Mostrando entradas con la etiqueta cine. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cine. Mostrar todas las entradas

2057. Viernes, 6 julio, 2012

Capítulo Dosmilésimo quincuagésimo séptimo: “¿Y ahora hasta cuando?, le preguntó él. Ella le contestó (…): El amor es eterno mientras dura. (Gabriel García Márquez, 1927; escrito colombiano)

Aparte de ginecólogo en el Vaticano, uno de los trabajos que siempre me había provocado más envidia era el muy especializado (en la especialización está el futuro) "escritor de diálogos de cine; sección: escenas de sexo". Pues mi gozo en un pozo: los guionistas que trabajan en las secuencias lúbricas de las películas no sólo se lo "curran" -como cualquier otro hijo de vecino- sino que además, son buenos.

Aunque siempre hay excepciones (Gérard Damiano, el autor de "garganta profunda" jamás escribía los diálogos; prefería que los actores los improvisaran), he leído en una recopilación dedicada al tema dos verdaderas joyas que demuestran lo "profundo" que uno tiene que ser para dedicarse a escribir sobre sexo... al menos más allá de un "oh dios" por el que ya no cobras ni un euro.

En "Desmontando a Harry"(1997) un escritor interpretado por Woody Allen confiesa sus paranoias y angustias existenciales a una prostituta de raza negra.

- El: "Tengo miedo, no tengo alma. ¿Me comprendes? ¿Tú sabes lo que es un agujero negro?"

- Ella: "Sí: con lo que me gano la vida".

¿Podría alguien con menos palabras describir algo mejor?

Más difícil todavía: primer fotograma en una película de 1926, argentina y muda; título: "La hora del té". Antes de empezar alguna imagen en movimiento aparece un cartelito explicando lo que va a suceder. El texto reza así:

"Era un jardín sonriente,
era una rubia caliente, sin igual;
y era un pobre jardinero
que no encontraba agujero
donde su nabo plantar".

Eso sí que es capacidad de síntesis abierta a la imaginación de lo que va a venir después y no la sinopsis de los "efectos secundarios" que trae el prospecto del orfidal.

Con semejante competencia casi mejor me voy informando de lo del ginecólogo vaticano. Hasta el lunes pues.


... más historias extra-ordinarias

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1757. Miércoles, 2 febrero, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo quincuagésimo séptimo: "Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo" (Aristóteles, 384 a.C - 322 a.C; Filósofo griego.)

Yo también siento añoranza y profunda memoria sentimental de los cines de barrio. De los ya inexistentes programas dobles, de entrar en el refugio a las cuatro de la tarde y salir a las ocho después de haberte zampado un enorme cucurucho de pipas mientras veías a Fantomas luchando contra todo lo que se le ponía por delante, fuera Scotland Yard o el mismismo Fu-Manchú, inolvidable aquel duelo de malvados en los que nunca lograba ganar nadie porque, como todos sabíamos, los protagonistas nunca mueren.

Ahora, que los tiempos han cambiado, ya no hace falta ir al cine para ver una sesión continua a villanos de serie b, basta encender la televisión. No es lo mismo, ya lo sé, está a años luz, ya lo sé… pero cumple el mismo papel, y además, es lo que hay. Ayer lo hice y me topé con una dadaísta entrevistadora que (aunque sólo veamos los documentales de lados) todos conocemos, esa reina del chándal de la que ya no sabes si es real o una abstracción articulada. Y me di cuenta que cumple el mismo papel de guionizada villana luchando contra todo lo que le ponen delante. Reinventándose según el malvado que tenga enfrente. Ahora, por ejemplo, da la impresión de que ha abandonado su fijación con los pelos en los sobacos de la mujer de su exnovio, para vocear haciendo apología con la epídica certidumbre joselitiana de que lo más grande del mundo es una madre, aunque lleva más lejos ese ancestral dogma de fe: “Ser madre, eso si que es lo más grande”. Será la moda.

Reconozco que, aunque sólo sea porque la nostalgia lo suaviza todo, seguiré prefiriendo a Fantomas, porque lo mío, con aquellos villanos de pantalla grande en sesión doble y cucurucho de pipas, fue un flechazo para toda la vida.



