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1539. Martes, 19 enero, 2010

Capítulo Milésimo quingentésimo trigésimo noveno: “El juego cumple una alta misión moral. Sirve para arruinar idiotas. (Santiago Rusiñol, 1861-1931; escritor español)

Abres el portal todo lo rápido que puedes… que para eso has visto detrás de ti a la vieja del tercero acelerando el paso. A las viejas del tercero, a todas las viejas en general, la posibilidad de poder subir contigo en el ascensor se convierte en el mejor bálsamo de Fierabrás, un bálsamo que transforma sus normalmente cansadas piernas en la envidia de cualquier atleta etiope. Saben además que, pase lo que pase, cuentan con una gran ventaja: cuando llegues el ascensor nunca estará en el bajo. Lo llamas impaciente, baja, baja, está bajando, no acaba de bajar, taconeas o punteas intranquilo para acelerar el proceso (!cómo si por eso fuera a bajar más rápido!) pero al final ellas siempre ganan...

Son sólo tres pisos, pero las batallitas -concentradas- que son capaces de contarte en tan corto itinerario te dejarán marcado de por vida.

Benditas escaleras... y maldita educación.

... cambiarse de chaqueta

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1534. Martes, 12 enero, 2010

Capítulo Milésimo quingentésimo trigésimo cuarto: "Tan a destiempo llega el que va demasiado deprisa como el que se retrasa demasiado" (William Shakespeare, 1564 - 1616; dramaturgo inglés)

Toca -otra vez- inmersión absurda en la rutina laboral. Calma, mucha calma. Hagamos lo justo (lo justo siempre es bueno) y seamos comedidos, que, aunque nos han vendido la pereza como un pecado capital, -si no sufres no estás bien visto- debemos seguir reivindicando el buen nombre de los vagos, al fin y al cabo los verdaderos impulsores del actual avance de la humanidad.

¿Qué hay de malo en descansar todo lo posible permitiendo a los que verdaderamente valen que terminen el trabajo sin causarles molestias? (aunque solo sea porque se han aburrido de esperar a que tú lo hagas). ¿Qué hay de malo en no dar el 100%, si con el 50% es suficiente y además te permite estar descansado?

Durante la carrera tuve un profesor que siempre decía que hacer las cosas deprisa era totalmente incompatible con hacerlas bien, que para ser responsables uno se tenía que fijar, si lo hacías rápido no podías fijarte en esos pequeños, pero importantes detalles. Y cada vez que nos soltaba el discurso ponía de ejemplo la misma historia:

Un profesor de Anatomía Patológica da a sus estudiantes la primera clase sobre autopsias:

"- Para hacer bien una autopsia hay dos cosas básicas: primero, no tener repugnancia".

Dicho eso, el profesor mete un dedo en el ano del muerto y luego lo chupa. A continuación pide a sus alumnos que hagan lo mismo. Tras un silencio temeroso, comienzan a obedecer. Al final el profesor prosigue:

"- El segundo elemento es ser muy observador. Yo metí el dedo anular, pero me chupe el índice."

Las prisas son malas, muy malas. Y en cuestiones laborales, más.

... piratas y corsarios

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