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1871. Miércoles, 27 julio, 2011

Capítulo Milésimo octingentésimo septuagésimo primero: “Si a la gente le gustara de veras el trabajar, aún estaríamos labrando la tierra con arados de madera y cargándonos los bultos a la espalda para llevarlos de un lado a otro." (William A. Feather, 1889- 1981; escritor estadounidense)

De pronto me ha entrado un dolor metafísico aquí, en el plexo solar, en cuanto ha salido a relucir la salud y el trabajo. Podía haber dolido otro plexo, pero no, ha sido el solar. Y eso que algunos (y no me gustaría pecar de inmodesto) ya lo sabíamos desde hacía muuuucho tiempo.

No nos dan vacaciones, nos adjudican unos días, justo cuando saben que estamos al límite. No nos dan vacaciones, nos permiten un periodo de convalecencia antes de que lleguemos a la extenuación y sea más costoso para ellos. No nos dan vacaciones, nos “conceden unos días”, justo aquellos en los que todo está mucho más caro para que el poco dinero que nos han ido pagando por nuestro trabajo nos lo gastemos rápidamente en cosas que el resto el año valen la décima parte y esos beneficios vuelvan rápidamente a ellos. Porque, al fin y al cabo, si uno mira la letra pequeña todo es de los mismos.

En fin, eso, que volveré allá por la segunda semana de septiembre. Mínimo. Siempre claro que antes no me hayan retirado. Hay que tener esperanza, aunque, como decía un tal Nietzsche la esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre. Mientras dejo el blog en piloto automático. Buenos días.



... más historias extra-ordinarias todos los días

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1448. Miércoles, 5 agosto, 2009

Capítulo Milésimo cuadringentésimo cuadragésimo octavo: "La educación, en su totalidad, se reduce a estas dos enseñanzas: aprender a soportar la injusticia y aprender a tolerar el aburrimiento" (Fernando Galiani, 1728-1787; economista italiano)

Aunque cualquier trabajo, por cómodo, agradable o fácil que sea, acaba resultando -más pronto que tarde- la cadena perpetua a la que sólo por nacer estamos condenados lo pobres, pocos deben de ser tan ingratos como aquel en el que lo único que tienes que hacer cada día es ver como le pagan a un montón de tíos por hacer algo que tu sueles hacer a menudo en tu casa gratis. Pocas ocupaciones deben de ser tan desagradecidas como trabajar de empleado en un banco de semen.



... sin cumpleaños

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1164. Miércoles, 16 abril, 2008

Capítulo Milésimo centésimo sexagésimo cuarto: “El infierno está lleno de aficionados a la música”. (George Bernand Shaw, 1856-1950; dramaturgo y periodista irlandés)

“Cuando suenen las trompetas, todo el pueblo subirá al ataque “ decía Josue a sus tropas cuando andaban liados en la conquista de Jericó. En la primera guerra del Golfo se anunciaba la llegada de los soldados estadounidense con canciones de Metalica. Y cuentan que la captura del general Noriega se hizo al ritmo de Judas Priest. Algunos presos liberados de Guantánamo aseguran que eran obligados a escuchar canciones de Eminen durante veinte días seguidos, y la sintonía del programa norteamericano Barney formaba también parte de la torturadora banda sonora carcelaria.

La música ha sido siempre un instrumento de tortura útil, práctico y, sobre todo, barato. En ese sentido tampoco han inventado nada nuevo. Los ejércitos afirman que es una técnica psicológica más, pero los expertos lo definen como un método de tortura coercitiva. Someter a una persona durante horas a un mismo sonido, sea Mozart o Frank Sinatra, es un suplicio en toda regla. La mente sufre desorientación y confusión ante el ruido constante. También se interrumpe el sueño, por lo que el fluir del pensamiento se reduce hasta que su voluntad termina por romperse. Es entonces cuando el enemigo aprovecha para conseguir sus fines del prisionero.

Enhorabuena, lo han conseguido. Después de más de un mes aplicando la técnica lo han conseguido. Estoy en sus manos y dispuesto a darles todo lo que me pidan.. pero, por favor, ¡basta ya del chiki-chiki!

... imitadores naturales.

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1115. Lunes, 28 enero, 2008

Capítulo Milésimo centésimo decimoquinto: "Demos tiempo al tiempo: para que el vaso rebose hay que llenarlo primero”. (Antonio Machado, 1875-1939; poeta español).

El tiempo siempre ha sido una realidad misteriosa. San Agustín escribía que si nadie le preguntaba qué era, sabía lo que era, pero que apenas intentaba una definición, fracasaba.

La mayoría de los pueblos primitivos jamás usaron el reloj. Se guiaban por el sol y el tiempo era la medida de lo que hacían. De ahí la calma tranquila, la atención en el cultivo de sus campos, la concentración en la pesca, el mimo en el pastoreo. Algunos antropólogos tocanarices (y con demasiado tiempo libre) interpretaban todo esto como ociosidad o vagancia. Era todo lo contrario: trabajo con los cinco sentidos, contemplación activa de la realidad. Por eso conocían cientos de plantas y sus propiedades; por eso tenían nombres para muchos tipos de vientos, de nubes, de lluvias.

Nosotros, en cambio, dedicamos una parte del tiempo a organizar el tiempo; otra parte a mirar el reloj; otra a quejarnos de la falta de tiempo; otra a perder el tiempo. Poco a poco se ha convertido el tiempo para hacer las cosas en algo más importante que las cosas que hay que hacer. El resultado, muchas veces, es que las cosas no se hacen, pero, eso sí, se mide cuidadosamente el tiempo empleado en no hacerlas.

Aprovechemos el lunes y retornemos a las tradiciones de nuestros antepasados, Alejémonos del agobio del reloj y tengamos un día laboralmente contemplativo. Siempre hay tiempo cuando se deja de decir que no hay tiempo.

... planetas.

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1068. Martes, 6 noviembre, 2007

Capítulo Milésimo sexagésimo octavo: " La persona que no comete una tontería nunca hará nada interesante." (Proverbio inglés)

Por mucho tiempo que pase, por más que sus descendientes -con el único fin de que olvidáramos la cruel y miserable humillación a la que por su culpa nos vimos sometidos- intenten lavar su imagen inventándose algún que otro merito literario, nosotros no olvidamos. El responsable de la tan inhumana como brutal vejación por la que quien más y quien menos tuvimos que pasar un nefasto día de nuestra vida, tiene nombre propio: Frances Hodgson Burnett.

Semejante personaje publicó en 1885 "El pequeño Lord", novela sobre un protagonista verídico, el lord infantil Fauntleroy, cuyas ilustraciones popularizaron la imagen de un niño que iba siempre vestido de forma emperifollada y hasta presumía de tener en su ropero un uniforme de la marina.

El gran éxito que obtuvo con su "brillante" relato instauró la costumbre de que los hijos varones de las familias acomodadas primero, y del resto después, hicieran la Primera Comunión vestidos de uniformes.

Él es el culpable último de algunas de las más espeluznantes, terroríficas y aterradoras imágenes que nunca debieron producirse... pero que están ahí para escarnio y vergüenza de sus obligados protagonistas. Yo incluido.

... y sin embargo se mueven.

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