... Andorra

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1646. Miércoles, 30 junio, 2010

Capítulo Milésimo sexcentésimo cuadragésimo sexto: "¿Qué es la esperanza? Nada, salvo el colorete en el rostro de la existencia" Lord Byron, 1788-1824; poeta inglés)

Uno tiene todo el derecho del mundo a creérselo (al fin y al cabo la esperanza -una puta vestida de verde que decía elmaki- fue lo único que le quedó a Pandora para repartirnos) pero, ¿por qué en las películas la gente encuentra tan rápido al amor de su vida?

Cuanto más solo está el protagonista, cuanto más melancólico pasea por un parque en otoño y cuanto más ensimismado esté en sus pensamientos.. ¡hala! más fácil encuentra a su media naranja... dulce, fiel, interesante.. Una mirada, un beso... y boda. !Zas!, en toda la boca.

Luego uno se va a la realidad y el tortazo es de los de los gordos, por más que uno se arregle como si fuera a hacer la primera comunión, por más sonrisa de anuncio que pongas en la barra del bar, por más conversación interesante que sueltes sobre lo extraño –por no decir otra cosa- que te resultó el capítulo final de perdidos, la mayoría, al final de la noche los únicos cuerpos de los que pueden disfrutar son los que anuncian el abdominaizer de la teletienda.



...el bolígrafo del amor

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1636. Miércoles, 16 junio, 2010

Capítulo Milésimo sexcentésimo trigésimo sexto: “Rascad la piel de un escéptico, y casi siempre hallaréis debajo los nervios doloridos de un sentimental” (Daniel d'Arc, 1959; cantante francés)

Sí, es verdad, yo, que me bajo muchas películas de internet, soy el primero que lo reconozco: no es lo mismo verlas en la tele de casa que en el cine. Ni mucho menos.

En el cine hay más emoción, más misterio, más pasión. El cine es ese sitio en el que nunca habrá entradas para la película que buscas aunque para que te lo confirmen tengas que aguantar a una cola insufrible de niños empeñados en ver un pollo de color amarillopollo luchando contra extraterrestres de color verdemanzana, o a los aún más insoportables intelectuales hablando del trasfondo alegórico de Etéreamente subetérea, la última película sueca del realizador húngaro (aunque nacido en Bulgaria y nacionalizado polaco) Jagsfefrtxixk Hurtgfshbger. El cine es ese sitio en el que nunca te paran la película para ir al retrete (aunque te estés meando encima) o para ir a buscar algo a la nevera (aunque te estés muriendo de hambre) y en el que parece que tienen contratado a un tío más alto que tu para que se siente justo delante. Un sitio el que no hay una mesa para poner la cocacola ni dejan entrar al repartidor del telepizza, y donde siempre hay un tipo entendido que protesta porque no le dejan hasta el final los créditos y no puede leer cómo se llamaba el ayudante del segundo operador de cámara del módulo de filmación de la tercera unidad móvil. Un sitio en el que, para postre, entrar y ver una película acompañado de otras doscientas personas cuesta lo mismo que la comida de toda la semana si haces la compra en elmercadona.

Definitivamente no, no es lo mismo.



... ecología

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1524. Miércoles, 16 diciembre, 2009

Capítulo Milésimo quingentésimo vigésimo cuarto: "El dinero es como el agua salada; cuanto más se bebe, más sed da" (Arthur Schopenhauer, 1788-1860; filósofo alemán)

Una proposición indecente, 1993, drama romántico dirigido por Adrian Lyne, y protagonizado por Robert Redford y Demi Moore. Argumento de una película que dura casi dos horas: un tío que le dice a otro, “te doy un millón de dólares si me dejas acostarme con tu mujer”.

En España con semejante historia, no hubieran hecho ni un corto. ¡Qué digo un corto.. ni un anuncio de los de a veinte segundos!



