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2135. Lunes, 3 diciembre, 2012

Capítulo Dosmilésimo centésimo trigésimo quinto: “Mala cosa es tener a un lobo cogido por las orejas, pues no sabes cómo soltarlo ni cómo seguir aguantándolo” (Publio Terencio Africano, 100 a. C -159 a.C.)

Aviso para escrupulosos: nada es lo que parece. Según las conclusiones del “Estudio sobre manos sucias”, dirigido por un por un tal Val Curtis, reconocido investigador británico, en el que se analizaron las manos de un número significativo de viajeros en distintas estaciones de trenes inglesas, uno de cada cuatro presentaba restos fecales en ellas. Restos que repartían sin contemplaciones por los pomos de cuantas puertas abrían o cerraban –entre otros sitios- durante no poco tiempo después de realizar el alivio de sus cuerpos.

Dejando a un lado lo extraño del trabajo (¿qué contestará el hijo del Val Curtis cuando le pregunten en que trabaja su padre?) hay que reconocer que, superada la grima inicial, la cosa tampoco es para llevarse las manos a la cabeza.

Al fin y al cabo mierda que no mata, engorda.


... América.

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

2125. Lunes, 19 noviembre, 2012

Capítulo Dosmilésimo centésimo vigésimo quinto: “Mejor que levantar la voz, reforzar el argumento” (George Herbert, 1593 - 1633; poeta inglés)

Aparte de por incómodos, que los pisos sean cada vez más pequeños se está convirtiendo en un asunto de salud pública. Dicen las últimas estadísticas de accidentes caseros que hay un alarmante aumento de ingresos en urgencias por unas heridas muy concretas: aquellas que se producen cuando el accidentado se agacha para coger el trozo de papel del culo correspondiente y acaba "intimando", de no muy buenas maneras, con el portarrollos.

Normal. Uno, concentrado como está en la finalización de sus deposiciones, se limita casi mecánicamente a hacer el gesto de inclinarse para proveerse del papel, pero como resulta que todo está situado tan estratégicamente cerca lo que acaba es estrellando su frente, (de una manera bastante brusca), contra el susodicho portarrollos, que encima suele tener esquinas más o menos afiladas según diseño.

La cosa tiene su gracia vista desde fuera, pero claro, poniéndose en la situación del herido, con una brecha en la frente, los pantalones por los tobillos, y reconozcámoslo, una postura no precisamente elegante, es fácil imaginar el bochorno primero y la vergüenza después, que tendrá que pasar el protagonista del "evento" cuando llegue a urgencias y, entre automovilistas politraumatizados o algún que otro cuarentón con su infarto a cuestas, tenga que relatar el origen de su muy especial accidente.

Hay heridas que por mucho que puedan doler físicamente, no son nada comparadas con un orgullo machacado.


... guías.

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1582. Lunes, 22 marzo, 2010

Capítulo Milésimo quingentésimo octogésimo segundo: "Saben ustedes cómo se llama una medicina alternativa cuando se ve que realmente funciona? Medicina" (Tim Minchin, 1975; humorista australiano)

Aunque en la mayoría de las religiones los pecadores, oseasé nosotros, sufren tormentos en calurosos infiernos incandescentes, también hay creencias que sustituyen las llamas por el frío gélido. Es el caso del reino Nifelheim, en la mitología nórdica, donde reina una niebla perpetua, o el de los Narakas helados del budismo.

Lo de la niebla me atrae, la niebla siempre me ha parecido algo mío, supongo que por reminiscencias de mis tiempos de miope integral antes de que el laser obrara su milagro, pero teniendo en cuenta que siempre me ha gustado más el frío que el calor, voy a aprovechar la visita este verano a uno de los centros budistas más budistas del budismo, el Nepal para (además de para matar clavicordios en Katmandú), enterarme de los requisitos que se necesitan para cumplir el bien merecido castigo eterno por mi descarriada vida en su infierno. Ya que uno está condenado, por lo menos habrá que tratar de cumplir la (justa) penitencia en las menos malas condiciones posibles.


Para el orgulloso -con razón- padre

... cristales

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1504. Lunes, 16 noviembre, 2009

Capítulo Milésimo quingentésimo cuarto: “¿Por qué si ves a los orientales en grupo siempre dices “mira, japoneses”, pero si los ves individualmente dices “mira, un chino”?” (Fernando G. 60 años, funcionario)

Las abuelas están empeñadas en cebar a sus nietos porque te sacan a pasear y, desde que el mundo es mundo, entre abuelas que te sacan a pasear hay una competición para ver quien tiene el nieto más gordo. Tú le das a una abuela un niño delgado y lo que le das es un disgusto. Y de los gordos.

Por eso, cuanto más gordo estés, más te obligan a besar a otras abuelas. "Mira, ahí viene Pilarita, dale un beso". Y te aprieta la mano, y se lo das, ¡vaya si se lo das! Y Pilarita se agacha con intención de que la beses, y justo cuando pasa junto a tu oreja grita “aaaayyyyyyyyyyyyyyyyy pero está preciosidad ¿quién es?” Y la abuela, tú abuela, en pose oficial de abuela orgullosa, monedero pillado en la axila izquierda, ese brazo derecho debajo de esas enormes tetazas de abuela (es curioso, pero por más plana que sean de jóvenes cuando llegan a abuelas le salen tetazas de abuela, misterios de la naturaleza) contesta orgullosa “¡mi nieto, el mediano!” y la señora, la Pilarita, te arrima ese maquillaje seco de toda la semana que tiene por mejilla y no te queda más remedio que plantarle un beso que es lo más parecido a besar a una momia del museo británico y del que vas a tardar mucho, pero mucho tiempo, en recuperarte.

Yo también tuve una abuela que me sacaba a pasear.