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1209. Lunes, 23 junio, 2008

Capítulo Milésimo ducentésimo noveno: "Aquellos que sólo quieren descansar, ¡cuánto trabajan para conseguirlo!" (Constancio C. Vigil, 1876-1954; escritor uruguayo)

Nunca he tenido muy claro si la dolorosa, insufrible e injusta condena de tener que venir a trabajar cada día (algo que no se merecería ni el peor enemigo) empezó con el desagradable incidente de la manzana en el paraíso o venía incluida en alguna enmienda adicional de las siete plagas de Egipto. Tampoco importa mucho. Ahora ya no se trata de buscar culpables sino de intentar remediar la situación. Y ya que hay que hacerlo, al menos intentemos buscar el menos malo de los trabajos.

Una vez descartado lo de actor porno (mis cualidades naturales, perfectamente demostrables, no han podido con los enchufes que controlan el negocio – digan lo que diga la gerontofilia está ahí y uno siempre iba a tener su público-) creo haber encontrado un trabajo que cumple, dentro de la obligatoriedad de tener que trabajar, mis expectativas.

Si en principio pensé en aspirar a la plaza portacorbatas, figura creada por Luis XV de Francia cuyo único cometido era abrocharle y desabrocharle la corbata al rey (una corbata que sólo llegó a usar una vez en su vida), he pensado mejor que me ofrezco como vaporizador natural, una empleó instituido por Popea, esposa de Nerón, que en una época donde no se habían inventando aun los vaporizadores, tenía por costumbre que una esclava se llenase la boca con perfume y lo pulverizase sobre su rostro y cuerpo.

Sí, evidentemente ha que trabajar un poco más que siendo portacorbatas, pero sólo la idea de escupir directamente a la cara del jefe todos los días y que encima te paguen por ello, tiene que compensar. Seguro.



... el membrillo: un remedio para todo

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1069. Miércoles, 7 noviembre, 2007

Capítulo Milésimo sexagésimo noveno: "La filosofía no es más que el sentido común en traje de etiqueta" (Tish Jett, 1945, editor estadounidense)

Alan Hirsch es uno de los mayores expertos en enfermedades relacionadas con los sentidos del gusto y del olfato. El hombre, neurólogo y psiquiatra, se debe de aburrir lo suyo y ha presentado en la Association for Chemoreception Sciences, en Florida, las conclusiones de su último estudio: los perfumes, al menos los perfumes florales, adelgazan.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores de su equipo rociaron a una vendedora de cosméticos de 1,75 metros de altura y 115 kilos de peso con diferentes perfumes. Después la llevaron en días diferentes, en diversos lugares, ante distintos hombres a los que solicitaba que adivinaran su peso. El estudio tuvo en cuenta la opinión de 200 individuos de edades entre los 12 y los 61 años.

La conclusión: cuando la vendedora llevaba un perfume de tipo floral el peso percibido por los hombres se reducía en un siete por ciento, un efecto adelgazante posiblemente debido a que la percepción de las esencias florales que portaba la vendedora distraía la atención sobre su exceso de peso.

Bueno, no voy a decir yo que la cosa se una tontería. Al fin y al cabo quien más y quien menos ha usado este tipo de trucos ópticos para disminuir o aumentar alguna cosa concreta. A ver, ¿quién no se ha puesto un vestido negro para parecer más delgado? ¿quién no se ha comprado un traje a rayas verticales para estilizar su figura? ¿quién no se ha recortado todo lo que ha podido el pelo de ciertas zonas de su cuerpo para que aquello pareciera más grande...?

Yo mismo he probado uno de los trucos y funcionó. Y no fue el de las rayas verticales precisamente.

... punto rojo.

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