Capítulo Octingentésimo nonagésimo cuarto: "Las mujeres han servido todos estos siglos como espejos mágicos que poseían el delicioso poder de reflejar la figura masculina al doble de su tamaño natural" (Virginia Woolf 1882-1941 novelista británica)
Los piercings no son una cosa nueva. Ya la antigua realeza egipcia se anillaba (por cuestión estética) el ombligo y en Roma era costumbre que los miembros de la guardia del Cesar llevaran aros en los pezones como muestra de virilidad y coraje. No perdamos las buenas costumbres: si hoy es viernes, toca (hablar de) sexo. Aprovechemos que el Pisuerga pasa por Valladolid y vaya un pequeño recorrido por algunos de los piercings o anillas que se usan con una finalidad que va más allá de la estética: la de conseguir, con su uso, un mayor placer sexual.
Prince Albert: así llamado porque fue el Principe Alberto el primero que lo usó con la intención de que le quedara el prepucio retraído y así mantener su miembro limpio y libre de malos olores, unos malos olores que parecían molestar mucho a la reina. Consiste en un aro que se pasa a través de la uretra y hasta la base del glande (a la altura del frenillo más o menos). También fue muy usado por los miembros de la alta sociedad victoriana para sujetar sus genitales en una de las perneras de los pantalones, unos pantalones que según la moda de la época eran extremadamente estrechos.
Apadravya: barra con dos esferas en sus extremos que atraviesa la punta del glande verticalmente. Según el Kama Sutra (que ya lo menciona) es uno de los piercings más placenteros para la mujer.
Ampallang: similar al apadravya, pero aquí la barra se coloca horizontalmente (por encima de la uretra). Es muy usado por ciertas tribus del océano índico en el rito del paso de la niñez a la adolescencia.
Dydoe: consiste en dos barras que atraviesan la corona del glande en paralelo, una para cada lado. Según cuentan sus seguidores es el mejor sistema para recuperar la sensibilidad perdida a causa de la circuncisión.
Frenum: perforación en el frenillo del glande. Dicen sus usuarios que ayuda a retardar la eyaculación.
Guinche: piercing de iniciación para los nativos de algunas islas de la plinesia y del pacífico sur. Se trata de una barra colocada entre el ano y el escroto y que teóricamente controlaría, presionando suavemente, el músculo del que depende la eyaculación.
Foreskin: argolla colocada en el prepucio. En su origen se usó para asegurar la castidad impidiendo la erección (eran de mucho mayor tamaño). Ahora se usa simplemente por cuestiones estéticas.
Hafada: perforación en el escroto. De origen árabe su función es simplemente decorativa.
Ya, sé que sólo están los que usan los hombres y que las señoras y/o señoritas también tienen una ristra de ellos con sus nombres y todo. Pero uno sólo habla de lo que tiene más a mano y mi mano, que para las cosas sexuales es muy suya, jamás se acercaría a determinados sitios. Hasta el lunes.
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893. Jueves, 11 enero, 2007
Capítulo Octingentésimo nonagésimo tercero: "Tan perjudicial es desdeñar las reglas como ceñirse a ellas con exceso. (Luís Vives, 1492-1540, filosofo español)
Mis vecinas, que son hermanas y duermen juntas desde que a una de ellas le atracaron en el portal a principios de los ochenta, quieren regularizar su situación como pareja de hecho alegando que se han acostado en la misma cama más veces que muchos matrimonios "bendecidos".
Y es que ahora que estamos, o al menos eso parece, en el camino por igualar cualquier tipo de relación que dos personas libremente decidan establecer entre ellas, que ya era hora, no estaría de más rendir un pequeño homenaje a todas esas parejas de hecho que a lo largo de la historia y por los motivos que fueran, no tuvieron más remedio que ocultar sus sentimientos.
Ejemplos hay a patadas, sin ir más lejos ahí tenemos a Astérix y Obélix
Una relación tan evidente como la que existió entre este gordito repartidor de menhires, vivo ejemplo del "oso", y el bajito del gorro con alas, evidentemente el "chasser" de la pareja, fue ocultada sin ningún tipo de compasión por los autores.
Ni en uno solo de sus capítulos pudieron mostrar públicamente su afectividad.
