Hasta hace nada, en este país de sol, con paisanos morenos y bajitos, los bufetes de los abogados estaban llenos de tíos con boina y problemas. Pero todo ha cambiado. El español ha crecido, ha estilizado la tripa; se le ha suavizado el rizo negro y ha tomado incluso cierto garbo en la caída de paletillas. Y nada es igual. Aquí ya no se trabaja el crimen pasional, eso sería como llevar camiseta imperio y gorra a cuadros; ya no se roban pollinos y se les pinta de cebras para camuflarlo; ya no se mantiene a una querida fija con sueldo para la compra. Ahora se trabaja la trampa legal, el boicot porque ese tío me cae gordo, el timo de la inmobiliaria y las dietas para las juergas a cuenta del balance de la empresa o, con un poco de suerte, de la consejería que subvenciona a la empresa.
El español se ha estirado y ya peca mucho más civilizadamente.
... Prusia
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