1085. Viernes, 30 noviembre, 2007

Capítulo Milésimo octogésimo quinto: "¿Qué el sexo prematrimonial es pecado?... Pero no existe sexo prematrimonial si no tienes intenciones de casarte". (Alberto J. 18 años, estudiante)

Último día de Noviembre. Hoy tengo prisa. De hecho ya he venido a toda velocidad.

Pero no quería yo que se perdiera esa costumbre que tenemos (casi) todos los viernes de hablar de sexo.

Por eso, y aprovechando la concentración que logro en cuanto me monto en el transporte público para venir a trabajar.

He pensado que podía ventilar el tema con algún video porno. Un video al que no le faltaría su famoso desnudo para que nadie pudiera decir que no tiene clase..

Aunque sin olvidar, por supuesto, las inevitables tetas para atraer visitas.

Pero claro, luego he pensado que este es un blog familiar. Y que bastante revueltas están las cosas en los colegios como para alterar más al personal


Por lo que me he decidido a ponerlo pero en su versión de arte y ensayo. Una versión -en blanco y negro por supuesto-, mucho más sutil y en la que a falta de imágenes explicitas, tendrá que ser la imaginación de cada lector quien saque sus propias conclusiones sobre lo que se intuye.


Hasta diciembre. Hasta el lunes.


... más "historias extra-ordinarias" todo el fin de semana.

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1084. Jueves, 29 noviembre, 2007

Capítulo Milésimo octogésimo cuarto: "Huid de escenarios, púlpitos, plataformas y pedestales. Nunca perdáis contacto con el suelo; porque sólo así tendréis una idea aproximada de vuestra estatura. Antonio Machado, 1875-1939; escritor español

En la antigua cultura china, la vagina se considera un melocotón y sus líquidos, el fluido de la inmortalidad. Para alcanzar la salud y la vida eterna, y mientras la mujer le practica una felación. Su pareja succionará los fluidos de ella, los mezclará con su saliva 36 veces y los tragará en tres veces a partes iguales.

Visto el resultado, es obvio que nadie lo ha hecho de forma correcta. A ver si ponemos un poco más de cuidado.

... guiris.

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1083. Miércoles, 28 noviembre, 2007

Capítulo Milésimo octogésimo tercero: "La mujer que no tiene suerte con los hombres, no sabe la suerte que tiene". (Petra H., 54 años; soltera con suerte)

Pongamos que -al menos el primer mes- siempre sea él quien invite a las cenas y a las copas. Pongamos que- al menos el primer mes- no haya todavía escapadas románticas de fin de semana a algún hotelito rural de esos que te cobran un riñón por escuchar toda la noche una sinfonía de ladridos y mugidos. Pongamos, que es mucho poner tal y como está la cosa económica, que -al menos el primer mes- él pague el cine, el teatro y las entradas al concierto de El canto del loco. Pongamos. Bueno, pues aún así, tener novio el primer mes le sale por un ojo de la cara a cualquier mujer. Y sin embargo la mayoría erre que erre empeñadas en echárselo. A toda costa.

Sin entrar en mucho detalles, calculemos. Imprescindible durante el primer mes invitarlo alguna vez a casa. Cuando están solas, a las mujeres no les importa que se vean las quemaduras de cigarro en el sofá (incluso presumen de tenerlas delante de sus amigas), o que el único adorno de la mesa sean los ¡holas! atrasados. Pero cuando él va a aparecer algo se apodera de ellas y comienzan a volverse locas poniendo fundas, velas o flores por todos los rincones. Tirando por lo bajo -y sin contar el viaje al Ikea- sumemos los primeros 40 euros.

Por fin llega. Una larga tarde en el sofá con él antes de salir a cenar incluirá, además de caricias y mimos (que son gratis), algo para picar y alguna que otra botellita de vino para animarse. Entre el paté, los pistachos y el rioja pongamos otros 30 euros.

Durante las primeras citas ellas quieren estar irresistibles y, por supuesto, nada de lo que tienen en el armario les sirve ya. Un vestido nuevo -aunque sea de Zara-, un bolso a juego, el cinturón del mismo color.. la lista puede ser interminable. Sumemos, por lo bajo, 120 euros más.

Aparte por imprescindibles: un par de zapatos. La relación zapatos-mujeres es algo que se escapa a cualquier lógica. Y a la mía más. Dejémoslo en pensar que para ellas gastarse 100 euros en un par es toda una ganga. Suma y sigue.

La factura del teléfono. Las estadísticas dicen que durante el primer mes es ella la que llama a él y habla una media de 30 minutos, a lo que habría que sumar las que realizará a sus amigas para contarle lo maravilloso que es él chico de su vida y el coste de los 200 mensajes cortos que, según los estudios, mandan de media. 90 euros más.

