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1743. Jueves, 13 enero, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo cuadragésimo tercero: “Siempre se dice aquello que uno necesita decir, y que no entenderá el otro; el hablar es cosa destinada a uno mismo” (Marcel Proust, 1871-1922; escritor francés)

Rebajas bajas de cosas majas. Te tientan. Engrasas lavisa y te vas de compras. ¿Por qué se empeñan en decir cuesta de enero si cuando pasan lo de la tarjeta de crédito es en febrero?.. Ése sí que es un mes en el que tienes que subir al Everest.

La primera en la frente. ¡Zas en toda la boca! Una talla más. Aunque bien mirado, serenidad: más de algo es bueno, ¿no? ¡Qué bien! Hay que afrontarlo con optimismo. Arrepentirse de haberse comido todos los turronesmazapanespolvorones del mundo (cienes y cienes de gramos, a 590 calorias los cien gramos... dieciochomiltrescientascuarentaycinco calorias, plas, plas, plas, plas, plas) no es eficaz, ni tiene efecto drenante, ni mucho menos adelgazante. Ganas de preocuparse por lo que no tiene remedio... o el que no se conforma es porque no quiere.



... boda precoz

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1497. Miércoles, 4 noviembre, 2009

Capítulo Milésimo cuadringentésimo nonagésimo séptimo: “Si con un régimen te quedas con hambre, haz dos” (Marisa T. 46 años, ejecutiva de ventas)

Será verdad, no digo yo que no, pero también hay mucho de marketing. Te dicen que los dulces engordan, y claro, ves un donut y piensas: "tiene agujerito, si me lo como voy a comer menos que si me pido cualquier otro bollo". Y lo pides, y te lo comes. Un engaño, al final con el cuento del agujero acabas metiéndote un montón de ellos.

Los donuts son traicioneros. No como los cuernos de chocolate, ellos son honestos, no te engañan, no te falsean la realidad, los ves y dices “esto engorda por cojones”. Por eso no existen los cuernos de chocolate light. Y es que, ya que hacemos las cosas, es mejor que las hagamos bien.

... el mausoleo de Mausoleo

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1202. Jueves, 12 junio, 2008

Capítulo Milésimo ducentésimo segundo: “Burro que gran hambre siente, a todo le mete diente” (Refrán español)

El trabajo engorda. Y la afirmación no es gratuita. Trabajar es la principal causa de estrés en la vida diaria de cualquier persona. Cuando nos estresamos se dispara la hormona ACTH, una sustancia que estimula la producción de corticoides, como el cortisol. Ciertas células grasas, concretamente las del abdomen en los hombres y las de las caderas en las mujeres, parecen ser especialmente sensibles a los corticoides por lo que las personas con una alta concentración de estas hormonas tienden a engordar en estas zonas.

Pero, sobre todo, el peligro del estrés producido por el trabajo está en que se consume la serotonina, la hormona cerebral de la satisfacción, y eso tiene dos consecuencias nefastas que influyen en la dieta: por un lado, el descenso de la serotonia provoca al final del día una gran necesidad de comer, sobre todo hidratos de carbono u otros alimentos apetecibles pero poco saludables (el cuerpo procesa mal los carbohidratos después de las ocho de la tarde porque nuestro metabolismo funciona más lentamente), de picotear con ansia y de tragar como un lobo hambriento cualquier cosa. Por otro lado, esa tensión y el estrés acumulado a lo largo de día provocan una necesidad de autocompensación que se satisface fundamentalmente de dos formas: con la comida y con el sedentarismo.

La lógica se impone: dejar de trabajar mientras uno esté realizando una dieta debería de ser una medida de acompañamiento obligatoria de ésta. No puede ser que nos estén pidiendo que llevemos una vida sana y saludable y que nos esforcemos en mantener un peso correcto mientras se empeñan en que mantengamos uno de los hábitos que más contribuyen a deteriorar nuestra salud, trabajar.

... teflón

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882. Lunes 18 diciembre, 2006

Capítulo Octingentésimo octogésimo segundo: "Deberíamos utilizar el pasado como trampolín y no como sofá" (Harold MacMillan, 1894- 1986, político, economista y editor británico)

La energía que necesitamos cada día depende, principalmente, de la actividad diaria. Simplificando mucho: si gastamos más energía de la que ingerimos, perderemos peso porque el organismo deberá recurrir a su principal depósito energético: la grasa. Si por el contrario ingerimos más de lo que necesitamos, engordaremos.

En el mundo hay 150 millones de obesos. En España, más de cinco millones de personas lo son y otros 15 millones pesan más de lo que deberían. Éstos son algunos de los datos recogidos en el informe que la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad ha elaborado y que publicará a principios de año para no amargarnos las fiestas navideñas.

Pero en una sociedad dominada por la imagen, nada mejor que un ejemplo gráfico (ya los usan en la lucha contra el tabaco) de lo que puede ocurrirnos estas navidades si nos pasamos con el turrón y las peladillas:





Sí, el señor de las dos fotos es el mismo. Graham King, en una de ellas con 216 kilos y una cintura de dos metros, en la otra con 127 menos. En este caso, el pobre hombre harto de estar gordo se puso a controlar calorías y acabó adelgazando. Claro que al contrario también funciona... así que..

... cuarenta y muchos"

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