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1826. Viernes, 20 mayo, 2011

Capítulo Milésimo octingentésimo vigésimo sexto: “Hasta después del llanto más sublime siempre acaba uno por sonarse” (Heinrich Heine, 1797 - 1856; poeta alemán)

Tras amar desaforadamente a cuantas mujeres se lo consintieron, es decir, todas las de la comarca, incluida su propia esposa (a la cual disfrazaba de vecina foránea por el qué dirán, Arcadio José Guerrero Duermemozas, (más conocido como pepe) aburrido de tan plurales y, al parecer, insípidas relaciones extramatrimoniales, optó por encamar con una angina de pecho que, en vísperas de la procesión del Corpus, la Providencia le sirvió en bandeja.

El adúltero, amancebado con tal angina durante más de diez días, pasó a mejor vida, y ahora, según se cuenta en la región, las noches en que las estrellas salen a tomar el sol sin sostén para ponerse morenas (que falta les hace) puede verse a Arcadio José retozando a mansalva con las partículas radioactivas que flotan en la nada celestial.

Sexo y locura hasta en la sepultura.



... más "historias extra-ordinarias"

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1786. Martes, 15 marzo, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo octogésimo: "La experiencia no es lo que le sucede a un hombre; es lo que un hombre hace con lo que le ocurre”. (Aldous Huxley, 1894-1963; escritor inglés)

Un marido celoso se presenta en una agencia de detectives porque quiere que vigilen las andanzas de su mujer. Antes de comunicar sus deseos exige hablar confidencialmente con el director a quien le pide que, debido a su posición en la que no se le permitiría hacer el más mínimo de los ridículos, sea el propio director el encargado de llevar personalmente el caso. Está dispuesto a pagar lo que sea a cambio de que se cumplan dos condiciones: nada de subalternos y reserva absoluta de los resultados de las pesquisas.

El detective empieza su trabajo sin encontrar nada extraño. La esposa visita a su madre, pasea con sus amigas y despelleja a todas aquellas pilucas que no están presentes.. lo normal. El investigador pasa un primer informe al marido quien, a pesar de las buenas noticias insiste en que se continúen las pesquisas. Vuelve a dar órdenes concretas, que para eso paga: es imprescindible vigilarla todo el tiempo que sea necesario. El costo de la investigación es elevado –hay tardes en que la vigilancia dura seis y siete horas-, pero el marido no se preocupa por ello. El detective está encantado. Un negocio redondo –le confiesa a su mujer-, que se ríe como una loca

Pero la verdad es muy distinta. La investigación que realiza el director de la agencia de detectives sirve solamente para que el cliente –el marido celoso- pueda tener la seguridad de que no será molestado mientras engaña al detective con su mujer. Así no hay ningún riesgo de ser descubierto.

El "amor" (entre comillas), como se sabe, es capaz de cualquier cosa.



... loca, pero de herencia

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1269. Jueves, 9 octubre, 2008

Capítulo Milésimo ducentésimo sexagésimo noveno: "No pongas amor donde no hay correspondencia, que luego te quedarás a la luna de Valencia” refrán español)

Enrique VIII y Ana Bolena tuvieron una hija que llegó (antes de morir ejecutada como era costumbre de la época) a Reina de Inglaterra, bajo el muy original nombre para una reina inglesa (aunque ésta fue la primera en usarlo) de Isabel.

Y había un conde, el de Leicester, empeñado a toda costa en conquistarla.

Como el amor es una de las enfermedades mentales que más altera a quien la sufre, al pobre conde no se le ocurrió otra cosa que intentar obtener los favores de su amada regalándole sin parar, ¡durante diecisiete días seguidos!, conciertos de trompeta "adornados" con fuegos artificiales y bailarinas vestidas como ninfas y doncellas que salían portando espadas de un lago, un lago que hizo construir especialmente para la ocasión.

Después de tan largo y rumboso espectáculo que acabo dejando en la más absoluta de las ruinas al conde, al pobre (ya "pobre" en todos los sentidos) no se le ocurrió otra cosa que pedirle a la afortunada señorita que se casara con él.

Y ella le dijo que no.

Aunque las comparaciones sean odiosas, está claro que en los asuntos del corazón siempre hay alguien que nos supera a la hora de hacer el tonto.

... Gulliver en Marte

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1256. Lunes 22 septiembre, 2008

Capítulo Milésimo ducentésimo quincuagésimo sexto: "Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes". (Vanessa Bauche en Amores perros, de Alejandro González Iñárritu; 2000)

Durante una visita a un instituto psiquiátrico, uno de los visitantes le preguntó al director del centro qué criterio se usaba para definir si un paciente debería o no ser internado.

- “Bueno”, dijo el director, “hacemos la prueba siguiente: llenamos completamente una bañera, luego le ofrecemos al paciente una cucharita, una taza y un cubo y le pedimos que vacíe la bañera. De la forma como vacíe la bañera, sabemos si hay que internarlo o no”.

- “Ah, entiendo”, dijo el visitante. – “Una persona normal usaría el cubo porque es más grande que la cucharita y la taza”. - “No” dijo el director, "una persona normal sacaría el tapón". Usted ¿qué prefiere: una habitación con o sin vista al jardín?

Dedicado a todos los que han pensado en el cubo. Yo el primero.

Sí, ya, lo sé, es una tontería... pero es lunes, empieza el otoño y no tengo yo el coñoparuidos que dicen en mi pueblo.

920. Lunes, 19 febrero, 2007

Capítulo Noningentésimo vigésimo: "La sabiduría de los ancianos es un gran error. No se vuelven más sabios, sino más prudentes (Ernest Hemingway, 1898-1961, escritor estadounidense)

Tuve yo una maestra a la que todos llamábamos la "loca" por estar un poco más desequilibrada que la media, empañada en intentar convencernos que vivir era como comer, y que tanto en la vida como en la mesa, nos iba a alimentar verdaderamente, sólo lo que hiciéramos con atención.

Así, quien come deprisa suele comer de más, al saborear poco los alimentos tiende a tragar en exceso, de ese modo se complican las digestiones y se sobrecarga el organismo.

Algo parecido ocurre en la vida, cuando vamos muy deprisa y no acabamos de prestar atención a nada en concreto: acabamos por no saborear las cosas buenas que nos rodean.

Al cabo de los años he comprendido que algo de razón llevaba la "loca", que parte del secreto para saborear la comida no es ir a toda velocidad devorando platos sin apenas disfrutarlos, sino masticar despacio y consiente y degustar cada sabor muy poco a poco..

Exactamente igual que ocurre cada día que tenemos que paladear la vida.

Y como la caridad bien entendida empieza por uno mismo.. tranquilidad, hoy mucha tranquilidad en el trabajo. Toca "saborear" el lunes, aunque su sabor suela ser bastante desagradable.

... de lo que se come se cría

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