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1497. Miércoles, 4 noviembre, 2009

Capítulo Milésimo cuadringentésimo nonagésimo séptimo: “Si con un régimen te quedas con hambre, haz dos” (Marisa T. 46 años, ejecutiva de ventas)

Será verdad, no digo yo que no, pero también hay mucho de marketing. Te dicen que los dulces engordan, y claro, ves un donut y piensas: "tiene agujerito, si me lo como voy a comer menos que si me pido cualquier otro bollo". Y lo pides, y te lo comes. Un engaño, al final con el cuento del agujero acabas metiéndote un montón de ellos.

Los donuts son traicioneros. No como los cuernos de chocolate, ellos son honestos, no te engañan, no te falsean la realidad, los ves y dices “esto engorda por cojones”. Por eso no existen los cuernos de chocolate light. Y es que, ya que hacemos las cosas, es mejor que las hagamos bien.

... el mausoleo de Mausoleo

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1359. Martes, 3 marzo, 2009

Capítulo Milésimo tricentésimo quincuagésimo noveno: “Si así fue, así pudo ser; sí así fuera, así podría ser; pero como no es, no es. Eso es lógica. (Lewis Carroll, 1832-1898; lógico inglés)

Aunque hay quien piense que su mayor utilidad sea la de servir de juguete erótico, una cosa tan simple como el dónut ha servido, a lo largo de su historia, de un importante tema de conversación entre los más reputados sabios del mundo.

Y no sólo por el origen de su nombre (nut de masa y dough de frita, aunque hay quien sostiene que la etimología de doughnut, el nombre original, es masa con nueces) sino, y sobre todo, del gran misterio que encierra: su agujero.

Están, por una parte, quienes afirman que el invento es muy antiguo y de origen germano. Colonos alemanes y holandés habían transportado la costumbre al Nuevo Mundo. Sin embargo, cuanta con más partidarios la leyenda que atribuye su creación al capitán de navío Hanson Crockett Gregory, allá por 1947. Hay quien afirma que era su madre la que hacía los dulces que llevaba en sus travesías. Una vez, mientras llevaba el timón y se comía un dónut, se desató una violenta tormenta. Y como necesitaba las dos manos, hundió el dónut en uno de los asideros del timón... Tras ver el resultado, decidió, que a partir de aquel día, siempre comería donuts con agujero.

Otra versión dice que Gregory odiaba los donuts que le hacia su madre y les quitaba el centro, siempre crudo. Esto último parece más razonable, ya que es cierto que la masa del dulce en cuestión solía quedar cruda en el centro, así que su desaparición fue aceptada enseguida. En cualquier caso fue el propio Gregory quien reclamó la autoría del bollo taladrado, aunque la primera patente relacionada con él no sería suya, sino de John Blondell, quien registraría un aparato para hacer agujeros a los donuts en 1872.

Parece mentira que algo tan simple genere tanta inquietud en tanta gente. Aunque, bien mirado, es lógico, pocas cosas despiertan tanto interés en esta vida como encontrarse de sopetón con un buen agujero.



... el color azul

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