Los caprichos para él. Cualquier mujer, a diferencia de casi cualquier hombre, considerará muy importante tener pequeños detalles hacia su recién estrenado novio: comprarle revistas que ella sólo miraría si hubiera fotos de los jugadores en los vestuarios, el último cd de la Shakira.. que a él parece gustar ya que se queda sin pestañear cuando sale por la televisión (incluso cuando no canta), una crema de afeitar que huele a lavanda (y no como la que usa ahora que no huele a nada), una camiseta de marca con el escudo de su equipo de fútbol, o un peluche vestido de Fernando Alonso relleno de bombones. Sirve cualquier gilipollez. Las estadísticas dicen que las mujeres compran durante el primer mes de relación una media de cinco regalos sólo para él. Pongamos otros 180 euros. Ya serán más.

Por supuesto que una no se levanta cada mañana como si fuera modelo de ropa interior. Restaurarse cuesta, y las primeras citas son una buena ocasión -disculpa- para comprobar que esas cremas tan caras que anuncian en las revistas son, de verdad, tan efectivas como dicen. Una situación así bien merece un esfuerzo. Perfumes, maquillajes, depilaciones, cremas. El pellizco más grande para que él lo disfrute. Incluso echando mano del Juteco la cosa difícilmente bajará de los 200 euros.

Ropa interior. Como los zapatos, un capítulo aparte, otro insondable misterio en el que la frase "menos es más" adquiere todo su significado. Cuanta menos tela tenga el tanga más caro será. Sin olvidar que la seda y las puntillas cotizan al alza. Sumemos 80 euros.

Condones. Estamos en las primeras citas, imprescindibles los preservativos. Por supuesto que este apartado debe de correr a cuenta de él, pero es obligatorio que ellas también tengan una caja a mano ante posibles emergencias por aquello de los olvidos. En principio, y antes de comprobar su grado de despiste, podría bastar con una caja. 6 euros.

Total: 846 euros. Tirando por lo bajo y dejando que sea él el que corra con la parte más importante. ¿De verdad que les puede compensar gastarse en un mes casi 150.000 pesetas por tener un tío al lado?

Es más, incluso teniendo ese capricho, y a pesar de que todos conocemos la dificultad que tienen las mujeres en comprender la verdad absoluta que en estas cuestiones representa "en la variedad está el gusto", ¿no sería mucho mejor emplear ese dinero en alquilar unos cuantos?

Es una idea. Sólo.

... sombrereros locos.

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1082. Martes, 27 noviembre, 2007

Capítulo Milésimo octogésimo segundo: "Un necio no es más que fastidioso; pero un pedante es insoportable". (Napoleón Bonaparte, 1769-1821; militar y estadista francés).

Nueva entrega de peluche práctico con vistas a las navidades. Hoy: cómo quedar bien delante de los presuntos entendidos en vinos ahora que son legión.

Ante todo, calma. Esto es como no saber inglés: lo importante es poner cara de que se entiende. Aprende estas dos palabras: regusto y añada. Ellos hablarán de ellas. Si surgen otras no hay que preocuparse: se pone la misma cara y se utiliza el mismo tono, siempre sonriendo y mirándolos a la cara como con complicidad, (para lo que se recomienda ensayar delante de un espejo).

Será conveniente hablar siempre en general, pero con sentimiento, introduciendo en cualquier caso estas dos frases en la conversación: "creo que sus taninos -el uso del término tanino es fundamental- están bastante equilibrados, sabrosos y bien estructurados" y "su color cereza recuerda aromas de frutas maduras, pasas y toques florales, con una correcta composición, buena madera, tabaco y medianamente especiado que ganará con el tiempo." Habrá que aprenderlas de memoria y no hay que preocuparse si luego salen mezcladas .

Si la cosa se complica y nos dejan a solas de esos capaces de llamar caldo a algo más que al líquido que resulta de cocer un pollo, bastará con mover un poco la copa, mojarse los labios muy lentamente, hacer una larga pausa y soltar de corrido: "pues en boca parece cremoso, de buena acidez, fresco, frutal y cítrico agradable con un final sabroso lleno de complejos matices", recordando siempre que aquí lo importante no son las palabras sino la actitud, cuanto más lánguida sea la mirada y más perdida parezca, mas posibilidades hay de triunfar en el apasionante mundo de la estupidez humana.

... no todo el monte es orégano.

