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1920. Jueves, 17 noviembre, 2011

Capítulo Milésimo noningentésimo vigésimo: " Los ingleses y los norteamericanos están separados irremediablemente por el mismo idioma” (George Bernard Shaw, 1856 - 1950; escritor irlandés)

El primer embajador británico destinado a Pekín llegó en su barco, allá por el siglo diez y siete o diez y ocho, a la desembocadura del rio que conducía a la entonces capital imperial china y unos funcionarios imperiales (también) subieron a bordo y le pusieron unos letreros en ideogramas chinos en la proa. El embajador no dijo nada por eso de que lo que no se entiende mejor dejarlo correr. Hasta que le mosquearon las muchedumbres enardecidas que no dejaban de vitorear su barco rio arriba. Fue y mandó llamar a un intérprete y le dijo que se lo tradujera. No quería decir nada malo, lo que se dice malo, sólo esto: "bárbaro del Norte que viene a pagar tributo".

Como el erario chino andaba mal por entonces (!cómo han cambiado los tiempos!) e Inglaterra por el contrario tenía más dinero del que necesitaba (!cómo han cambiado los tiempos!) no es de extrañar que tanto contribuyente amarillo fuese a vitorear el barco del pagano (pagano, ciertamente) en cuestión y que el embajador, por aquello de no desairarlos, pagara religiosamente los famosos tributos.

Ahora, en cambio, son las hordas de europeos las que vitorean a los asiáticos que llegan tapizados de dinero. Lo malo es que ahora vienen con los idiomas perfectamente aprendidos y no se dejan engañar tan fácilmente como nos engañaban a nosotros. Así, mientras nos reímos con esa superioridad europea tan civilizada de su acento, ellos a lo suyo. Hacen bien.



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Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

998. Jueves, 21 junio, 2007

Capítulo Noningentésimo nonagésimo octavo: "La prudencia es una solterona rica y fea, cortejada por la incapacidad". (William Blake, 1757 - 1827, poeta y pintor inglés)

Lo dice una curiosa Guía del Xenófobo que circula por ahí hablando de los españoles: "perdón y gracias son palabras que apenas se usan. Nadie espera que una persona se disculpe si se equivoca. A los españoles esas cosas les parecen artificiales o forzadas. Cuando están contentos, lo demuestran; cunado no están contentos, apenas se esfuerzan por ocultarlo".

Algo de razón tiene. Cuando uno viaja se da cuenta que por los extranjeros las personas repiten las palabras gracias y por favor tantas veces que es casi un acto reflejo al que no dedican si un segundo de reflexión. Aquí, en cambio, el valiente que se atreva a decir gracias un par de veces, se la juega. Si es una mujer, se la catalogará inmediatamente como "esa cursi" y un hombre se convertirá para siempre en "el estirao". Porque el españolito medio que se precia sabe que la buena educación no es un síntoma de respeto hacía los demás, ni un código de cortesía universal. Qué va. La buena educación es una tontería como la copa de un pino. Quien alardea de tenerla es un impresentable. Y además un pijo.

Y ese el quid de la cuestión de los modales patrios. Si hay algo que un español considera un insulto peor que mentarle a la madre, es que le llamen pijo. Mientras en otros países hay personas que sin el menor reparo se autoproclaman supermegapijas (ahí están la señora de Beckham, doña Victoria, o Paris Hilton sin ir más lejos), hacer lo mismo por estos pagos es una temeridad.

De todas formas los guiris nos podrán considerar ruidosos, groseros, poco fiables, vagos, mal pensados e incapaces de aceptar una crítica. Pero los raros son ellos. Si no hay más que verles. Hay que tener cuajo para dar las gracias y encima en inglés. Thank you por aquí y thank you por allá y thank you por acullá. Qué gente tan empalagosa. Y encima van comiendo por la calle y en el metro y en el autobús, tan contentos. Y nos laman groseros. A nosotros, La paciencia que hay que tener. Si es que los españoles, de puro buenos que somos, parecemos tontos.