Mostrando entradas con la etiqueta nostalgia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta nostalgia. Mostrar todas las entradas

2075. Martes, 4 septiembre, 2012

Capítulo Dosmilésimo septuagésimo quinto: "Ríe a carcajadas durante todo el día sin ninguna razón y molesta a la gente mala con tu felicidad". (Bob Esponja. 1999, cocinero)

Todo el mundo tenemos un amigo algo rarito, y ayer, el que me corresponde, me hizo ver un capítulo de Mazinguer zeta. Lo reconozco, me hacía ilusión. Cuando éramos niños no había nada mejor que los dibujos animados de la tele acompañados del pan con Nocilla.

Sin embargo, decepción. Serán batallitas del abuelo pero tenía yo otra idea. Claro que lo mire por donde lo mire hay una cosa segura: los dibujos siguen siendo los mismos luego el que ha cambiado he sido yo.

Una pena.


... enchufes raros.

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1783. Jueves, 10 marzo, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo octogésimo tercero: “Si amas, perdona; si no amas, olvida” (Vicki Baum, 1888-1960; escritora austriaca)

Salimos los dos. Volví yo solo. Mi bolígrafo se perdió en el camino. Ni robado, ni olvidado: perdido. La más triste de todas las posibilidades, porque nunca se sabe ni cómo ni dónde ni por qué, y ese absoluto misterio admite la hipótesis de un abandono; porque nunca se acaba de creer que así ocurrió, y se busca en todas las mesas y se registra en todos los bolsillos con una esperanza cada vez más pequeña y una decepción cada vez más grande.

Se perdió. Quizá haya muerto aplastado bajo un peso brutal, esparciendo en el suelo su sangre azul oscura; quizá haya cambiado de destino y le obliguen a trazar números en algún papel. Si es así, durará poco. No tenía aptitud para las cuentas. Hasta al dibujar las cifras revelaba la torpeza de no haberse ejercitado en ello. !Infeliz! De todas formas, nada tengo que reprocharle. Nos llevábamos bien y estará presente en mi recuerdo entre todos los bolígrafos que tuve y que tendré.



... carlistas

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1777. Miércoles, 2 marzo, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo septuagésimo séptimo: "Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada". (Proverbio árabe)

Hay veces que tener buena memoria no ayuda mucho. Sobre todo si te das cuenta de que has pasado buenos ratos con casi todos.

La nostalgia ya no es lo que era.

... reinado record

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1775. Lunes, 28 febrero, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo septuagésimo quinto: “Esta es la primera época en la que se piensa seriamente en el futuro, lo cual es irónico, ya que es probable que no tengamos ninguno”. (Arthur C. Clarke, 1917-2008; escritor británico)

Alguien me ha regalado una esfera. Tenía yo ganas de poseer un globo terráqueo y el globo terráqueo, como una fruta pimpante, se ha posado sobre mi mesa de trabajo. No es esta esfera ni muy grande ni muy pequeña. Si fuera grande, me produciría una impresión de esfera de menaje pedagógico escolar. Si fuera muy pequeña, no se verían los nombres de los continentes, de las naciones, de los mares, de las islas. Diríase, en imagen de Gómez de la Serna, un balón de fútbol en traje de luces o un globo de feria sin la amenaza de convertirse en un higo morado. Ahí está el mundo, nuestro mundo, representado como una lección esquemática: una bola de billar grande, envuelta en una bandera de colores. Colores amarillos, verdes, rojos, rosa, siena, morados para la tierra, y colores en diversas escalas de azul, para los mares que dan, como un tiovivo, vueltas y más vueltas.

Ya sé que en los tiempos del gps y del googlemaps, en los tiempos de la antesala de la teletransportación, tener una bola del mundo es algo ilógico, absurdo y, lo que es peor ahora: anticuado, pero a ciertas edades la nostalgia es mucho más fuerte que cualquier nueva tecnología… aunque sólo sea de forma simbólica.

Que podremos ser mayores, sí, pero no tontos.



