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2066. Jueves, 19 julio, 2012

Capítulo Dosmilésimo sexagésimo sexto: "¿Podrá una computadora decir algún día: "puedo, pero no quiero?" John Mac Carthy, 1927-2011; científico estadounidense.)

Después de tres meses de intenso romance vividos en un decorado perpetuamente iluminado por la luna plateada y un fondo de música de violines, tan empalagoso como comprensible, dos amigos que se habían jurado amor-eterno-por-siempre -jamás, dicen que lo dejan.

A cualquier mentira maravillosa se impone siempre la realidad, y la realidad no es precisamente diestra en maravillas. Alguien debería enseñarnos que el amor de película existe, sí, pero también deberían explicarnos de antemano qué ocurre cuando se apaga la luz plateada, desparece la pasión y la convivencia inicia sus destrozos. Y la convivencia, cuando se pone a destrozar, destroza a base de bien.

Y lo comprendo. Ver al hombre de tus sueños, hasta entonces el hombre más perfecto de la creación, acaparando el mando de la televisión, roncando, o quitándose los calcetines para cortarse las uñas de los pies, es un ataque de realidad que, cuando la venda del encoñamiento ha caído, no todo el mundo es capaz de soportar.

Últimamente veo a mi alrededor tantos casos de relaciones fracasadas que empiezo a temer una epidemia


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2045. Miércoles, 20 junio, 2012

Capítulo Dosmilésimo cuadragésimo quinto: “Su mirada cambió y fue a arrodillarse junto a ella: “No eres la misma que solías ser. Solías ser mucho más muchosa. Perdiste tu muchosidad” “¿Mi muchosidad?” Y le señaló el corazón: “Ahí adentro. Falta algo” (El Sombrerero Loco; Alicia en el País de las Maravillas)

Un hombre que se tenga como tal ha de desempeñar en la vida de una mujer las siguientes funciones:

Primera (y más importante). Saberla hacer feliz en el terreno amatorio (tradúzcase aspecto coital o himenéico)

Segunda (también muy importante). Cubrir todas las necesidades monetarias, tales como viajes alrededor del mundo, trajes de grandes marcas, diez o doce casas fantásticas y varias personas a su disposición durante día y noche para satisfacer el menor de sus caprichos.

Tercera. Saber ser su amigo, saber escuchar todo lo que tú tengas que decir y parecerle la persona más maravillosa e inteligente del mundo.

Si el hombre no cumple estos tres requisitos fundamentales, es un inútil, un mediocre y un cerdo, por lo que llegamos a la conclusión siguiente: Toda mujer que no encuentre en su vida este "mirlo blanco", debe buscar por separado a estos tres hombres; es decir, un buen amante, un señor con (muchos) posibles y un fenomenal amigo. Teniendo estos tres hombres a su disposición, puede llegar a ser tan feliz como si tuviera al "mirlo", sólo que es un poco más ajetreado.


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