1783. Jueves, 10 marzo, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo octogésimo tercero: “Si amas, perdona; si no amas, olvida” (Vicki Baum, 1888-1960; escritora austriaca)

Salimos los dos. Volví yo solo. Mi bolígrafo se perdió en el camino. Ni robado, ni olvidado: perdido. La más triste de todas las posibilidades, porque nunca se sabe ni cómo ni dónde ni por qué, y ese absoluto misterio admite la hipótesis de un abandono; porque nunca se acaba de creer que así ocurrió, y se busca en todas las mesas y se registra en todos los bolsillos con una esperanza cada vez más pequeña y una decepción cada vez más grande.

Se perdió. Quizá haya muerto aplastado bajo un peso brutal, esparciendo en el suelo su sangre azul oscura; quizá haya cambiado de destino y le obliguen a trazar números en algún papel. Si es así, durará poco. No tenía aptitud para las cuentas. Hasta al dibujar las cifras revelaba la torpeza de no haberse ejercitado en ello. !Infeliz! De todas formas, nada tengo que reprocharle. Nos llevábamos bien y estará presente en mi recuerdo entre todos los bolígrafos que tuve y que tendré.



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1782. Miércoles, 9 marzo, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo octogésimo segundo: “La lengua resiste porque es blanda; los dientes ceden porque son duros” (Proverbio hindú)

Se habla mucho, ahora, de la discriminación positiva y dicen los eternos descontentos que eso no es una forma de clasismo. ¿Es que los pobres no son clasistas? Para selectos, los pobres, claro. Para clasistas, los pobres. Ya está bien de denunciar el clasismo de los banqueros, las baronesas o los políticos. Ha llegado la hora de denunciar el clasismo de las cajeras de supermercado y los peones de albañil, que son más clasistas que nadie. ¿O es que no hay selectividad en los andamios?

Porque, vamos a ver, ¿qué posibilidades tiene el hijo de un consejero autonómico o de un diputado de llegar a ganarse la vida en un andamio? Ninguna. Cuando el hijo del consejero autonómico llega al andamio, ya está el andamio lleno de albañiles, que los albañiles madrugan y van al copo. Y lo mismo pasa con todo. Los pobres han copado las fresadoras, las vagonetas de la mina, las cajas del mercadona, todo. Y luego dicen que si hay selectividad por arriba. los pobres sí que son selectivos. Los pobres -hora es decirlo- son un auténtico grupo de presión y una mafia. A los pobres les gusta mucho hablar de oportunidades, pero ¿qué igualdad de oportunidades le dan ellos al rico? Los pobres todo se lo guisan y se lo comen entre ellos (cuando hay algo que guisar y comer, que no siempre hay). Pues eso. Para ser tan pobres, hay que ver lo escogitados y lo selectos que son los tíos. Y luego dicen.



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1781. Martes, 8 marzo, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo octogésimo primero: “Es más tranquilizador tener doce hijos que doce millones de dólares, con doce hijos uno se conforma; con doce millones de dólares se quiere más” (Aristóteles Onassis, 1906-1975; empresario griego)

Se conocieron en un autobús. Se miraron intensamente durante diez paradas. No se hablaron, pero se entendieron muy bien desde el primer momento. En la calle, se tomaron de la mano y caminaron despacio sin decirse nada. La gente les miraba perezosamente y una panda de preadolescentes siguió a la pareja sin hacerles mucho caso. Ellos siguieron adelante sin inmutarse, sin romper el silencio, sin volver la espalda a un destino que tan oportunamente les ponía frente a frente. De pronto, Fernando lanzó un grito de júbilo y dijo:
- “! Ahí está !”
Alberto apretó su mano en un gesto de comprensión infinita y se fue con su nuevo amigo hasta la zapatería. El vendedor quedó anonadado al verles entrar. Altos, fuertes, silenciosos, cogiditos de la mano y… cojos. El uno de la pierna derecha. El otro, de la pierna izquierda. Fernando, en un tono repleto de satisfacción, se dirigió al zapatero y dijo: “Un par de zapatos, del cuarenta y dos”. “¿Un par… sólo?”. “Sí, tenemos el mismo número y distintos pies”. Alberto sonrió feliz.
- ¿Seremos amigos siempre?
- Hasta que la muerte nos separe.

A veces, basta un segundo para unir dos ilusiones.



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1780. Lunes, 7 marzo, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo octogésimo: “Debe valorarse la opinión de los estúpidos, suelen estar en mayoría” (Lev Tolstói, 1828-1910; escritor ruso)

Hasta aquí mi contribución a la literatura burguesa. A partir de ahora ya sólo voy a escribir homilías, recursos de contrafuero o retazos en estado puro de lúcida metafísica, según la coyuntura. Hay que politizarse, hay que concienciarse. Ya está bien de sonetos a Violante y pijaditas surrealistas; como dijo el otro, hay épocas en que cantar a los árboles puede ser una traición al mundo. Y estamos en una de ellas.

Empecemos por algo difícil de verdad, algo profundo que ha traído de cabeza al mundo (a todo el mundo) desde que el mundo es mundo: cómo atarse los zapatos.

Y es que tiene su aquel. Los expertos, gente con varios masteres a sus espaldas en estos menesteres lo tienen claro: hay que atarse los cordones horizontalmente en lugar de hacerlo en zigzag. Es el método elegante y mantiene el pie sujeto y sin apretar. Terminar con un nudo Cambridge, antideslizante, una variación del nudo cirujano con el que nunca habrá que atarse una lazada rebelde.

