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2038. Lunes, 11 junio, 2012

Capítulo Dosmilésimo trigésimo octavo: " Yo creo que es mucho más difícil que entre un camello por el ojo de una aguja que lo otro. Por pequeño que sea el camello” (Javier M. 11 años, estudiante)

Dicen que hay que comer más despacio porque, aunque ya estés lleno, el mensaje de que tu cuerpo ha comido lo suficiente tarda veinte minutos en viajar del estómago al cerebro. A ver, ¿tardas veinte minutos en darte cuenta que estás lleno hace veinte minutos? ¿No es un poco idiota el cuerpo? ¿Qué está haciendo el mensaje para tardar tanto? ¿Es que se para por el camino para saludar todo lo que se encuentre? ¿Cómo puede tardar veinte minutos una mísera señal desde el estómago y en cambio, cuando te das te das un golpe en el pie lo sabes de inmediato... !siendo el doble de distancia!? Algo no cuadra.


... dame veneno

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1709. Viernes, 5 noviembre, 2010

Capítulo Milésimo septingentésimo noveno: "La edad no protege del amor. Pero el amor protege de la edad” (Jeanne Moreau, 1928; actriz francesa)

Las tan cacareadas presuntas virtudes afrodisíacas de ciertos alimentos no funcionan. Por mucha canela que uno utilice para condimentar dos docenas de ostras con chocolate, a los comensales no se les va a pasar por la cabeza acabar la noche haciendo una cama redonda. Al menos no por la comida. En cuestiones gastronómicas, mal que nos pese, no hay nada más afrodisíaco que llevar una alimentación sana y equilibrada. Y, sobre todo comer, de la forma más variada y completa posible fruta, mucha fruta. Ya sé que como noticia no es una gran exclusiva, pero es que la fruta, además de ser un alimento sano, ha sido considerada desde siempre como fuente de todo tipo de placeres afrodisíacos. Sus formas, más o menos evocadoras de partes humanas inmorales han encendido más de una mente, por poco calenturienta que sea.

El caso es que, recientemente, han publicado el resultado de un estudio realizado para averiguar cuál es la fruta más sensual para los españoles. Lo lógico y natural, sobre todo tal y como está el patio, sería pensar que el ganador indiscutible es el plátano. Pero no ha sido así. Para el 40% de los encuestados, las frutas más sugerentes son las fresas. La verdad es que, una vez metidos en harina, hay que reconocer que tiene grandes posibilidades: la puedes combinar con azúcar, con cava, con nata, con chocolate; se come con las manos; a trocitos o de un solo bocado; es de una color rojo intenso… vamos que (casi) todo el mundo ha hecho alguna vez el tonto con unas fresas. En segundo lugar, en dicha encuesta, nos encontramos con las cerezas, después la piña y, cerrando la lista, la manzana, con sólo un 4%, lo que demuestra lo mucho que ha llovido desde lo de Adán y Eva. En todos los sentidos.

Hasta el lunes pues.





... más "historias extra-ordinarias"

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1579. Martes, 16 marzo, 2010

Capítulo Milésimo quingentésimo septuagésimo noveno: “¿Casualidad? Plato que hacen los bribones para que coman los tontos” (Victor Hugo, 1802-1885; escritor francés)

Siempre he sido aficionado a los –en mi pueblo- entremozos (para el resto altramuces, chochos, lupinos y otros mil nombres más) por más que constantemente les persiguiera el rumor de que antes de venderlos tenían que haber estado reposando durante varias horas en cierto líquido orgánico más o menos amarillento (según el momento) que era el que les quitaba el amargor.

Ahora resulta que leo una noticia según la cual el ejército estadounidense ha empezado a elaborar raciones de comida deshidratada que para rehidratarse y convertirse en el rancho de la tropa lo único que requiere es la orina del soldado. La comida en cuestión está dotada de un envoltorio de naturaleza membranosa, con un tamaño del poro tal que permite el paso del líquido al interior (por esas cosas extrañas de presiones osmóticas que nunca llegue a entender) al tiempo que impide el paso de bacterias y demás agentes infecciosos, demasiado voluminosos para poder atravesarla.

