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1985. Viernes, 9 marzo, 2012

Capítulo Milésimo noningentésimo octogésimo quinto: " Es una ley inexorable en la vida de los sexos, la acción anafrodisíaca de la costumbre” (Gregorio Marañón, y Posadillo, 1887 - 1960; médico español)

Shiva mantiene una conversación con su esposa Shakti mientras permanecen unidos en la postura Yab-Yum, (el nudo). Shakti permanece sentada con las piernas por encima de las de Shiva, uniendo sus genitales y sus corazones, y le pregunta: "Amor mío, ¿qué es el amor?" Y Shiva, en lugar de contestarle directamente, le ofrece las técnicas para alcanzar la experimentación.

Éste es el origen del Vigyan Bhairav Tantra, o libros de los secretos, con 112 meditaciones para llegar a la iluminación, a la transcendencia de la mente y de la muerte y bla, bla, bla, y, aunque sólo seis de ellas hacen referencia directa a la cosa del coiteo, por estos lares hablar de Tantra es hablar de una técnica mística para, teóricamente, alargar el placer. Sin embargo, vistas las pautas que dan para el asunto de la coyunta en tan afamado libro, ¿alguien se puede tomar en serio las conversaciones que mantiene Shiva con su esposa Shakti mientras andaban anudándose? Sera cosa personal, pero yo creo que cuando uno empieza una buena cosa debe acabarla siguiendo las instrucciones de la naturaleza.

Para mí que les faltaba riego. Algo lógico teniendo en cuenta la posturita en la que se encontraban.



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1904. Viernes, 21 octubre, 2011

Capítulo Milésimo noningentésimo cuarto: "¿Quieres mirar la lavadora conmigo?" (María Dolores Lozano, 48 años, portera con aspiraciones de vicepresidenta ejecutiva)

En cuestiones de sexo cada maestrillo tiene su librillo. Nadie sabe mejor los gustos y disgustos a desarrollar mientras se realiza tan agradable tarea que los participantes en la misma. De todas formas, nunca está de más echar un vistazo a alguna de las infinitas películas que existen sobre el tema, aunque sólo sea para coger alguna que otra idea de esas que -más tarde que pronto- uno podría llegar a poner en práctica.

Pues estaba yo ensimismado con tan educativa labor, cuando en una de las escenas de la película (cuyo título era algo así como El indecente ladrón y su rabo juguetón, aunque no suelo quedarme mucho con los créditos..) sus dos protagonistas (tampoco me quedo yo mucho son sus nombres..) se subían encima de una lavadora y, aprovechado que debía de estar puesta en un programa para ropa no delicada de color y con el doble centrífugado a punto de empezar, beneficiarse de las mil revoluciones por minuto de la maquinita hasta dejar los azulejos de la cocina, entre otras cosas, completamente perdidos.

Yo algo ya había oído del asunto, pero claro no es lo mismo que te lo cuenten por ahí a que unos señores expertos en la materia te hagan la demostración práctica, mostrándote, además, absolutamente todo. En estos casos la profesionalidad es muy importante.

Bueno, a ver, que me estoy dispersando. Lo que yo quería hoy era protestar. Primero porque la lavadora de mí casa está empotrada. Un problema del que, es verdad, nadie tiene la culpa y que, no obstante, se podría solucionar de una forma relativamente fácil, bien echando un poquito de agua en los baldosines para que se deslice mejor sobre ellos y salga poco a poco, o (y si se puede elegiremos esta segunda opción, sin duda la mejor) eligiendo para el experimento a un cachas que te la saque (la lavadora).

Pero por lo que de verdad quiero protestar es por la manía que les ha entrado a todos los fabricantes de estos trastos por subirles las revoluciones -algo que en principio nos beneficia- pero quitándoles lo que es, sin duda, el meollo de la cuestión aquí: sus vibraciones. ¡Pero si hasta presumen de que un niño puede quedarse dormido encima de una de ellas mientras centrifuga! Así no hay manera.

De todas formas espero que alguno por aquí de ustedes/vosotros tenga una lavadora como dios manda y pueda escribirme algún comentario contándome si la cosa merece, o no, la pena. Y ya de paso darles un toque de atención a los que hacen este tipo de películas para que se pongan las pilas y actualicen un poco sus herramientas. El cine, como cultura que es, tiene que ser también útil.

Hasta el lunes pues.



