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1921. Viernes, 18 noviembre, 2011

Capítulo Milésimo noningentésimo vigésimo primero: “Relaciones a distancia, felices los cuatro” (Proverbio colombiano)

Siempre está bien aprender de nuestros antepasados, especialmente cuando sus costumbres, además de sanas, pueden ayudarnos a salir del antro de perversión e inmoralidad en el que estamos sumidos.

De los celtas, por ejemplo, un pueblo antepasado de (casi) todos nosotros que en sus leyes disfrutaba de distintos tipos de matrimonio establecidos de acuerdo con la clase social y la situación económica, (y no como ahora, que está tan casado un funcionarioautonómico como una cajera del carrefour). Si la mujer –por lo general buenorra (aunque para gustos colores)- no aportaba al himeneo ninguna dote, aparte de sus encantos naturales, el matrimonio se celebraba por un año, de mayo a mayo (no fuera que los encantosnaturales no dieran más de sí), pudiendo el marido –por lo general de posibles-, una vez transcurrido dicho plazo, tomar otra esposa, llamada temporera, menos agraciada que la primera pero de condición más elevada, es decir, con una dote más sustanciosa, y que tenía derecho a disfrutar del marido a cambio de compartir la susodicha dote con él; mientras, la primera esposa era despedida con un suculento finiquito para, usando la pequeña fortuna obtenida, reciclarse como nueva temporera. Y sí, para los más susceptibles, cuando la riqueza la aportaba la mujer, era el marido pobre quien asumía la condición de temporero.

Todo un ejemplo en la redistribución de la riqueza… aunque –y nunca llueve a gusto de todos- algunos íbamos a sentirnos discriminados. Claro que ¿cuándo hemos importado los feos ¡y encima! pobres? Pues eso.

Hasta el lunes pues.



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1889. Jueves, 29 septiembre, 2011

Capítulo Milésimo octingentésimo octogésimo noveno: " Se bebe un litro de ginebra y arde súbitamente al tomar el sol más tarde en una piscina de un hotel de Córdoba” (resumen de agencias)

Ahora que el español, según las estadísticas, ha crecido unos centímetros en su talla media se puede hablar un poco más claro. Como se sabe, el español ha sido de toda la vida bajito, moreno, de pescuezo tirando a gordo y de cinturón abrochado en el último agujero. Puede parecer que son detalles sin importancia, pero el tipo y la estatura de un hombre lleva aparejado virtudes y pecados específicos, ése es un asunto que los saben muy bien los filósofos y los psicólogos (con perdón). Un hombre bajito y moreno suele pegar navajazos a la mujer adúltera, robar gallinas, atacar con la hoz al vecino por cuestiones de lindes, tirar a un pozo al usurero, soltar recias blasfemias y, en general, cometer delitos previstos en el Código de los que necesitan lavar sangre de la blusa en el rio.

Hasta hace nada, en este país de sol, con paisanos morenos y bajitos, los bufetes de los abogados estaban llenos de tíos con boina y problemas. Pero todo ha cambiado. El español ha crecido, ha estilizado la tripa; se le ha suavizado el rizo negro y ha tomado incluso cierto garbo en la caída de paletillas. Y nada es igual. Aquí ya no se trabaja el crimen pasional, eso sería como llevar camiseta imperio y gorra a cuadros; ya no se roban pollinos y se les pinta de cebras para camuflarlo; ya no se mantiene a una querida fija con sueldo para la compra. Ahora se trabaja la trampa legal, el boicot porque ese tío me cae gordo, el timo de la inmobiliaria y las dietas para las juergas a cuenta del balance de la empresa o, con un poco de suerte, de la consejería que subvenciona a la empresa.

El español se ha estirado y ya peca mucho más civilizadamente.



... Prusia

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1346. Jueves, 12 febrero, 2009

Capítulo Milésimo tricentésimo cuadragésimo sexto: "Con tal que se tenga una pocilga, se encontrarán cerdos” (Proverbio celta)

Aunque pueda parecer lo contrario después de echar una miradita al parecido entre los hijos de tribus vecinas -que bien pudiera ser circunstancial-, los celtas, antepasados de casi todos nosotros, eran relativamente monógamos.

Una monogamia que tenía su truco.

Los celtas disfrutaban de distintos tipos de matrimonio, de acuerdo con su clase social y su situación económica; no como ahora, que está tan casado un funcionario autonómico como una cajera del Carrefour. Cuando la mujer no aportaba ninguna dote, aparte de sus encantos naturales, el matrimonio se celebraba por un año, de mayo a mayo (no fuera que los encantos naturales no dieran más de sí) pudiendo el marido tomar simultáneamente otra esposa, llamada temporera, menos agraciada que la primera pero de condición más elevada, es decir, con una dote más sustanciosa. Y sí, para los más susceptibles, cuando la riqueza la aportaba la mujer, era el marido pobre quien asumía la condición de temporero.

Nunca como entonces han sabido los ricos sacar tanto partido a su riqueza sin salirse de las normas, y nunca unas normas estuvieron tan bien planteadas por estos lares.

... esposas indiscretas

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