1469. Jueves, 24 septiembre, 2009

Capítulo Milésimo cuadringentésimo sexagésimo noveno: “El corazón del hombre es una rueda de molino que trabaja sin cesar; si nada echáis a moler, corréis el riesgo de que se triture a sí misma". (Martín Lutero, 1483-1546, teólogo alemán)

Me enseñaron que la inteligencia se definía como la capacidad que todos tenemos para adaptarnos a las circunstancias que nos ocurren en cada momento.

Un ejemplo. Tres horas por delante en una tarde aburrida de domingo, decides bajarte por internet (sí, yo me bajo películas de internet, ya sé que soy un bicho raro pero como ya estoy condenado no me importa confesar otro pecado más) una película de, es un suponer, alienígenas invadiendo la tierra. Una vez descargada (una hora y varios cortes de línea después) la enchufas a la televisión y metes las palomitas en el microondas.

Pero en vez de marcianos babosos tragándose al jefe de policía del pueblo resulta que salen tres tíos de gimnasio subidos en una mesa de billar (para ser más exacto dos subidos en ella y uno de pie) que, usando sus propios palos (palos que poco tienen que envidiar a los de serie), se empiezan a mirar de una forma raray cuyo único atuendo resulta ser unas botas negras, un reloj y un collar con una chapita muy mona.

Después de descartar que aquellos pudieran ser marcianos (el detalle del llevar reloj es, sin duda, concluyente) piensas lo normal: que ya te han colado el trailer de otra película de la misma casa. Sin embargo, al ver que el juego continua, y que los palos comienzan a hacer sucesivas carambolas en los sucesivos agujeros, empiezas a pensar que posiblemente, a lo mejor, quizás, sólo quizás, ha habido alguna tonta confusión y aquello es puro y duro cine de autor.

Y es aquí donde aparece la importancia de saber adaptarse a las circunstancias: vas, cambias las palomitas por el rollo de papel de culo y santas pascuas.

... a encogerse

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1463. Miércoles, 16 septiembre, 2009

Capítulo Milésimo cuadringentésimo sexagésimo tercero: "La tontería es infinitamente más fascinante que la inteligencia. La inteligencia tiene sus limites, la tontería no" (Claude Chabrol, 1930; director de cine francés)

Película habitual para después de comer en la televisión cualquier día (con especial atención a la sobremesa de los sábados y los domingos). Argumento: mujer maltratada por su marido escapa con su hijo de cinco años al darse cuenta que se ha quedado embarazada del jefe de policía, íntimo amigo de su esposo. Llega a un pueblo perdido, y conoce a un hombre maravilloso, aunque el hombre maravilloso no es un hombre cualquiera sino un amigo del marido con el que se ha puesto de acuerdo para vengarse de la adúltera. Ella se da cuenta e intenta huir ayudada por un joven jardinero del que se enamora locamente y que resulta ser un fugitivo con varias cuentas pendientes con la justicia al que persigue el jefe de policía, (el padre del niño que va a tener ella), obsesionado con capturarlo por haber sido el amante de su mujer y el verdadero causante de que conociera la cruel realidad: su matrimonio no era más que una farsa montada por el padre para poder estar cerca de la mujer a la que amaba locamente.

Y todo ello dejando claro que está-basado-en-hechos-reales.

Para que luego digan que los americanos son unos siesos de vidas aburridas. Ya.

... mocos verdes

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1430. Jueves, 25 junio, 2009

Capítulo Milésimo cuadringentésimo trigésimo: "La mitad de la belleza depende del paisaje, y la otra mitad del hombre que lo mira". (Lin Yutang, 1895-1976; escritor chino)

Idea/aviso al Ministerio de Igual-dá: debería de ponerse manos a la obra para promover con carácter de urgencia (por realdecreto o por lo que sea) medidas que homologuen las actitudes y comportamientos durante el visionado en grupo de las películas... llamémoslas X. En pocas situaciones se produce un desigualdad tan brutal entre hombres y mujeres como en estas circunstancias.