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1598. Miércoles, 21 abril, 2010

Capítulo Milésimo quingentésimo nonagésimo octavo: "Ponderemos los riesgos de quien toma el partido de creer en la existencia de Dios. Si gana, lo gana todo. Si pierde, no pierde nada". (Blaise Pascal, 1623-1662; matemático francés)

Nelson Rockefeller, político y (casualmente) multimillonario -peluche silva y mira al techo-, murió un 26 de enero de 1979 a causa de un infarto. Oficialmente constó que había muerto trabajando en su despacho (al menos trabajando sí estaba) pero lo cierto es que murió cuando andaba retozando con Megan Marshak, su secretaria. Él tenía 71 años y mucho sobrepeso. Ella, 45.

Según la autopsia, la muerte del señor Rockefeller, político y, (casualmente) multimillonario, se podía haber evitado si alguien hubiera llamado rapidamente a los servicios de urgencia. Pero, y según contó más tarde una muy afligida Megan, antes de poder avisar a los servicios sanitarios había tenido que luchar con uñas y dientes durante un buen rato para quitarse el muerto de encima (y nunca mejor dicho).

La obesidad mata. Y si prácticas la postura del misionero con ella, más.



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1362. Viernes, 6 marzo, 2009

Capítulo Milésimo tricentésimo sexagésimo segundo: "El cuándo y el pero es la herencia de los tontos". (Provebio italiano)

Dicen las estadísticas (la única fuente de información fiable que puedo tener sobre ciertos temas en los que la experiencia personal brilla por su ausencia) que aumenta el número de mujeres preocupadas por llegar al orgasmo de una forma simultanea con su pareja. Mal asunto. Si hasta hace nada la única preocupación de la mayoría de ellas era pasar cuanto antes el mal trago de tener encima al marido, ahora, que por fin muchas empiezan a disfrutar del momento, van y se obsesionan con los tiempos.

Un error. Por una mera cuestión anatómica, en la mayoría de las posturas en las que se produce penetración vaginal el pene no estimula de ninguna manera al clítoris (¿se puede decir clítoris?), que es el verdadero artífice de los órganos femeninos, la principal vía de entrada al mundo del orgasmo femenino. Es decir, que mientras al hombre le bastaría con sus movimientos para provocarse un desbordamiento, la pobre mujer debería de echar mano de su ídem o de la ídem de su compañero para perturbarse, algo que, supongo, debe complicar bastante la concentración general.

Aunque “en la mayoría de posturas” no quiere decir en todas. En los últimos tiempos se habla mucho de la técnica de la alineación coital. Suena más complicado de lo que es. Se trata de una postura amatoria (¿por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?) creada por el psicoterapeuta Edward Eichel. Es una variación del clásico misionero que estimula el punto G y el clítoris (¿se puede decir clítoris?) al mismo tiempo. Y no es muy complicada. Seguro que muchos, a lo tonto a lo tonto, se han alineado coitalmente con la parienta de turno sin darse cuenta. Partiendo de la posición del misionero (supongo que conocida por casi todos pero que -por si acaso- yo la explico: ella tumbada, él encima, apoyando los codos), la mujer colocará las piernas alrededor de los muslos del hombre, como si le envolviera, provocando que durante la penetración la base del pene quede apoyada contra el clítoris (¿se puede decir clítoris?). El movimiento rítmico, ondulante y de presión generará una sensación vibratoria que puede desencadenar un espontáneo y campechano orgasmo simultaneo.

¿Sólo una teoría? Desde luego no será un servidor quien se ponga a comprobarla, pero sabiendo la cantidad de personas (degeneradas) heteros que pululan por aquí, seguro que alguien la pone en práctica este fin de semana y luego nos lo cuenta. Hasta el lunes pues.



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1295. Viernes, 14 noviembre, 2008

Capítulo Milésimo ducentésimo nonagésimo quinto: "Es muy fácil percibir lo imposible cuando no se trata de practicarlo uno mismo." (Jean-Jacques Rousseau, 1712 - 1778, escritor y filósofo suizo)

529 son las posiciones que hay en el Kamasutra.

Y unos tres años y seis meses (de media) el tiempo que necesitaría una pareja normal para poder hacerlas todas.

Habría que empezar cuanto antes. ¿No?

Pd. Los señores importantes que tengan que estar reunidos por los Estados Unidos este fin de semana arreglando el mundo pueden empezar el lunes. Lo primero es lo primero. (Aunque pongo la mano en el fuego de que sacaran un ratito para hacerme caso. Más buenos que son ellos...)