Y eso que la cosa era más que evidente: miradas, complicidades.. y sobre todo un dato evidente que despejaría cualquier duda sobre su opción sexual: ¿algún hetero llevaría un bigote rubio peroxidado a juego con las cejas negras?
Evidentemente no.
Y no nos dejemos engañar: en cuestiones sexuales la naturaleza no ha prohibido nada, ha sido la "civilización", usando las religiones para amedrentar e intimidar, quien se empeña, (y en esas sigue) en prohibirlo prácticamente todo.
... cortinas
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Mis vecinas, que son hermanas y duermen juntas desde que a una de ellas le atracaron en el portal a principios de los ochenta, quieren regularizar su situación como pareja de hecho alegando que se han acostado en la misma cama más veces que muchos matrimonios "bendecidos".
Y es que ahora que estamos, o al menos eso parece, en el camino por igualar cualquier tipo de relación que dos personas libremente decidan establecer entre ellas, que ya era hora, no estaría de más rendir un pequeño homenaje a todas esas parejas de hecho que a lo largo de la historia y por los motivos que fueran, no tuvieron más remedio que ocultar sus sentimientos.
Ejemplos hay a patadas, sin ir más lejos ahí tenemos a Astérix y Obélix
Una relación tan evidente como la que existió entre este gordito repartidor de menhires, vivo ejemplo del "oso", y el bajito del gorro con alas, evidentemente el "chasser" de la pareja, fue ocultada sin ningún tipo de compasión por los autores.
Ni en uno solo de sus capítulos pudieron mostrar públicamente su afectividad.
Y eso que la cosa era más que evidente: miradas, complicidades.. y sobre todo un dato evidente que despejaría cualquier duda sobre su opción sexual: ¿algún hetero llevaría un bigote rubio peroxidado a juego con las cejas negras?
Evidentemente no.
Y no nos dejemos engañar: en cuestiones sexuales la naturaleza no ha prohibido nada, ha sido la "civilización", usando las religiones para amedrentar e intimidar, quien se empeña, (y en esas sigue) en prohibirlo prácticamente todo.
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892. Miércoles, 10 enero, 2007
Capítulo Octingentésimo nonagésimo segundo: "Dejar de fumar es la cosa más fácil de hacer. Debería saberlo porque lo he hecho miles de veces. (Mark Twain, 1835-1910, escritor norteamericano)
Ya lo he dicho en alguna ocasión: mi relación con el tabaco ha sido siempre la de una convivencia pacifica, tolerante y de buena voluntad por ambas partes: mi padre y mi hermano fumaban y los demás nos tragábamos sin rechistar la ración de humo que nos correspondía. Por lo tanto soy fumador a pesar de no haber fumado nunca (ni ganas de hacerlo), un dato que parece influir en que no me moleste lo más mínimo que, a pesar de los tiempos que corren, alguien encienda un cigarro a mi lado.
Pero los datos son los que son: en los países europeos se dedica más dinero a subvencionar el cultivo del tabaco que a investigar contra el cáncer y las dos cosas, nos guste (o no) mirar para otro lado -intereses creados aparte- van unidas: uno de cada diez fumadores muere de cáncer de pulmón.
Y empiezan a no servirme las disculpas que se buscan los fumadores para justificarse: fumar no es un riesgo que ellos asuman libremente. El tabaco es una droga, y una droga con un tremendo poder de adicción que la mayoría de las veces ha empezado en la adolescencia, una época en la que las defensas para este tipo de cosas no suelen ser las mejores. Y tampoco es un problema sólo de ellos. El coste, y no sólo económico, y el dolor que provoca un cáncer,-tan estúpido como evitable- en los que rodean al fumador, es una realidad.

No se trata de prohibir, nunca ha servido de nada prohibir las cosas, se trata simplemente de pensar un poco y, si se quieren matar con el tabaco, que lo hagan, están en su derecho, pero que no nos hagan a los demás tragar sus humos, sobre todo habiendo como hay más maneras para "disfrutar" de semejante plantita.
Por la nariz: el tabaco en forma de polvillo picante (bautizado como "rape") era la estrella en el siglo XVII en el que se consumía en grandes cantidades. Dicen que Napoleón gastaba más de cuatro kilos al mes. A pesar de producir cáncer de nariz se uso fue masivo. Al menos hasta que aparecieron los cigarrillos.
