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2145. Viernes, 21 diciembre, 2012

Capítulo Dosmilésimo centésimo cuadragésimo quinto: “Ojala pudiésemos meter el espíritu de navidad en tarros y abrir uno cada mes del año”. (Harlan Miller, 1964; escritor estadounidense)

Servidor, que trabaja por dinero (uno es así de raro), de alguna manera tiene que compensar los recortes. Por eso hoy, se acabe el mundo o no, me voy de vacaciones hasta el 7 de enero. Hasta entonces pues.


... historias extra-ordinarias

Todos los capítulos de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1207. Jueves, 19 junio, 2008

Capítulo Milésimo ducentésimo séptimo: “Lo mejor es salir de la vida como de una fiesta, ni sediento ni bebido." (Aristóteles 384-322 a. C.; filósofo griego)

Desde su primer día en Roma, ciudad a la que entró subido a un lujoso carro tirado por docenas de mujeres desnudas, Vario Avito Basiano (205-222), coronado a los 14 años emperador romano con el nombre de Marco Aurelio Antonino (aunque más conocido con el sobrenombre de Heliogábalo) se dio cuenta que gobernar un imperio no tenia que ser aburrido.

Aparte de darse esos pequeños caprichos que todos tenemos y que tanto ayudan a sobrellevar el día a día, como su costumbre por no beber nunca dos veces de un mismo vaso (que tenía que ser siempre de oro macizo), vestirse con ropas femeninas en las noches de luna llena o casarse con varios gladiadores en una misma ceremonia, Heliogábalo se hizo famoso por los banquetes que ofrecía a sus invitados, unos banquetes a los que asistía el todo Roma y que, como buen anfitrión que era, cuidaba en sus más mínimos detalles como bien reflejan los relatos de los innumerables cronistas de la época que el mismo emperador dispuso para que legasen sus hazañas a la posteridad.

En uno de ellos, y por aquello de celebrar que empezó a gobernar un año acabado en ese número, organizó la fiesta temática del ocho invitando para la ocasión a ocho jorobados, ocho cojos, ocho gordos, ocho esqueléticos, ocho enfermos de gota, ocho sordos, ocho negros y ocho albinos. Llegados los postres cada uno de ellos recibió ocho puñaladas en medio del alborozo general del resto de los invitados que podían participar libremente de espectáculo, y no sólo como simples espectadores sino también, si lo deseaban, como verdaderos protagonistas del mismo. Tan pocos invitados pudieron resistirse a participar que hubo que improvisar varias tandas más de ochos echando mano de los esclavos del servicio y así que ningún invitado se quedase sin participar.

Precisamente era la hora de los postres, cuando ya todo el mundo se hallaba bastante afectado por la bebida, para cuando el emperador guardaba su mejores ideas, ésas que le hacían ser el alma de la fiesta. Legendaria fue aquella en la que, con todos los invitados dentro, mandó cerrar las salidas del comedor e hizo soltar una manada de fieras salvajes a las que previamente había hecho arrancar los dientes y las garras, algo que, lógicamente, desconocían los aterrados comensales.

Hay gente que sabe divertirse de verdad.

... sueño

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1093. Viernes, 14 diciembre, 2007

Capítulo Milésimo nonagésimo tercero: "Contra la estupidez, hasta los dioses luchan en vano" (Johann Wolfgang Goethe, 1749-1832; poeta y dramaturgo alemán)

Ya estamos a viernes, a un paso de la empalagosa cena de nochebuena y, lo que es peor, a pocos días de la siniestra y fatídica nochevieja. Lo piensas y entonces un sudor frío recorre tu cuerpo. Pero no hay escapatoria, cualquiera de las dos opciones ha de helarte el corazón .

Una: quedarse en casa con la familia:

Brindar con esa alegría tan de manual y socorrida ella, "!feliz año nuevo!", aguantar a los inevitables metepatas que traen la cogorza ya puesta de la tarde, besarse alborozadamente con el mismo con quien hasta hace dos minutos y durante todo el año estabas a cara de perro, sacar todos el móvil para llamar a la vez en un concurso para ver quien es capaz de gritar más fuerte, divertirse por cojones bebiendo champán o cava y comiendo hasta que los polvorones te salen por las orejas, aguantar que los primos lejanos, a los que no conoces de nada ni ganas, te pongan "tibio" con cuatro botes de espuma y te "inviten" inevitablemente a recorrer el comedor sorteando sillas y mesas, mientras suena "a mover la colita"...