Vamos, que lo que decían que hacía la señorapaqui en aquellos tiempos no era más que adelantarse a la tecnología americana del siglo XXI, para que luego digan.

Y ahora que lo pienso, a ver si me gustaban tanto precisamente por el cómo decian que los hacian... desde luego por su forma seguro que no. Pasopalabra. Mejor.

... ni entonces se pueden callar.

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1411. Jueves, 28 mayo, 2009

Capítulo Milésimo cuadringentésimo undécimo: "Detrás de cada cursi siempre se oculta un canalla o un embustero" (Carlos Castilla del Pino, 1922 - 2009; psiquiatra español)

El otro día leí la crítica de un pavo animando a sus lectores a probar cierta exquisitez que, recién incluida en la carta de un famoso restaurante, pasaba por ser el sándwich más caro que hasta ahora se había creado.

Será cosa de la costumbre, pero preferir un sándwich de pan de molde, por muy relleno que esté de buey de kobe, trufa blanca, jamón de Jabugo, pollo negro francés y mayonesa casera (eso sí, con nombre propio - platinum club sandwich- y a 150 euros la pieza) a un bocadillo de calamares de (casi) cualquier bar de barrio (sin nombre y a 1,95 euros) es como preferir un Ferrari a un burro.

Parece que algunos hemos nacido para pobres.

... dejarte en la estacada

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1283. Miércoles, 29 octubre, 2008

Capítulo Milésimo ducentésimo octogésimo tercero: "No hay refrán que no sea verdadero. Donde hay patrón no manda marinero; pero quien tiene boca, se equivoca". (Vainica Doble, Refranes, Ópalo OPL-1-4; 1971)

Todos sabemos lo útiles que resultan los refranes para el buen orden de la existencia humana. El origen de la mayoría de ellos suele estar relacionado con la actualidad de la época en la que se crearon.

De la Edad Media, por ejemplo, son muchos de los que tratan sobre la comida. Al fin y al cabo, la comida era de las pocas cosas divertidas que se podía hacer en aquella época y, por lo tanto, un tema habitual de conversación. Por aquel tiempo la gente comía una barbaridad (los pocos que comían) y de entonces son los refranes que predican moderación al comer.

Repetían, por ejemplo: “come poco y cena más, duerme en alto y vivirás” que aparte de resaltar lo inconveniente que resulta dormir en el suelo, dejaba bien claro que había que comer poco y cenar mucho; el dócil medieval obraba en consecuencia. Otro refrán advertía: “de grandes cenas están las sepulturas llenas”, y el dócil tragón cenaba muy ligeramente pero comía muchísimo.

Pero sabiendo ellos, como sabemos todos, que los refranes son el fruto de la sabiduría popular, la mayoría pensaban que ambos refranes, el que recomendaba comer en abundancia y el que aconsejaba cenar mucho, tenían seguramente razón. Además, cuando moría de un hartazgo, atormentado por la gota y estrujado por la arteriosclerosis, nadie sabía si realmente había muerto por comer o por cenar.

Lo que no acabo de entender es como a nadie le surgió la duda de lo inconsistente que resultaba todos aquellos consejos cuando veían que la gente que no comía ni cenaba, es decir que hacía caso omiso de cualquier refrán tenían la misma mala salud que los señores y se morían casi al mismo tiempo.

... dorando la píldora

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1224. Lunes, 4 agosto, 2008

Capítulo Milésimo ducentésimo vigésimo cuarto: "La sociedad está dividida en dos grandes clases: la de los que tienen más comida que apetito y la de los que tienen más apetito que comida". (Nicolás Sebastien Roch Chamfort, 1741-1794; escritor francés)

Más estudios tontos. Si te entran ganas de comer fuera del horario de comidas no es por hambre (o no sólo), es por cómo te sientes. El cerebro es tan listo, tan listo, que según el estado de ánimo que tengamos nos pedirá una comida adecuada para, en el caso de que el momento sea agradable mantenerlo, o si es desagradable, ayudarnos a salir de él.