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1081. Lunes, 26 noviembre, 2007

Capítulo Milésimo octogésimo primero: "He estado percibiendo la fuerza de la gravedad desde que era una niña" (Cameron Diaz, 1972; actriz estadounidense)

La mayoría de los prospectos, manuales de instrucciones, normas de funcionamiento e informaciones varias que traen casi todos los productos en su interior, parece que están destinados sólo para gente con aspiraciones al Nóbel. Sin embargo las etiquetas que suele haber impresas en la caja por fuera suelen ser a prueba de bobos. Normal, antes de comprar algo uno sólo lee lo que pone en la caja. Y los bobos somos más.

El caso es que hay unos señores abogados americanos que han formado una asociación, la Michigan Lawsuit Abuse Watchpara, con el fin de elegir a las etiquetas más ridículas. Las aspirantes han sido tantas que la cosa no ha sido precisamente fácil.

Entre los ganadores la leyenda "no utilizar para higiene dental" impresa en un cepillo para el pelo; un envase de pastillas para dormir con la advertencia "puede producir somnolencia" o un monopatín cuya etiqueta apunta: "este producto se mueve cuando se utiliza".

Otro de los finalistas fue el texto de un cochecito de bebé que anunciaba: "Quite al niño antes de plegarlo" o el que figura en un paquete de velas de cumpleaños: "No utilizar como hisopos en el oído ni para cualquier función que implique la inserción en una cavidad del cuerpo".

... como si uno se fuera a meter velas de cumpleaños habiendo extintores.

¡Huy!, la última frase era sólo un pensamiento privado que -por alguna extraña razón- se ha materializado en el blog. Se ruega encarecidamente no leer.

... pitonisas.

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1080. Viernes, 23 noviembre, 2007

Capítulo Milésimo octogésimo: Sea solidario... masturbe un manco (Esteban L. 1954; jugador de balonmano y socio fundador de la o.n.g mancos sin fronteras).

En Tamil Nadu, un territorio de la India meridional, las mujeres practican la poliandria. O lo que es lo mismo, cada mujer casada, además de un marido "oficial", puede disfrutar con todas las bendiciones de los favores de tantos amantes como desee. O pueda.

Vamos, igual que en cualquier otra parte del mundo pero con la ventaja de que -por aquello de una cuestión social- (muy bien vista por todos los habitantes de la región), las señoras se evitan dar explicaciones a sus maridos y/o a las habituales e inevitables vecinas cotillas.

Globalización cultural para todos. Ya.

... más "historias extra-ordinarias" todo el fin de semana.

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1079. Jueves, 22 noviembre, 2007

Capítulo Milésimo septuagésimo noveno: "Me llamo Lester Burnham. Este es mi barrio. Esta es mi calle. Esta es mi vida. Tengo 42 años. En menos de un año habré muerto, claro que eso no lo sé aún. Y en cierto modo, ya estoy muerto. Aquí me tienen, cascándomela en la ducha. Para mí el mejor momento del día. A partir de aquí, todo va a peor". (Kevin Spacey en "American Beauty")

Llevamos varios días de esta semana reivindicando nuestro derecho a ser vagos sin que nadie de los que pudieran (o pudiesen) poner los medios para que ejerzamos de tales se de por aludido y, en aras de nuestros sagrados derechos, solucione de alguna manera nuestra lamentable situación. Pues ya está bien. Basta de quejarse. Pongámonos manos a la obra. Ataquemos el trabajo desde su mismo centro. Hoy, en peluche practico, algunas ideas para inutilizar esa sala de torturas al que llaman lugar de trabajo. Muerto el perro se acabó la rabia.

- Opción una: inutilización del espacio laboral por asesinato de algún compañero de trabajo.

Nuestra zona de trabajo pasaría a convertirse automáticamente en el escenario de un crimen y, por lo tanto, no apto para laborar (por aquello de no destruir las pruebas, uno ve la tele). Es sólo recomendable en casos muy especiales y no ya sólo por los daños colaterales que pudiera traer (parece que hasta es causa justificada de despido.. con lo que te quedas sin cobrar el paro), sino porque parece que aún alegando defensa propia nadie te va a librar de que acabes fichado y con hasta antecedentes, algo que complicará bastante la búsqueda de otro trabajo. Por eso, y aunque es la opción más apetecible (matas dos pájaros de un tiro) conviene pensársela dos veces.



- Opción dos: inutilización del espacio laboral por su transformación en retrete.

Visto la cantidad de veces que los compañeros (y sobre todo compañeras) lo visitan durante el horario laboral, tienes asegurado el trajín suficiente como para no tener que desarrollar actividad laboral alguna y, encima, echarle la culpa a los demás. Un consejo: no es mala idea poner pequeñas pastillas de jabón, botecitos de champú o cualquier otro pequeño accesorio que pudiera atraer a la clientela. Los que mangamos en los hoteles pueden darnos un buen juego.






