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1883. Miércoles, 21 septiembre, 2011

Capítulo Milésimo octingentésimo octogésimo tercero: "Solo existe un bebé hermoso en el mundo. Y todas las madres lo tienen". (José Martí, 1853-1895; escritor cubano)

Por primera vez en la historia de los blogs, "Tantos hombres y tan poco tiempo" se complace en ofrecer una historia real precedida, en la línea de los mejores y más cotizados programas de la televisión (y de más audiencia), su correspondiente gancho. Un gancho que hará que nadie se resista a conocer el final de la historia evitando así el cambio de blog durante la publicidad y por lo tanto aumentando a niveles espectaculares el impacto de los productos anunciados. Garantizado.

Un texto leído con voz ronca, profunda mientras suena de fondo una música de intriga acompañada de letras muy aparentes que sobrevuelan el blog -(coñe echarle imaginación que no es plan de meter aquí flash y eso)

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Y ¡por fin! el desenlace de la atractiva historia, ya sin alharacas ni jolgorios.

Iba caperucita Roja por el bosque, cuando, como siempre, se le apareció el lobo, pero esta vez !completamente desnudo!
- “¿A dónde vas, Caperucita Roja?” -preguntó el desvergonzado lobo.
- “Mira lobo”, contestó insolente Caperucita, -“antes que nada, lo que tienes que hacer es taparte con el rabo. ¿Ves que fácil es ser decente?”

El resto del cuento continúa igual ... que se nos ha echado el tiempo encima. Una mejora internacional de Tantos hombres y tan poco tiempo, siempre a la altura de los mejores blogs del mundomundial.

(Pero !qué mal me está sentando volver al tajo!, !pero qué mal!)


... el parquímetro

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1882. Martes, 20 septiembre, 2011

Capítulo Milésimo octingentésimo octogésimo segundo: "Algunos nacen grandes, algunos logran grandeza, a algunos la grandeza les es impuesta y a otros la grandeza les queda grande". (William Shakespeare, 1564 - 1616; escritor inglés).

Entre alargamientos de pene, viagras milagrosas y rusas minifalderas que prometen hacerme el hombre más feliz del mundo teniéndolas de esclavas, me llama la atención un correo electrónico capaz de disparar elazúcar al hipoglucemico más crónico:



!Venga ya! Luego pasa lo que pasa. Dejémonos de mariconadas, dejémonos de príncipes, condes o borjamaris... mejor, mucho mejor, busquemos un lobo; te ve mejor, te oye mejor y !sobre todo! .... te come muuuuuucho mejor!!

!Hala! A buscar lobos. O lobas, que como decía el otro, hay gente pató.



... vello púbico

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1493. Jueves, 29 octubre, 2009

Capítulo Milésimo cuadringentésimo nonagésimo tercero: "No te acerques a una cabra por delante, ni a un caballo por detrás, ni a un tonto por ningún lado". (Proverbio corso)

Ser el hermano intermedio marca. En el primogénito, por aquello de la novedad, se suelen volcar con todo su ímpetu y más, los padres, los abuelos, los tíos y hasta la vecina soltera del quinto derecha. El tercero (si lo hay), que suele nacer varios años después, no deja de ser "el juguete" familiar que siempre llega en "el mejor momento". Pero los segundos, que ni somos la novedad ni tenemos vocación de regalo de reyes, tenemos aprender a valernos por nosotros mismos mucho antes que los demás y casi siempre por nuestra cuenta.

Pura supervivencia.

Quizá por eso, con las lógicas excepciones, seamos más independientes y estemos más acostumbrados a hacer las cosas por nosotros mismos, pidiendo ayuda, solo, en contadas ocasiones.

Y sí, todo este rollo tiene una explicación, leo en una revista que la soprano estadounidense Kathleen Battle, famosa -además de por su canto- por dejar claro en todas sus entrevistas que si ha llegado a donde ha llegado (?) ha sido gracias a que sus padres se centraron en ella por haber sido hija única, yendo en su limusina, llamó a su "manager" muy disgustada para que éste, a su vez, telefoneara al chofer para que bajara el aire acondicionado. Tras el disgusto, la señora se dio un baño de leche de burra para recuperarse del sofocón.

Claro que me da a mí que esta más que primogénita, que también, es idiota.

... perros sudorosos

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1119. Viernes, 1 febrero, 2008

Capítulo Milésimo centésimo decimonoveno: “El que reclama igualdad de oportunidades acaba exigiendo que se penalice al bien dotado”. (Randall Stuart Newman, 1943; compositor y cantante estadounidense)

Trabajar para el Estado -en alguna de sus múltiples versiones- es lo que tiene. Salvo que aspires a ser subsecretario de algo puedes ir vestido como te dé la real gana. Cada mes y tres días hay una moda nueva. Esta semana es que los tíos lleven chaleco. La idea viene del siempre efervescente (fina manera de decir tocapelotas) departamento de recursos humanos que es donde descansan todos los que no tienen nada que hacer, lo que les permite pensar mucho.

El chaleco es una prenda que se inventaron los señores con abdomen abundante y que usaban mayormente para que al sentarse a comer no se desparramaran mucho sus estómagos y sus barrigas. El problema del chaleco es que sólo favorece a los que están bien hechos y no tienen mollas, o sea a los que no necesitan chaleco.
- Yo creo que ése debería de venir desnudo a trabajar, le dice Mariasun a su compañera de mesa mientras la porra se chupa todo el café.

- No seas guarra Loli, que siempre estás con lo mismo.

- Seré guarra, pero el tío está para hacerle un traje de saliva.