Dos: salir:

El tráfico atascado y el frío de estepa siberiano, encontrase ochocientas personas donde sólo caben doscientas, hacer una hora de cola para dejar el abrigo y otra para recogerlo, una más para conseguir un zumo en la `barra libre' y un par de ellas para poder entrar en el cuarto de baño sorteando los vómitos. Aguantar a los hijos de su madre de los petardos, que se los podrían meter por donde el sol no brilla. Contemplar alguna pelea de órdago y a alguno llorando a las tantas, acabar con dolor de todo, que para eso siempre esa noche sienta mal el marisco o el puñetero pavo.

¿Y que tal meterse en la cama a las nueve después de cenar una sopita..? planificada con tiempo. Por supuesto.

Hasta el lunes.
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Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

1042. Jueves, 27 septiembre, 2007

Capítulo Milésimo cuadragésimo segundo: "La edad adulta es cuando te has encontrado con tanta gente que cada nueva persona te recuerda a otra" (Frederic Ogden Nash, 1902 - 1971, poeta norteamericano)

Andaba yo dudando entre hacer lo que hizo el rapero P.Diddy, autodenominado chico malo de por vida, que para celebrar su 33 cumpleaños se gasto un millón de euros en los cinco días que duro la fiesta que celebró en Marruecos y a la que llevo en aviones Learjet a sus más allegados.

O también hacer lo que Elton John cuando cumplió los 50 que se gastó más de 400.000 euros en una merienda a la que se presentó vestido de Maria Antonieta embutido en un traje plateado que costaba 70.000 euros y que por su manía de ponérselo en casa tuvo que ser trasladado a lugar donde se celebraba en el remolque de una camioneta.

O hacer algo más sencillito, como la que organizó un emperador romano, Heliogábalo, que para celebrar su cumpleaños hizo una entrada triunfal en Roma en un carro tirado por cien mujeres desnudas

O incluso estuve dándole vueltas y hacer lo mismo que Malcon Forbes cuando en 1989 cumplió los 70 años y agasajó a sus 700 invitados con empanadas de pichón, tangine de polo, 950 encantadores de serpientes, fuegos artificiales y bailes al borde del mar, en una fiesta que termino tres días después y costó casi tres millones de euros.

Y cuando ya me había decidido por hacer una mezcla de todo un poco, y tenía apalabrados los aviones privados a Marruecos, el traje de Madame Pompadour, el carro con cien bomberos desnudos y los fuegos artificiales al borde del mar, van y me dicen desde recursos humanos que no, que uno no puede cogerse un par de días libres para celebrar su cumpleaños.

Y lo siento sobre todo por vosotros que estabais todos invitados. Pero ya veis, ni el día de tu cumpleaños se les ablanda el corazón a este atajo de explotadores.

En fin, la intención es lo que cuenta ¿no?

... un suicidio muy salado.

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

939. Viernes, 16 marzo, 2007

Capítulo Noningentésimo trigésimo noveno: "Para conocer a la gente hay que ir a su casa" (Johann Wolfgang von Goethe, 1749-1832, escritor alemán)

Huyo del fuego como de la peste y soporto malamente (pero muy malamente) cualquier ruido que supere el que puede producir un suspiro (y que no sea muy profundo), pero algo tienen que tener las fallas cuando cada año tanta gente es capaz de convertir su creatividad, su vitalidad y sus ahorros en pólvora, en fuego y en humo.

Este fin de semana, que se alargará hasta el martes, voy a comprobarlo de primera mano. Estaré en Valencia. Vuelvo el miércoles.

¡Ahhh! Se me olvidaba. No hay que perder (no se debe) las buenas costumbres: si hoy es viernes toca sexo (hablar de). Dicho y hecho. Nueve de cada diez urólogos recomiendan un sencillo truco (que peluche práctico desvela en toda su crudeza) para que la erección de turno no te haga pasar el mal rato de tu vida.

Ya sé que alguno dirá que las erecciones no son inoportunas sino aprovechables, pero hay ciertos momentos en los que no te acaba de venir bien que aquello se empieze a notar tan hinchado. Que levante la mano el que no se ha quemado alguna vez la espalda por no atreverse a darse la vuelta en la playa; que levante la mano el que recién levantado por la mañana iba meándose y por culpa de aquella matutina firmeza tuvo que desistir del intento a pesar de la incomodidad que ello suponía...

Pues vamos allá. Cuando, por la razón que sea, uno tenga una erección inesperada y no le interesa que semejante elevación se produzca, hay un truco infalible: encoger los dedos de los pies.

Un ejercicio, por cierto, que, por más que acaben de aprobar una ley de igualdad obligatoria de sexo y por más que algunas se desgañiten gritando histéricamente eso de "ista, ista ista, España feminista", sólo, repito sólo pueden hacer los hombres. Y la culpa no es mía.

Ahora sí: hasta el miércoles.




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