Masticado: posiblemente el más práctico ya que se puede disfrutar en plan "manos libres". Tuvo su época de esplendor en el siglo XIX (las "escupideras" formaban parte del mobiliario de cualquier lugar ) aunque fue poco a poco olvidado posiblemente por sus inconvenientes: produce cáncer de lengua y de labios aparte de un color de dientes poco recomendable.
Bebido: bien en licor (en Cáceres se fabrica con el nombre de "tabakito") o en infusión, como se hacía en algunas regiones del Amazonas para combatir la disentería. Al fin y al cabo el tabaco es un buen insecticida que acaba rápidamente con piojos y hormigas.
Frotado: un buen emplasto a base de hojas de tabaco trituradas es un buen remedio (que ya usaban los indios americanos antes de la colonización) para tratar cortes, asma, migrañas, dolor de muelas, úlceras enfermedades de la `piel y hasta la tiña.
Suma y sigue. Ninguno de ellos perjudica a los demás. Y ya que tienen otras muchas más opciones, que las usen. Así, todos contentos.
... curiosa curiosidad
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Ya lo he dicho en alguna ocasión: mi relación con el tabaco ha sido siempre la de una convivencia pacifica, tolerante y de buena voluntad por ambas partes: mi padre y mi hermano fumaban y los demás nos tragábamos sin rechistar la ración de humo que nos correspondía. Por lo tanto soy fumador a pesar de no haber fumado nunca (ni ganas de hacerlo), un dato que parece influir en que no me moleste lo más mínimo que, a pesar de los tiempos que corren, alguien encienda un cigarro a mi lado.
Pero los datos son los que son: en los países europeos se dedica más dinero a subvencionar el cultivo del tabaco que a investigar contra el cáncer y las dos cosas, nos guste (o no) mirar para otro lado -intereses creados aparte- van unidas: uno de cada diez fumadores muere de cáncer de pulmón.
Y empiezan a no servirme las disculpas que se buscan los fumadores para justificarse: fumar no es un riesgo que ellos asuman libremente. El tabaco es una droga, y una droga con un tremendo poder de adicción que la mayoría de las veces ha empezado en la adolescencia, una época en la que las defensas para este tipo de cosas no suelen ser las mejores. Y tampoco es un problema sólo de ellos. El coste, y no sólo económico, y el dolor que provoca un cáncer,-tan estúpido como evitable- en los que rodean al fumador, es una realidad.
No se trata de prohibir, nunca ha servido de nada prohibir las cosas, se trata simplemente de pensar un poco y, si se quieren matar con el tabaco, que lo hagan, están en su derecho, pero que no nos hagan a los demás tragar sus humos, sobre todo habiendo como hay más maneras para "disfrutar" de semejante plantita.
Por la nariz: el tabaco en forma de polvillo picante (bautizado como "rape") era la estrella en el siglo XVII en el que se consumía en grandes cantidades. Dicen que Napoleón gastaba más de cuatro kilos al mes. A pesar de producir cáncer de nariz se uso fue masivo. Al menos hasta que aparecieron los cigarrillos.
Masticado: posiblemente el más práctico ya que se puede disfrutar en plan "manos libres". Tuvo su época de esplendor en el siglo XIX (las "escupideras" formaban parte del mobiliario de cualquier lugar ) aunque fue poco a poco olvidado posiblemente por sus inconvenientes: produce cáncer de lengua y de labios aparte de un color de dientes poco recomendable.
Bebido: bien en licor (en Cáceres se fabrica con el nombre de "tabakito") o en infusión, como se hacía en algunas regiones del Amazonas para combatir la disentería. Al fin y al cabo el tabaco es un buen insecticida que acaba rápidamente con piojos y hormigas.
Frotado: un buen emplasto a base de hojas de tabaco trituradas es un buen remedio (que ya usaban los indios americanos antes de la colonización) para tratar cortes, asma, migrañas, dolor de muelas, úlceras enfermedades de la `piel y hasta la tiña.
Suma y sigue. Ninguno de ellos perjudica a los demás. Y ya que tienen otras muchas más opciones, que las usen. Así, todos contentos.