Alguien tenía que decirlo.



... las huellas más antiguas

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1779. Viernes, 4 marzo, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo septuagésimo noveno: "La paciencia es la llave de la solución” (Proverbio fenicio)

Ahora que andan revueltos, se empeñan en repetirnos una y otra vez que los pueblos árabes son lo que son gracias al petróleo; que no tienen otra fuente de riqueza. Un error. No digo yo que no sea su principal forma de enriquecerse (sus dirigentes), pero no es la única. Resulta que los pueblos semitas han tenido desde siempre la costumbre de andar cortándoles a sus hijos varones cierto trozo de sus anatomías. Su función empezó siendo meramente higiénica. En todo el Oriente Medio, tierra originaria de dicha tradición, el agua ha sido históricamente un bien escaso y es un hecho que un circundado corre menos riesgo de contraer infecciones. Por más que, como bien saben -o cuentan- aquellos recortados a los que les gusta que sus parejas se lo lleven todo a la boca, se acompañe de una notoria la pérdida de sensibilidad en comparación con los de prepucio intacto.

A lo que íbamos. El caso es que con la historia de la circuncisión, estos pueblos tienen un excedente diario de material genético que no es para desechar así como así. Resulta que en un trozo de prepucio del tamaño de un sello de correos hay material genético suficiente para componer 200.000 unidades de piel artificial. Por eso, desde hace años, laboratorios farmacéuticos y de investigación biológica los compran a espuertas pagando una buena cantidad de dinero por ellos. Por los prepucios digo.

Visto así, a ver si resulta que todas estas cosas que están pasando por esas tierras de Alá en vez de por el petróleo va a ser por cosa de los prepucios. Que estando las farmacéuticas por medio uno se puede esperar cualquier cosa.



... más "historias extra-ordinarias"

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1778. Jueves, 3 marzo, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo septuagésimo octavo: “Si has construido un castillo en el aire, no has perdido el tiempo, es allí donde debería estar. Ahora debes construir los cimientos debajo de él. (George Bernard Shaw, 1856-1950; escritor irlandés.)

Hipócrates, el padre de la medicina, tenía una receta infalible para que las jóvenes griegas conservaran su figura: columpiarse. Pero además del uso lúdico, ha tenido sobre todo un sentido religioso. En Grecia estaba vinculado a ciertos ritos dionisiacos, y de hecho, se atribuye su invención al Baco griego. En el cuadro “El descenso a los Infiernos” aparece la heroína Fedra columpiándose, hecho que algunos relacionan con el mito del sube y baja , que representa el impulso que tiene el hombre hacia lo divino. En las culturas agrícolas del este de Europa (Letonia, Rusia..) era un elemento mágico. Las jóvenes cantabas canciones sentadas en el balancín creyendo que tenía el mismo efecto que las plegarias a los dioses en la protección de las cosechas.

Visto lo cual, por muy ergonómica que sea, por muchos apoyos para la espalda que se adapten a las curvas de tu cuerpo, por mucha baja densidad de la espuma en el que vas a poner el culo, por mucho sistema neumático con gas para subir y bajar que tengan, que no nos engañen, el peor columpio siempre es más recomendable que la mejor de las sillas.

Columpios en el trabajo ya. La salud ante todo.



... Pelayo

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1777. Miércoles, 2 marzo, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo septuagésimo séptimo: "Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada". (Proverbio árabe)

Hay veces que tener buena memoria no ayuda mucho. Sobre todo si te das cuenta de que has pasado buenos ratos con casi todos.

La nostalgia ya no es lo que era.

... reinado record

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1776. Martes, 1 marzo, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo septuagésimo sexto: " No hay que querer estar por encima de las cosas, hay que estar dentro. No hay que querer saber por qué se vive. Sólo hay que querer vivir. Charles Ferdinand Ramuz, 1878- 1947; escritor suizo)

Francamente las palabras pronunciadas anoche en el hemiciclo fueron transcendentes, un gol que batió a la clase política por el ángulo más insólito. El discurso ha producido perplejidades y admiraciones de imposible digestión para los que por anquilosamiento de su fantasía han perdido el tren de la realidad desde hace más de una década. Hay en la pieza oratoria una prudente combinación de lo necesario y de lo imaginativamente aleatorio, porque al futuro, en política tenemos que pasarle la factura antes de que nos lance una andanada y nos desborde. Es preciso recordar que cuando en esta magnífica pieza parlamentaria se aborda el tema del desarrollo pluridimensional se afirma tajante y previsoramente:

“Cumba la macumba, hachancunga ponga. Eñi menee do lundo, cunba la Cuma bachancunga".

Dado el orden de prioridades, el tema de las materias primas debía ser sometido a un análisis de guante blanco, sí, pero también de atrevido bisturí. Resaltan por su trascendencia los párrafos dedicados a la crisis en la que estamos inmersos:

“Caba la bachurra chura la churra hipecacuana. Anda la bazumga meque di tamborile. Caucas, caucas y caucas.”


Más brillantez y osadía de desparpajo de este ardiente balón parece fuera del alcance de las posibilidades humanas.

No puedo menos que reconocer, con toda la modestia que me caracteriza, que como cronista parlamentario soy uno de los mejores. Para muestra sirve un botón. Ahí queda eso.



... tomando el pelo

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