... bisiestos

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1586. Lunes, 5 abril, 2010

Capítulo Milésimo quingentésimo octogésimo sexto: "Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada". (Proverbio árabe)

Quisiera ser entendido en las cosas económicas y poner un poco de sosiego en el día a día monetario, ponerle paños calientes a las hipotecas, parar ese ERE que se viene encima, qué se yo. Pero no lo soy. Dicen que la cosa es seria, que hay poco dinero, que con esto de la crisis en las vacaciones (tan ansiadas como cortas vacaciones) la gente ha ido más al pueblo. Porque casi todos guardamos un pueblo en el recuerdo de la infancia, que allí está la casa de los padres, de los abuelos, la de los recuerdos, tan rancia, tan sabia, tan mustia que está como ennoviada con el paso del tiempo, tan fresquita, ¡qué bien se está en la casa del pueblo en verano!

Pero luego llega uno y no hay de nada. Por eso, digo yo que se deberían abrir en los pueblos más negocios, aunque sólo fueran de temporada. Lo que antes, cuando éramos chicos, se llamaban ultramarinos, deberían proliferar ahora en los pueblos más pequeños, que es que no se puede comprar un sábado o un domingo una triste barra de pan o la prensa o una lata de sardinas. La crisis debería hacer espabilar más al personal, pero parece que no están por la labor.

Castilla, sus pueblos, van camino de ser sólo recuerdo.

... algas light

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1543. Lunes, 25 enero, 2010

Capítulo Milésimo quingentésimo cuadragésimo tercero: "Las mujeres no necesitan estudiar a los hombres porque los adivinan" (Teresa de Cepeda y Ahumada, 1515-1582, escritora española)

Parece que después de muchas semanas corriendo el agua por las calles y sonando, a lo lejos, las sirenas, ha dejado de llover. Tras la tempestad, se diría que recuperamos, con cierto alivio, el mundo de siempre renovado y limpio. Y sin embargo, nada vuelve a ser como antes: se ha mojado el libro en la mesita, hay una gotera justo encima de la tele y bajo los ladrillos mojados, en algún lugar inencontrable de la fachada, un cortocircuito impide enchufar el ordenador al único sitio al que llegaba el cable sin tener que acoplarle unos cuantos enchufes del todoacien.

En estos tiempos alarmistas y asépticos, las lluvias de invierno se perciben por los colores de la alerta y el número de litros caídos por metrocuadrado. Es la vida, en todo caso, un libro no escrito cuyos renglones leemos sólo cuando ya no hay forma de borrarlos.

Me quedo con la percepción de niño, cuando aguardábamos el chaparrón para levantar presas en las cunetas, para meter despreocupadamente los pies en los charcos.

Es lunes, tengo sueño y me he puesto algo nostálgico. Mala combinación. Muy mala.

... reloj natural

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1450. Viernes, 7 agosto, 2009

Capítulo Milésimo cuadringentésimo quincuagésimo: "No podemos luchar contra el futuro. El tiempo está de su parte" (William Ewart Gladstone, 1809-1898; político británico)

Chándal azul marino (de esos que repelen el agua y atraen la mierda) con dos rayas blancas en las mangas y otras dos en los pantalones, camiseta con un cartel grande que decía !vivan los quintos del 85!, una gorra !con visera! de la cajarural, un buen surtido de canciones de los Camela que tocaran por entonces y la frase mágica que te salvaba de cualquier situación y te abría todas las puertas, el imprescindible: ahí mismo. "¿Dónde se deja el saco?... ahí mismo"; "¿dónde se tumba uno?... ahí mismo"; "¿dónde se mea?.. ahí mismo".

Será cosas del tiempo (que todo lo suaviza) pero hay veces que echo de menos aquellas primeras vacaciones en tienda de campaña. Aunque me da que lo que de verdad echo de menos es no tener dieciséis años y poder irme de vacaciones con las comodidades que puedo pagarme ahora. Menos mal que las ganas de vaguear siguen estando intactas.

En fin, somos como somos; al fin y al cabo no deja de ser curioso que nos pasemos todo el año trabajando como negros para que llege el verano y queramos ponernos !también! negros. A propósito, y ya que estoy con pensamientos profundos de color (negro), uno que últimamente me está haciendo reflexionar y mucho : anda y que no se parece un negro que lleve un cinturón blanco a una galleta oreo ¿verdad?

Me marcho y dejo el piloto automático puesto. Hasta el 31 de agosto pues.


