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1780. Lunes, 7 marzo, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo octogésimo: “Debe valorarse la opinión de los estúpidos, suelen estar en mayoría” (Lev Tolstói, 1828-1910; escritor ruso)

Hasta aquí mi contribución a la literatura burguesa. A partir de ahora ya sólo voy a escribir homilías, recursos de contrafuero o retazos en estado puro de lúcida metafísica, según la coyuntura. Hay que politizarse, hay que concienciarse. Ya está bien de sonetos a Violante y pijaditas surrealistas; como dijo el otro, hay épocas en que cantar a los árboles puede ser una traición al mundo. Y estamos en una de ellas.

Empecemos por algo difícil de verdad, algo profundo que ha traído de cabeza al mundo (a todo el mundo) desde que el mundo es mundo: cómo atarse los zapatos.

Y es que tiene su aquel. Los expertos, gente con varios masteres a sus espaldas en estos menesteres lo tienen claro: hay que atarse los cordones horizontalmente en lugar de hacerlo en zigzag. Es el método elegante y mantiene el pie sujeto y sin apretar. Terminar con un nudo Cambridge, antideslizante, una variación del nudo cirujano con el que nunca habrá que atarse una lazada rebelde.

Alguien tenía que decirlo.



... las huellas más antiguas

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1601. Lunes, 26 abril, 2010

Capítulo Milésimo sexcentésimo primero: "Los hombres son como los vinos: la edad agría los malos y mejora los buenos". (Marco Tulio Cicerón, 106 a. C.- 43 a. C.; filósofo romano)

En el año 860, con el papa Nicolás I, se institucionalizó el hábito de poner anillos en las ceremonias nupciales. Se le ocurrió, además, que debía de hacerse en el dedo anular, una tradición que había nacido en el siglo II a.C. en Grecia, donde pensaban que era en ese dedo donde finalizaba la vena del amor que salía del corazón.

Pero el papa Nicolás I, como defensor del carácter indisoluble del matrimonio, sabía lo que hacía atando de esa manera a los pobres incautos que querían casarse. Cuenta la leyenda que el inventor del anillo fue Zeus. Al padre de todos los dioses no se le ocurrió otra cosa que castigar a Prometeo –por haber entregado el fuego sagrado a los hombres- a permanecer encadenado a una roca durante siglos y siglos. Al final, como buen dios que era, liberó al pobre Prometeo... pero le obligó a llevar para siempre en el dedo un eslabón de la cadena que llevaba unido un trozo de roca.

Lo haces una vez y te marcan para siempre. Aún así, va la gente y se sigue casando. !Y algunos hasta repiten! No hemos aprendido nada y mira que el refranero es sabio: "quien se casó una vez, por necio perdonado es; pero si dos, por bestia no lo perdona ni Dios".



... los más caros

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