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1889. Jueves, 29 septiembre, 2011

Capítulo Milésimo octingentésimo octogésimo noveno: " Se bebe un litro de ginebra y arde súbitamente al tomar el sol más tarde en una piscina de un hotel de Córdoba” (resumen de agencias)

Ahora que el español, según las estadísticas, ha crecido unos centímetros en su talla media se puede hablar un poco más claro. Como se sabe, el español ha sido de toda la vida bajito, moreno, de pescuezo tirando a gordo y de cinturón abrochado en el último agujero. Puede parecer que son detalles sin importancia, pero el tipo y la estatura de un hombre lleva aparejado virtudes y pecados específicos, ése es un asunto que los saben muy bien los filósofos y los psicólogos (con perdón). Un hombre bajito y moreno suele pegar navajazos a la mujer adúltera, robar gallinas, atacar con la hoz al vecino por cuestiones de lindes, tirar a un pozo al usurero, soltar recias blasfemias y, en general, cometer delitos previstos en el Código de los que necesitan lavar sangre de la blusa en el rio.

Hasta hace nada, en este país de sol, con paisanos morenos y bajitos, los bufetes de los abogados estaban llenos de tíos con boina y problemas. Pero todo ha cambiado. El español ha crecido, ha estilizado la tripa; se le ha suavizado el rizo negro y ha tomado incluso cierto garbo en la caída de paletillas. Y nada es igual. Aquí ya no se trabaja el crimen pasional, eso sería como llevar camiseta imperio y gorra a cuadros; ya no se roban pollinos y se les pinta de cebras para camuflarlo; ya no se mantiene a una querida fija con sueldo para la compra. Ahora se trabaja la trampa legal, el boicot porque ese tío me cae gordo, el timo de la inmobiliaria y las dietas para las juergas a cuenta del balance de la empresa o, con un poco de suerte, de la consejería que subvenciona a la empresa.

El español se ha estirado y ya peca mucho más civilizadamente.



... Prusia

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1881. Jueves, 22 septiembre, 2011

Capítulo Milésimo octingentésimo octogésimo primero: "El porvenir de un hijo es siempre obra de su madre" (Napoleón Bonaparte, 1769-1821; emperador francés)

Haciéndome eco del pálpito de la opinión, creo prestar un servicio a la comunidad reflejando aquí la angustia de una madre que, hace muy poco y en sitio que no hace al caso, me confiaba sus profundas preocupaciones. "¿Hay -decía- todavía, realmente, buenos partidos?".

Miles de madres han enseñado sus hijas, paciente, abnegadamente, el arte de la cocina, la charla intrascendente y otras muchas habilidades (!algunas hasta el bordado!) con las miras puestas en los buenos partidos. Muchachos ejemplares y píos, aspirantes a ejecutivos encorbatados, borjamaris serios y formales, con sus papeles debajo del brazo y dispuestos a contraer matrimonio canónigo y a ser viriles cariátides de la sociedad y la familia.

Y este es el asunto: ¿existen esos chicos maravillosos? Muchas madres han criado con el esmero más exquisito a sus hijas y luego se han encontrado con un yerno con unas melenas hasta las ingles, apestando a petardo, a lo mejor, incluso ganándose la vida pintando cosas que nadie entiende o tocando guitarras de calambre en antros de perdición.

El problema se ha planteado en toda su crudeza en estos últimos tiempos en que todos los valores que sostenían nuestra civilización han comenzado a tambalearse peligrosamente. No hace falta describir el desencanto y la pena de estas madres amantísimas, su profunda desazón, su inexplicable inquietud.

Al menos, que sepan que sí, que compartimos su angustia. !Hombre ya!



... quimioterapia

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1714. Miércoles, 17 noviembre, 2010

Capítulo Milésimo septingentésimo decimocuarto: "Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace" (Jean Paul Sartre, 1905-1980; escritor francés)

Que no digo yo que prevenir no sea bueno, tampoco es eso. Pero cada vez me angustia (y este "angustia" es un decir para quedar bien porque la verdad es que me la trae al pairo) la angustia (ésta sí suele ser de verdad) de las madres empeñadas en acabar en urgencias cada vez que nota que el niño carraspea y las que, una vez allí, sólo les falta dale al mir de guardia la lista de todo lo que pudiera tener la criatura impresa directamente del google, en negrita y a doble espacio. Enfermedades tropicales incluidas.

Antes era todo más fácil. Daba igual que aparecieras en casa con un rasguño o con el ojo de la mano, la solución siempre estaba en un botiquín multiusos con forma (curiosamente) de caja de zapatos que concentraba, en sus tres productos estrella, el mejor servicio de urgencias de cualquier hospital: aspirinas, mercromina y agua oxigenada.

Y ahora que me acuerdo, tengo yo una frustación de por aquel entonces; por alguna extraña razón sólo unos pocos afortunados en el barrio llegaban a tener tiritas en las heridas, algo que yo siempre pedía y a lo que siempre me contestaban de la misma manera: "¿Tititas?, no, las tiritas se han acabado, toma un cacho de algodón y aprieta".