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891. Martes, 9 enero, 2007
Capítulo Octingentésimo nonagésimo primero: "La libertad no es el derecho a ser virtuoso; es el derecho a ser lo que uno quiere" ( Irving Wallace, 1916 - 1990 escritor norteamericano)
Cuentan que George Fordyce Story, un respetado doctor del siglo XIX, era, además de un excelente médico, un empedernido tarambana. Estando en una de sus habituales juergas le llamaron para visitar a una señora y él, aunque como de costumbre había bebido de más, acudió rápidamente.
Al acercarse a auscultar a la dama, la cabeza le daba vueltas y, entre dientes, dijo “Vaya borrachera más inoportuna”.
A la mañana siguiente, recibió una nota de la dama: “Le agradecería, doctor, que no hablase a nadie de mi indisposición de ayer. Sin duda, fue una borrachera inoportuna, como usted diagnosticó nada más tomarme el pulso”.
A veces hasta encuentro una explicación medianamente lógica a que me sigan pagando puntualmente a final de mes por mi trabajo. Pobres.
... aspiraciones
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Cuentan que George Fordyce Story, un respetado doctor del siglo XIX, era, además de un excelente médico, un empedernido tarambana. Estando en una de sus habituales juergas le llamaron para visitar a una señora y él, aunque como de costumbre había bebido de más, acudió rápidamente.
Al acercarse a auscultar a la dama, la cabeza le daba vueltas y, entre dientes, dijo “Vaya borrachera más inoportuna”.
A la mañana siguiente, recibió una nota de la dama: “Le agradecería, doctor, que no hablase a nadie de mi indisposición de ayer. Sin duda, fue una borrachera inoportuna, como usted diagnosticó nada más tomarme el pulso”.
A veces hasta encuentro una explicación medianamente lógica a que me sigan pagando puntualmente a final de mes por mi trabajo. Pobres.
... aspiraciones
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890. Lunes, 8 enero, 2007
Capítulo Octingentésimo nonagésimo: "Venus, una bella y bondadosa muchacha, era la diosa del amor; Juno, una terrible fiera, la diosa del matrimonio. Y siempre fueron enemigas mortales" (Jonathan Swift, 1667-1745, escritor irlandés)
Esta mañana al entrar al blog me he encontrado con que los Reyes Magos también se habían pasado por aquí y habían dejado una pequeña cajita azul. Con toda la ilusión del mundo la he desenvuelto y me he encontrado con una nota que decía "para la mejor gente que se pasea por internet, firmado Melchor, Gaspar y Baltasar" y un pequeño cuento escrito a mano que, haciendo caso de la nota, resulta que es para vosotros. Disfrutarlo.
... trueno de agua
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Esta mañana al entrar al blog me he encontrado con que los Reyes Magos también se habían pasado por aquí y habían dejado una pequeña cajita azul. Con toda la ilusión del mundo la he desenvuelto y me he encontrado con una nota que decía "para la mejor gente que se pasea por internet, firmado Melchor, Gaspar y Baltasar" y un pequeño cuento escrito a mano que, haciendo caso de la nota, resulta que es para vosotros. Disfrutarlo.
La señora Marta Meacham poseía un establecimiento de panadería en la esquina. Es esa panadería en la que se entra subiendo tres escalones y donde repica una campanilla cuando uno empuja la puerta.Por cierto, se les olvidó poner, aunque fuera en una esquinita de la caja, el título y el autor del cuento y por más que lo he buscado no ha habido manera de saberlo. Parece que más de dos mil años repartiendo regalos les está empezando a pasar factura a los pobres Magos.
La señora Marta tenía cuarenta años; era soltera; su cuenta en el banco sumaba dos mil dólares; tenía dos dientes postizos y un corazón muy sensible. Mucha gente se ha casado con mujeres de inferiores merecimientos.
Dos o tres veces a la semana entraba en el establecimiento un cliente que no tardó mucho en llamar la atención de la panadera; un hombre de mediana edad, con gafas y una barba oscura cuidadosamente recortada.
Siempre compraba lo mismo: dos rebanadas de pan duro. El pan tierno costaba cinco centavos la rebanada. El duro sólo valía cinco centavos cada dos trozos. Pero aquel hombre nunca pedía más que pan duro.
Una vez, la señora Marta advirtió que su cliente tenía los dedos manchados de tinta. Supuso que era un artista, y desde luego, muy pobre. Evidentemente vivía en una buhardilla. Allí pintaría cuadros, comería pan duro y soñaría con las exquisiteces que hubiera podido comer en la tienda de la señora Marta.