- Opción tres: inutilización del espacio laboral por la aparición inesperada de una plaga de animales.

Pocas cosas podrán servir mejor de disculpa para no entrar al espacio maldito que la invasión del mismo por una plaga de bichos. Contaremos además con dos opciones, si en la empresa hay algún peñazo (de esos que sólo dejan de hablar de su amor a la naturaleza cuando te cuentan los viajes que hacen en su cuatro por cuatro para meterse entre pecho y espalda un cordero lechal como Dios manda), bastará con soltar oportunamente algunos bichos normales y esperar; ya se encargará él de defenderlos a grito pelado ante la muy probable idea de todos los demás de lincharlos allí mismo, mediante certeros pisotones.






Si por el contrario, lo más ecologista que hay en toda la oficina es la talludita casadera que trabaja en contabilidad porque planta perejil en el tiesto de la ventana de la cocina, lo mejor será simular más que la plaga como tal, sus consecuencias. Un ejemplo grafico ilustrará a la perfección el meollo de la cuestión.



- Opción cuatro: inutilización del espacio laboral por una tuninización del mismo.

Es una de las formas que nos llevará más trabajo, aunque también es de las baratas. Para realizarlo nos puede servir cualquier material, eso sí, antes de elegirlo conviene hacer un exhaustivo estudio que nos informe sobre cuál va a ser el que mejor se ajustará a nuestras posibilidades. Las opciones van a ser tantas y tan variadas que se hace imprescindible determinar pros y contras de cada uno de los casos caso de forma completamente individualizada.

Por ejemplo, si estamos un sitio en el que el material es de libre disposición bastará con echar mano a lo que tengamos alrededor y así no hay que irse más lejos. Unos cuantos de post-it estratégicamente distribuidos no sólo conseguirán nuestro objetivo sino que, además, darán una apariencia de una actividad frenética que ayudará a cuidar la imagen. Un consejo: aunque esta especie de mocos que se van pegando por todos los lados ya hace tiempo que dejaron de ser sólo amarillos, es conveniente ponerlos todos del mismo color ante el riesgo de que alguno piense que te dispones a celebrar una fiesta de cumpleaños y se te presente a gorronear. Bien es verdad que el efecto inutilización sería el mismo, pero la buena imagen de frenética actividad caería en picado.






Si trabajamos en sitios con jefes a los que les gusta más figurar que a un tonto un lápiz, podemos inclinarnos por el culto a la personalidad. A partir de una foto de él, haremos las fotocopias hagan falta y las distribuiremos de la mejor manera posible de forma que nos cubran todo el espacio. Aparte de cumplir nuestra misión inutilizando el asunto, daremos a entender al jefe lo mucho que lo queremos, apreciamos y respetamos. De todas formas hay que tener cuidado, aunque parezca una solución sencilla, hay que tener mucho tacto a la hora de decidirse por este método ya que presenta varios inconvenientes, el primero es una nimiedad pero hay que tenerla en cuenta: te ganarás la antipatía del resto del personal que pasará a catalogarte como pelota. Pero puede tener otro añadido, y éste sí sería ya muy peligroso, no es descabellado pensar que, en vista de las cualidades que te adornan a los ojos del prócer , acabes siendo propuesto para algún tipo de ascenso. Y eso ya son palabras mayores.



Una opción más elegante, aunque bastante más cara, es usar un plástico fino de ese con el envolvemos el chopped. Presenta la ventaja del menor trabajo, ya este material se queda pegado, sin el menor esfuerzo, a cualquier superficie; pero a no ser que seas aficionado a realizar momificaciones en tus pasatiempos sexuales y uses el que te sobre después de una sesión, no acaba de compensar la relación estética-precio.



Aunque perdamos en el plano artístico, el mismo resultado nos va a dar el uso de papel de periódico. Bastará pasarse por un contenedor y arramplar unos cuantos para, a continuación, cubrir toda la superficie laboral que podamos. Presenta un grave inconveniente: el trabajo que nos llevará hacerlo, pero el resultado puede merecer la pena, sobre todo si, una vez que hemos terminado, le pasamos a toda la superficie una manita de cola blanca, cola que endurecerá el conjunto y hará que el resultado de nuestro esfuerzo sea lo suficientemente duradero como para amortizar la inversión energética que hemos hecho.