Cuando uno está irritable: beberá café. La ira necesita excitantes, como la cafeina, un estimulante del sistema nervioso que en dosis moderadas mejora la capacidad de concentración durante las tres horas que suele durar en el cuerpo.

Contento: a por las patatas fritas. Carbohidratos y sal generan sensación de bienestar. Además se asocian a situaciones de ocio y relax.

Eufórico: una buena hamburguesa. Una persona en estado eufórico no s preocupará por las calorías, y el cerebro aprovecha ese momento. Además la carne contiene tirosina que ayudará a mantener alta la actividad cerebral.

Estresado: galletas con fibra. Ciertos cereales ayudan a generar catecolaminas, hormonas cerebrales que contrarrestan las del estrés. Una persona estresada al comer galletas notará cierta sensación de relax.

Aburrido: frutos secos... o precisando un poco más, el cerebro demandará cualquier bolsa de cualquier cosa que se pueda comer sin que uno se de cuenta.

Enamorado: arroz, maíz y fresas. Los dos primeros ayudaran a mantener el buen ánimo por su aporte energético y de vitaminas B1 y E. Los frutos rojos como las moras o las fresas además de ser ricos en antioxidantes tienen un olor que estimula las endorfinas ayudando así a mantener el estado de ensoñación.

Preocupado: yogur de soja y vainilla, una mezcla que activa las hormonas responsables del bienestar y hará que aparquemos las preocupaciones.

Mimoso: chocolate. El mundialmente conocido como sustituto de los conflictos emocionales tiene componentes (azúcar, cacao, leche..) que elevaran el tono vital produciendo la sensación de “darnos cariño”

Nervioso: mermelada. Y si es de albaricoque, mejor ya que esta fruta al aportar dosis relativamente elevadas de magnesio y potasio, equilibra el sistema nervioso calmándolo y aplacando al estrés). No en vano el potasio es un mineral clave en el control de la transmisión y generación de impulsos nerviosos.

Lo dicho, más estudios tontos que sólo sirven para entretenerse en un lunes de agosto. Que no es poco.

... miniatura tiene nombre de color

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1050. Martes, 9 octubre, 2007

Capítulo Milésimo quincuagésimo: ¿Por qué en una discusión cuando una persona tiene la razón hay que dársela si ya la tiene? (David H. 38 años, departamento de atención al cliente)

El ser humano en su totalidad, también las mujeres, ha tenido siempre interés por aprender, curiosidad por observar cualquier cosa que ocurriera a su alrededor, observar el cielo, la forma de vivir de los animales, de las plantas, el uso que podíamos hacer de ellos, cómo fabricar herramientas, conocer las reacciones de su propio cuerpo ante diferentes estímulos y enfermedades, cómo alcanzar el cielo y volar, qué tiempo iba a hacer...

La cantidad y profundidad de conocimientos -y el ansia por tenerlos- es una aspiración lógica de cualquier persona y, a pesar de que tanta información puede acabar aturdiéndonos un poco, la satisfacción de aprender algo nuevo siempre es un reto para seguir adelante y gritar que vale la pena vivir.

Vamos al lío: Sal, vinagre y aceite. Para que una ensalada quede correctamente aliñada hay que seguir un estricto orden; primero la sal, después el vinagre y, lo más importante, el aceite al final para que cree una fina capa sobre los alimentos y, como consecuencia, el sabor del resto de los alimentos "resbale" sobre la susodicha capa.

Hay veces que uno se maravilla de que a estas ya tan difíciles edades, la mente siga alerta. Pero es un hecho. Y aunque me costó mucho, pero mucho trabajo, ayer pude por fin aprenderme el orden en que se debe de aliñar ¡correctamente! una ensalada.

Una pena que la satisfacción que me invade impida que me concentre hoy en mi trabajo y tenga que pasarme el día sin hacer nada.

Y no es ninguna disculpa, simplemente un efecto colateral del aprendizaje de la vida.

... dientes de madera.

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