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1816. Viernes, 6 mayo, 2011

Capítulo Milésimo octingentésimo decimosexto: “Ser original es un mérito; quererlo ser, un defecto (Alain Chauvilliers; 1868-1951; profesor francés)

Muchas señoritas de hoy día, hay que admitirlo, no tienen modales. Es una fea costumbre que debe terminar, porque ¿qué cuesta decir lo que se quiere decir pero con buenas maneras?

Por eso hoy -con vistas al fin de semana- y aprovechando que más de una va a tener que ejercitar varias veces tan brusco gesto, en peluchepráctico, la forma correcta de hacer un corte de mangas, destinado especialmente a los moscones de turno aunque también puede ejercitarse en familiares, amigos y superiores en general.

¡Y sólo en dos pasos!

1- Preparación para el corte de mangas:



2- Corte de mangas realizado con los modales que la buena educación requiere:



... más "historias extra-ordinarias"

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1101. Martes, 8 enero, 2008

Capítulo Milésimo centésimo primero: "¿Cómo es que, siendo tan inteligentes los niños, son tan estúpidos la mayor parte de los hombres? Debe ser fruto de la educación". (Alejandro Dumas, 1803-1870; escritor francés)

Hay quienes piensan que las puertas más que para entrar y salir, están colocadas en los sitios en los que están colocadas para que ellos demuestren sus buenos modales.

Y ya no hablo de esa costumbre que tienen de, en cuanto ven alguna, abalanzarse como unos posesos sobre ella para abrírtela, que también (¡tengo manos!) sino de ese empeño que ponen en quedarse aguantándola hasta que llegas a ella. Aunque estés a varios kilómetros de distancia.

No me gusta que me abran la puerta, ni mucho menos que la mantengan abierta con la coartada de que ya estoy llegando. No me gusta que la gente se crea que sus buenos modales tienen que ser verdades absolutas compartidas por el resto y, sobre todo, no me gusta tener que elegir entre ser un hipócrita dándole las gracias por hacer algo que me molesta soberanamente o ser un maleducado por callarme y no reconocerles lo que ellos consideran un detalle que tenemos que agradecerles.

Encima.

... polígonos de 56.645 lados .

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1082. Martes, 27 noviembre, 2007

Capítulo Milésimo octogésimo segundo: "Un necio no es más que fastidioso; pero un pedante es insoportable". (Napoleón Bonaparte, 1769-1821; militar y estadista francés).

Nueva entrega de peluche práctico con vistas a las navidades. Hoy: cómo quedar bien delante de los presuntos entendidos en vinos ahora que son legión.

Ante todo, calma. Esto es como no saber inglés: lo importante es poner cara de que se entiende. Aprende estas dos palabras: regusto y añada. Ellos hablarán de ellas. Si surgen otras no hay que preocuparse: se pone la misma cara y se utiliza el mismo tono, siempre sonriendo y mirándolos a la cara como con complicidad, (para lo que se recomienda ensayar delante de un espejo).

Será conveniente hablar siempre en general, pero con sentimiento, introduciendo en cualquier caso estas dos frases en la conversación: "creo que sus taninos -el uso del término tanino es fundamental- están bastante equilibrados, sabrosos y bien estructurados" y "su color cereza recuerda aromas de frutas maduras, pasas y toques florales, con una correcta composición, buena madera, tabaco y medianamente especiado que ganará con el tiempo." Habrá que aprenderlas de memoria y no hay que preocuparse si luego salen mezcladas .

Si la cosa se complica y nos dejan a solas de esos capaces de llamar caldo a algo más que al líquido que resulta de cocer un pollo, bastará con mover un poco la copa, mojarse los labios muy lentamente, hacer una larga pausa y soltar de corrido: "pues en boca parece cremoso, de buena acidez, fresco, frutal y cítrico agradable con un final sabroso lleno de complejos matices", recordando siempre que aquí lo importante no son las palabras sino la actitud, cuanto más lánguida sea la mirada y más perdida parezca, mas posibilidades hay de triunfar en el apasionante mundo de la estupidez humana.

... no todo el monte es orégano.

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998. Jueves, 21 junio, 2007

Capítulo Noningentésimo nonagésimo octavo: "La prudencia es una solterona rica y fea, cortejada por la incapacidad". (William Blake, 1757 - 1827, poeta y pintor inglés)

Lo dice una curiosa Guía del Xenófobo que circula por ahí hablando de los españoles: "perdón y gracias son palabras que apenas se usan. Nadie espera que una persona se disculpe si se equivoca. A los españoles esas cosas les parecen artificiales o forzadas. Cuando están contentos, lo demuestran; cunado no están contentos, apenas se esfuerzan por ocultarlo".

