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1850. Lunes, 27 junio, 2011

Capítulo Milésimo octingentésimo quincuagésimo: "Nada rasca tu piel mejor que tu uña” (Proverbio estonio).

La infancia suele ser feliz.. pero naturalmente no te das cuenta. La adolescencia no suele estar mal, pero lo comprendemos mucho después. Los primeros años con la pareja (doméstica) -lo suele uno ver ahora-son los más dichosos. La ilusión que pones en el primer trabajo, lo satisfecho que te sientes, puedes apreciarlo después...

Entonces.. ¿Por qué cuando uno es desgraciado se da perfecta cuenta al momento?

El mundo es injusto. Y los lunes más.



... camuflaje

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1827. Lunes, 23 mayo, 2011

Capítulo Milésimo octingentésimo vigésimo séptimo: “Cuando llegues a la última página, cierra el libro” (Proverbio kazajo)

Profundas (e incuestionables) reflexiones para el díadespués:

- Por mucho que nos gusten las flores, donde esté el marisco.

- Para eliminar en un 50% los peligros de la contaminación atmosférica basta con respirar una vez sí y otra no.

- Las baladas, mejor que los compositores, las hacen las ovejas.

- Los pobres odian a los ricos y los ricos temen a los pobres. Pero el día que los pobres se hacen ricos y los ricos pobres, entonces los pobres odian a los ricos y los ricos temen a los pobres.

- Después de leer un periódico, siempre me digo lo mismo: me está bien empleado.

Y una verdad que, en forma de frase, (casi) todos aprendimos en el colegio de una forma incompleta pero que la vida ha terminado por rematar: el cuerpo humano se divide en tres partes: cabeza, tronco y extremidades... Pero sólo se multiplica por una.



... tornillos

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1825. Jueves, 19 mayo, 2011

Capítulo Milésimo octingentésimo vigésimo quinto: "Poned atención: / un corazón solitario / no es un corazón” (Antonio Machado, 1875 - 1939; poeta español)

Entra un cuarentón a comprarse unos pantalones y una gloriosa veinteañera con el cuello protegido por sus dos excelsos senos -te-tas- (y a los que, como instrumento de trabajo que considera, ha bautizado cariñosamente: Berta y Roberta) ve rápidamente una comisión y, mientras mastica un chicle de clorofila y corazón de sandia, le rodea las manos del caderamen y le dice: "cariño, tienes ciento quince de cintura, oyes, te conservas muy bien, ¡ya quisiera mi novio!". Al principio, el cuarentón piensa que aquella muchacha es una de esas frescas a los que les gustan los maduritos interesantes, de las que tragan, y al pobre hombre, que desde que tiene uso de razón –con especial insistencia desde su adolescencia- ha sido un hombre capicúa (de los que uno cuando los mira no sabe si está viendo la cara o el culo) se le disparan los chakras y se le animan los menudillos.

Pero no, la muchacha piropea al señor obedeciendo simplemente a las consignas de la fraternidad universal de la venta de pantalones. De ligar nada. La técnica no es más que un ataque psicológico en toda regla a lo más profundo de la ilusión humana. El marketing hace daño, mucho daño, a esas esperanzas –las pocas que le quedan ya- que los pobres cuarentones aún depositan en la humanidad. Y todo por vender. No es justo. Estamos completamente deshumanizados.



... autoservicio

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1781. Martes, 8 marzo, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo octogésimo primero: “Es más tranquilizador tener doce hijos que doce millones de dólares, con doce hijos uno se conforma; con doce millones de dólares se quiere más” (Aristóteles Onassis, 1906-1975; empresario griego)

Se conocieron en un autobús. Se miraron intensamente durante diez paradas. No se hablaron, pero se entendieron muy bien desde el primer momento. En la calle, se tomaron de la mano y caminaron despacio sin decirse nada. La gente les miraba perezosamente y una panda de preadolescentes siguió a la pareja sin hacerles mucho caso. Ellos siguieron adelante sin inmutarse, sin romper el silencio, sin volver la espalda a un destino que tan oportunamente les ponía frente a frente. De pronto, Fernando lanzó un grito de júbilo y dijo:
- “! Ahí está !”
Alberto apretó su mano en un gesto de comprensión infinita y se fue con su nuevo amigo hasta la zapatería. El vendedor quedó anonadado al verles entrar. Altos, fuertes, silenciosos, cogiditos de la mano y… cojos. El uno de la pierna derecha. El otro, de la pierna izquierda. Fernando, en un tono repleto de satisfacción, se dirigió al zapatero y dijo: “Un par de zapatos, del cuarenta y dos”. “¿Un par… sólo?”. “Sí, tenemos el mismo número y distintos pies”. Alberto sonrió feliz.
- ¿Seremos amigos siempre?
- Hasta que la muerte nos separe.

A veces, basta un segundo para unir dos ilusiones.



... Drácula

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1530. Martes, 5 enero, 2010

Capítulo Milésimo quingentésimo trigésimo: "Nuestras ilusiones no tienen límites; probamos mil veces la amargura del cáliz y, sin embargo, volvemos a arrimar nuestros labios a su borde". ( François-René, 1768- 1848; escritor francés)

Después de darle muchas vueltas creo haber solucionado un gran enigma navideño, otro, que me ha estado atormentando durante estos años. Por fin creo saber por qué los Reyes Magos nunca me trajeron la mayoría de las cosas que les pedía en las cartas, algo que yo achacaba siempre a vivir en un barrio periférico dónde, al ser de los últimos que visitaban sus "majestades", venían ya con unas cuantas copitas de más, a poco que se hubieran bebido la mitad de las copas que les hubieran colocados en las casas que visitaran antes. Lo que haría, lógicamente, que no estuvieran ya en sus mejores condiciones de coordinación y acabaran un poco liados.

Pero la explicación es mucho más fácil y no sé como no se me ha ocurrido antes, es de pura lógica; ellos, tan de oriente como son, lógicamente no tenían ni idea de español, lo que sin duda hizo que, año tras año, tradujeran la palabra "bicicleta" como "calcetines" o la de "cinexin" como "pijama" cuando en ningún renglón de la carta aparecían cosas semejantes.

Vamos que no fue un capricho de sus majestades sino simplemente una mala interpretación lingüística.

Buenos Reyes y hasta el jueves.

... nubes

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