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1578. Lunes, 15 marzo, 2010

Capítulo Milésimo quingentésimo septuagésimo octavo: “Los buenos ratos hay que fabricarlos, porque los malos, llegan solos”. (Proverbio italiano)

La vida, la buena vida porque no hay otra, consiste en que el hombre y la mujer sientan. Los sentimientos nos distinguen de los robots. La vida consiste en beber -y eso lo dice un abstemio crónico- una copa de vino y saborearla. Aplastar el paladar con la lengua y sacar los jugos del vino tras una raspa de pata negra. Y charlar con un grupo de buenos conversadores, conocidos, íntimos o no. La vida consiste en viajar y descubrir sitios nuevos, con nuevas gentes que aportan cosas diferentes a nuestras andaduras terrenales. La vida es consumirla con profundas caladas, a sabiendas de su corto metraje, porque la vida es nadar a favor y en contra de la corriente, pero nunca dejar que ésta te arrastre. La vida es comerse una fabada y digerirla bajo la sombra de un árbol. La vida es un, dos, quince o veinte tragos de ron mientras juegas la partida rodeado de amigotes. La vida, la buena vida, es amar con todo, a cuantos más mejor y a pelo, sin parapetos, con entrega total. La vida es café, cigarro, hamburguesa, caviar, mortadela, agua, ginebra, sol y sombra. Agua después del esfuerzo y vino para el rato de antes. Hamburguesa para salir del paso y seguir viviendo y caviar para detener el tiempo y que la vida. Sol para ponerte guapo y sombra para enseñar la belleza.

La vida es, también, ir al médico para reparar lo estropeado y sacarte una muela cuando duele sin otro mejor remedio. Y la vida es el abrazo que le das, apretando, a un amigo que se va lejos y promete volver. La vida de un niño es tirarse piedras, hacerse cosquillas, compartir y hasta escupirse, porque sin esto no es vida de niños sino de muermos. La vida es sudar cuando bailas y que haya otro bien cerca que sude como tú. La vida es botellón, calma y darse la paz, como hermanos o para guardar las apariencias. La vida es un chuletón y unos huevos fritos con farinato. Pero esto también es colesterol y con colesterol dicen que no hay vida, como no la hay con humos, ni con alcohol, ni con velocidad. Tampoco hay vida, dicen, si te gustan las patatas fritas y las pizzas, aunque sea uno de los ratos buenos de la vida.

El caso es que lo que nos parece buena vida mata y ya nadie aconseja la buena vida, sino una vida light que a mi no me parece vida. Los médicos dicen que hay que hacer deporte, pero con moderación. Que hay que comer de todo, pero con mesura. Que fumar un par de cigarrillos es permisible, pero nunca un paquete diario. Los médicos dicen el vino es bueno si te bebes una copita, si te gusta y caen tres ya perjudica al hígado. Y hasta con la disculpa de la gripe A ahora van los médicos y nos educan para no besar, para no dar, para dejar todos los afectos en un simple hola.

Los médicos se empeñan en alargarnos esta estancia terrenal pero también en cortarnos de raíz todo lo que nos parece vida. Nos acostumbramos a follar con preservativo para no morir de sida, pero saludar siempre con guantes será demasiado y si esta vida ya no se parece a la buena vida... será supervivencia. Y en la supervivencia todo vale.

Pinta mal. De todas las formas yo sigo prefiriendo besar a decir un triste hola. Incluso si, como hoy, es lunes.



... humo

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1344. Martes, 10 febrero, 2009

Capítulo Milésimo tricentésimo cuadragésimo cuarto: "Los únicos que están siempre de vuelta son los que no han ido nunca a ninguna parte". Antonio Machado,1875-1939; poeta español)

Parece que este es uno de esos momentos en que la gente se encuentra más cerca de la claudicación que del empeño. Da la impresión de que se sienten desamparados y buscan protección. Hasta los más optimistas confirman que esa sensación de pesadumbre se extiende más allá de algo coyuntural. Todo parece indicar que el mundo se encuentra sobrepasado, hundido, sin alma. El malestar es global. “Es difícil no caer cuando todo cae”, decía Machado. Luchar por superar el desánimo que nos rodea requiere mucho esfuerzo. Establecer las propias reglas es muy trabajoso. Hay gente que prefiere entregarse a la desidia, seguir y obedecer a otro para echarle la culpa de sus fracasos. La mayor prioridad en estos tiempos debería ser encontrar personas, motivos y argumentos que nos den ánimos. Las ganas de vivir, de luchar, de salir adelante son contagiosas; hasta me atrevería a decir que la inteligencia para hacerlo también lo es. Total, ya que nos cuesta lo mismo ver las cosas medio llenas que medio vacías, será cuestión de mirar el lado bueno.

Por eso, y a pesar de todo, adelante. En peores garitas hemos hecho guardia, !qué leches!

... la máquina que habla

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1254. Jueves, 18 septiembre, 2008

Capítulo Milésimo ducentésimo quincuagésimo cuarto: “Raramente pensamos en lo que tenemos sino siempre en lo que nos falta” (Arthur Schopenhauer, 1788-1860; filósofo alemán)

Número arriba, número abajo, aproximadamente un noventa por ciento de las cosas de nuestras vidas están bien y un diez por ciento mal. Si queremos estar moderadamente a gusto, todo lo que debemos hacer es concentrarnos en el noventa por ciento que está bien y pasar por alto el diez por ciento restante.

En cambio, si queremos estar preocupados, amargados y acabar enganchados a la raditidina para que la úlcera de estómago sólo pueda jorobarnos en los momentos más inoportunos, todo lo que debemos de hacer es concentrarnos en el diez por ciento que está mal y pasar de todo lo demás.

