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1674. Martes, 14 septiembre, 2010

Capítulo Milésimo sexcentésimo septuagésimo cuarto: "El amor hace pasar el tiempo; el tiempo hace pasar el amor”. (Proverbio nepalí)

Un servidor, que por vivir instalado en la fase oral desde que tengo recuerdos me lo llevo todo a la boca, no tiene problemas en ese sentido, pero no deja de extrañarme que gente más escrupulosa, (de esa que casi vomita con el inocente chiste de los dos novios que mientras se besan le dice uno al otro “cariño ¿me has pasado el chicle?, “no mi amor, es que tengo catarro”) no diga nada cuando saborean (¡encima saborean!) un trozo de cualquier tarta de cumpleaños sobre la que minutos antes han escupido -con todas sus fuerzas, ganas y recochineo- no sólo el agasajado cumpleañero sino toda la cohorte de amigos y familiares que intentan "ayudar" para que las velas se apaguen cuanto antes esgrimiendo la estafa esa del deseo. Velas colocadas estratégicamente encima del pastel que es el que recibe, sí o sí, los salivazos varios (cuando no algún que otro resto de comida) de (casi) todos los presentes.



...homenaje explosivo

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1239. Martes, 26 agosto, 2008

Capítulo Milésimo ducentésimo trigésimo noveno: ¿Y cómo confiesan los curas sordos? (Emilio G., 10 años, estudiante de catequesis)

En cualquier boda suelen poner una comida asquerosa; el "salpicón de mariscos" no es más que lechuga con una salsa color crema de limpiar zapatos, la "ternera a la crema de pimienta negra" es algo semejante a lo que deja un perro con diarrea y las "patatas redondas vaporizadas" parecen cucarachas albinas a las que le han quitado las patas. Aún así, todo lo anterior se convierte en una exquisitez absoluta cuando aparece el inevitable broche gastronómico final. ¿Hay algo más horroroso que el trozo de la tarta que te ponen en las bodas?

Es verdad que con el alcohol que la mayoría de los comensales tiene en sangre a esas alturas de la ceremonia, poco importa el sabor del bizcocho reseco y sus pegotes de mantequilla sólida adosada, pero si algún día alguien -sin duda en un ataque de locura- se atreve a probarla sin que los efluvios del alcohol estén presentes en su mente, verá como se sumerge en una de las experiencias más asquerosas en las que puede caer el ser humano en su vida: comer tarta de boda a pelo.

Para que luego digan que ser abstemio no tiene inconvenientes.

... arreglándose el vello

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