A menudo, cuando ésta se sentaba ente las chuletas, panecillos tiernos, té y jamón, suspiraba. Hubiera querido que aquel artista, de tan gentiles modales, compartiese sus gustosa refacción en vez de comer unas duras cortezas de pan en su desolado ático.
Ya dijimos que el corazón de la señora Marta era muy sensible.
Para comprobar sus sospechas respecto al oficio de su cliente, la señora Marta llevó un día al establecimiento un cuadro que había comprado en una subasta y lo apoyó en los anaqueles donde tenía el pan.
El cuadro representaba un paisaje veneciano donde resaltaba un espléndido palacio de mármol (o eso pretendía el lienzo). Todo lo demás se reducía a un conjunto de góndolas, en algunas de las cuales viajaban damas que arrastraban por el agua las colas de sus vestidos, nubes, cielos, y una gran abundancia de claroscuros.
Seguramente el artista so dejaría de reparar en aquellos pormenores.
Dos días después entró en la tienda el esperado cliente.
- Dos rebanadas de pan duro- encargó.
Y, mientras se las envolvía, agregó con acento alemán:
- Usted tener un cuadro muy bello, señora.
La señora Marta, satisfecha de su añagaza, repuso:
- ¿Si? Admiro mucho... -no se atrevió a decir "a los artistas" y completó-: el arte. ¿Le parece bueno este cuadro?
El cliente dijo:
En general no ser un buen dibujo. La perspectiva no ser acertada. Buenos días señora.
Tomó el pan, se inclinó y salió presurosamente.
No había duda de que era un artista. La señora Marta volvió a llevar el lienzo a su cuarto.
¡Qué dulce y bondadosamente brillaban los ojos de aquel hombre detrás de su gafas! Un hombre capaz de valorar una perspectiva con una sola mirada tenía que subsistir con una rebanada de pan duro... Pero es normal que el genio tenga que luchar mucho, antes de ser reconocido.
¡Qué estupendo sería para el arte y la perspectiva que el genio estuviese respaldado por una cuenta de dos mil dólares en un banco, más una acreditada panadería, y un corazón sensible, y...!
En fin, señora Marta, ésos son sueños en mitad del día.
Desde entonces, cuando el cliente venía siempre platicaba un rato con la señora y hasta parecía que deseaba escuchar sus palabras.
Pero siempre compraba pan duro. Y jamás una empanadilla, ni uno de los deliciosos pasteles que ella llamaba Sally Lunns.
La señora Marta comenzó a pensar que el artista adelgazaba y su aspecto parecía más abatido. Y ella siempre deseaba añadir algo a la parva comida de su cliente. Pero en el momento de intentarlo no lo osaba realizar porque creía que los artistas tienen mucho orgullo.
Un día el parroquiano entró y, como de costumbre, depositó sus dos rebanadas de pan duro. Y mientras la señora Marta las buscaba, se oyó en la calle un gran estrépito y un camión de bomberos cruzó a toda velocidad.
El cliente salió a la puerta, para mirar qué pasaba: Cualquiera hubiese hecho lo mismo. Y la señora Marta aprovechó esa oportunidad.
Detrás del mostrador, en un anaquel, había manteca fresca, que el lechero había dejado unos minutos antes. Con el cuchillo, la señora Marta practicó una profunda incisión en cada uno de los trozos de pan duro y volvió a colocar las rebanadas en su forma original.
Cuando volvió el parroquiano, ella estaba empaquetando el pan.
Una vez que el artista se hubo ido, después de una breve y placentera plática, la señora Marta sonrió para sí, no sin cierto estremecimiento en su corazón.
¿No habría sido demasiado atrevida? ¿Se ofendería el artista?
Seguramente no. Allí no había ningún mensaje especial. La manteca no simbolizaba la audacia de una soltera.
Mucho tiempo pasó cavilando sobre aquel tema. Imaginaba la escena que se produciría cuando él descubriese aquel pequeño engaño: el artista soltaría su paleta y sus pinceles; miraría su caballete en el que lucía su pintura que resistía cualquier crítica. Luego, se dispondría a tomar su almuerzo, consistente en pan duro y agua. Mordería una rebanada y...
