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1906. Martes, 25 octubre, 2011

Capítulo Milésimo noningentésimo sexto: "Pocas cosas cumplen una buena función social como los tacos: es evidente que si se te cae una olla en el pie no te vas a poner a gritar "estupendo". (Bernardo de la Ll., 42 años, estudiante)

Si se le ocurre entrar en una consulta de cualquier centro de atención primaria a pedir una ensaimada y le dicen que allí no hay ensaimadas, conténgase. Es muy probable que sea así. Bien es verdad que si el médico (titular y/o suplente) fuese un verdadero profesional, tendría un cartel a la puerta (junto al del horario, por ejemplo) con la advertencia: "aquí no hay ensaimadas". De esta manera tan sencilla se evitarían bochornos como el que nos ocupa. Otra solución sería que tuvieran en lugar visible -la fachada, por ejemplo, incluso en varias fachadas- una lista de los productos y servicios que se expendan en el interior. Así no se encontraría usted perplejo, sin entender por qué el médico -precisamente el médico, un servidor público al que paga con sus impuestos- le negaba una simple, humilde, liviana, modesta y recatada ensaimada.

Porque usted, que -repito- paga su impuestos, se merece cualquier cosa y más. Y qué menos que una ensaimada por consulta. !Faltaría!



... lengua larga

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1897. Martes, 11 octubre, 2011

Capítulo Milésimo octingentésimo nonagésimo séptimo: “Los caníbales educan gastronómicamente a sus hijos enseñándoles a comerse las uñas”. (Oscar Y., 35 años, antropólogo forense)

Es muy común que las personas caigan enfermas, incluso las sanas, y también es muy común que el médico nos recete unas cuantas cajas de pastillitas en colores variados que (casualmente) suelen ser distintas según la enfermedad. Ocurre que, normalmente, el enfermo sólo necesita para su restablecimiento la mitad de cada caja, y entonces viene aquello de que sobran diez o doce que van a parar a ese cajoncito (ea que ya no dan cajas de zapatos como antes) transparente con tapa de colores chillones (comprado en el carrefourplanet en una oferta trespordos), donde vamos metiendo los medicamentos sobrante. ¿O aquí nadie tiene en casa uno de esos cajoncitos? Pues bien, por regla general, esos medicamentos que nos sobraron de nuestra pasada enfermedad sirven para recetárselos a las visitas que nos anuncian cualquier dolencia.

Pero, y ya es hora de decirlo alto y claro, aunque la visita manifiesta una gran satisfacción por el medicamento que les recetamos, y nos dice que a la hora de acostarse comenzará el tratamiento sin falta, en cuanto llega su casa lo mete en otro cajoncito que tiene, igual al nuestro (también mira las ofertas del trespordos) de medicamentos sin usar, para recetárselo a algunas de sus amistades.

Es fuerte, lo sé, pero alguien tenía que decirlo. Hasta el jueves pues.



... reyes longevos

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1746. Martes, 18 enero, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo cuadragésimo sexto: "Cuesta hacer que un hombre entienda algo cuando su sueldo no depende de que lo entienda” (Upton Sinclair, 1878 - 1968; escritor estadounidense)

Momento reivindicación. Alguien tenía que decirlo: los médicos, esos templos de sabiduria andante, saben perfectamente qué tienen que recetar en cada caso. Para eso estudian tanto y tan duro antes de lanzarse a la ingrata y desesperante aventura de curar pacientes.

Para demostrarlo y aunque rompa (o casi) el secreto profesional de uno de los trabajos más sacrificados y peor pagados del panorama laboral, aquí va una pequeña muestra del medicamento más recetado por estos abnegados genios, almas cándidas e incomprendidas de las que nadie se acuerda nunca salvo cuando quieren sacarles algo.



El problema no es que estos grandes profesionales no sean extremadamente competentes sino en el poco caso que después les hacen los pacientes. A las pruebas me remito.


... lágrimas

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