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1752. Miércoles, 26 enero, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo quincuagésimo segundo: “La bebida apaga la sede, la comida satisface el hambre, pero el oro jamás calma la avaricia" (Plutarco. 50 - 120; ensayista griego)

Corría el año 1138 cuando Conrado III de Alemania puso sitio a la ciudad de Winsberg, que le había salido güelfa, anunciando que pasaría a cuchillo a todos sus habitantes; pero cuando al fin la ciudad fue obligada a rendirse por falta de víveres condescendió el rey a dejar salir a las mujeres, aunque sin otro equipaje que “las prendas que más estimaran”.

Se abrieron las puertas de la ciudad y empezaron a salir las señoras; la primera, la condesa Ida llevando a cuestas al conde Wëlf VI de Babiera, lo que dejó asombrados a los sitiadores, no porque una señora tan principal hiciera de porteadora sino porque “la prenda que más estimaba” la condesa fuera precisamente su marido, pero un marido que antes de encaramarse a la espalda de su esposa tuvo que acceder a que un joven membrudo, desconocido por él hasta aquel momento, se encaramara a su vez en sus propia espalda antes de que la mujer accediera a partir.

Un gesto memorable sin duda que ponía en evidencia (aparte de la buena capacidad para el acarreo de la condesa y de su “gran” corazón) que hasta en los tragos más difíciles puede surgir una hermosa solidaridad entre dos hombres... por más que, en otras circunstancias, aquel encuentro hubiera acabado en tragedia.



... perras monedas

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1649. Lunes 5 julio, 2010

Capítulo Milésimo sexcentésimo cuadragésimo noveno: “No me importa mucho la música, lo que me gusta es cómo suena”. (Dizzy Gillespie, 1917-1993, músico estadounidense)

Un famoso empresario estadounidense, P.T. Jartum, exhibía en una de sus barracas un espectacular toro que, según decía, daba saltos mortales y hablaba varios idiomas, Aun valiendo un dólar la entrada –caro para aquellos tiempos-, había una gran cola para verlo. Barnum observó a un hombre deseoso de contemplar a aquel extraordinario animal y le preguntó por qué no entraba. “¿Un dólar?” –replicó el señor. –“Me es imposible. Soy obrero, tengo siete hijos, mujer y suegra, y vivo con 15 dólares semanales?”. “¿Diez personas con 15 dólares? Pase usted gratis, amigo” –le ofreció Barnum-. “Quiero que mi toro le vea. ¡Es usted más extraordinario y más fenómeno que él!”.

Ahora que no nos oye nadie.. a pesar de lo que diga día sí y día también, y de lo mucho que despotrico por tener que trabajar, se perfectamente que soy un privilegiado.. porque con los tiempos que corren hay cada fenómeno (a la fuerza) por ahí ….

1206. Miércoles, 18 junio, 2008

Capítulo Milésimo ducentésimo sexto: "Las leyes son semejantes a las telas de araña; detienen a lo débil y ligero y son deshechas por lo fuerte y poderoso." (Solón, 638-559 a.C.; legislador y político ateniense)

Vivimos de ideas recibidas, de viejas estructuras: la familia, el estado, la religión, los partidos políticos. Estructuras a las que seguimos adscritos pese a que han dejado de cumplir parte de su función. Y con ese material de derribo nos arreglamos como podemos, aún sabiendo lo injusto que suele ser el resultado final de un mundo en el que unos pocos afortunados lo tienen todo mientras el resto apenas tiene nada.

Sin embargo, en la historia de la humanidad ha habido momentos en los que la sociedad se dotó de medios con los que poder ser más igualitaria.

Pueblos como los Babilonios, que una vez al año cumplían escrupulosamente la tradición de subastar a las jóvenes en edad casadera. Los hombres tenían que pujar con altas sumas de dinero para conseguir llevarse a las mujeres más guapas. El dinero recaudado se repartía entre las menos agraciadas para que pudieran comprarse esposo.

Así, y salvando los casos extremos (que para eso todo en la vida es un función gaussiana con forma de campana) la cosa quedaba en feos ricos comprando guapas pobres para que feas pobres pudieran comprarse guapos pobres. Las guapas se casaban con los ricos y las feas se casaban con los guapos. Un equilibrio (casi) perfecto en el que (casi) todos quedaban contentos. (Vale, sí, todos menos los feos y pobres, pero estamos en Babilonia y aún quedará algún tiempo para que inventen Lourdes).

Un sistema social de redistribución de riqueza y de belleza mucho más justo que el actual en el que el liberalismo a ultranza ha impuesto la ley de la selva y hasta donde dos guapos y ricos pueden cometer la barbaridad de casarse entre ellos sin que nadie ponga el grito en el cielo. Una sociedad cuyos miembros son capaces de anteponer sus intereses personales o sentimentales al bien de sus semejantes menos agraciados tiene que ser una sociedad enferma.

... perla negras

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