Independientemente de la calidad del guión, de la interpretación de los actores o del alto presupuesto del vestuario, cuando son varios los tíos que están viendo semejante acontecimiento cinematográfico, los comentarios más habituales serán del tipo: “¿Pero cooooño.. eso se puede hacerrrrr?”. “Huyyyy, voy a decírselo a la mariajesús a ver si se anima que a ella por ahí no le entra ni el bigote una gamba” (por cierto... ¿cuántos bigotes le entrarán a él?), seguido de unas cuantas risotadas, un gracioso apostillando que sí, que es verdad, que a la suya por ahí no le entra ni un pedo a martillazos, algún que otro berrido, y los habituales y discretos -a la par que elegantes- comentarios sobre los (dos) apéndices mamarios de las artistas en pantalla. La parte intelectual la suele poner el enterado de turno (en estas tertulias siempre hay un enterado de turno) que no sólo dice haber visto la película cinco veces, sino que él –faltaría- ya ha hecho lo mismo que se ve en cada escena mucho antes de que la rodaran... y con tías mucho mejores. Completa el panorama uno al que llaman el tímido porque siempre se tapa con el cojín (¿por qué se llamará cojín si siempre es más grande que un cojón?) no sea que cuando salga el policía se empiece a fijar demasiado en su porra, sus “amigos” se den cuenta y tenga que ponerse a redecorar su vida.

En cambio, si son ellas las que se reúnen a contemplar el evento cultural, sus comentarios van a ser completamente distintos. Primero, nada de enteradas. Ninguna de ellas, por más progre, moderna o viajada que sea la habrá visto antes. Además, y como mujeres que son, hacen honor al alma y a la sensibilidad femenina y se van más al detalle. “Tía, ¿pero has visto como le cuelgan los pellejos del brazo? Aaaanda ya, si tiene hasta estrías”. “Y yo no sé como puede hacer todo eso con esos taconazos, tía... estoy segura que no llega al metroymedio, que en estas cosas engañan mucho”. “Pues lo de él no sé, pero lo de ella es operado fijo, ¡qué fuerte!, pero si se le nota a la legua, tía.”

Fase que suele acabar cuando todas ellas se ponen de acuerdo en una cosa: “claro, tías, es que con ese maquillaje hasta yo estoy buena” (por cierto, que alguien debería de decirles a las mujeres en general que el maquillaje... maquilla, punto), verdad absoluta (lo de que ellas también estarían buenas) que es compartida y celebrada ¡de forma sincera! (algo que aún estudian los científicos del mundo) por todas las presentes, y que da paso a una segunda tanda de comentarios, que, siguiendo con el alma y la sensibilidad femenina, se centrarán en mostrar su solidaridad con las personas –mujeres- de su mismo sexo: “La muy zorra , pues más le valdría que estuviera fregando.”. “Di que sí, que se gana dinero así muy fácil, pero habría que verla trabajando...”. ”Ya te digo...eso lo podemos hacer todas y mucho mejor pero hay que tener un poco de dignidad”. “Mírala, pero si le está gustando.. yaaaaa, esta seguro que nació en la calle Zorrilla, luego dicen que tal la muyyy...” O una que nunca he entendido muy bien pero que es de las pocas que no suelen faltar: “Pero... tú has visto la pinta de guarra que tiene la tía”. A verrrrr, es una peliporno.. qué quieren... que las vistan de lagarteranas? Mañana más. Espero.

... perros y gatos

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1341. Jueves, 5 febrero, 2009

Capítulo Milésimo tricentésimo cuadragésimo primero: ""Cuando un hombre estúpido hace algo que le avergüenza, siempre dice que cumple con su deber" (George Bernard Shaw, 1856-1950; escritor irlandés)

A mediados de mayo de 1951, Katharine Hepburn y Humphrey Bogart viajaron al Congo Belga para rodar “La reina de África” dirigidos por John Houston. El rodaje estuvo plagado de contratiempos: el ataque al corazón de un guionista, cabañas en un estado lamentable que se caían a trozos, lluvias torrenciales y hasta un brote de disentería. Todos cayeron enfermos, excepto Houston y Bogart.

Ambos fueron los únicos que nunca bebieron agua, sólo whisky.

