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1859. Viernes, 8 julio, 2011

Capítulo Milésimo octingentésimo quincuagésimo noveno: " Lo único malo de la juventud de ahora es no pertenecer a ella” (Salvador Dalí, 1904 – 1989; pintor español)

El orgasmo femenino es un hecho cultural que apenas se da de forma natural en las hembras animales ni se debería de dar en las perfectas casadas de Fray Luis, tapiadas todas de frigidez salmantina. O sea, que el orgasmo ha llegado a la mujer de ahora mismo por la práctica, por la insistencia, por la inteligencia y, sobre todo, por las colaboraciones externas (naturales o artificiales).

Antes, nuestras señoras creían que el orgasmo era malo y que te salían ojeras y te daba el cólera asiático. Bueno, ojeras sí que salen un poco, pero hace bonito. Además, nuestras señoras ni siquiera sabían que la cosa se llamaba orgasmo, y lo llamaban “eso”. Los más elocuentes y las más elocuentas decían el transporte sublime, el divino deleite, las mieles del amor y otros hipérbatones, porque lo habían leído en Joaquin Belda y Artemio Precioso, que eran los Henry Miller de entonces, pero en hortera. La verdad es que no se aclaraban de lo que era un orgasmo, ni ellos ni ellas, y en el fondo seguían creyendo que el tener “eso” era bastante pecado, incluso dentro del matrimonio, pues se lo había dicho un padre jesuita, y los padres jesuitas de orgasmos un rato.

Ahora, está todo claro. El orgasmo representa una descarga nerviosa y eléctrica muy necesaria, muy relajante, además de la llamada gratificación libidinal, que decían Marcuse y Cesar Alonso de los Ríos. El orgasmo provoca una aceleración del riego sanguíneo que activa las arterias y aclara la mente.

O sea que el orgasmo para la que lo trabaja y verás como te encuentras más alta, más guapa, con más colirio en los ojos, mejor cutis y menos olor de axilas. Lo cual hará que te ahorres una pasta en desodorantes.

Porque encima el orgasmo es gratis. A por ellos.



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1417. Viernes, 5 junio, 2009

Capítulo Milésimo cuadringentésimo decimoséptimo: "El placer no es sino la felicidad de una parte del cuerpo".(Joseph Joubert (Montignac, 1754 - 1824; ensayista francés)

Aunque todavía con bastantes reservas, las cosas del coiteo y sus accesorios han dejado de ser (por suerte) ese hilo musical que todos oíamos pero pocos escuchaban, para convertirse en esas canciones de moda que la mayoría no sólo nos sabemos sino que estamos dispuestos a cantarlas en cualquier karaoke. Una lista de éxitos que, por cierto, van ganando las mujeres. Sólo hace falta ver la cantidad de artilugios que en estos últimos años tienen a su disposición para disfrutar de ese abecedario de puntos en que los estudiosos del tema han convertido el cuerpo femenino.

Pero poco a poco los hombres también van dando sus pasitos. Y eso que, ya ves tú que caprichosa es la naturaleza, el único punto confirmado de placer en los varones (fuera de los circuitos habituales) parece que reside (al menos hasta nueva orden) en la próstata, una zona del cuerpo en la que la mayoría sólo ha recibido estímulo gracias a algún examen médico, y a la que, casualmente, sólo se llega atravesando algo tan mal visto de atravesar por la gran mayoría de machos (ibéricos y foráneos) como es el ano.

Dentro de la escasa juguetería masculina que hay, acaba de salir el Aneros, un masajeador prostático diseñado mediante complicados estudios médicos (antes se decía con tecnologíadelanasa pero ahora la frase está de capa caída) y que su folleto define como “una simple pieza delgada de plástico duro, con forma de y griega (para masajear también el perineo y el esfínter) que funciona con autopropulsión, es decir, introduciendo el extremo más largo en el cuerpo. Con los movimientos pélvicos propios del coito se consigue estimular la próstata, siendo el propio cuerpo quien regule la potencia y así proporcionar potentes y prolongados orgasmos no eyaculatorios que no son posibles de conseguir mediante las técnicas sensuales habituales.”

Prometedor. Muy prometedor. Y no sólo porque esté diseñado para usarlo en compañía, sino porque también lo está para conseguir “placer”... que lo del “consuelo” queda mucho mejor si lo dejamos para los entierros.

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1156. Viernes, 4 abril, 2008

Capítulo Milésimo centésimo sexagésimo primero: “Qué parecidos son los gritos del amor y los de los moribundos” (Malcolm Lowry, 1909-1957; novelista inglés)

El ratón marsupial pardo es famoso por dos hazañas: tiene el órgano genital más grande entre los mamíferos (el peso de sus testículos alcanza la cuarta parte del corporal) y por morir tras copular con cuanta ratona marsupiala parda se cuza en su camino durante unos días.

Técnicamente, la muerte es debida a una sobredosis de testosterona que daña fatalmente sus sistema inmunitario, pero para mi que el ratón marsupial pardo simplemente muere de gusto.

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984. Viernes, 1 junio, 2007

Capítulo Noningentésimo octogésimo cuarto: "Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos". (Nicolás Maquiavelo, 1469-1527, historiador, político y teórico italiano)

Más del 80% de los estadounidenses son circuncidados nada más nacer. Una moda que se empieza a extender... Y ya sabemos como acaban extendiéndose sus modas.