Vale, que sí, que el método lo sabemos todos, pero ¿algún charlatán de la autoayuda puede dejar de decirnos lo evidente e intentar contarnos cómo coño podemos conseguir semejante obviedad?

... escribir más fácil

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1154. Miércoles, 2 abril, 2008

Capítulo Milésimo centésimo quincuagésimo cuarto: “Puritano: persona que jamás aceptará la idea de que la nacer ya se encontraba en la cama con una señora” (Proverbio macedonio)

¿Por qué se empeñan siempre en presentar a los recién nacidos como unos pequeños seres indefensos? Proporciónese a cualquiera de ellos un hogar propio y nos daremos cuenta de que es el ser menos indefenso de todos lo que habiten en la casa. Todo lo que necesitará para satisfacer sus caprichos es que se preocupen un poco de él. Si esto no ocurre, lanza un leve quejido, y si pasa del quejido a la rabieta, tendrá a toda la familia en vilo durante varios días.

No puede andar, ni hablar y tampoco alimentarse o bañarse por sus propios medios, pero hasta en eso tiene suerte. No puede andar, desde luego; pero sí, en cambio, permanecer echado en la cama todo el santo día, dando patadas al aire, algo que ya nos gustaría a muchos. Tampoco puede hablar, pero esto le evita contestara a tantas preguntas estúpidas que nos hacen a los demás cada día, discutir sobre política o fútbol o tener que aguantar por cortesía a cualquier pelmazo empeñado en contarle su vida. Y si tuviese que soportar esto último, siempre tendría la posibilidad de volverse de espaldas y dormirse, algo que ninguna persona, por muy educada que fuera, reprobaría.

No tiene que preocuparse de qué ropa se tiene que poner cada mañana o de qué es lo que va a comer. Nadie pondría ningún gesto raro si prefiriera estar desnudo y si no le gusta la comida que le dan puede, con toda confianza, escupirla, lanzarla, vomitarla o simplemente rechazarla sin importarle la persona que esté presente.

Al terminar de comer le está permitido eructar a todo pulmón, ganándose los aplausos de los que, apenas un par de años después, le recriminaran esa misma acción. Igual que le criticarán las formas y los modales que use para comer pero hasta entonces todos se quedarán embobados si decide comer de la forma que sea.

Si luego se convierte en un hombre guapo, rico, bueno o triunfador, no faltará quien lo envidie; pero si por el contrario fuera feo, pobre, miserable o fracasado, le darían todos de lado. Ahora, quizá por última vez en su vida, los poetas le lanzan sus elogios, las señoras mayores lo acarician, todos lo adoran y todos lo miman. Es, sea como sea, el blanco de todos los piropos.

Lejos de representar ese ser indefenso que nos venden, un recién nacido es el único ente que puede utilizar el mundo como una palanca para satisfacer todos sus deseos. Y el mundo tan contento. Por algo ocho de cada diez pediatras confiesan que si volvieran a nacer les gustaría ser un recién nacido para siempre.

... la hoguera de las vanidades.

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1044. Lunes, 1 octubre, 2007

Capítulo Milésimo cuadragésimo cuarto: "Dos cerebros juntos producen la mitad de ideas que producirían cada uno por separado" (Ley de Chevin)

EE.UU. 1929

Érase un ciudadano que vivía al lado de una carretera donde vendía bocadillos. Era sordo y, por tanto, no escuchaba la radio. No veía muy bien y, en consecuencia no leía los periódicos.

Pero, eso sí, vendía buenos bocadillos y el negocio cada vez iba mejor. Quiso aprovechar la racha. Arrendó un trozo de terreno, levantó un gran letrero y empezó a pregonar su mercancía a pleno pulmón:

"!Compren deliciosos bocadillos calientes!"

Y la gente compraba.

Aumentó sus compras de buen pan y buena carne. Amplió su local para poder ocuparse mejor de todo y, tanto trabajo tenía, que mandó recado a su hijo para que regresara de la Universidad donde estudiaba Ciencias Empresariales y le ayudara.

Nada más llegar, su hijo le dijo:

"¡Papá ¿no escuchas la radio ni lees los periódicos? Estamos atravesando una gran depresión, la situación está francamente mal, no podría estar peor"

El padre pensó:

"Mi hijo estudia en la Universidad, Lee los periódicos y escucha la radio. Debe saber de lo que habla".

Así que empezó a comprar menos pan y menos carne, desmontó el letrero, dejó el arrendamiento del terreno para eliminar gastos y no pregonaba sus bocadillos.

Y sus ventas disminuyeron de día en día.

"Tenías razón" -le dijo al muchacho- "!estamos en una gran crisis!"

No he terminado de pillarlo. A ver. ¿La moraleja de la historia es explicarnos lo malo que es tener un hijo que estudie empresariales o, directamente, la ruina que supone para cualquier economía familiar tener hijos, así, en general?

Los lunes ando un poco perdido yo.

... sesión de maquillaje.

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1035. Martes, 18 septiembre, 2007

Capítulo Milésimo trigésimo quinto: "De aquel que opina que el dinero puede hacerlo todo, cabe sospechar con fundamento que será capaz de hacer cualquier cosa por dinero". (Benjamín Franklin, 1706 - 1790, político, científico e inventor estadounidense).


Bien. Está claro. Ahora que sabemos lo que cuesta que seamos felices, que es lo que se supone que quieren los que nos mandan, ya no tienen disculpa. Que dejen de dar la tabarra con milongas de quesos robados, suerte que no existe porque la llevas tú dentro y de que si quieres puedes. Que se pongan manos a la obra ya. No necesitamos autoyudas para ser felices, necesitamos 3.640.000 euros. Mínimo.

... pulpos inteligentes.

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