Aunque nos lo juren en Arameo, obras son amores y no buenas razones. En cuanto empiece a estar un poco pachucho rompo mi abstemia militante. La salud es lo primero

... y son millones

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1186. Miércoles, 21 mayo, 2008

Capítulo Milésimo centésimo octogésimo sexto: "Si de mayores gustos, mis disgustos han nacido, gustos al cielo pido, aunque me cuesten disgustos" (Sor Juana Inés de la Cruz, 1651- 1648; religiosa y poeta mejicana)

Los espectaculares diamantes que Marilyn Monroe lució en Los caballeros las prefieren rubias no eran en realidad más que cristales corrientes. Los 116 brillantes y las seis amatistas con que Vivien Leigh adornó su generoso escote en Lo que el viento se llevó eran tan falsos como una vulgar patraña. El célebre cinturón de oro en forma de áspid que Liz Taylor ceñía a su cintura en Cleopatra era pura fantasía. Al fin y al cabo, todo en el cine es falso y todo el cine es falso.

Pero igual que esos adornos con los que se acicalaron en películas ya históricas forman parte de una colección tan valiosa como si estuviera formadas por piedras preciosas auténticas, las imágenes que guardamos aquellos que crecimos entre matinales y sesiones continuas de cines de provincias -donde las películas siempre llegaban con varios años de retraso- se han convertido en memoria propia para siempre.
- La camiseta rota y sudada de Marlon Brando en Un tranvía llamado Deseo.
- Gene Kelly enseñando a ser feliz al ratón Jerry en Levando Anclas.
- Humprey Bogart dando la orden en El cuarto poder para que se pusieran en marcha la rotativa cuando ya todo, excepto el honor, está perdido.
- Escarlata O´Hara y su "A Dios pongo por testigo de que nunca volveré a pasar hambre" en Lo que el viento se llevó.
- Jack Lemmon sujetando un clavel entre los dientes mientras baila un tango con Joe E. Brown en Con faldas y a lo loco.
- Paul Henreid poniendo a todos a cantar La Marsellesa en Casablanca.
- La frase con la que Robert Ryan se despide de Joan Fontaine en Nacida para el mal: "Te quiero. Lástima que no me gustes".
- Las amas de llaves de Hitchcock: Margaret Leighton en Atormentada y, sobre todo, Judith Anderson en Rebeca.
- Las mallas que llevaba Burt Lancaster en El temible burlón.
- La mirada que le dirige Cary Grant a Ingrid Bergman cuando viaja en avión con ella a Río en Encadenados.
- Audrey Hepburn y sus inolvidables zapatillas en Sabrina de Billy Wilder.
- Rhett Butler besando a Escalata O´Hara en el incendio de Atlanta de Lo que el viento se llevó.
- Rita Hayworth al principio de Gilda diciendo "Para mí, un dólar era un dólar en cualquier parte del mundo".
- Ava Gardner rodeada de nativos con maracas en La noche de la iguana.
- Marylin Monroe besando a una mujer llamada Tony Curtis después de cantar, con gran tristeza I´m Trough with Love en Con faldas y a lo loco.
- Robert Preston y Julie Andrews cantando a duo You & Me en ¿Victor o Victoria?
- El paso de baile de Vivien Leigh en El barco de los locos.
- Los ojos se Montgomery Clift en Un lugar al sol de George Stevens.
- Los andares de Kim Novak en Vertigo, de Alfred Hitchcock.
- La copa de veneno, amor y compasión que Audrey Hepburn le sirve a Sean Connery en Robin y María.
- La sonrisa de Audrey Hepburn cuando Gary Cooper le dice que suba al tren con él en Ariane.
- Los vestidos y el peinado de Ingrid Bergman en Por quién doblan las campanas.
- Paul Henreid y Bette Davis compartiendo un cigarrillo en La extraña pasajera.
- El final de Vacaciones en Roma con la despedida entre Audrey Hepburn y Gregory Peck.
- La frase que suelta el barman cuando Jean Simmons quiere invitar a una copa a un borracho en Con los ojos cerrados: "Una le mataría, y mil no serían suficientes".
- El vals que bailan Claudia Cardinale y Burt Lancaster en el Gatopardo de Luchino Visconti.
- Marylin Monroe y su agujero en las mallas en Bus Stop.
- El peinado de Rita Hayworth en La dama de Shanghai de Orson Welles.
- Michael Caine enseñándole a Steve Martin cómo ser un play boy en Un par de seductores.
- Gregory Peck intentando domar un caballo salvaje en Horizontes de grandeza.
- Ida Lupino y Dana Andrews bebiendo whisky a la salida del periódico en Mientras Nueva York duerme.
- Jeff Bridges tocando el piano a solas en Los fabulosos Baker Boys.
- El impermeable de Gene Tierney en Laura de Otto Preminger.
- Henry Fonda poniéndole los zapatos a Barbara Stanwyck en Las tres noches de Eva.
- Barbara Stanwyck chasqueando su lengua en Bola de fuego de Howard Hawks.
- El vestido de un solo tirante de Ava Gardner en Soborno de Rober Z. Leonard.
- Robert de Niro con faldas en La Misión.
- Robert Redford en Íntimo y Personal.
- Jan Sterling contemplando a Humprey Bogart escribir sobre el mundo del boxeo en Más dura será la caída.
- Julie Harris y James Dean besándose en la noria de Al este del Edén.
- El albornoz de James Manson en Ha nacido una estrella.
- Sean Connery y Michael Caine en pleno alud contándose chistes en El hombre que pudo reinar.
- La gabardina y el sombrero ladeado de Frank Sinatra en Pal Joey.
Como todo buen repaso sentimental y apresurado, sobre todo apresurado, no sigue ningún orden cronológico o genérico. Si acaso el de las emociones. Agradecido por haber nacido en un siglo lleno de imágenes que se convierten en historias.