... más "historias extra-ordinarias"

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1432. Lunes, 29 junio, 2009

Capítulo Milésimo cuadringentésimo trigésimo segundo: "Poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces" (Marco Valerio Marcial, 40-104; poeta latino)

Ahora que estamos en tiempo de hacer maletas, hay un par de cosas que todavía sigo echando de menos de cuando vivía en casa de mis padres. Y mira que de eso hace casi ya dos décadas. Una es esa extraña costumbre que tienen todas las madres de querer que hagas la maleta (y/o mochila) con, mínimo, 48 horas antes de la salida. A uno, en cambio, con media hora le basta y le sobra. Consecuencia: habrá 47 horas y media de tu vida en las que cada cinco minutos tendrás que oír por delante, por detrás, por arriba y por abajo la frase: "¿Pero y la maleta..? ¿Cuándo quieres hacer la maleta?", "Niño, que se te echa el tiempo encima y no has hecho la maleta”.

Y la otra, la vigilancia exhaustiva a la que una vez hecha, hay que someter a la dichosa maleta. Porque basta un segundo de despiste, un pequeño descuido aunque sólo sea porque te estás meando, para que una madre -siempre al acecho- pueda remplazarte todo lo que ella considera prescindible de la maleta (que suele coincidir casi al 100% con lo que tú consideras imprescindible) y acabes tumbado en la playa con tres chaquetas ("niñoooo, que por la noche siempre refresca"), veinte pares de calcetines ("¡pero cómo no te los vas a llevar si te los he comprado precisamente para el viaje... anda, andaaaaa, anda) y un tuperware con kilo y medio de croquetas de pollo ("!ayyyyy a saber que vas a comer por ahí con lo gaita que eres!").

Veinte años después... y cada vez que llegan estas épocas lo sigo echando de menos. ¡Qué cosas!

... el plumero de las desavenencias

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1186. Miércoles, 21 mayo, 2008

Capítulo Milésimo centésimo octogésimo sexto: "Si de mayores gustos, mis disgustos han nacido, gustos al cielo pido, aunque me cuesten disgustos" (Sor Juana Inés de la Cruz, 1651- 1648; religiosa y poeta mejicana)

Los espectaculares diamantes que Marilyn Monroe lució en Los caballeros las prefieren rubias no eran en realidad más que cristales corrientes. Los 116 brillantes y las seis amatistas con que Vivien Leigh adornó su generoso escote en Lo que el viento se llevó eran tan falsos como una vulgar patraña. El célebre cinturón de oro en forma de áspid que Liz Taylor ceñía a su cintura en Cleopatra era pura fantasía. Al fin y al cabo, todo en el cine es falso y todo el cine es falso.

