es más viejo que la orilla del río-) empezaron a usarlos los médicos a finales del siglo XIX como un instrumento para curar la histeria femenina (y perdón por la redundancia) sirviéndose de ellos para provocarle a las pacientes lo que llamaban un "paroxismo histérico" y consiguiendo así en aquellas pobres mujeres, una serie de beneficios terapéuticos que ninguna otra medicina les lograba provocar.

Unos beneficios, por cierto, que eran sospechosamente iguales a los que dicen que produce un orgasmo. Pero vamos .. ¿qué retorcida mente puede llegar a ser tan lúbrica como para pensar que usar tal instrumento curativo recetado por los médicos, gente preparada y con años y años de estudio, puede ser un pecado? Alguna mente enferma si acaso ¿Verdad? Hasta el lunes.




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905. Lunes, 29 enero, 2007

Capítulo Noningentésimo quinto: "Las personas a las que nada se les puede reprochar tienen, de todas formas, un defecto capital: no son interesantes. (Zsa Zsa Gabor, 1917, actriz húngara)

San Valentín a la vuelta de la esquina. Naturalmente hay que pasarse los días que faltan diciendo que el catorce de febrero es una cursilada como la copa de un pino, que el catorce de febrero no es más que un invento de los grandes almacenes para vender más, que el catorce de febrero es un día como otro cualquiera, y que ¡por supuesto! uno siempre apreciará mucho más un regalo, por tonto e inocente que sea, cualquier otro día del año que un catorce de febrero.

Y naturalmente después de dar la tabarra mil veces, de anunciar a tu compañero doméstico que pasas olímpicamente de semejante día y que ni se le ocurra comprarte nada, llegará el catorce de febrero y acabaras con cara de tonto pensando en la cantidad de veces que tu compañero doméstico hace justo lo contrario de lo que tu le pides y tiene que elegir precisamente ese día para hacerte caso.

Este año ni una palabra del catorce de febrero.

... a pesar del tamaño, no querrás ser un elefante

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872. Jueves, 30 noviembre, 2006

Capítulo Octingentésimo septuagésimo segundo: "Los altavoces refuerzan la voz, pero no los argumentos". (Hans Kaspar, 1699-1755, filósofo y escritor suizo)

Dicen los que saben de cuentas y prefieren perder el tiempo en semejantes majaderías, que si en vez de regalarle oro, incienso y mirra, los tres Reyes Magos le hubiesen dado un dólar invertido al 4% de interés, hoy, Jesús de Nazaret, podría comprarse cien mil bolas de oro macizo del tamaño del planeta tierra.

Pues seguro que sí, sin embargo, y por más que el dinero suela acompañar a la felicidad, (que suele, que suele) todavía hay un montón de regalos que se pueden hacer gratis.

Hoy en peluche practico, ideas muy baratas para regalar esta navidad:

El ánimo, el compromiso, la responsabilidad, la emoción, la pasión, la energía, el entusiasmo, el ardor, la euforia, la fuerza, el arrojo, el ímpetu, la actividad, la independencia, el coraje, el atrevimiento, la libertad, el talento, la tenacidad, la vehemencia...

Un acantilado, un atardecer de otoño, un paisaje, un paseo a la orilla del mar, una excursión por la montaña, un montón de hojas secas, una noche de invierno debajo del edredón, pisar la hierba húmeda, un amanecer en primavera, las gotas de lluvia sobre la cara, una fuente, el nacimiento de un río, un chaparrón en abril, el olor a tierra mojada, una mañana de niebla, una tarde de paseo después de una mañana de niebla, un cielo estrellado, una nube con forma de recuerdo...

La ternura, el alma, las arrugas, las caricias, la fidelidad, el aliento, el sosiego, el espíritu, la felicidad, la generosidad, la eternidad, la ilusión, la humildad, la calma, el humor, el buen humor, el mal humor, el destino, el encanto, el desencanto, el embrujo, la ironía, la risa, la sonrisa, la suerte, la tranquilidad, el miedo, la paciencia, la sensibilidad, la simpatía...

El aire, andar, el campo, el fuego, un fin de semana, una reunión en familia, las lágrimas, la luz del día, la luna llena, el sonido de las campanas, las olas, oler, tocar, mirar, oír, nacer, otras culturas, un sabor, los recuerdos, la esperanza, los mimos, el vuelo de un pájaro, la pereza, una mirada...

Desde luego, las mejores cosas que se pueden regalar en la vida son gratis, y la mayoría de ellos dan unos rendimientos mucho mayores.

... vírgenes invencibles

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