Mostrando entradas con la etiqueta abstemio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta abstemio. Mostrar todas las entradas

1751. Martes, 25 enero, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo quincuagésimo primero: “¿Alguien es capaz de abandonar un edificio en cuya construcción gastó toda su vida, aunque ese edifico sea su propia prisión? (Khalil Griban,1883-1931; poeta libanés)

Sí, por más abstemio que me declare reconozco que más de una vez he soñado con pimplarme una botella de coñac a morro. Todos tenemos nuestros momentos, nuestras fantasías, y reconozco que debe de ser un planazo ir de sidraElgaitero en sidraElgaiero, de Mariebrizard en Mariebrizard, hasta que el nivel de alcohol en sangre ascienda al 97%.

Además me lo ha dicho un amigo, un amigo de los de verdad, de esos que duran por lo menos tres meses con una sólida amistad cimentada en las rebajas de zara y en el sushi a granel. Muy cariñosamente me ha explicado que al no haber bebido nunca con un poco achispado que me ponga ganaría mucho, que tendría garbo y ne sais pas qua quoi que más o menos viene a decir que me ve posibilidades. No sé ni dónde ni cómo, pero me las ve. De hecho, y para ir practicando, he empezando a no hablarme con los escalafonicamente superiores. Paso de jefes. Por mucho cargo que tengan ya no están a la altura de un guest star como servidor.



... chocolate

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1239. Martes, 26 agosto, 2008

Capítulo Milésimo ducentésimo trigésimo noveno: ¿Y cómo confiesan los curas sordos? (Emilio G., 10 años, estudiante de catequesis)

En cualquier boda suelen poner una comida asquerosa; el "salpicón de mariscos" no es más que lechuga con una salsa color crema de limpiar zapatos, la "ternera a la crema de pimienta negra" es algo semejante a lo que deja un perro con diarrea y las "patatas redondas vaporizadas" parecen cucarachas albinas a las que le han quitado las patas. Aún así, todo lo anterior se convierte en una exquisitez absoluta cuando aparece el inevitable broche gastronómico final. ¿Hay algo más horroroso que el trozo de la tarta que te ponen en las bodas?

Es verdad que con el alcohol que la mayoría de los comensales tiene en sangre a esas alturas de la ceremonia, poco importa el sabor del bizcocho reseco y sus pegotes de mantequilla sólida adosada, pero si algún día alguien -sin duda en un ataque de locura- se atreve a probarla sin que los efluvios del alcohol estén presentes en su mente, verá como se sumerge en una de las experiencias más asquerosas en las que puede caer el ser humano en su vida: comer tarta de boda a pelo.

Para que luego digan que ser abstemio no tiene inconvenientes.

... arreglándose el vello

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"