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1886. Lunes, 26 septiembre, 2011

Capítulo Milésimo octingentésimo octogésimo sexto: “Cuando contratas gente más lista que tú, demuestras ser más listo que ellos” (Alphonse Karr, 1808-1890, escritor francés)

Pocas cosas han cambiado desde que en el siglo primero antes de Cristo empezaran a celebrarse las primeras oposiciones para trabajar de funcionarios. Ya entonces los exámenes duraban varios días y se presentaban para unos pocos puestos miles de candidatos.

Aunque en algo sí hemos avanzado. En aquellas épocas y durante el tiempo que se estuviera celebrando la oposición nadie podía, bajo ninguna circunstancia -ni tan siquiera por imperiosas necesidades fisiológicas- salir de la sala.

¿La solución al problema? Fácil. Los opositores acudían a las maratonianas pruebas equipados con sus correspondientes orinales, que usaban según sus necesidades a la vista de los demás aspirantes y, por supuesto, de los miembros del tribunal, en mitad de la sala.

Tengo mucha imaginación, pero reconozco que se me hace cuesta arriba pensar la forma en la que los sufridos opositores podían contestar correctamente cualquier pregunta, por fácil que fuera, respirando el ambiente en la sala después de que varios miles de personas llenaran sus correspondientes orinales una y otra vez. Tenía que ser algo que, inevitablemente, les marcara para el resto de sus vidas. Y las de sus descendientes. Quizá desde entonces venga esa costumbre que tienen en casi todos los sitios públicos de, cada vez que vas a pedir alguna cosa (que encima suelen exigirte ellos mismos), ponerte cara de estar oliendo a huevos podridos, una cara de estreñimiento crónico en la que sin abrir la boca ya sabes que te están mandando a la mierda por haber interrumpido sus profundos pensamientos metafísicos entre el (segundo) café con porra de las nueve y la (primera) caña de las once.

Hay que entenderlos. Ellos no son así. la culpa... de los genes.



... claqueta

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1881. Lunes, 19 septiembre, 2011

Capítulo Milésimo octingentésimo octogésimo primero: "Iba pensando en sus cosas por la calle y unos desaprensivos se las arrebatan. (Resumen de Agencias)

Aprovechando la época en la que estamos donde la actividad aumenta por aquello de que todo el mundo quiere saber qué hay de lo suyo, a la vez que hacen nuevas e incoherentes peticiones para aumentar todo lo que ellos consideran como lo suyo, "tantos hombres y tan poco tiempo" quiere regalar a todos sus amables (y nunca suficientemente loados visitantes), una pequeña pero apañada parcelita de ocio creador. Basta con recortar la imagen por la línea de puntos y construir en ella lo que a uno más le apetezca. !Hala!


Que a estas alturas de la película, con la dura, -muy dura- vuelta de las vacaciones (mira que hay cosas que uno agradece que sean duras… pues justo éste no es el caso), y siendo lunes, (¡encima!) la cosa no está para muchas más florituras.



... grapadoras

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1876. Lunes, 12 septiembre, 2011

Capítulo Milésimo octingentésimo septuagésimo sexto: "Me es más fácil pensar en un mundo sin creador que en un creador cargado con todas las contradicciones del mundo. (Simone de Beauvoir, 1908 - 1986; novelista francesa)

Una definición -convenientemente comprobada por sus observaciones- era la regla que aceptaba como verdad uno los pueblos más cultos, instruidos y sabios que han existido: los griegos. Ellos tan ilustrados, leídos y formados, consideraban que un hombre era joven mientras pudiera completar cuatro coitos seguidos.

Largo suspiro.

Llegado a este punto uno deja volar la imaginación pensando que, al menos para ciertas cosas, cualquier tiempo pasado fue mejor. Mala leche, muy mala leche. Los lunes, y a estas horas, es lo que tienen.



... dando la tabarra

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

895. Lunes, 15 enero, 2007

Aguantar al jefe es una necesidad por la que a uno le pagan, -poco, muy poco- , pero aguantar las tonterias continuas del gracioso de turno, -en todos los trabajos hay un gracioso de turno-, es algo que te acaba desquiciando más que ver al monstruo de las galletas comiéndose una caja de polvorones.

Cada tonto tiene su especialidad y a mi me ha tocado todo un artista en rimas: invariablemente y hables de lo que hables, acabará la frase soltándote una imbecilidad a tono con la terminación de tu última palabra, o en su defecto haciéndote una pregunta para que el pueda desplegar todo su arte : ¿quién sabe cómo se llamaban los hermanos que iban con Colón a América?. Vale, uno se pone pedante y responde lo más rápido que puede lo de "...pues los Pinzones," mientras él salta redondeando la jugada con un "..pues tócame los cojones."

El mecanismo es siempre el mismo, uno pronuncia una palabra que acaba en "ones" y él tio siempre intenta que lo repitas con la excusa de no haber entendido, cuando dices alto y claro algo como melones, jamones o balcones, ya no tienes escapatoria.

Por mucho cuidado que uno le ponga siempre acaba haciendo la gracia, que el problema no sólo está en las palabras terminadas en "ones", sino que es capaz de hacer impresionantes rimas con palabras que acaban en "ito", "ota", "ajo", "ino" y ¡como no!, su favorita, en "olla".

Aunque su especialidad son los números, es un verdadero maestro en preguntar la hora cuando sabe perfectamente que faltan cinco minutos para algo y todo un juglar en cuanto se pronuncia el número ocho.. la experiencia es lo que tiene.

Además ha desarrollado un mecanismo por el que siempre te acaba cogiendo, si ve que durante tres frases seguidas no ha podido soltar ninguna de sus estupideces, acabará hablando de algo como, por ejemplo, el "danismo" con el único motivo de que le preguntes ¿y qué es el danismo",? a lo que eufórico y con la mejor de sus sonrisas te lo aclarará: "..un huevo colgando y el otro lo mismo".

Y tú, pensando en lo que tienes que aguantar por una mísera de sueldo. Hay lunes en lo que en lo único que puedes pensar es lo agusto que se está en la cama.

... peligrosos para la virginidad

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