Pero igual que esos adornos con los que se acicalaron en películas ya históricas forman parte de una colección tan valiosa como si estuviera formadas por piedras preciosas auténticas, las imágenes que guardamos aquellos que crecimos entre matinales y sesiones continuas de cines de provincias -donde las películas siempre llegaban con varios años de retraso- se han convertido en memoria propia para siempre.
- La camiseta rota y sudada de Marlon Brando en Un tranvía llamado Deseo.
- Gene Kelly enseñando a ser feliz al ratón Jerry en Levando Anclas.
- Humprey Bogart dando la orden en El cuarto poder para que se pusieran en marcha la rotativa cuando ya todo, excepto el honor, está perdido.
- Escarlata O´Hara y su "A Dios pongo por testigo de que nunca volveré a pasar hambre" en Lo que el viento se llevó.
- Jack Lemmon sujetando un clavel entre los dientes mientras baila un tango con Joe E. Brown en Con faldas y a lo loco.
- Paul Henreid poniendo a todos a cantar La Marsellesa en Casablanca.
- La frase con la que Robert Ryan se despide de Joan Fontaine en Nacida para el mal: "Te quiero. Lástima que no me gustes".
- Las amas de llaves de Hitchcock: Margaret Leighton en Atormentada y, sobre todo, Judith Anderson en Rebeca.
- Las mallas que llevaba Burt Lancaster en El temible burlón.
- La mirada que le dirige Cary Grant a Ingrid Bergman cuando viaja en avión con ella a Río en Encadenados.
- Audrey Hepburn y sus inolvidables zapatillas en Sabrina de Billy Wilder.
- Rhett Butler besando a Escalata O´Hara en el incendio de Atlanta de Lo que el viento se llevó.
- Rita Hayworth al principio de Gilda diciendo "Para mí, un dólar era un dólar en cualquier parte del mundo".
- Ava Gardner rodeada de nativos con maracas en La noche de la iguana.
- Marylin Monroe besando a una mujer llamada Tony Curtis después de cantar, con gran tristeza I´m Trough with Love en Con faldas y a lo loco.
- Robert Preston y Julie Andrews cantando a duo You & Me en ¿Victor o Victoria?
- El paso de baile de Vivien Leigh en El barco de los locos.
- Los ojos se Montgomery Clift en Un lugar al sol de George Stevens.
- Los andares de Kim Novak en Vertigo, de Alfred Hitchcock.
- La copa de veneno, amor y compasión que Audrey Hepburn le sirve a Sean Connery en Robin y María.
- La sonrisa de Audrey Hepburn cuando Gary Cooper le dice que suba al tren con él en Ariane.
- Los vestidos y el peinado de Ingrid Bergman en Por quién doblan las campanas.
- Paul Henreid y Bette Davis compartiendo un cigarrillo en La extraña pasajera.
- El final de Vacaciones en Roma con la despedida entre Audrey Hepburn y Gregory Peck.
- La frase que suelta el barman cuando Jean Simmons quiere invitar a una copa a un borracho en Con los ojos cerrados: "Una le mataría, y mil no serían suficientes".
- El vals que bailan Claudia Cardinale y Burt Lancaster en el Gatopardo de Luchino Visconti.
- Marylin Monroe y su agujero en las mallas en Bus Stop.
- El peinado de Rita Hayworth en La dama de Shanghai de Orson Welles.
- Michael Caine enseñándole a Steve Martin cómo ser un play boy en Un par de seductores.
- Gregory Peck intentando domar un caballo salvaje en Horizontes de grandeza.
- Ida Lupino y Dana Andrews bebiendo whisky a la salida del periódico en Mientras Nueva York duerme.
- Jeff Bridges tocando el piano a solas en Los fabulosos Baker Boys.
- El impermeable de Gene Tierney en Laura de Otto Preminger.
- Henry Fonda poniéndole los zapatos a Barbara Stanwyck en Las tres noches de Eva.
- Barbara Stanwyck chasqueando su lengua en Bola de fuego de Howard Hawks.
- El vestido de un solo tirante de Ava Gardner en Soborno de Rober Z. Leonard.
- Robert de Niro con faldas en La Misión.
- Robert Redford en Íntimo y Personal.
- Jan Sterling contemplando a Humprey Bogart escribir sobre el mundo del boxeo en Más dura será la caída.
- Julie Harris y James Dean besándose en la noria de Al este del Edén.
- El albornoz de James Manson en Ha nacido una estrella.
- Sean Connery y Michael Caine en pleno alud contándose chistes en El hombre que pudo reinar.
- La gabardina y el sombrero ladeado de Frank Sinatra en Pal Joey.
Como todo buen repaso sentimental y apresurado, sobre todo apresurado, no sigue ningún orden cronológico o genérico. Si acaso el de las emociones. Agradecido por haber nacido en un siglo lleno de imágenes que se convierten en historias.

... desde lo alto de estas pirámides 40 siglos os contemplan.

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1185. Martes, 20 mayo, 2008

Capítulo Milésimo centésimo octogésimo quinto: “Yo no soy una persona que se impresiona fácilmente... !Mosquis, un coche azul!" (Homer Simpson, 36 años, Técnico de seguridad nuclear)

Perdiendo el tiempo por internet me he encontrado con páginas capaces de escribir mecánicamente cartas de amor. La idea no me parece mala. Si las cartas de amor están destinadas a complacer, es complacencia que no se aprende en las academias. No todo el mundo está en disposición de expresar correctamente los movimientos de su corazón, sobre todo cuando éstos aspiran a ser correspondidos o pretenden encender los de su pareja. Sin embargo, todos tienen derecho a intentarlo.

Además, ha ocurrido siempre. Yo mismo tengo unos cuantos manuales de esos que enseñan a escribir cartas de amor y que están cargados de años. Iban incluidos en una de esas colecciones que llamaban “prácticas”, promocionadas por el technicolor de las películas americanas de la época y que llevaban títulos reveladores: "Cómo ser una casada perfecta", "Cómo arreglar su aparato de radio" o , ya en el colmo de la sofisticación: "Conozca todos los secretos del matrimonio". Libros con portadas entrañablemente cursis a juego con su interior: la criada paseando al bebé de la señora del brazo de un apuesto soldadito, una jovencita rubia vestida de domingo junto a un joven de pajarita negra, y, como no, el inevitable corazón rodeado por su orla de encaje rosa. Toda la imaginería destinada a convertir el amor en una réplica exacta de una tarjeta postal.

