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2093. Viernes, 28 septiembre, 2012

Capítulo Dosmilésimo nonagésimo tercero: "El arte de saber vivir consiste en saber cuándo hay que atrapar y cuando hay que soltar las cosas, los sentimientos y la gente de nuestras vida (Henry Havelock Ellis, 1859 - 1939, psiquiatra británico)

En los Archivos Históricos Aragoneses consta la historia de un tal Juan María Zaragoza, condenado a servir en la Marina por mantener, allá por el año 1883, un apasionado romance con una mula.

Lo más curioso del tema es que no fue castigado por la relación, sino por no hacer caso de ninguno de los tres apercibimientos que le efectuó el dueño del animal, empeñado en que dejara en paz al bicho, y eso a pesar de que un muy enamorado señor Zaragoza le había ofrecido, sin ningún éxito, todo cuanto tenía sólo para poder estar junto al amor de su vida.

Por muy dueño que fuera de la mula no tenía ningún derecho a interponerse en la relación y destrozar así una pasión. Que algunos son como el perro del hortelano. !Hombre ya!


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2073. Viernes, 31 agosto, 2012

Capítulo Dosmilésimo septuagésimo tercero: “¿Qué es lo que distrae a un hombre? El alcohol, las mujeres, el dinero y la ambición. Y también la falta de alcohol, mujeres, dinero y ambición" (Ernest Hemingway, 1899 - 1961; escritor estadounidense)

A principios del siglo XX muchos ginecólogos pensaban que el orgasmo femenino favorecía la fecundación, con la idea de que los rítmicos espasmos ayudaban a que el útero absorbiera mejor el semen.

¿Y a estos lumbreras no se les ocurrió pensar que, al menos hasta bien entrado el siglo XX, si eso hubiera sido cierto apenas hubieran parido mujeres? Inocencias aparte, hay que reconocer que ellas, cuando tenían que fingirlo, eran unas expertas.


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1715. Martes, 16 noviembre, 2010

Capítulo Milésimo septingentésimo decimoquinto: "Las verduras fueron inventadas por Dios para que las madres pudieran vengarse de sus hijos” (Proverbio azteca)

Hay millones de libros con recetas de cocina fáciles. Supuestamente. Pero en cuanto te pones con alguna, y en menos de treinta segundos, acabas rodeado de cazos, ollas, sartenes, cucharas, botes… y sin la mitad de los ingredientes que dicen que tiene que llevar.

Los autodidactas lo tenemos más claro. Con una sartén caliente y un litro de aceite nada puede salir mal. Menos la sopa y los bocadillos de nocilla con leche condensada, todo se puede freír. Además, con la forma que tienen las botellas de aceite, sus voluptuosas redondeces de plástico transparente, uno puede, mientras se fríe lo que sea, entretenerse haciéndole a la botella en cuestión una peluca de estropajo y una faldita con papel de aluminio. Por ejemplo. Queda una hawaiana de lo más explosiva.

Una pena que con esto del lcd y del plasma, ya no se pueda poner nada encima de la televisión.



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1023. Viernes, 31 agosto, 2007

Capítulo Milésimo vigésimo tercero: "Robar ideas de uno es plagio. Robar ideas de muchos es investigación". (Jaime L. 64 años, becario del C.S.I.C.)

Pues no, los señores jíbaros, estos indios de las regiones selváticas de Ecuador, Colombia, Venezuela y Perú famosos por reducir cabezas, no usan para su pasatiempo preferido ninguna suerte de poción secreta. Claro, es verdad que, al igual que cualquier otro producto artesano, la cosa tiene su técnica, pero basta un poco de maña y algo de práctica para que usted o yo reduzcamos con éxito una bonita cabeza.

Ya sé que es viernes y tocaba sexo (hablar de), pero hoy en peluche practico: bricomanía fácil sección especial capítulo dos. Y si en el primero aprendimos a hacer un igloo en 30 minutos, hoy, la auténtica receta artesana para reducir cabezas, siguiendo el método tradicional. Y explicada paso a paso.
- Uno: coger la cabeza con cuidado y deshuesarla quedándose con la piel que la envuelve.

- Dos: coser los párpados y los labios. Evitaremos así que se deformen o se desgarren.

- Tres: con mucho cuidado y muy lentamente, seccionar la piel y separar la calavera.

- Cuatro: cocer la piel en agua mezclada con hierbas aromáticas, cortezas de árbol ricas en taninos y jugo astringente de una liana conocida chinchipi.
Llegados a este punto ellos empiezan a acompañar su trabajo con bailes y rezos sagrados. No son imprescindibles, pero es un detalle curioso a tener en cuenta ya que crea un ambiente más propicio. Sobre todo si hay otras personas delante.
- Cinco: en el rostro ya curtido introducir una piedra esférica caliente (que nos hará las veces de plancha). El calor irá encogiendo el tejido poco a poco por lo que conviene ir cambiando las piedras por otras cada vez más pequeñas hasta conseguir el tamaño deseado. Es importante que siempre estén calientes.

- Seis: coser, pintar de negro, untar con aceite y peinarle el pelo.

Y ya tenemos nuestra cabeza reducida y lista para colocarla en el mejor lugar de la casa. O incluso como bonito regalo de cara a esta Navidad que ya se nos echa encima.

Posiblemente, el único problema lo vamos a encontrar en el tiempo necesario para aprender medianamente bien la técnica. Sobre todo teniendo en cuenta que, aunque las primeras veces no nos importará practicar con cabezas en mal estado (incluso hasta es conveniente), después se hace imprescindible conseguir cabezas cuanto más frescas mejor, algo que, hoy por hoy, presenta algún que otro problema, y no por su escasez (¡anda y que no hay cabezas!) si no por una total y absoluta falta de colaboración de los propietarios de las mismas, empeñados en seguir con ellas encima de los hombros a pesar de que la mayoría no la usarán nunca.

Hasta el lunes.

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