1775. Lunes, 28 febrero, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo septuagésimo quinto: “Esta es la primera época en la que se piensa seriamente en el futuro, lo cual es irónico, ya que es probable que no tengamos ninguno”. (Arthur C. Clarke, 1917-2008; escritor británico)

Alguien me ha regalado una esfera. Tenía yo ganas de poseer un globo terráqueo y el globo terráqueo, como una fruta pimpante, se ha posado sobre mi mesa de trabajo. No es esta esfera ni muy grande ni muy pequeña. Si fuera grande, me produciría una impresión de esfera de menaje pedagógico escolar. Si fuera muy pequeña, no se verían los nombres de los continentes, de las naciones, de los mares, de las islas. Diríase, en imagen de Gómez de la Serna, un balón de fútbol en traje de luces o un globo de feria sin la amenaza de convertirse en un higo morado. Ahí está el mundo, nuestro mundo, representado como una lección esquemática: una bola de billar grande, envuelta en una bandera de colores. Colores amarillos, verdes, rojos, rosa, siena, morados para la tierra, y colores en diversas escalas de azul, para los mares que dan, como un tiovivo, vueltas y más vueltas.

Ya sé que en los tiempos del gps y del googlemaps, en los tiempos de la antesala de la teletransportación, tener una bola del mundo es algo ilógico, absurdo y, lo que es peor ahora: anticuado, pero a ciertas edades la nostalgia es mucho más fuerte que cualquier nueva tecnología… aunque sólo sea de forma simbólica.

Que podremos ser mayores, sí, pero no tontos.



... bisiestos

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1774. Viernes, 25 febrero, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo septuagésimo cuarto: “Ninguna frontera tienta más al contrabando que la de la edad” (Robert Musil, 1880 - 1942; escritor austriaco)

En todos los tratados de los que estudian estas cosas se habla del labio superior como una de las zonas más excitantes de los conocimientos bíblicos. Y hablo del de la boca, que ya sé que cuando se habla de labios a más de uno le da la risa floja. Pero esta vez la cosa va de algo tan puro y casto como son los besos. Siempre, claro está que tengan los suficientes intercambios de fluidos para considerarse como tales.

El caso es que el nacimiento del beso tiene tantas explicaciones -y tan peregrinas- que a buen seguro ninguna sea cierta. Los hay que certifican que nació en Grecia (en la de antes, con sus filósofos, sus efebos y sus Helenas de Troya), cuando las mujeres intentaban comprobar con un beso a tornillo si sus maridos habían estado en la taberna del ágora Mayor con los amigotes dale que te pego al hidromiel con vino (de Corinto, imagino). Otra teoría señala a la Tierra de Fuego como el punto de partida del beso. Los indios que habitaban dicha región desconocían el uso de los vasos y, para beber, se pasaban el agua unos a otros con la boca. Dicho así la verdad es que suena a juego de yogurines intentando intercambiar fluidos con la tíabuena de la tribu con cualquier disculpa pero, como decían en un anuncio de la tele, yo lo he leído.

Sea como fuere, en ósculo apasionado, puede provocar un cambio tan brusco que, según los mismos de antes (los que estudian estas cosas) puede acortar nuestra vida hasta tres minutos. Pero, siendo serios, ¿qué son tres minutos menos ante tal derroche de placer?



... historias extra-ordinarias

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1773. Jueves, 24 febrero, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo septuagésimo tercero: “Cuando se trata de recordar la boda, las mujeres hablan siempre de la ceremonia; los hombres, de la despedida de soltero” (Proverbio Italiano)

Con demasiada frecuencia encendemos el piloto automático y transitamos por la vida repitiendo acciones y viviendo cada día igual que el anterior. No tienen nada de malo; es cómodo, es seguro, es predecible. Hasta que un día, de repente, te das cuenta de que hay cosas que con el paso del tiempo van cambiando y que no tienes más remedio que adaptarte a ellas. Y lo que es peor: aceptarlas

Así, cuando por tu manía de estar desnudo en casa ya habías aprendido lo complicado que era acércate a la cocina, fuera para freír pechugas de pollo empanadas o arroz frito tres delicias, una tarde cualquiera, de repente, descubres que aquel baile espasmódico –a medio camino entre un ataque epiléptico y los ensayos de la niña del exorcista, que tanto te gusta hacer antes de saltar al sofá, lo único que provocan ya es que tus abdominales tiemblen como la más aguada de las gelatinas.

Es malo hacerse viejo, muy malo..



... el negocio de las ballenas

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1772. Miércoles, 23 febrero, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo septuagésimo segundo: “Se puede confiar en las malas personas, no cambian jamás” (William Faulkner, 1897-1962; poeta estadounidense)

Me escribe una joven y distinguida señora invitándome a tomar parte en un curioso y sólo aparentemente pueril torneo de los muchos que, cándidamente, vienen teniendo lugar en estas notas, ni más ni menos que sobre si es o no es indebido pedir un huevo frito en un buen restaurante. Y, ya llegando al fondo de tan crucial discusión, si es o no conveniente mojar pan en él.

Tema difícil si los hay, porque bordea el posible fastidio de muchos, y plantea todo un reto (sin negar que el reto es, para el hombre, una de las salidas al mar de la delicia -¡eso es poesía y lo demás fruslería!) ya que es una de esas opiniones que tanto se parecen a los culos (o al hojaldre como lo llama cariñosamente cierto conocido): cada uno tiene el suyo.

Parto de que el espectáculo de comer debía ser la mayor parte de las veces privado, sobre todo en relación de amores, pero ya entrados en materia, no sé por qué a los mismos que les parece un espectáculo grandioso contemplar en los garfios de un tenedor la carne sangrienta les parece insufrible y tremendo ver un trozo de pan manchado de yema.