-Si lleva chaleco, es que es maricón – interrumpe Mariapatriciavanesa arrastrando una silla para colocarse en medio de la tertulia y tomar las riendas de la conversación.

-De eso nada. Los maricones van marcando paquete y éste va de tergal.

-Entonces es que la tiene pequeña- sentencia Mariapatriciavanesa mientras recoge de su blusa las migas de la palmera de chocolate que se acaba de meter entre pecho y espalda.

-Serás gili, qué sabrás tú que las únicas que has vito son las que salen en la páginas de la internet.

- Loli, pregúntale si lleva calzoncillos cortos o largos, que me muero de curiosidad.

-¿Yo? Qué corte, Mariasun. Pregúntaselo tú.

- Es que igual piensa que me lo quiero tirar o algo.

-¿No dices que te gusta? Pues tíratelo y déjame en paz, por Dios, qué pesada.
Parece que la igualdad entre hombre y mujeres se empieza a notar en el mundo real. De una forma sutil todavía, pero ya se empieza a notar. Trabajar para el Estado -en alguna de sus múltiples versiones- es lo que tiene. Hasta el lunes.

... más historias "extra-ordinarias" todo el fin de semana.
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963. Lunes, 30 abril, 2007

Capítulo Noningentésimo sexagésimo tercero: "El espíritu humano está hecho de tal forma que se engatusa mucho más con la apariencia que con la realidad" (Erasmo de Róterdam, 1469 - 1536, filósofo, filólogo y teólogo neerlandés)

Como blog pegado a la actualidad que es, hoy tocaría hablar de Sofía. Pero tengo que reconocer que el tema me despierta el mismo interés que una conferencia que tratara sobre cómo mejorar el rendimiento laboral. Además, se han perdido las buenas costumbres Antes, cuando nacía un heredero te daban el día libre y hasta una paga extra. Hoy te puedes dar por satisfecho si logras evitar a las enteradas del tema (Asun, la de administración es como el hola) empeñadas en contarte hasta el más mínimo detalle del acontecimiento.

Y encima es un lunes en el que no tenía que estar aquí. En fin, dejemos a un lado el monumental cabreo por no tener el justo y merecido puente que me correspondí. Corramos un tupido velo sobre tan antipático tema y a lo nuestro lanzando una afirmación irrebatible: hay cosas que, sin ninguna duda y dejando bien claro que para gustos se hicieron colores, donde mejor se hacen es en la cama.

No digo yo que hacerlas en un ascensor, dentro de un globo aerostático o encima de la lavadora centrifugando, no tenga su morbo, al menos alguna que otra vez, pero dónde esté una buena cama (y sobre todo considerando que ya tenemos una edad donde las roturas de cadera son complicadas de arreglar) que se quiten otros sitios más... digamos... contorsionistas.

También es verdad que cuando las ganas aprietan, el sitio suele ser lo de menos, pero si se puede elegir, hay que reconocer que un buen colchón ayuda mucho. Aunque para eso, como para todo, siempre hay gente un poco más especial.

Y si no que se lo pregunten a la divina Sarah Bernhardt, tan diva ella, a la que le encantaba hacerlo en un ataúd forrado en raso, regalo de uno de sus amantes.

Por cierto, sé que en situaciones normales no haría falta aclararlo, pero conociendo el perfil de los que hacemos, (vosotros y yo), este blog, convendría especificar que de lo que estamos hablando es de dormir.

Los lunes a estas horas es difícil pensar en otra cosa. Hasta el jueves.


... más historias "extra-ordinarias" todos los días

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959. Martes, 24 abril, 2007

Capítulo Noningentésimo quincuagésimo noveno: "Hasta la más larga caminata empieza por un pequeño paso" (Confucio, 551 aC - 479 aC, filósofo chino)

Anda la princesa Letizia a puntos de parir. El tema me produce el mismo interés que una final del Madrid-Barcelona: ninguno. Pero no puedo negar la evidencia: mi, en principio, completa indiferencia hacia este tipo de acontecimientos va a ser imposible de mantener. Durante los próximos días y haga lo que haga, no podré escapar a las más variadas conversaciones, opiniones incluidas, sobre tan apasionante tema.

Y que conste me parece muy bien que para, se supone que es su obligación. Lo que no acabo de entender es tanto preparativo. Uno, que ha visto, -por obligación nunca por devoción-, algún que otro parto, ha llegado a la conclusión de que, salvo algún incidente descontrolado que siempre puede aparecer, parir es, aparte de algo estéticamente muy desagradable, la cosa más normal del mundo y lo más importante: cuanta menos mano se le meta (y nunca mejor dicho), pues mejor.

Y claro, en cuestiones de reinas la cosa no tienen que ser distintas. Al menos nunca lo han sido. Juana la Loca, que por cierto adelantó su boda con Felipe de Hamburgo (el Hermoso) cuatro días con el único fin de saciar su pasión sexual, parió a su hijo Carlos (el que luego sería Carlos I de España y V de Alemania), en la letrina del Palacio de Gante donde la reina disfrutaba de una animada cena. Al final del banquete, la futura Reina de España comenzó a sentirse mal, pero pensó que su estado se debía a un empacho, sin saber que era el bebé quien avisaba de que estaba en camino.

Si ya en un paritorio las parturientas se encargan de ponerlo todo perdido, no quiero imaginarme la primera imagen que tuvo que ver el infante Carlos cuando aterrizó en la letrina de palacio. Menos mal que la naturaleza es sabia y uno sólo empieza a tener recuerdos a partir de los tres años. Menos mal.

... el sexo y los problemas de peso

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