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1235. Miércoles, 20 agosto, 2008

Capítulo Milésimo ducentésimo trigésimo quinto: "Lo que llamamos en otros pecado, consideramos en nosotros como experiencia". (Ralph Waldo Emerson, 1803-1882; escritor y filósofo estadounidense)

Es de todos conocido que vivimos en una abominable sociedad sin valores, en un mundo dominado por el vicio, el pecado y por la depravación moral, en una corrupta Sodoma y Gomorra que nos está llevando a todos irremisiblemente al fuego eterno.

Preocupado por esta grave, a la par que angustiosa, situación, pensando únicamente en el bienestar y la salvación de cuantos leen "Tantos hombres y tan poco tiempo" y tras un riguroso, serio y profundo estudio de investigación, hemos conseguido dar con la verdadera causa por la que este mundo se está convirtiendo en una lujuriosa mancebía.

La clave la da un eminente filósofo, Alen Edwars, afirmando que la civilización occidental entró en franco declive moral desde que, y es textual:
“... los turcos introdujeron la bragueta de botones en Europa en los siglos XVIII y XIX ya que su propósito no era sólo facilitar el orinar, sino también posibilitar la fornicación y la violación".
Ya no hay excusa. A partir de ahora y una vez conocida la causa, está en nuestras manos tomar las medidas adecuadas que pongan freno a este lupanar de vicio desenfrenado en el que se está convirtiendo el mundo por culpa de un puñado de aberrantes infieles que trajeron un invento obra del mismísimo diablo: la bragueta.

... al gineceo

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1068. Martes, 6 noviembre, 2007

Capítulo Milésimo sexagésimo octavo: " La persona que no comete una tontería nunca hará nada interesante." (Proverbio inglés)

Por mucho tiempo que pase, por más que sus descendientes -con el único fin de que olvidáramos la cruel y miserable humillación a la que por su culpa nos vimos sometidos- intenten lavar su imagen inventándose algún que otro merito literario, nosotros no olvidamos. El responsable de la tan inhumana como brutal vejación por la que quien más y quien menos tuvimos que pasar un nefasto día de nuestra vida, tiene nombre propio: Frances Hodgson Burnett.

Semejante personaje publicó en 1885 "El pequeño Lord", novela sobre un protagonista verídico, el lord infantil Fauntleroy, cuyas ilustraciones popularizaron la imagen de un niño que iba siempre vestido de forma emperifollada y hasta presumía de tener en su ropero un uniforme de la marina.

El gran éxito que obtuvo con su "brillante" relato instauró la costumbre de que los hijos varones de las familias acomodadas primero, y del resto después, hicieran la Primera Comunión vestidos de uniformes.

Él es el culpable último de algunas de las más espeluznantes, terroríficas y aterradoras imágenes que nunca debieron producirse... pero que están ahí para escarnio y vergüenza de sus obligados protagonistas. Yo incluido.

... y sin embargo se mueven.

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