¡Ah!
La puerta sonó violentamente. Alguien entraba con gran fragor y alboroto.
La señora marta salió inmediatamente a la tienda. Había allí dos hombres. Uno era un joven desconocido que fumaba en pipa. El otro, el artista, cuyo rostro estaba enrojecido. Tenía el sombrero echado hacia atrás y el cabello revuelto. Crispó los puños ferozmente ante Marta. ¡Ante ella!
- Dummkopf - gritó, y añadió-: Tausendonfer!
Algo así parecía decir en alemán.
El joven trató de contenerle.
El artista exclamó airadamente:
- ¡No lo toleraré! Se lo diré todo.
Sus dedos tambolirearon nerviosamente sobre el mostrador.
- ¡Me ha echado usted a perder! - rugió. Sus ojos centelleaban detrás de sus gafas-. Yo tener que decírselo. Usted ser... una puerca entrometida.
La señora Marta se apoyó en el mostrador y se llevó la mano a la cintura ceñida de seda azul. El joven cogió al otro por el cuello.
-Vamos - dijo con autoridad-, creo que ya te has expresado bastante bien.
Sacó a la acera al enojado artista y regresó.
-Creo, señora -dijo-, que querrá usted saber a qué ha venido todo esto. Mi amigo Blumberger trabaja de dibujante para una empresa arquitectónica. Yo soy compañero suyo de oficina.
Blumberger llevaba tres meses trabajando intensamente en un plano para el edificio de unas casas consistoriales que van a construirse ahora. Quería participar en un concurso. Y ayer terminó la tarea. Ya sabe usted que los delineantes hacen a lápiz los bocetos. Luego se borra lo no conveniente con miga de pan duro. Es mucho mejor que la goma. Blumberger compraba el pan duro aquí. Y hoy... Bueno, señora, ya sabe usted que la manteca no es buena `para borrar. Ahora resulta que los planos de Blumberger no valen más que para hacer bocadillos de cantina de ferrocarril.
La señora Marta entró en la trastienda. Se quitó el ajustado vestido de seda azul y se puso el viejo de sarga que solía usar; después tiró por la ventana la mezcla de bórax y salvado que últimamente empleaba para la cara.
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889. Viernes, 5 enero, 2007
Capítulo Octingentésimo octogésimo noveno: "Es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas (Mariano José de Larra, 1809-1837, escritor y periodista español)
Después del éxito obtenido con la receta, infalible por supuesto, destinada a descubrir la media naranja que nos corresponde a cada uno, hoy otra igual. O más útil.
Directamente, provenientes de dos grimorios atribuidos al dominico del siglo XIII conocido como Alberto el Grande, y en exclusiva mundial para "tantos hombres y tan poco tiempo", dos fórmulas para conseguir el amor o enardecer el deseo. Ni más ni menos.
La primera es algo complicada.. aunque el resultado bien puede merecer la pena.
Ingredientes: un trozo de carne de la frente de un potrillo, un poco de grasa de macho cabrio joven, tres testículos de ganso y unas cuantas gotas de sangre de la persona a la que se desea atraer disuelta en un chorrito de sangre propia. Mezclar todo muy bien, cocer durante varias horas los ingredientes de forma muy lenta y triturar finamente. Ingerir tres días seguidos siempre que no coincidan con la luna llena.
La segunda, algo más simple pero igual de efectiva: frotar las manos con jugo de vervena (sí, las dos con "v" y la venden en botecitos como el de la foto) y tocar a la persona que deseas.
Naturalmente los dos métodos están garantizados (si no queda satisfecho le devolvemos el dinero) y son igual de efectivos, aunque yo recomendaría el segundo, sobre todo por aquello de no pasarnos la mañana metidos en la cocina, que con el poco tiempo que hoy en día tenemos para todo parece que no apetece mucho. Y menos en estos días de fiesta ¿verdad?
Y a ver si los Reyes Magos nos traen algo. Son los únicos que nos quedan ya que, evidentemente y por lógica científica, Papá Noel no es más que un burdo cuento chino. Hasta el lunes.
... historias "extra-ordinarias"
Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"
Después del éxito obtenido con la receta, infalible por supuesto, destinada a descubrir la media naranja que nos corresponde a cada uno, hoy otra igual. O más útil.