... mágica electricidad

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1613. Miércoles, 12 mayo, 2010

Capítulo Milésimo sexcentésimo decimotercero: “Cada paso que da el zorro le acerca más a la peletería. (Proverbio noruego)

A los que tenemos una cierta edad oficial (que no mental) nos enseñaron que no había mayor prueba de amor generoso y desinteresado entre dos personas que aquel que tenía como resultado la creación de una nueva vida. Vamos, que todo coiteo que se hiciera con otros fines y/o motivos ajenos a la reproducción no era más que era una aberración que traería como inevitable consecuencia arder entre las llamas del fuego eterno. Algo que, naturalmente, nadie cumplía… pero que solía acojonar bastante.

Por eso hoy quiero proponer como modelo de santidad por haber desempeñado tan egregia norma, al que fue último emperador jarifiano de Marruecos, Muley Ismail Es Semin, conocido por el sobrenombre de "el sediento de sangre" que, casado con más de ocho mil mujeres, llegó a tener 1.056 hijos, 700 de ellos varones.

¡Eso sí es amor del de verdad! Lo demás... pamplinas.



... sinceridad

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1053. Lunes, 15 octubre, 2007

Capítulo Milésimo quincuagésimo tercero: "La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, para provecho de gentes que si se conocen pero que no se masacran". (Paul Ambroise Valéry, 1871-1945; escritor francés)

Me envía un amable amigo, (¡qué menos que llamar "amigos" a aquellos capaces de leer cada mañana -y sin que nadie les ponga una pistola en la sien- estos despropósitos!), un enlace a cierta página en la que el autor de la misma relata una de esas historias que, sean verdad o no, bien podría servir para ilustrar la mala leche que se gasta el personal.

Aprovechando que es lunes y tengo tanto trabajo por hacer como pocas ganas de hacerlo, me permito copiarla tal cual. Merece la pena.
"Corría el pleno Renacimiento y las Repúblicas itálicas luchaban por el poder y el control del comercio. Cuenta la historia que en una de estas tediosas y prolongadas guerras, entre dos de las joyas de la Península, Florencia y Venecia, ambos bandos comenzaban a cansarse de la pelea. Tras mucho dialogar llegaron a uno de los más extraños acuerdos de paz jamás vistos: El triunfador del conflicto sería el bando que poseyera, en promedio, a los integrantes con el pene más grande. En esa misma reunión, un florentino, Poggio Bracciolini, dijo que sin duda alguna los venecianos serían los triunfadores. Como es lógico asumir sus compañeros estaban por saltarle encima para darle una lección, sin embargo Poggio muy rápidamente replicó:

Es evidente, que son los mejores dotados -refiriéndose a los venecianos-, puesto que su miembro viril posee tal longitud que llega a cubrir enormes distancias. ¿Cómo se explica de otra manera que, cuando pasan varios años a cientos de millas de su hogar a causa de sus viajes, encuentren a su retorno que son padres de dos y hasta tres criaturas?

Tras esto la guerra prosiguió su curso…"
Gracias D4rg4yle.

... el año de la confusión.

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1044. Lunes, 1 octubre, 2007

Capítulo Milésimo cuadragésimo cuarto: "Dos cerebros juntos producen la mitad de ideas que producirían cada uno por separado" (Ley de Chevin)

EE.UU. 1929

Érase un ciudadano que vivía al lado de una carretera donde vendía bocadillos. Era sordo y, por tanto, no escuchaba la radio. No veía muy bien y, en consecuencia no leía los periódicos.

Pero, eso sí, vendía buenos bocadillos y el negocio cada vez iba mejor. Quiso aprovechar la racha. Arrendó un trozo de terreno, levantó un gran letrero y empezó a pregonar su mercancía a pleno pulmón:

"!Compren deliciosos bocadillos calientes!"

Y la gente compraba.

Aumentó sus compras de buen pan y buena carne. Amplió su local para poder ocuparse mejor de todo y, tanto trabajo tenía, que mandó recado a su hijo para que regresara de la Universidad donde estudiaba Ciencias Empresariales y le ayudara.

Nada más llegar, su hijo le dijo:

"¡Papá ¿no escuchas la radio ni lees los periódicos? Estamos atravesando una gran depresión, la situación está francamente mal, no podría estar peor"

El padre pensó:

"Mi hijo estudia en la Universidad, Lee los periódicos y escucha la radio. Debe saber de lo que habla".

Así que empezó a comprar menos pan y menos carne, desmontó el letrero, dejó el arrendamiento del terreno para eliminar gastos y no pregonaba sus bocadillos.

Y sus ventas disminuyeron de día en día.

"Tenías razón" -le dijo al muchacho- "!estamos en una gran crisis!"

No he terminado de pillarlo. A ver. ¿La moraleja de la historia es explicarnos lo malo que es tener un hijo que estudie empresariales o, directamente, la ruina que supone para cualquier economía familiar tener hijos, así, en general?

Los lunes ando un poco perdido yo.

... sesión de maquillaje.

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