Mostrando entradas con la etiqueta etapas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta etapas. Mostrar todas las entradas

1786. Martes, 15 marzo, 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo octogésimo: "La experiencia no es lo que le sucede a un hombre; es lo que un hombre hace con lo que le ocurre”. (Aldous Huxley, 1894-1963; escritor inglés)

Un marido celoso se presenta en una agencia de detectives porque quiere que vigilen las andanzas de su mujer. Antes de comunicar sus deseos exige hablar confidencialmente con el director a quien le pide que, debido a su posición en la que no se le permitiría hacer el más mínimo de los ridículos, sea el propio director el encargado de llevar personalmente el caso. Está dispuesto a pagar lo que sea a cambio de que se cumplan dos condiciones: nada de subalternos y reserva absoluta de los resultados de las pesquisas.

El detective empieza su trabajo sin encontrar nada extraño. La esposa visita a su madre, pasea con sus amigas y despelleja a todas aquellas pilucas que no están presentes.. lo normal. El investigador pasa un primer informe al marido quien, a pesar de las buenas noticias insiste en que se continúen las pesquisas. Vuelve a dar órdenes concretas, que para eso paga: es imprescindible vigilarla todo el tiempo que sea necesario. El costo de la investigación es elevado –hay tardes en que la vigilancia dura seis y siete horas-, pero el marido no se preocupa por ello. El detective está encantado. Un negocio redondo –le confiesa a su mujer-, que se ríe como una loca

Pero la verdad es muy distinta. La investigación que realiza el director de la agencia de detectives sirve solamente para que el cliente –el marido celoso- pueda tener la seguridad de que no será molestado mientras engaña al detective con su mujer. Así no hay ningún riesgo de ser descubierto.

El "amor" (entre comillas), como se sabe, es capaz de cualquier cosa.



... loca, pero de herencia

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1438. Miércoles, 22 julio, 2009

Capítulo Milésimo cuadringentésimo trigésimo octavo: “La vejez llega inesperadamente. De pronto ya no saltas de la silla; te levantas, que es una acción distinta”. (Katharine Hepburn, 1907-2003; actriz estadounidense)

Dicen que los niños aprenden una media de setenta palabras al día. Ellos mismos. Sin embargo, tengo un amigo que, con cierto criterio lógico, sostiene que bastan tres frases (y a veces hasta sobraría alguna) para poder desenvolverse en la vida. Tres frases en forma de preguntas que sólo sería necesario adaptar un par de veces a lo largo de la existencia de uno coincidiendo con las dos grandes etapas que todo ser humano (persona) atraviesa en su vida. Una primera que va desde que empiezas a hablar hasta que encuentras una pareja (lo que él llama la abducción), y una segunda que se extendería desde el momento en que se produce esa abducción hasta que uno ya la palma.

En la primera etapa, -desde que empiezas a hablar hasta el momento de la abducción por la pareja- una etapa que suele coincidir con la residencia permanente (y obligatoria) en casa de tus padres, bastará con conocer tres preguntas que rotarán según las circustancias: “¿qué hay de comer?”, para el día a día. “¿cuánto falta?”, para los viajes, y la imprescindible aunque sólo reservada (por desgracia) para los fines de semana: “¿me das la paga?". Puede añadirse una cuarta a modelo de comodín (de la que no se debe abusar a pesar de las miles de tentaciones que existirán para hacerlo), y que sería la tan socorrida “¿pero por qué yo?”.

Tres preguntas que se adaptaran (auqnue levemente) una vez que se sea abducido por la pareja correspondiente (segunda etapa natural en la vida de cualquier persona humana) pasando a: "¿qué hay de cena?", para el día a día, “pa qué coño quieres el dinero”, para los viajes, y la imprescindible aunque sólo reservada (por desgracia) para los fines de semana (si hay suerte) y que es la única que se repite en las dos etapas: “cuanto falta”, que en este caso suele ir acompañada del añadido “te” y alguna coletilla que variaría según costumbre de la casa aunque, sin duda, la más extendida es aquella de “¿cuando te falta? porque yo ya...

Y acabando con un lema que todos, aunque muy especialmente los que ya tenemos una cierta edad, deberíamos tener muy presente este verano:


... el primer portátil

Todos los "capítulos" de " tantos hombres y tan poco tiempo"