Directamente, provenientes de dos grimorios atribuidos al dominico del siglo XIII conocido como Alberto el Grande, y en exclusiva mundial para "tantos hombres y tan poco tiempo", dos fórmulas para conseguir el amor o enardecer el deseo. Ni más ni menos.
La primera es algo complicada.. aunque el resultado bien puede merecer la pena.
Ingredientes: un trozo de carne de la frente de un potrillo, un poco de grasa de macho cabrio joven, tres testículos de ganso y unas cuantas gotas de sangre de la persona a la que se desea atraer disuelta en un chorrito de sangre propia. Mezclar todo muy bien, cocer durante varias horas los ingredientes de forma muy lenta y triturar finamente. Ingerir tres días seguidos siempre que no coincidan con la luna llena.
La segunda, algo más simple pero igual de efectiva: frotar las manos con jugo de vervena (sí, las dos con "v" y la venden en botecitos como el de la foto) y tocar a la persona que deseas.
Naturalmente los dos métodos están garantizados (si no queda satisfecho le devolvemos el dinero) y son igual de efectivos, aunque yo recomendaría el segundo, sobre todo por aquello de no pasarnos la mañana metidos en la cocina, que con el poco tiempo que hoy en día tenemos para todo parece que no apetece mucho. Y menos en estos días de fiesta ¿verdad?
Y a ver si los Reyes Magos nos traen algo. Son los únicos que nos quedan ya que, evidentemente y por lógica científica, Papá Noel no es más que un burdo cuento chino. Hasta el lunes.
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888. Jueves, 4 enero, 2007
Capítulo Octingentésimo octogésimo octavo: "El dinero es como las mujeres: para conservarlo hay que ocuparse de él, o hará la felicidad de otros" (Édouard Bourdet, 1887-1945, dramaturgo francés)
El hecho de que servidor necesite un mínimo de nueve/diez horas cada día para poder ser "persona" no podía ser sólo cosa de mi habitual vagancia. Ni mucho menos. Tenía que haber alguna razón lógica y natural. La he encontrado.
Los mamíferos, en los que por aquello de las clasificaciones científicas me incluyen, necesitan más horas de sueño cuanto más pequeños son.
Los datos dejan pocas dudas: a una jirafa le bastarán con dos al día para cubrir el "cupo" de horas necesarias de sueño, mientras que una ardilla no podrá pasarse menos de 14 durmiendo.
Es cuestión de tamaño: una rata duerme 13 horas mientras que a un caballo le basta con 3; una foca necesitará 6 mientras un perro o un delfín van a necesitar no menos de 10.
Y así todos. A menor tamaño, mayor número de horas de sueño necesarias.
Por lo tanto, y teniendo en cuenta lo "recogidito" que soy, con un componente "volumétrico" bastante más cercano al de una ardilla que al de una jirafa, está claro que mi afición a dormir no es más que el desarrollo natural y lógico de la naturaleza. Habría que dejarla seguir su curso sin tantas interferencias. Por cierto, esta semana mi naturaleza está más vaga que de costumbre, no la forcemos.
... masticar despacio para comer menos
Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"
El hecho de que servidor necesite un mínimo de nueve/diez horas cada día para poder ser "persona" no podía ser sólo cosa de mi habitual vagancia. Ni mucho menos. Tenía que haber alguna razón lógica y natural. La he encontrado.
Los mamíferos, en los que por aquello de las clasificaciones científicas me incluyen, necesitan más horas de sueño cuanto más pequeños son.
Los datos dejan pocas dudas: a una jirafa le bastarán con dos al día para cubrir el "cupo" de horas necesarias de sueño, mientras que una ardilla no podrá pasarse menos de 14 durmiendo.
Es cuestión de tamaño: una rata duerme 13 horas mientras que a un caballo le basta con 3; una foca necesitará 6 mientras un perro o un delfín van a necesitar no menos de 10.
Y así todos. A menor tamaño, mayor número de horas de sueño necesarias.
Por lo tanto, y teniendo en cuenta lo "recogidito" que soy, con un componente "volumétrico" bastante más cercano al de una ardilla que al de una jirafa, está claro que mi afición a dormir no es más que el desarrollo natural y lógico de la naturaleza. Habría que dejarla seguir su curso sin tantas interferencias. Por cierto, esta semana mi naturaleza está más vaga que de costumbre, no la forcemos.
