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1910. Miércoles, 2 noviembre, 2011

Capítulo Milésimo noningentésimo décimo: “OK, entonces ¿cuál es la velocidad de la oscuridad? (Alfredo G. 32 años, estudiante en paro)

El Ilustre Colegio de Ingenieros ha elevado una respetuosa queja a los ímprobos (a la par que refinados) empresarios por las declaraciones que recientemente han hecho públicas según las cuales las fechas del santoral que caigan entre semana se tendrían que trasladar a los lunes.

"Esta medida -señala la nota de protesta del citado colegio- establecida con el fin de evitar los puentes, causaría un indescriptible perjuicio a nuestro trabajo que, debido a la recesión actual, es una de los más castigados. De llevarse a cabo semejante disparate –continua la nota- nuestra profesión se vería abocada al desastre más absoluto por la supresión de los únicos puentes que en este momento de crisis económica se realizan”



... métodos absurdos

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1792. Miércoles, 23 marzo, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo nonagésimo segundo: “El que busca un amigo sin defectos se queda sin amigos” (Proverbio islandés)

Aquel toro enamorado de la Luna, que le puso "Campanero" el mayoral, era sin duda un toro marica. Aquí, un toro comodiosmanda no es pintado de amapola ni nadie le besa en la frente. Por estas tierras, el toro es un animal con una par de cuernos que tiene vocación de femoral de intestino grueso atiborrado de paella, de escroto amoratado de torero con horas extraordinarias cara a la afición.

Hay que poner las cosas en su sitio. Un cuerno de toro blandiendo al aire tórrido del estío el paquete intestinal de un novillero debidamente sindicado es un espectáculo que tiene belleza.

Ahora con tanta ley y tanta historia sólo acabarán saliendo a la plaza los campaneros. Si se siguen empeñando en tener que cumplir tantas gilipolleces y mariconadas se acabará perdiendo la esencia. Yo ya lo advierto.

Y ya que estoy metido en camisa de once varas voy a hacer una pregunta arbitraria e inoportuna, incluso sabiendo, como sé, que el que pregunta se queda de cuadra: ¿y por qué nosotros no tenemos bases en los Estados Unidos?



...más que cómicos

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1630. Martes, 8 junio, 2010

Capítulo Milésimo sexcentésimo trigésimo: “Quien da primero, da dos veces" (Lucio Anneo Séneca. (Seneca, 4 a. C.- 65; filósofo romano)

Que romanticismo y desenfreno pueden ser dos conceptos perfectamente compatibles (e incluso complementarios) es algo fácil de comprobar a lo largo de la historia. Así, en las bacanales romanas o en las dionisiacas griegas (típico ejemplo de fiestas desordenadas en las que era normal -aparte de los habituales disfraces de sátiros, silenos o ninfas- que los hombres fueran vestidos de mujer y las mujeres de hombre) se bebía y se bailaba sin parar hasta alcanzar el éxtasis, momento en el que los unos se entregaban a los otros.

Lo normal, vamos.

Pero una cosa podía llevar a la otra… y de aquellos polvos también salían sus correspondientes lodos. Cuando los arqueólogos desenterraron Pompeya encontraron en las paredes de los sitios destinados al desenfreno carnal numerosas declaraciones de amor románticas y sinceras de los crápulas que en ellas participaban.

Ellos también tenían su corazoncito.

También hay que tener en cuenta que estamos hablando de romanos, un pueblo que en cosas del amor, tampoco estaba acostumbrado a poner muchos reparos. Solo hace falta ver la recomendación que hacía uno de sus poetas satíricos, Juvenal, para resolver tan fisiológica necesidad:
"... si duerme el amante, se manda a cada una que lo despierte; si no lo encuentra, se recurre a los esclavos; si no aparecen esclavos, se paga un aguador; si no se encuentra éste y aún faltan hombres, no vacilar en echar mano de un asno".
Dicho en otras palabras: ante la jodienda no hay enmienda, refrán español mucho más descriptivo que la delicada poesía romana. Aunque venga a decir lo mismo.





...renovarse

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1314. Martes, 16 diciembre, 2008

Capítulo Milésimo tricentésimo decimocuarto: “"Cacahuetes con cáscara: féretros con pequeñas momias dentro" (Ramón Gómez de la Serna, 1888-1963; escritor español)

Una buena muestra de que la gente (casi) siempre ha sabido divertirse la tenemos en el gran éxito de público que, durante la Edad Media -una de las épocas más aburridas de la humanidad-, cosechaba cualquier tipo de ejecución pública.

Era cosa corriente que a un delincuente medieval se le condenara a muerte aunque, para disfrute de los espectadores, la justicia disponía de una gran variedad de procedimientos; no era lo mismo morir de un modo que de otro y la gente hubiera protestado –y no digamos el reo- de dictarse una sentencia inadecuada.

Se podía despachar al convicto ahogándole en fango y también en agua, que era mucho menos humillante (y mucho más limpio); decapitado con hacha y cuchillo; si se trataba de un miembro de una familia distinguida, con espada (en esto la gente distinguida era muy estricta). A los herejes se les quemaba vivos, a no ser que fallecieran en el suplicio o por cualquier otro accidente tonto, en cuyo caso se les quemaba muertos para que no se libraran del castigo merecido. A los ladrones se les ahorcaba, y si habían muerto antes de la condena y ya estaban enterrados, se ahorcaba a un muñeco que los representaba. A los parricidas y magnicidas se los descuartizaba atándolos a cuatro caballos (un miembro a cada uno) a los que se fustigaba para que salieran galopando en distintas direcciones; el resultado era previsible, pero no por ello falto de interés.

Como puede apreciarse las posibilidades eran muchas, la imaginación sobraba y el resultado solía agradar bastante al personal. Era espectáculo en estado puro, un espectáculo que ha intentado llegar hasta nuestros días aunque el tiempo y unos cuantos tiquismiquis le han quitado la gracia haciéndole desaparecer su ingrediente esencial: el realismo.

Desde entonces estas cosas ya no han sido igual.

... regalos navideños

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