Una variante de esta opción, muy acorde con la época que se avecina, es usar los papeles de los regalos que vayamos recibiendo. Presenta casi los mismo inconvenientes y ventajas que el papel de periódico pero con muchas posibilidades de mejorar el resultado estético final. Muy importante: antes de inclinarse por ella conviene sopesar la cantidad de papel que podamos recibir y, sobre todo, que los motivos que lo adornen no sean excesivamente navideños. Hay que partir de la base de que nos tiene que durar y no es muy considerado que la última imagen laboral que te quede antes de irte a la playa en agosto sea un Papa Noel volando en trineo.



- Y nos queda una quinta opción: inutilización de espacio laboral por alteración de los elementos comprendidos en el propio espacio.

Aquí la imaginación jugará un papel importante ya que al tener que actuar sobre el contenido y no sobre el continente las opciones pueden ser inmensas. Por eso conviene no abarcar mucho y centrarse en inutilizar aquellos objetos considerados clave. Una buena opción, por ejemplo, sería actuar sobre el teclado del ordenador, algo que, evidentemente, inutilizaría todo el equipo. Es verdad que precisamente el teclado es, con diferencia, la pieza que menos falla en el cacharro (sobre todo si estás deseando que falle), pero siempre hay soluciones más o menos creativas para que eso ocurra sin que se note mucho y, lo que es más importante, sin que puedan demostrar que tú has sido la causa.



Dentro de este punto existe una alternativa que no me gustaría dejar pasar a pesar de que va a ser polémica. Se trataría de cambiar todo el material laboral que tenga algún valor por otro de similares características pero completamente inútil. Me explico, bastaría con sustituir -y es sólo un ejemplo- la pantalla del ordenador por otra del mismo tamaño y misma marca pero hecha de cartón. Pasados unos días haríamos lo mismo con la cpu y así sucesivamente hasta reemplazar todo lo que consideremos importante. Esta opción, por sus especiales características, (algunos mal pensados podrían opinar que al llevarte a casa el ordenador de la oficina estás robando), sólo es recomendable que la pongan en marcha aquellos que desarrollen su función como funcionarios de la cosas pública y/o similares. Y no sólo por aquello de que lo público es de todos, todos lo pagamos y yo quiero mi parte, sino, sobre todo, porque nadie va a saber nunca -ni manera de hacerlo- si el ordenador-caja era o no el que vino de serie cuando transfirieron las competencias y se empeñaron en comprar todo el material de oficina deprisa y corriendo para que el nuevo y flamante señor consejero (y señora) se pudieran hacer las fotos mientras alardeaban de cómo las nuevas tecnologías que hoy tenemos el inmenso placer de inaugurar, constituyen, sin duda, el mejor reclamo para demostrar el enorme interés que las instituciones públicas tienen por mejorar la vida de nuestros ciudadanos, únicos beneficiados del esfuerzo inversor que estamos realizando. Amen.



Sé que algunas propuestas son un poco desesperadas y que bastantes necesitan demasiado trabajo para llevarlas a cabo -precisamente lo que pretendemos evitar-, pero estamos llegando a un punto en el que no nos queda más remedio que pasar a la acción.

Es, simplemente, autodefensa

... la mano a la cartera.

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1078. Miércoles, 21 noviembre, 2007

Capítulo Milésimo septuagésimo octavo: "El único que puede decirte que no puedes hacer algo eres tú mismo. Y no necesariamente tienes que escucharte" (slogan de un anuncio de zapatillas)

Ya sé que normalmente es al revés: en cuestiones domésticas (como en la mayoría de cuestiones) el patoso suele ser el hombre, mientras la mujer -mucho más desenvuelta- es la que acaba sacándole las castañas del fuego.

Pero ¿qué podría pasar cuando la patosa es ella -que alguna ahí- y la cabeza pensante de la pareja es él -que alguno ahí- ?

Pues que acaban inventando la tirita.

El norteamericano Earle Dickson, poco después de casarse en 1917, se dio cuenta de que su esposa se cortaba constantemente mientras cocinaba y pensó que los vendajes tradicionales suponían un engorro para seguir realizando las tareas del hogar. Para solventar el problema, fijó pequeñas gasas esterilizadas en el centro de tiras adhesivas y enrolló unas cuantas de manera que sólo pegaban por un lado.

Tras patentar el invento, convenció a los directivos de Johnson & Johnson, donde él trabajaba, para que lo fabricaran y comercializaran. Su introducción en el mercado no tuvo éxito hasta que se empezó a distribuir gratuitamente a las tropas de los Boy Scouts.

Pero esa es otra historia que poco tiene que ver con la cantidad de utilidades -a cual más práctica- del un invento que nació de la casualidad. Que se lo pregunten a la (muy agraciada) protagonista del anuncio.




... huelga de hambre

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