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1391. Martes, 28 abril, 2009

Capítulo Milésimo tricentésimo nonagésimo primero: "Semen retentum venennum est" (Refrán latino)

En las cosas de la copulación y sus alrededores no hay discusión posible: cada persona es un mundo (y a ti te encontré en la calle). Mientras los participantes sean mayores de edad y lo hagan de una forma voluntaria (y consciente) están en su perfecto derecho de hacer lo que mejor les parezca. Ya sean seguidores del antes muerta que sencilla o lo sean de la extravagancia más insulsa del mundo.

Y mira que las hay insulsas. Porque, a ver, es lógico que a un interesado en el tema, algo tan soso como es ponerse de receptor pasivo a practicar bukkake le pueda producir un placer de la leche (evidente) , pero se me hace más difícil entender, por ejemplo, que clase de placentera sensación podía obtener Salvador Dalí cuando, según cuenta su amigo Luis Buñuel, su máximo grado de excitación sexual lo obtenía al llevarse a varias chicas a su piso, hacer que se desnudaran, ponerles un huevo frito en cada hombro y echarlas a la calle.

Para gustos, colores.

... polígrafos

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1314. Martes, 16 diciembre, 2008

Capítulo Milésimo tricentésimo decimocuarto: “"Cacahuetes con cáscara: féretros con pequeñas momias dentro" (Ramón Gómez de la Serna, 1888-1963; escritor español)

Una buena muestra de que la gente (casi) siempre ha sabido divertirse la tenemos en el gran éxito de público que, durante la Edad Media -una de las épocas más aburridas de la humanidad-, cosechaba cualquier tipo de ejecución pública.

Era cosa corriente que a un delincuente medieval se le condenara a muerte aunque, para disfrute de los espectadores, la justicia disponía de una gran variedad de procedimientos; no era lo mismo morir de un modo que de otro y la gente hubiera protestado –y no digamos el reo- de dictarse una sentencia inadecuada.

Se podía despachar al convicto ahogándole en fango y también en agua, que era mucho menos humillante (y mucho más limpio); decapitado con hacha y cuchillo; si se trataba de un miembro de una familia distinguida, con espada (en esto la gente distinguida era muy estricta). A los herejes se les quemaba vivos, a no ser que fallecieran en el suplicio o por cualquier otro accidente tonto, en cuyo caso se les quemaba muertos para que no se libraran del castigo merecido. A los ladrones se les ahorcaba, y si habían muerto antes de la condena y ya estaban enterrados, se ahorcaba a un muñeco que los representaba. A los parricidas y magnicidas se los descuartizaba atándolos a cuatro caballos (un miembro a cada uno) a los que se fustigaba para que salieran galopando en distintas direcciones; el resultado era previsible, pero no por ello falto de interés.

Como puede apreciarse las posibilidades eran muchas, la imaginación sobraba y el resultado solía agradar bastante al personal. Era espectáculo en estado puro, un espectáculo que ha intentado llegar hasta nuestros días aunque el tiempo y unos cuantos tiquismiquis le han quitado la gracia haciéndole desaparecer su ingrediente esencial: el realismo.

Desde entonces estas cosas ya no han sido igual.

... regalos navideños

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

964. Jueves, 3 mayo, 2007

Capítulo Noningentésimo sexagésimo cuarto: "La lectura es una conversación con los hombres más ilustres de los siglos pasados" René Descartes, 1596- 1650, filósofo, matemático y científico francés)

En tiempos de los romanos la postura dónde la mujer se situaba encima del hombre a la hora de tener relaciones sexuales estaba completamente prohibida porque "incitaba a las mujeres a ser más que los hombres". Textual.

Los griegos la llamaban el "caballo de Hermes", mientras que entre los egipcios era considerada como "la única postura verdaderamente humana".

En la España del siglo de Oro se le llamaba a esta forma "poner la iglesia sobre el campanario".

Mientras la señora Pantoja anda por esos calabozos por blanquear dinero, nosotros a lo nuestro. Aunque sea jueves, hablemos de sexo
Por ejemplo, sugerencias para romper con la monotonía sin gastarse un duro. Empiezo yo

Ir de tiendas con tu pareja, atacarla por sorpresa en el probador, taparle la boca con esa camiseta tres tallas menos, atarle las manos con un cinturón. Seguir.

Ascensor, vecinos en la escalera, botón de "stop" pulsado, arrancar cremalleras. Seguir.

El campo, entre las piedras, todo natural, arriesgarse a un mirón, los gemidos haciendo eco. Seguir.

La escalera, desabrochar con furia los botones, revolcarse por el suelo helado, gritos de placer asustando a los vecinos. Seguir.

La cama, cien mil millones de posturas nuevas, cien mil millones de formas de intercambiar placer. Seguir.

La lista abierta hasta el infinito, los comentarios esperando ideas. Seguir.