Con los peligros que tienen las afirmaciones categóricas, y más cuando se hacen tan afirmativamente, a mí me parece que no mojar pan en un huevo no tiene disculpa. No saben los que se pierden.



... negativos

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1771. Martes, 22 febrero, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo septuagésimo primero: “Nosotros matamos el tiempo, pero el nos entierra” (Joaquim Machado de Assis, 1839 - 1908; escritor brasileño)

¿Alguien se ha parado a pensar en la cantidad de horas que perdemos con titubeos antes de pasar a la acción? A mí, por ejemplo, me deja hecho polvo el asuntito de la camisa. Creer que no vas a acertar entre la que eliges y la que tenías que haber elegido consume siempre un tiempo innecesario y te tiene dando tumbos un buen rato. ¿Y el pelo, la colonia, el alter-shave? Física cuántica. Y eso sin entrar en palabras mayores, como esas normas básicas de saludo, estilo y conversación que tienes que perpetrar obligatoriamente cada vez que te encuentras con alguien. ¿Cuánto tiempo perdemos en preguntar una y otra vez algo que, además de saber ya respuesta –"buenos días, todo bien gracias"- encima no nos importa lo más mínimo?

O le amplían las horas al día o voy a tener que reducir drásticamente el tiempo que empleo en pensar que tengo que pensar. No compensa.



..lsol y perros

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1770. Lunes, 21 febrero, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo septuagésimo: “Mirar un escote es como mirar al sol, no hay que observarlo fijamente porque es demasiado arriesgado. Jerome Seinfeld, 1954; actor estadounidense)

Puede sonar a burrada (aunque siendo lunes estaría más que justificada), pero lo dice la ciencia: para cortar una pechuga de pollo con suficiente tranquilidad es más indicado la taza del vater (la que –casi-todos tenemos en el retrete de casa) que la tabla que usamos normalmente para hacerlo. Y a ver quien somos nosotros para llevar la contraria a la ciencia

Según un estudio del departamento de la Facultad de Microbiología de la Universidad de Arizona en los EE.UU) ésa es precisamente la zona de la casa que menos bacterias tiene. De hecho, hay 200 veces más coliformes fecales -bacterias de las heces detodalavida- en la típica tabla de cortar que en la susodicha taza. La culpa de todo la tiene el hecho de que la mayoría de la gente sólo enjuaga las tablas en lugar de lavarlas a fondo, algo que unido a las grietas que crean los cuchillos, suponen el hogar perfecto para las bacterias.

Claro que si empezamos así no deberíamos de levantarnos de lugar tan visitado. Trapos de cocina, sábanas, toallas, alfombras, mandos de la tele, botellas de agua y hasta la correa del reloj, son un nido de bichos que (aunque también tienen derecho a vivir) se empeñan en hacerlo a nuestra costa.

De todas formas, no hay que preocuparse. Mierda que no mata, engorda. Además, tampoco es plan de hacerlo todo dentro de la taza del retrete o encima de su tapa… por muy grande que sea, es lo que es. Que ya tenemos una edad y en una de esas, ¡zas, en toda la boca! Y ya la cadera no suelda como antes.



... por orden

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1769. Viernes, 18 febrero, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo sexagésimo noveno: “Cuando bordeamos un abismo y la noche es tenebrosa, el jinete sabio suelta las riendas y se entrega al instinto del caballo”. (Armando Palacio Valdés, 1853 – 1938; escritor español)

Conversación real entre dos chicas sobre un ejemplar masculino (que no está presente en ese momento): “Debe ser de esos que te lo hacen despacito, pero muy profundo”. El caso es que para alguien como servidor, analfabeto absoluto en todas y cada una de las cuestiones que atañen (aunque sea de refilón), a la indescifrable mente femenina, semejante comentario le pilló completamente desprevenido. Y sí, ya. Escuchar lo que cuentan otras personas no es, precisamente, de buena educación, pero hay que reconocer que con semejante titular… Yo es lo que tengo que, en aras de la investigación y el análisis de los comportamientos humanos en el entorno laboral (el aburrimiento es muy malo) se me van los oídos con bastante frecuencia a sitios donde no me llaman ni me dan vela en el entierro. Aunque este caso me ha valido para sospechar que las mujeres, cuando se ponen a hablar de sexo –al menos entre ellas- son de una sinceridad apabullante, algo de lo que los hombres adolecemos completamente.



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1768. Jueves, 17 febrero, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo sexagésimo octavo: “No hago ningún tipo de ejercicio. He elegido anquilosarme como opción vital”. (Woody Allen, 1935; cineasta estadounidense)

Las dos de la mañana. Si te tapas tienes calor, si te destapas te hielas. Es lo que tienen los edredones nórdicos de plumas (mejorando lo presente). A esas horas, uno se devela y la cabeza empieza a dar vueltas con cuestiones metafísicas que nunca se te hubieran ocurrido de andar soñando lo que es debido, que te conviertes en el objeto sexual de una banda de fornidos y rudos hombres balcánicos, entregados a la lujuria. Por ejemplo.

Pero la realidad es más prosaica y son otras cosas -bastante más ordinarias- las que acaban invadiéndote a esas horas de la madrugada. Así, y mientras empezaba a cerrar un ojo me acordé de la frase -poesía en estado puro- que a menudo pronunciaba la actriz Bette Miles y que resulta ser uno de esos raros axiomas que acompañaron, acompañan y acompañarán a la mayoría de los hombres desde que el mundo es mundo.



O desde antes, incluso.

... escenas peligrosas

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