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1121. Martes, 5 febrero, 2008

Capítulo Milésimo centésimo vigésimo primero: "La expectativa de vida crecería si los vegetales olieran como el tocino" (Doug Larson, 1902-1981; Piloto de carreras inglés)

Todos sabemos que nuestra pareja no está de muy buenas pulgas cuando quiere empezar una conversación con los brazos cruzados. Hasta aquí bien. Pero resulta que dependiendo de la postura que adopten sus brazos y sus manos, podremos saber si el enfado que se nos viene encima es una simple tormenta de verano o se está acercando el diluvio universal.

Unos detalles que, sin duda, nos pueden colocar en una mejor situación para aguantar el chaparrón, o lo que quiera caer.









Lo más importante: no cruzarlos tú. Nunca se sabe quien ha acabado leyendo esto.

... pinturas antíguas.

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999. Viernes, 22 junio, 2007

Capítulo Noningentésimo nonagésimo noveno: "Le preguntan al tío: ¿Cual es el sitio más raro donde le has hecho el amor a tu mujer?, y el hombre, que tiene menos seso que un mosquito, se devana la cabeza y le contesta: en el culo" (Melodía de seducción, 1989 Harold Becker, 1989)

Hundido, a pesar de estar ya a viernes estoy hundido. Y la culpa es de los libros, más concretamente de un libro del que sólo me he atrevido a leer el título y el resumen ese que ponen en negritas en las solapas: "Las posiciones del placer", de Anna Alter y Perine Chercheve.

322.000 posturas (si, trescientas veintidós mil), detallan estas dos "simpáticas" señoritas, que, para acabar de sumergirme en el más absoluto complejo de inferioridad, dicen haberlas probado personalmente todas y cada una de ellas.

Uno, que siempre ha presumido de un cuerpo lo suficientemente flexible como para que intentar aliviar los ardores no fuera algo demasiado monótono, no tiene más remedio que rendirse a la evidencia: no paso de ser un aspirante a aprendiz..

Y gracias.

Claro que me picó la curiosidad y hojeé, muy por encima, alguna que otra página; me topé con la "carretilla de Zanzibar", algo así como cuando jugaba de pequeño a la carretilla caminando con los brazos mientras otro te sostenía las piernas pero con un "contacto" más íntimo, o "la lanza", dónde uno se balancea a través de unos cuerdas clavadas en el techo mientras otro, montando en un columpio intenta "acertar"...

No seguí leyendo, sólo de imaginarme en algunas de esas posturitas, ya me aparecieron las agujetas de golpe..

De todas formas y ahora que lo pienso, si por lo menos lo han hecho 322.000 veces... ¿Cómo les quedó tiempo a estas ninfómanas compulsivas para, además, escribir el libro?

Hasta el lunes.




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964. Jueves, 3 mayo, 2007

Capítulo Noningentésimo sexagésimo cuarto: "La lectura es una conversación con los hombres más ilustres de los siglos pasados" René Descartes, 1596- 1650, filósofo, matemático y científico francés)

En tiempos de los romanos la postura dónde la mujer se situaba encima del hombre a la hora de tener relaciones sexuales estaba completamente prohibida porque "incitaba a las mujeres a ser más que los hombres". Textual.

Los griegos la llamaban el "caballo de Hermes", mientras que entre los egipcios era considerada como "la única postura verdaderamente humana".

En la España del siglo de Oro se le llamaba a esta forma "poner la iglesia sobre el campanario".

Mientras la señora Pantoja anda por esos calabozos por blanquear dinero, nosotros a lo nuestro. Aunque sea jueves, hablemos de sexo
Por ejemplo, sugerencias para romper con la monotonía sin gastarse un duro. Empiezo yo

Ir de tiendas con tu pareja, atacarla por sorpresa en el probador, taparle la boca con esa camiseta tres tallas menos, atarle las manos con un cinturón. Seguir.

Ascensor, vecinos en la escalera, botón de "stop" pulsado, arrancar cremalleras. Seguir.

El campo, entre las piedras, todo natural, arriesgarse a un mirón, los gemidos haciendo eco. Seguir.

La escalera, desabrochar con furia los botones, revolcarse por el suelo helado, gritos de placer asustando a los vecinos. Seguir.

La cama, cien mil millones de posturas nuevas, cien mil millones de formas de intercambiar placer. Seguir.

La lista abierta hasta el infinito, los comentarios esperando ideas. Seguir.