... desde lo alto de estas pirámides 40 siglos os contemplan.

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1028. Viernes, 7 septiembre, 2007

Capítulo Milésimo vigésimo octavo: "Mi horóscopo dice que hoy conoceré a alguien grande".(Jessica Lange en la película King Kong)

En cuestiones de sexo cada maestrillo tiene su librillo. Nadie sabe mejor los gustos y disgustos a desarrollar mientras se realiza tan agradable tarea que los participantes en la misma.

De todas formas, nunca está de más echar un vistazo a alguna de las infinitas películas que existen sobre el tema, aunque sólo sea para coger alguna que otra idea de esas que más tarde uno podría llegar a poner en práctica.

Pues estaba yo ensimismado con tan educativa labor cuando, en una de las escenas de la película (cuyo título era algo así como el indecente ladrón y su rabo juguetón, aunque no suelo quedarme mucho con los créditos..), sus dos protagonistas (tampoco me quedé con sus nombres) se subían encima de una lavadora y, aprovechado que debía de estar puesta en un programa para ropa no delicada de color y a punto de empezar el doble centrifugado, beneficiarse de las mil revoluciones por minuto para dejar los azulejos de la cocina, entre otras cosas, completamente perdidos.

Yo algo ya había oído del asunto, pero claro no es lo mismo que te lo cuenten por ahí a que unos señores profesionales en la materia te hagan la demostración práctica, mostrándote, además, absolutamente todo.

Bueno, a ver, que lo que yo quería hoy era protestar. Primero porque la lavadora de mí casa está empotrada. Un problema del que, es verdad, nadie tiene la culpa y que no obstante se puede solucionar, bien echando un poquito de agua en los baldosines para que se deslice mejor sobre ellos y salga poco a poco, o (y si se puede elegiremos esta segunda opción, sin duda la mejor) eligiendo para el experimento a un cachas que te la saque (la lavadora).

Pero por lo que de verdad quiero protestar es por la manía que les ha entrado a todos los fabricantes de estos trastos por subirles las revoluciones -algo que en principio nos beneficia- pero quitándoles lo que es, sin duda, el meollo de la cuestión aquí: sus vibraciones. ¡Pero si hasta presumen de que un niño puede quedarse dormido encima de una de ellas mientras centrifuga! Así no hay manera.

De todas formas espero que alguno por aquí aún tenga una lavadora como dios manda y pueda escribirme unas letras contándome si la cosa merece, o no, la pena. Y ya de paso darles un toque de atención a los que hacen este tipo de películas para que se pongan las pilas y actualicen un poco sus herramientas. El cine, como cultura que es, tiene que ser también útil.

