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1979. Jueves, 1 marzo, 2012

Capítulo Milésimo noningentésimo septuagésimo noveno: "Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena". (Ingmar Bergman, 1918 – 2007 escritor sueco)

Dicen la estadísticas que cada español gasta una media de 44 rollos de papeldeculo -también llamado higiénico ???- al año, lo que supone unos 2.000 millones de rollos.. que ya son rollos. Pero lo curioso de la encuesta es que parece que no todo el mundo es aficionado a su uso tras el laborioso (o no) trabajo de visitar la taza. Según este mismo informe, más de un millón de españoles, es decir un 8% de la población, confiesa que no usa el papeldeculo.

Es verdad que hay otras opciones útiles: la ducha, el bidé, el papel del periódico, la mano, la toalla.. pero resulta que hay un porcentaje que asegura que despuésde no hace absolutamente nada. Definitivamente hay gente pató.



... más de lo mismo

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1909. Viernes, 28 octubre, 2011

Capítulo Milésimo noningentésimo noveno: "Atragantado por su propias palabras, orador suspende acto público político” (Resumen de agencias)

Variaciones sobre un mismo tema: el cojón y sus compañías. Quien hambre tiene con pan sueña. Si se adosan a sufijos y prefijos éstos modificarán completamente su significado: acojonarse nada tiene que ver con descojonarse, y cojonudo menos con cojonazos. El tiempo del verbo que los acompañe -aunque sea el mismo- también los cambia. Y mucho. No sólo porque el imperativo suela expresar sorpresa: ¡tócate los…!, sino porque no es lo mismo que alguien se los toque (incluso algunos se los rascan), a que alguien te los toque (mucho más molesto sin duda). También será el verbo quien determine su sentido en las frases hechas: tenerlos es señal de valentía, ponerlos expresará un reto, especialmente si se ponen encima de ciertos sitios, y cortarlos suele sonar a amenaza si se refiere a los ajenos, o fanfarronada (más bien gilipollez) si se refiere a los propios. En cambio, si su compañía es un número, la cosa cambiará en función de la cifra: uno significa caro o costoso, dos suele significar valentía, y tres, desprecio. Si el número de ellos es muy grande -y especialmente es un número par- implica dificultad.

Y sí, justo hasta tan apañados (lingüísticamente hablando) conguitos estoy de tener que trabajar y que me los toquen. Y sí, justo tocármelos bien tocados es lo que voy a hacer todo este puente que se avecina. Buenos días y hasta el miércoles.



... más "historias extra-ordinarias"

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1599. Jueves, 22 abril, 2010

Capítulo Milésimo quingentésimo nonagésimo noveno: “Los españoles creeremos siempre, y a pie juntillas, todo lo que pueda desalentarnos”. (Julián Marías, 1914 - 2005, filósofo español)

Variaciones sobre un mismo tema: el cojón y sus compañías. Si se adosan a sufijos y prefijos éstos modificarán completamente su significado: acojonarse nada tiene que ver con descojonarse, y cojonudo menos con cojonazos. El tiempo del verbo que los acompañe -aunque sea el mismo- también los cambia. Y mucho. No sólo porque el imperativo suela expresar sorpresa: ¡tócate los…!, sino porque no es lo mismo que alguien se los toque (incluso algunos se los rascan), a que alguien te los toque (mucho más molesto sin duda). También será el verbo quien determine su sentido en las frases hechas: tenerlos es señal de valentía, ponerlos expresará un reto, especialmente si se ponen encima de ciertos sitios, y cortarlos suele sonar a amenazas si se refiere a los ajenos, o fanfarronda (más bien gilipollez) si se refiere a los propios. En cambio, si su compañía es un número, la cosa cambiará en función de la cifra: "uno" significa caro o costoso, "dos" suele significar valentía, y "tres" desprecio. Si el número de ellos es muy grande -y especialmente es un número par- implica dificultad.

Quien hambre tiene con pan sueña. Y sí, justo hasta ahí estoy de tener que trabajar.



... frutas resbaladizas

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