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1749. Viernes, 21 enero, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo cuadragésimo noveno: "Quien se siente en el fondo de un pozo para contemplar el cielo lo encontrará pequeño". (Han Yu, 768 - 824; escritor chino)

Avisando con varias semanas y pico de antelación para que el tiempo no se nos eche encima. Se acerca San Valentín, época de regalos y de juguetería. De hecho este año son tendencia. Existen en el mercado auténticas maravillas tecnológicas que pueden ayudarnos a ser (un poco más) felices. Se me ocurre el Lelo (se llama así y yo no le he puesto el nombre), un vibrador pequeñito como una pastilla de jabón de éstas que se suelen robar en lo hoteles, pero con más capacidad de rabia y, sobre todo de vibración, que el tímpano de un yogurín con ipod.

O el Laya ( y, también se llama así.. y no, tampoco me he inventado yo el nombre) , una especie de pistolita desintegradora de esas que salen en las series de marcianitos pero indicada especialmente para los trabajos manuales.

Nótese, bastaría con echar un ojo a las fotos, que son juguetes cuya forma no es la de un sudanés de la capital -no importa el tamaño de la varita, sino la habilidad del mago- y sí de vibradores sencillitos indicados para todos los que pudieran o pudiesen iniciarse en este tipo de juegos indicados especialmente para enriquecerse en pareja. Los consoladores son otra cosa. Importantes sí, pero otra cosa. Que lo de pensar en dar consuelo a alguien puede hacerse mucho mejor en el tanatorio más cercano.

Con los vivos, mejor divertirse.



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1417. Viernes, 5 junio, 2009

Capítulo Milésimo cuadringentésimo decimoséptimo: "El placer no es sino la felicidad de una parte del cuerpo".(Joseph Joubert (Montignac, 1754 - 1824; ensayista francés)

Aunque todavía con bastantes reservas, las cosas del coiteo y sus accesorios han dejado de ser (por suerte) ese hilo musical que todos oíamos pero pocos escuchaban, para convertirse en esas canciones de moda que la mayoría no sólo nos sabemos sino que estamos dispuestos a cantarlas en cualquier karaoke. Una lista de éxitos que, por cierto, van ganando las mujeres. Sólo hace falta ver la cantidad de artilugios que en estos últimos años tienen a su disposición para disfrutar de ese abecedario de puntos en que los estudiosos del tema han convertido el cuerpo femenino.

Pero poco a poco los hombres también van dando sus pasitos. Y eso que, ya ves tú que caprichosa es la naturaleza, el único punto confirmado de placer en los varones (fuera de los circuitos habituales) parece que reside (al menos hasta nueva orden) en la próstata, una zona del cuerpo en la que la mayoría sólo ha recibido estímulo gracias a algún examen médico, y a la que, casualmente, sólo se llega atravesando algo tan mal visto de atravesar por la gran mayoría de machos (ibéricos y foráneos) como es el ano.

Dentro de la escasa juguetería masculina que hay, acaba de salir el Aneros, un masajeador prostático diseñado mediante complicados estudios médicos (antes se decía con tecnologíadelanasa pero ahora la frase está de capa caída) y que su folleto define como “una simple pieza delgada de plástico duro, con forma de y griega (para masajear también el perineo y el esfínter) que funciona con autopropulsión, es decir, introduciendo el extremo más largo en el cuerpo. Con los movimientos pélvicos propios del coito se consigue estimular la próstata, siendo el propio cuerpo quien regule la potencia y así proporcionar potentes y prolongados orgasmos no eyaculatorios que no son posibles de conseguir mediante las técnicas sensuales habituales.”

Prometedor. Muy prometedor. Y no sólo porque esté diseñado para usarlo en compañía, sino porque también lo está para conseguir “placer”... que lo del “consuelo” queda mucho mejor si lo dejamos para los entierros.

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