Pero de estos libros, de semejante imaginería, han salido miles de plagios literarios en forma de cartas de amor que se cruzaron con fervoroso entusiasmo legiones de enamorados que hacían pasar como suyas letras, líneas, párrafos, y hasta cartas enteras. Entonces con formas góticas o redondillas en negro sobre blanco; ahora, transformadas en una larga y fría secuencia de números. Ha cambiado la forma, pero sigue vigente el fondo. Normal. Bastante tenemos con intentar amar y ser amados, sólo faltaría que encima tuviéramos que aprender retórica.

... calorías calientes.

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

954. Martes, 17 abril, 2007

Capítulo Noningentésimo quincuagésimo cuarto: "La nostalgia ya no es lo que era" (Peter de Vries, 1910-1993, editor y novelista estadounidense)

En un día al que dan ganas de pegarle al mundo una buena patada en el culo (por más que locos pegando tiros haya habido siempre no deja de impresionar desayunarse con que alguien lo haya hecho otra vez) voy deprisa y de prestado. Aunque poco más tendría que añadir a este viejo texto si quisiera describir mi situación actual.
Las palabras del especialista sonaron tremebundas a mis oídos: "Está muerto". Momentos antes se le veía rebosante de vida, igual que el día que entró en mi casa y nuestras vidas comenzaron a marchar en paralelo. "¿Y no se puede intentar reanimarle", pregunté. "Sólo una resurrección podría devolverle la vida", contestó el especialista, llamado con urgencia aquella tarde.

Tan lleno de color hasta entonces, se había apagado en unos instantes, después de un breve parpadeo. "Era muy viejo". Contesté que sólo tenía siete años, que había entrado en mi casa en 2000, y el que acababa de certificar la defunción sentenció seguro: "es que siete años de vida son muchos para un ordenador". Tanta exquisitez nipona, tanta electrónica prodigiosa de la factoría Bill Gates y un ordenador tiene menos años de vida que un gato.

Y de viva voz, el forense de la electrónica extendió el acta de defunción. Se le había estropeado el disco duro, que es como el corazón de los ordenadores. La muerte había sido fulminante.

Se le coge cariño a un ordenador que nos ha prestado grandes servicios y que, por amor, ha corregido nuestras faltas ortográficas. No sabemos valorarlo cuando está vivo y responde fielmente a nuestras órdenes. Apreciamos que nos unía un sentimiento afectivo cuando está muerto y la pantalla aparece inexpresiva.

Son muchas las horas de vida en común. Más, algunos días, que con la mujer, especialmente cuando el usuario es navegante por Internet. Es posible, incluso, que alguna mujer haya a llegado a sentir celos del artilugio: ¡Manolo, deja ya el ordenador y vente a la cama!". Lo cuidaba con mimo y hasta le cambié la impresora porque la que tenía al lado; tan ruidos, tenía que molestarle. Hemos intimado y así quizá haya conocido muchos detalles de nuestra vida que hasta las personas más allegadas a nosotros desconocen. Pero no hablará. Con fidelidad encomiable los ordenadores se van a la tumba con los secretos de los usuarios. Todo lo que guardaba es irrecuperables. No me duele la muerte del ordenador por algún texto que estaba archivado y del que no tengo copia. Me pesa porque no podré seguir gozando de su compañía. Me temo que con otro no sería lo mismo. Por lo menos, lo extrañaría en los primeros días.

De ahí que vaya a intentar resucitarle. Dicen que se puede recurrír a un transplante de disco duro. Resulta caro y el resultado es incierto. Estas situaciones se han de afrontar con optimismo, con la esperanza de que no se producirá un rechazo. Si hay seres humanos que viven con un corazón que no es el que les dio la madre naturaleza, ¿por qué no ha vivir un ordenador con un disco duro transplantado?
Yo prefiero enterrarlo con todos los honores y pasar del transplante. No quiero que él sufra más. Y, sobre todo, que me haga sufrir a mi. Descanse en paz


... les acabarán quitando los puntos del carnet

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"