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1919. Miércoles, 16 noviembre, 2011

Capítulo Milésimo noningentésimo decimonoveno: "Se escapa de un manicomio y paga voluntariamente sus impuestos (Resumen de agencias)



Afortunada instantánea que nos muestra el progresivo erizamiento de las cerdas de un cerdo al enterarse de los precios actuales del jamón enllegando las navidades. Una vez más se demuestra que los animales no se diferencian en nada de las personas. Con perdón.

Puñetera crisis que ya ni comer jamón nos deja.

... mediodía

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1434. Miércoles, 1 julio, 2009

Capítulo Milésimo cuadringentésimo trigésimo cuarto: "Primero el hombre aprende en la vida a andar y hablar. Mas tarde, a sentarse tranquilo y mantener la boca cerrada. (Marcel Pagnol, 1895-1974; escritor francés)

Una ballena macho –y lo han dicho en los documentales delados así que tiene que ser verdad- expulsa en cada eyaculación 1.600 litros de semen (tirando por lo bajo, cuarto y mitad de un camión de puleva). Una cantidad que, por cierto explicaría el nombre del animal: balleno, aunque eso es otra historia. De esos 1.600 litros, sólo un 10 % (traducido para los de la f.p., 160 litros) entrarán en la ballena hembra mientras que los otros 1.440 litros se quedarán flotando en el mar. Y así con cada bicho.

Dicho lo cual, dos normas básicas para este verano en la playa: casi que no deberíamos preguntar qué es eso blanco que hay en la orilla, y mejor, mucho mejor, meterse en el agua con la boca cerrada. Que por muy de ballena que sea no dejan de ser proteínas, y como tales de a casi 400 calorías los cien gramos. A ver si andamos con la lechuga, el pollo asado y el bi(o)manan a todas horas y luego, a lo tonto, a lo tonto, nos damos el atracón.



... mejor en madera

Todos los "capítulos" de " tantos hombres y tan poco tiempo"

906. Martes 30 enero, 2007

Capítulo Noningentésimo sexto: "Si el esfuerzo que se gastó en la investigación de la personalidad femenina se hubiese gastado en el programa espacial ya estaríamos vendiendo hamburguesas en la luna" (Steven Wright, 1955, humorista estadounidense)

Tengo unos amigos que juegan al tenis. A mí me parecen unos insensatos. Creo que el tenis después de los veinte años es un ejercicio destructor. Y si quien lo hace ha comenzado su practica después de haber cumplido los veinticinco, peor para su corazón que la bomba atómica para Hirosima. Tan lamentable como la manía que tiene algunos por hacer "footing". Una persona de respetable edad corriendo al trote me parece un espectáculo irresistiblemente penoso.

A uno de ellos le ha dado ahora por el golf. Yo, hombre joven sedentario y sedante, contemplo semejante desatino desde la distancia. El juego es muy propio de la terquedad y la carencia de imaginación de los ingleses. Colocar una bolita artificial, bastante cara, sobre otra natural millones de veces mayor y obstinarse en golpear a la pequeña sin rozar a la grande es tarea, por lo visto, apasionante, aunque inútil. Es verdad que con el juego se consigue caminar esos seis o siete kilómetros que los médicos consideran imprescindibles para mantener sano el corazón, pero llegado a este punto siempre me acuerdo de aquel cantante navideño, Bing Crosby, que después de haber hecho esa caminata cayó fulminado por su corazón junto al hoyo dieciocho. Precisamente el último.

Antes a los hombres (personas) nos fulminaba el corazón la mirada de unos ojos negros, pardos o azules. Ahora nos destroza el corazón la mitología anglosajona del ejercicio físico. Antes estábamos mejor. Yo soy de los de antes


... dormir

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