Los padres, a los que semejante mutilación no les duele, dicen que lo hacen por motivos de higiene. No puede haber disculpa más tonta. (Bueno sí, la hay, la religiosa -cómo no- en alguna de ellas, como la judía o la musulmana, esta operación es obligatoria.. pero ahí mejor no entremos, que con la iglesia hemos topado)

Vamos, que en vez de enseñarte desde pequeño a que te laves bien con un poco de agua y jabón, no se les ocurre otra idea que cortar -y nunca mejor dicho- por lo sano. Sin ánimos de dar ideas, ¿visto el problema de caspa que suele haber a partir de la adolescencia por qué no se les ocurre también cortarles la cabeza.. por ejemplo.

Y es que, salvo un problema de fimosis, eliminar total o parcialmente el prepucio del pene es una aberración, así, con todas las letras. Claro, una aberración que va a tener que sufrir el circuncidado no sus señores padres.

Primera consecuencia: al cortar el prepucio, el glande y su corona rozarán directamente y habitualmente con la ropa y non tardan mucho en perder gran parte de su sensibilidad. Naturalmente tan importante parte no queda inutilizada totalmente, pero si es verdad que la perdida de sensibilidad, la mayor tensión y la menor elasticidad que presenta un pene en erección circuncidado, hará que su principal función -la de dar y recibir placer- nunca será las mismas que las de un individuo que tenga todo el equipamiento de serie con el que salimos de la fábrica.

Y eso sin contar que, además, y según el tipo de circuncisión que se empeñen en hacerte sin que tengas necesidad de ella, se puede llegar a perder hasta un 80% de la piel peneana. O sea, y para ser un pelín más gráficos: más de un metro de arterias, venas y capilares, 78 metros de nervios y ¡más de 20.000 terminaciones nerviosas...!

Y (casi) todos sabemos la importancia que tienen las terminaciones nerviosas en determinados sitios en las que por muchas que sean nunca están de más.

¿No sería más fácil que les enseñaran a lavarse? Hasta el lunes.


940. Miércoles, 21 marzo, 2007

Capítulo Noningentésimo cuadragésimo: "Un beso es un secreto dicho a la boca en vez de al oído" (Ambrose Bierce, 1842-1914, escritor estadounidense)


¿Hay alguna remota posibilidad, por pequeña que sea, de saber si lo de entrar en tan selecto club tiene que ver con una cuestión de entrenamientos, perseverancia y grandes dosis de paciencia o sólo puede lograse semejante hazaña si uno ya viene preparado de serie con la forma y, sobre todo, el tamaño adecuado?

Lo digo para seguir intentándolo o parar antes de que se me disloque algo, que los crujidos de la espalda del otro día no sonaban pero que nada bien. Buenos días, ya (sniffff) estoy (snifff) de vuelta ¿Ganas de trabajar hoy después de los varios días de fiesta fallera? Ninguna. Ni se espera que vengan.


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894. Viernes, 12 enero, 2007

Capítulo Octingentésimo nonagésimo cuarto: "Las mujeres han servido todos estos siglos como espejos mágicos que poseían el delicioso poder de reflejar la figura masculina al doble de su tamaño natural" (Virginia Woolf 1882-1941 novelista británica)

Los piercings no son una cosa nueva. Ya la antigua realeza egipcia se anillaba (por cuestión estética) el ombligo y en Roma era costumbre que los miembros de la guardia del Cesar llevaran aros en los pezones como muestra de virilidad y coraje. No perdamos las buenas costumbres: si hoy es viernes, toca (hablar de) sexo. Aprovechemos que el Pisuerga pasa por Valladolid y vaya un pequeño recorrido por algunos de los piercings o anillas que se usan con una finalidad que va más allá de la estética: la de conseguir, con su uso, un mayor placer sexual.

Prince Albert: así llamado porque fue el Principe Alberto el primero que lo usó con la intención de que le quedara el prepucio retraído y así mantener su miembro limpio y libre de malos olores, unos malos olores que parecían molestar mucho a la reina. Consiste en un aro que se pasa a través de la uretra y hasta la base del glande (a la altura del frenillo más o menos). También fue muy usado por los miembros de la alta sociedad victoriana para sujetar sus genitales en una de las perneras de los pantalones, unos pantalones que según la moda de la época eran extremadamente estrechos.

Apadravya: barra con dos esferas en sus extremos que atraviesa la punta del glande verticalmente. Según el Kama Sutra (que ya lo menciona) es uno de los piercings más placenteros para la mujer.

Ampallang: similar al apadravya, pero aquí la barra se coloca horizontalmente (por encima de la uretra). Es muy usado por ciertas tribus del océano índico en el rito del paso de la niñez a la adolescencia.

Dydoe: consiste en dos barras que atraviesan la corona del glande en paralelo, una para cada lado. Según cuentan sus seguidores es el mejor sistema para recuperar la sensibilidad perdida a causa de la circuncisión.

Frenum: perforación en el frenillo del glande. Dicen sus usuarios que ayuda a retardar la eyaculación.

Guinche: piercing de iniciación para los nativos de algunas islas de la plinesia y del pacífico sur. Se trata de una barra colocada entre el ano y el escroto y que teóricamente controlaría, presionando suavemente, el músculo del que depende la eyaculación.

Foreskin: argolla colocada en el prepucio. En su origen se usó para asegurar la castidad impidiendo la erección (eran de mucho mayor tamaño). Ahora se usa simplemente por cuestiones estéticas.

Hafada: perforación en el escroto. De origen árabe su función es simplemente decorativa.

Ya, sé que sólo están los que usan los hombres y que las señoras y/o señoritas también tienen una ristra de ellos con sus nombres y todo. Pero uno sólo habla de lo que tiene más a mano y mi mano, que para las cosas sexuales es muy suya, jamás se acercaría a determinados sitios. Hasta el lunes.

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