Algo de razón tiene. Cuando uno viaja se da cuenta que por los extranjeros las personas repiten las palabras gracias y por favor tantas veces que es casi un acto reflejo al que no dedican si un segundo de reflexión. Aquí, en cambio, el valiente que se atreva a decir gracias un par de veces, se la juega. Si es una mujer, se la catalogará inmediatamente como "esa cursi" y un hombre se convertirá para siempre en "el estirao". Porque el españolito medio que se precia sabe que la buena educación no es un síntoma de respeto hacía los demás, ni un código de cortesía universal. Qué va. La buena educación es una tontería como la copa de un pino. Quien alardea de tenerla es un impresentable. Y además un pijo.

Y ese el quid de la cuestión de los modales patrios. Si hay algo que un español considera un insulto peor que mentarle a la madre, es que le llamen pijo. Mientras en otros países hay personas que sin el menor reparo se autoproclaman supermegapijas (ahí están la señora de Beckham, doña Victoria, o Paris Hilton sin ir más lejos), hacer lo mismo por estos pagos es una temeridad.

De todas formas los guiris nos podrán considerar ruidosos, groseros, poco fiables, vagos, mal pensados e incapaces de aceptar una crítica. Pero los raros son ellos. Si no hay más que verles. Hay que tener cuajo para dar las gracias y encima en inglés. Thank you por aquí y thank you por allá y thank you por acullá. Qué gente tan empalagosa. Y encima van comiendo por la calle y en el metro y en el autobús, tan contentos. Y nos laman groseros. A nosotros, La paciencia que hay que tener. Si es que los españoles, de puro buenos que somos, parecemos tontos.



987. Miércoles, 6 junio, 2007

Capítulo Noningentésimo octogésimo séptimo: "Las palabras son los clavos para fijar las ideas" (A. Godin, 1880-1938, escritor francés)

Ya me lo habían contado en el colegio. Ahora un libro me lo ha confirmado: Escupir, aunque sea una necesidad fisiológica, no es elegante. Su autora, Lady Chelsa, directora de la prestigiosa escuela Glenlivet masculina de etiqueta y buenos modales, lo tiene claro: "a las mujeres les gustan los hombres bien vestidos, sofisticados y elegantes". Refinémonos pues.

"No hay que abstenerse de escupir y es feo tragarse lo que debe ser escupido, lo cual puede causar asco.

No hay que tomar la costumbre, sin embargo, de escupir con demasiada frecuencia y sin necesidad, lo que no sólo es muy descortés sino que además repugna e incomoda a todo el mundo. Hay que procurar que esta necesidad ocurra raras veces cuando se está en compañía, especialmente cuando se está con personas a las que se debe respeto.

Cuando se está con personas de calidad o en locales mantenidos limpios, hay que escupir en el propio pañuelo, volviéndose un poco de lado.

Convendría por educación, que cada uno se acostumbrase a escupir en el propio pañuelo cuando se está en casa de personas importantes y en todo local que esté encerado o con parquet, pero es mucho más necesario estando en la iglesia. El respeto debido a estos lugares consagrados a Dios y destinados a darle el culto que se le debe, pide que se conserven bien limpios y en honor, incluido el pavimento sobre el que se anda: sin embargo sucede que no hay suelo de cocina e incluso de establo que esté más sucio que el de la iglesia, a pesar de ser la morada y la casa de Dios sobre la tierra.

Después de haber escupido en el pañuelo hay que plegarlo enseguida sin mirarlo, y meterlo en el bolsillo.

Es muy descortés escupir por la ventana, o en el fuego, o sobre los tizones, contra la chimenea, contra el muro o en cualquier otro lugar en el que no se pueda pisar el esputo. También es de mala educación escupir delante de sí en presencia de otros, de modo que se vea uno obligado a ir a buscar el esputo para pisarlo.

Hay que poner mucho cuidado para no escupir sobre los propios vestidos, ni sobre los de los demás: el hacerlo denota una persona sucia o poco cauta.

Existe un defecto no menos considerable y del que debe uno guardarse bien, y es, al hablar, echar saliva sobre la cara de aquellos con quienes se habla; es muy descortés y sumamente incómodo.

Cuando se ve en el suelo un salivazo grande hay que poner enseguida con destreza el pie encima; si se ve sobre el vestido de alguien, no es cortés el decírselo, pero hay que avisar a algún criado que vaya a quitárselo y, si no los hay, debe quitarlo uno mismo sin que nadie se dé cuenta, pues la urbanidad consiste en no mostrar nada referente a quienquiera que sea, que pueda ocasionarle molestia o producirle confusión".
¡Tantas cosas por aprender y tan poco tiempo!

... talento matemático

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