... masticar despacio para comer menos
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887. Miércoles, 3 enero, 2007
Capítulo Octingentésimo octogésimo séptimo: "Demasiado al Oeste es Este (proverbio inglés)
El tiempo es una realidad misteriosa. Ya San Agustín escribía que si nadie le preguntaba qué era, sabía lo que era, pero que apenas intentaba una definición fracasaba.
La mayoría de los pueblos primitivos jamás usaron el reloj. Se guiaban por el sol y el tiempo era la medida de lo que hacían. De ahí la calma tranquila, la atención en el cultivo de sus campos, la concentración en la pesca, el mimo en el pastoreo. Algunos "antropólogos" interpretaban todo esto como ociosidad o vagancia. Y era todo lo contrario: trabajo con los cinco sentidos, contemplación activa de la realidad. Por eso conocían cientos de plantas y sus propiedades; por eso tenían nombres para muchos tipos de vientos, de nubes, de lluvias.
Nosotros, en cambio, dedicamos una parte del tiempo a organizar el tiempo; otra parte a mirar el reloj; otra a quejarnos de la falta de tiempo; otra a perder el tiempo. Poco a poco se ha convertido el tiempo para hacer las cosas en algo más importante que las cosas que hay que hacer. El resultado, muchas veces, es que las cosas no se hacen, pero, eso sí, se mide cuidadosamente el tiempo empleado en no hacerlas
Dicho lo cual, y en vista de la montaña de informes, estudios, memorias, peticiones y/o papeles de todos los colores, tamaños y condiciones que adornan la mesa después de unos (tan merecidos como escasos) días de descanso, va el primer deseo laboral para el año nuevo: calma, mucha calma.
Nada como la contemplación activa de la realidad para cumplir con el deber. Seguro que mis amadísimos jefes que son listos, inteligentes y muy, pero que muy comprensivos, (alguno hasta tiene "estudios" y todo), entenderán perfectamente que me tome unos cuantos días "contemplativos" antes de meterme en faena. Que no quiero trabajar yo con menos sentidos que mis antepasados. Profesionalidad obliga.
Y es que siempre hay tiempo cuando se deja de decir que no hay tiempo.
... pacharán
Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"
El tiempo es una realidad misteriosa. Ya San Agustín escribía que si nadie le preguntaba qué era, sabía lo que era, pero que apenas intentaba una definición fracasaba.
La mayoría de los pueblos primitivos jamás usaron el reloj. Se guiaban por el sol y el tiempo era la medida de lo que hacían. De ahí la calma tranquila, la atención en el cultivo de sus campos, la concentración en la pesca, el mimo en el pastoreo. Algunos "antropólogos" interpretaban todo esto como ociosidad o vagancia. Y era todo lo contrario: trabajo con los cinco sentidos, contemplación activa de la realidad. Por eso conocían cientos de plantas y sus propiedades; por eso tenían nombres para muchos tipos de vientos, de nubes, de lluvias.
Nosotros, en cambio, dedicamos una parte del tiempo a organizar el tiempo; otra parte a mirar el reloj; otra a quejarnos de la falta de tiempo; otra a perder el tiempo. Poco a poco se ha convertido el tiempo para hacer las cosas en algo más importante que las cosas que hay que hacer. El resultado, muchas veces, es que las cosas no se hacen, pero, eso sí, se mide cuidadosamente el tiempo empleado en no hacerlas
Dicho lo cual, y en vista de la montaña de informes, estudios, memorias, peticiones y/o papeles de todos los colores, tamaños y condiciones que adornan la mesa después de unos (tan merecidos como escasos) días de descanso, va el primer deseo laboral para el año nuevo: calma, mucha calma.
Nada como la contemplación activa de la realidad para cumplir con el deber. Seguro que mis amadísimos jefes que son listos, inteligentes y muy, pero que muy comprensivos, (alguno hasta tiene "estudios" y todo), entenderán perfectamente que me tome unos cuantos días "contemplativos" antes de meterme en faena. Que no quiero trabajar yo con menos sentidos que mis antepasados. Profesionalidad obliga.
Y es que siempre hay tiempo cuando se deja de decir que no hay tiempo.
... pacharán
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