... más "historias extra-ordinarias" todo el fin de semana.

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1017. Jueves, 23 agosto, 2007

Capítulo Milésimo decimoséptimo: "Santos no hay, lo que hay son tarifas diferentes". (Ricardo Darín en la película Nueve Reinas)

Científicos de la Universidad de Michigan en los EE.UU. llevaron a cabo una investigación sobre los efectos que los diferentes géneros de películas provocaban en las hormonas de hombres y mujeres.

Para su estudio, tomaron a tres grupos de personas a las que les mostraron durante treinta minutos una película diferente, midiendo sus cambios hormonales mediante la toma de muestras de saliva antes y después del pase.

El primer grupo vio un documental sobre la selva amazónica; el segundo grupo, la película Los Puentes de Madison y el tercer grupo El Padrino II.

¿Resultados?

El grupo que vio el documental no registró ningún cambio hormonal.

El grupo que vio la película de amor experimento un aumento de progesterona, hormona relacionada con la relajación y la reproducción, tanto en hombres como en mujeres, lo que se tradujo en una mayor necesidad de acariciar a su pareja y hacerle demostraciones de cariño. En los hombres, además, disminuyo el nivel de testosterona por lo que su agresividad se redujo.

Las reacciones de los hombres y mujeres que vieron El Padrino II fueron diferentes: en ellos subió el nivel de testosterona, aumentó su necesidad de tener sexo con sus parejas y disminuyó su necesidad de cariño. En ellas, en cambio, disminuyeron sus niveles de de testosterona y se produjo una especie de frialdad.

¿Conclusiones?

... que antes de elegir cualquier película para ver en compañía, conviene pensar qué quieres hacer después. Aunque yo creo que si uno ya tiene las cosas claras es mejor recurrir directamente a los clásicos de toda la vida -tipo Tócamela otra vez Sam, Se lo que hiciste en el último ano o Ven abuelito que te voy a tocar el pito- y dejarse de rodeos. El tiempo es oro.

... pobres camboyanos



Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

991. Martes, 12 junio, 2007

Capítulo Noningentésimo nonagésimo primero: "General, tenga cuidado con su hija. Ha intentado sentarse sobre mis rodillas cuando yo estaba de pie". (Humphrey Bogart en "El sueño eterno", Howard Hawks, 1946)

Aunque llevo muchos años escuchando argumentos a favor y en contra del doblaje de películas, yo siempre me he declarado un entusiasta de las versiones originales. Eso sí, solo para un género: el porno.

Y es que el jadeo es un arte que ni el mejor doblador metido en escena puede soñar con reproducir. Por muy bueno que sea. Un "do it harder", un "I´m coming!" o el simple "come on" dicho en plena función es tan inimitable como intentar vender un perfume con aromas a olor de los pies descalzos al amanecer.

La razón es sencilla, los gemidos son involuntarios, la presión sanguínea durante el orgasmo puede alcanzar el doble de lo normal y para mantener semejante ritmo los pulmones tienen que inhalar más oxígeno; Para que esto ocurra se abre la boca, se dilatan las aletas de la nariz y se acaban soltando gemidos o gruñidos que quien más y quien menos ha comprobado en sus propios oídos.

Me gusta el porno, pero cuando veo una doblada no puedo dejar de pensar en los pobres señores en un estudio de doblaje diciendo "!hazmeló más fuerte!", "!me voy!" o el simple "sigue así" entre sorbo y sorbo de café pensando en la comida del domingo con la suegra, la cuñada, los niños y la paella.

Hay que reconocer que no es lo mismo. Hasta los más entusiastas del doblaje lo tienen que entender, y si alguno aún alberga alguna duda que vea cualquier película porno china doblada al castellano, algo tan erótico como lo que habitualmente jadean en ellas "!chun!", "!chun!", "!chun!", tiene la traducción al español de ¡"primavera!", ¡"primavera!", ¡"primavera!".

Como para vestirse y acabar en misa de doce.




... en cuestión de ataudes, mucho mejor uno blanco

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"