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1183. Viernes, 16 mayo, 2008

Capítulo Milésimo centésimo octogésimo tercero: "Perdona a mis labios, siempre encuentran placer en los rincones más insospechados". (Un buen año, Ridley Scott; 2006)

Que las señoritas putas cumplen una dura, muy dura, función social es evidente. Que su trabajo es uno de los más pesados (y eso siendo benévolos) que pueden existir es indiscutible. Pero de ahí a pretender "sindicarlas" en la categoría del "metal"... no sé yo.

Durante la Segunda República a los correspondientes responsables del tema no se les ocurrió otra cosa que encuadrar a las ejercientes del oficio más viejo del mundo en el "sindicato del metal", creando además, (supongo que para no desentonar con el resto de oficios), distintas categorías según las particulares características laborales del respetable gremio.

Las más caras, algo así como las señoras o señoritas que ejercían en primera división, eran las "cocottes"; las "amantes" fijas de gente acomodada entraban en el epígrafe de "cortesanas"; cuando las fijas eran amantes de clase media se tenían que inscribir en el apartado de "entretenidas", mientras que las que ejercían en burdeles se agrupaban en la categoría "de mala vida" y las que tenían su puesto de trabajo directamente en la calle tenían que inscribirse en un último apartado: "peripatéticas"

"Peripatético".. nunca hubiera encontrado yo un epígrafe mejor para encuadrar mi situación laboral un viernes empanado -aquí, en "Madríz"- entre dos días de fiesta y en el que hasta mi sobrina de cinco años ha tenido puente. El último escalón de aquellos que cambiamos nuestras (escasas) habilidades por un mísero sueldo a final del mes.

Aunque lo hagamos bajo techo.

Hasta el lunes.

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1004. Viernes, 29 junio, 2007

Capítulo Milésimo cuarto: "El elefante se deja acariciar. El piojo no" (Isidore Lucien Ducasse, Conde de Lautreamont, 1846-1870, poeta francés)

Al menos anatómicamente, la muy relativa afirmación de que "el tamaño no importa" debería de ser completamente cierta para la mayoría de los heterosexuales, sobre todo si tenemos en cuenta que, la zona sensible de las mujeres apenas es el primer tercio de la vagina, un espacio tan reducido que hasta el más pequeño de los penes adultos conocidos, que media 1,8 centímetros, podría hacer un buen papel.

De todas formas que no cunda el pánico para los que vayáis sobrados en cuanto a tamaño, especialmente esos que se acercan a los 28 centímetros del pene más largo científicamente medido hasta ahora, ya que hay otros usos para no tener que desaprovechar el asunto.

En casi todas las islas del Pacífico los espantapájaros que se construyen para vigilar los campos de arroz, y que están hechos con la paja de este cereal, presentan una característica muy especial, consistente en exhibir cierta parte anatómica especialmente desarrollada.

Todos ellos muestran enormes penes en erección ya que existe la creencia de que un pene así contribuye a ahuyentar a los depredadores.

Parece que por ahí se puede ampliar el horizonte laboral de los heterosexuales mejor dotados, ya que pueden ejercer de espantapájaros el resto de su vida, algo muy de agradecer tal y como está la cosa esta del empleo estable. Hasta el lunes.




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938. Jueves, 15 marzo, 2007

Capítulo Noningentésimo trigésimo octavo: "Los intelectuales resuelven los problemas. Los genios los evitan" Albert Einstein, 1879-1955 físico alemán)

La ilusión de cualquier vago es que, ya que hay que "estar" en el trabajo, uno se esfuerce lo mínimo posible. Pero sin olvidar lo más importante: que no se note. O al menos que no se note mucho.

Parece que he encontrado la solución para poner en marcha tan ardua tarea (no trabajar sin que se note no es fácil, lo hemos comprobado todos) en uno de los libros más prácticos que he leído en mi vida, su título: "Manual de supervivencia para vagos y afines" y su lema es de los de seguir al pié de la letra: "los perezosos viven para los placeres de la vida, pero el trabajo no es uno de ellos".

- Primera norma: Ser lento.. Hay que hacer el trabajo que nos encarguen muy despacio, el resultado es infalible siempre que uno no se pase. El truco solo consiste en "vender" que lo que estamos haciendo es algo muy importante que requiere mucho tiempo y atención. Es infalible, nadie te dará más trabajo hasta que no acabes la "complicada" tarea que tienes entre manos.

- Segunda norma: Hacerse notar. Para esto se necesita un poco de práctica pero se acaba consiguiendo, suele ser efectivo pasear de arriba abajo mientras explicas a todos lo complicado que resulta el trabajo que realizas. Si hay alguna posibilidad de salir, también es efectivo que cuando uno se escaquee deje bien claro que tiene una cita de trabajo imprescindible, además de dar prestigio, podrás desayunar a gusto.

- Tercera norma: Quejarse sin razón. Todos sabemos que una mentira repetida cien veces al final se convierte en verdad, por lo tanto nada mejor que repetir alto y claro la cantidad de trabajo que tienes, algo que además te permitirá hacer otras cosas sin que los demás te señalen como un vago.

- Cuarta norma: Ponerse enfermo. Algo muy útil, sobre todo ciertos días, pero de lo que conviene no abusar. Hay que tener siempre preparado el terreno encargándose de pregonar los días antes la cantidad de trabajo que hay esa semana y lo agobiado que estás, para que hasta el jefe piense que te has quedado en la cama por puro agotamiento laboral.

- Y quinta norma: Pedir siempre consejo a los demás sobre la tarea que uno realiza pero no aportar ideas nunca. Así te evitarás un trabajo innecesario ya que si sigues lo que te digan los demás no tendrás que malgastar tu tiempo pensando en ideas propias y, lo que es mejor, si algo sale mal sabrás a quien echarle la culpa.

Y ahora, a la práctica...

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